Las preguntas más importantes de tu vida

Pensador-Persona-Sentarse-Sesión-PensamientoPeter Drucker decía que la fuente más común de errores es hacer la respuesta correcta en lugar de la pregunta correcta. Y no le faltaba razón. Hoy en día, en que todos vivimos en estado de emergencia, realizando acciones que son todas para “ayer”, no tenemos un momento para frenar, parar el auto y cuestionarnos, ¿Para qué?, ¿Para qué hago lo que hago?

Fines de Noviembre, fecha en la que muchas empresas están en pleno proceso de Planeamiento Estratégico. Para ello, nada mejor que cuestionar de raíz lo avanzado, es allí donde, si sabemos hacer las preguntas correctas, encontraremos información valiosísima para enmendar y no cometer los mismos errores de este año y por el contrario, potenciar todo aquello que hicimos de manera correcta.

Pues bien, ¿y que pasaría si guiamos nuestra vida con los mismos principios? Es decir, hacer algo de arqueología interior, cuestionarnos, identificar las preguntas, acaso, más importantes de nuestra vida, y si a partir de las respuestas, enmendamos el camino?

¿Quiénes somos? El autoconocimiento, el más importante y esquivo de los conocimientos. La pregunta más importante de todas, la que nos lleva a estar en contacto y entender la realidad. Solo podemos gestionar la realidad (de nuestra vida personal, laboral, familiar o social) si es que tenemos esa claridad mental de saber cuales son nuestros puntos fuertes, cuales nuestras limitaciones, y luchamos por mejorarlas.

Preguntas a mi mismo

1.     ¿Quién soy? ¿Cuáles son mis talentos y mis defectos, mas allá de las mentiras que el espejito me cuenta cada mañana?

2.     ¿A dónde voy? ¿Cuál es mi destino final?

3.     ¿Qué estoy haciendo para llegar allá?

4.     ¿Qué es el éxito, quién lo define?

5.     ¿Qué me haría ser más feliz? ¿Qué me haría estar mas feliz?

6.     ¿Qué me lo impide?

7.     ¿Cómo es la conversación que mantengo conmigo mismo? ¿realista, optimista o pesimista?

8.     ¿Cómo está la persona, no el personaje que saco a pasear por Lima todos los días?

9.     ¿Tiene sentido lo que hago? ¿Está conectado con mis valores y convicciones más profundas?

10.  ¿Qué lugar ocupa mi familia? ¿Les reservo el tiempo necesario o me engaño con pretextos para no cumplirlo?

11.  ¿Mis retos y la preparación para alcanzarlos están alineados? Y es que solo en la intersección más alta de ambos, llegaré a apasionarme por lo que hago.

12.  ¿Me preocupo por la felicidad de mi equipo de trabajo?

13.  ¿Ganamos y perdemos todos juntos? ¿Cómo manejamos los errores? ¿Los capitalizamos para aprender de ellos o se deterioran en un sentimiento de fracaso y descalificación?

14.  Ante los retos futuros, ante la desaceleración, ¿Cuál es la actitud del equipo? Mentalmente ¿Somos fuertes o nos arrugamos ante la adversidad y la presión?

15.  ¿Tiene sitio la palabra imposible?

16.  ¿Qué mas puedo hacer para hacer la vida más agradable a los demás?

17.  ¿Quién manda en mi vida, yo, o el personaje que represento (a lo mejor un gerente, un Jefe)?

18.  ¿Me divierto haciendo lo que hago?

19.  Finalmente, ¿Qué metas concretas en el plano espiritual, personal, familiar, laboral y social me voy a proponer para el 2015?

20.  ¿Cómo las pienso medir?

Mis respuestas ¿A qué conclusión invitan? A lo mejor convendría pensar profundamente sobre ellas, y luego, solo luego, actuar. Solo las personas ,más aplicadas, humildes y perseverantes se atreven a enmendar el camino. ¿Lo intentamos?

Las reglas de tu familia…¿existen?

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Nos hemos acostumbrado a vivir sin reglas.

Ayer mi padre cumplió 82 años. Y la verdad que cada año lo admiro más. Y es que cada año, a medida que mi hijo va creciendo (tiene 4 años) me doy cuenta del por qué de muchas de las cosas que pasaban en casa y que no entendía el por qué. Debo reconocer que este artículo me inspiró a hacerlo la lectura del último libro de Leopoldo Abadía, profesor del IESE.

Somos 4 hermanos, y vivíamos con algo que es considerado “anticuado” hoy por hoy que son las reglas. Si uno se pone a analizar, en todo hay reglas. Sino, nada funcionaría como debe ser.

  • En el trabajo, la hora de llegada son las 9 y la hora de almuerzo la 1:30.
  • En el Club no se puede fumar en las áreas sociales.
  • En los restaurantes no se puede comer gratis.
  • En la calle, no puedes andar tirando las cosas que no te sirven porque generas basura.

Pues bien, en todas partes hay reglas. Y cuando vivía con mis padres, también, como las tenía cualquier otra familia. No son iguales. De hecho las reglas con mi familia (esposa e hijo) son diferentes, porque los tiempos son diferentes, pero la esencia trato (y digo trato porque a veces es muy complicado) de mantenerla, así como el cariño a la familia. Son mi mejor compañía, y también mis maestros favoritos.

Acá les mando un breve resumen, ojo, no están en ningún orden:

  1. La levantada era a la hora exacta, ni un minuto más, ni uno menos. Los fines de semana el límite eran las 10am, porque había que aprovechar el día. Mi papá me dijo una vez “Si eres lo suficientemente hombre para quedarte hasta tarde, lo debes ser también para levantarte a tu hora”.
  2. Al salir nos despedíamos, y al regresar saludábamos. Nadie pasaba desapercibido.
  3. El que se equivocaba, pedía perdón y punto. Mi mamá me decía siempre ¨Nunca te canses pedir perdón, nunca te canses de perdonar”.
  4. Para agarrar algo que no era nuestro debíamos pedir permiso.
  5. Luego de cualquier cumplido, o de recibir un favor, o de que alguien nos pase algo en la mesa o en cualquier parte, estábamos “obligados” a decir “Gracias”.
  6. Cuando mis padres decían “no” era no. Me enseñaron muy rápidamente el significado de esa palabra, y con ello, el valor de la renuncia, el diferir la gratificación.
  7. Los Domingos todos a misa y en la medida de lo posible, a la misma hora (aunque luego mis hermanos mayores ya iban a su hora con sus enamoradas y por su cuenta).
  8. En casa se comía juntos. Así sea verano y estuviésemos en la playa, nunca se almorzaba sin polo.
  9. Si no veníamos a comer, avisábamos, y no tanto para pedir permiso, sino para que no cocinen de más.
  10. Teníamos hora de llegada en las salidas de los fines de semana, todos, los 3 hombres y mi hermana, a cualquier edad, si bien, habían permisos especiales para fiestas especiales, pero siempre teníamos un límite.
  11. Nadie dejaba la ropa sucia tirada. Antes de irse, el cuarto debía estar ordenado.
  12. El baño limpio (todos los hermanos lo compartíamos). Tapa bajada y agua limpia.
  13. Mi papá siempre decía “Se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste”. Y siempre se las arreglaba para que todos estemos con lo que necesitábamos, contentos, muchas veces dejando de lado sus gustos personales.
  14. A la abuelita y a la tía abuelita que también vivía con nosotros, había que cuidarlas, engreírlas (una era sordita) y tenerles muchísima paciencia, además de cederles uno de los 2 televisores. Porque sino, eso de la tolerancia y la solidaridad “no eran más que un cuento”.
  15. A las personas de servicio, se les respetaba, y se le trataba como si fueran de la familia. Es más, Maye, mi nana, hasta ahora ayuda a mis papás. 39 años con nosotros! Es un ejemplo de buen trabajo y siempre con una sonrisa.
  16. Mis padres tenían un solo mensaje, lo que decía mi papá (permisos, horarios, etc.) lo respaldaba mi mamá y viceversa.
  17. En reuniones en casa debíamos velar para que ningún vaso de los invitados esté vacío, nosotros fungíamos de anfitriones y mozos al mismo tiempo.

En fin, el que quiera, que copie algo, el que no , que no copie nada. Pero eso si, todos debiéramos tener algunas reglas en la familia. Las que quieran. No hace falta ni siquiera que las pongan por escrito, no las lee nadie. Como decía un buen amigo, los valores se practican, no se predican.

Africa, la vergüenza del mundo

¿Qué significa Africa para nosotros?

ebola-hemmhoraging-feverHoy en día, es normal ver primeras planas de países que tienen miedo de recibir africanos infectados con el virus del ébola. Han tenido que esperar que mueran más de 8,000 personas para recién darle el peso y la importancia que esto tiene. Y es que cuando esto pasaba en Africa desde hace años, no era noticia para nadie.

El médico liberiano Melvin Korkor, quien logró sobrevivir al brote de ébola , dijo que la única razón por la que no existe un remedio es porque solo mata africanos. “Si esa enfermedad existiese en Estados Unidos, mañana habría una solución para ella. Hace 40 años todos saben que existe el ébola. Pero ¿sabes cuál es el problema? Que está en África. Solo mueren africanos por ella. Si fuera en Occidente, la medicina ya tendría una solución. Mira lo que está sucediendo en Estados Unidos. En cuanto dos americanos fueron contaminados ya se habla de remedio experimental. No estamos esperando un remedio. Por lo que estamos luchando hoy, todavía, es para que los hospitales tengan comida. Solo eso ya salvaría muchas vidas. En muchos hospitales los pacientes comen solo una vez por día. No hay organismo que resista. La civilización moderna aquí no ha aportado nada, ni luz eléctrica, ni teléfono, ni televisión. Lo único que ha traído son metralletas para que estén armados hasta los dientes.”

Leía un artículo de Santiago Alvarez de Mon en el que reflexionaba por qué somos así. Y es que Africa lo sentimos tan lejos y estamos tan acostumbrados a que lo único que escuchemos sea pobreza, enfermedades, muerte, violencia, que ya nada parece sorprendernos. ¿Qué es Africa para los países desarrollados? Para Estados Unidos seguramente un continente con mucho petróleo al que todavía no se le ha explotado al máximo, para Europa, un continente que tiene mucho para rentabilizar, para China un proveedor barato de materia prima.

Esos mismos países, ¿Con qué autoridad moral hablan de valores en la ONU y luego callan ante tanta injusticia?. Tengo un amigo médico en el Congo que me cuenta la cantidad enorme de nuevas enfermedades que se generan producto de la pobreza, otros países como Somalía, Zimbawe, en los que ha habido dictadores, asesinos. ¿Alguno de nosotros hace algo concreto por ellos? Me atrevería a decir que nadie. Tranquilizamos nuestra conciencia con dar 1 sol a un pobre por la calle o a lo mejor compartiendo una foto del sufrimiento de Africa en el Facebook, como si eso fuese a anestesiar el dolor enorme que sufren.

Y eso me lleva a cuestionar ¿Qué es para nosotros Africa? Un continente para irse de safari algún día, un continente ecológico, lleno de animalitos, todo verde, y de personas que todo el día se pelean, pero que está lejos, muy lejos de nosotros? O un continente que llora, que llora en silencio, como lo hacen los pobres, los que no tienen hogar, ni nadie a quien recurrir.

Pero aun así, y en esas condiciones, luchan. He leído historias de gente valiosísima, que con todas las condiciones para deprimirse o tirar la toalla, salen adelante. Paradójicamente creo que justamente ese contexto, es el que los hace tan fuertes. Es parte de la naturaleza humana. ¿Cómo seríamos si siempre nos iría bien, todo serían éxitos, y no conociésemos el sufrimiento? A lo mejor seríamos completamente vacíos, débiles, porque en las dificultades es donde se conoce a los hombres de una sola pieza. Las crisis obviamente son un gran momento para identificar oportunidades, para echar mano de los valores que hemos sembrado antes y sacar lo mejor de nosotros, pero también para echar una mano a los más débiles.

No podemos vivir con la conciencia tranquila, sabiendo que millones de personas viven en condiciones infrahumanas, atrapados entre el hambre, el ébola y la falta de cariño del mundo entero. ¿Y qué podemos hacer? Pues mucho, dicen que la forma más fácil de ayudar es con dinero, luego, con tu tiempo, y la más eficiente, comprometiéndote realmente con la causa que quieras apoyar. En este caso, podríamos donar si, pero la verdad no se a quien ni donde, a lo mejor, oraciones es lo que más falta, y estoy seguro que los ayudará bastante.
En fin, comienzo mi semana con otra perspectiva, mientras allá sufren realmente, guerras, enfermedades, muerte, injusticia, pobreza extrema, inseguridad, dictadores, acá “lloramos” porque crecemos solo al 3%, tenemos punto y medio menos de PBI y nos desaceleramos…

Los ricos también lloran… especialmente si hay alguien más rico que ellos

crying“Queremos vivir en la mente de los demás con una vida imaginaria y por eso nos esforzamos en aparentar. Nos ocupamos intensamente en embellecer y conservar nuestro ser imaginario y nos desentendemos del verdadero.” Pascal. 

Hoy, está tan arraigada la creencia de que el dinero compra la felicidad, que muchos que se la creen terminan estrellándose contra una realidad esquiva y diametralmente opuesta a ese razonamiento.

Si bien es cierto, el dinero no da la felicidad, como lo comentaba en mi anterior post, sí la puede comprar. La duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera, y ello, porque no sabemos administrar el dinero. Nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo tren de vida y nos comparamos con personas más afortunadas, lo cual disminuye nuestra felicidad.

Muchas veces hablamos de la falta de dinero como una de las causas de nuestros males. Atribuímos que por eso no podemos ser completamente felices, que no tenemos todo lo que deseamos y que siempre nos está faltando algo para ser “iguales” a los demás, incluyendo en “todos los demás” a unos pocos que pueden tener alguna superioridad en un bien material por ejemplo. Sin embargo, el dinero no siempre nos permitirá cubrir las necesidades y lograr satisfacciones, y una vez que lo obtengamos, nos daremos cuenta de que igual nos siguen faltando otros bienes.

Manel Baucells, Profesor del IESE e Investigador sobre este tema, indica que el problema parte de mucho tiempo atrás. Explica en su estudio que la economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos. Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción; en cambio, un bien adaptativo proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias. Por ejemplo, tener un auto es un bien básico, pero cuando pasas del Toyota Corolla del 90 al BMW 325 del año, lo conviertes en un bien adaptativo. Un Toyota antiguo puede proporcionar mucha satisfacción y un BMW muy poca…, si lo comparas con el Porsche Panamera del vecino.

El tema es que se puede vivir feliz aunque no te envidien. Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros. Es más, nos enfocamos más en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo. Y lo anecdótico es que los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, te gastas hasta lo que no tienes y te compras la camioneta del año para quedar bien con todos y para lucirla, y en realidad a la gente le importa un comino tú y tu camioneta.

En 1938 Harvard puso en marcha el Estudio Grant (Que aun está en curso) para dar seguimiento a la vida de 268 de sus estudiantes, de 18 años de edad o mayores, y determinar entre otras cosas, que características, hábitos o experiencias permiten prosperar a las personas. El estudio confirmó algunas cosas que el sentido común nos dice que son ciertas: que recibir amor en la infancia anuncia felicidad en la edad adulta, que los hombres son más felices en sus años de madurez si están cerca de sus hijos y que uno de los factores predictivos de la felicidad en la vejez es tener un buen matrimonio.

Enrique Rojas, psiqiatra español mundialmente conocido por sus más de doce libros escritos sobre temas relacionados a adversidad, depresión, autoestima, recomienda para vivir una vida feliz cosas sencillas, como las siguientes:

1.     Estar con gente feliz
2.     Expresar el amor a otra persona
3.     Estar con alguien a quien se quiere
4.     Reír con amigos
5.     Dormir bien por la noche
6.     Escuchar música
7.     Sonreír a los demás
8.     Compartir la alegría de que a los amigos y la familia les ocurran cosas agradables
9.     Hacer bien un trabajo
10.  Aprender algo nuevo

Finalmente, Baucells recomienda que a través de algunas actividades como las prácticas espirituales, la meditación o el rezo, uno puede obtener una mejor perspectiva de la vida y reducir los efectos perjudiciales de la comparación. ¿Lo intentamos?

 

Se puede ser feliz con el mismo sueldo

salario-minimoPicasso decía que quería tener bastante dinero para vivir tranquilo como los pobres. Y no le faltaba razón.

En una reciente encuesta realizada en los Estados Unidos, se pidió a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida. La respuesta más frecuente fue “más dinero”.

Una forma de autoengañarse es decir que nosotros compramos para nosotros mismos, nos convencemos de que compramos algo porque lo necesitamos, cuando la verdadera causa a menudo es impresionar al resto. En cualquier caso, la satisfacción y la insatisfacción siempre se obtienen en el momento del incremento o decremento del estatus, después se diluyen. Es decir, el aumento de sueldo alegra el primer día, si te sacas la lotería igual, a los cuatro días te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos que tienen más… Incluso puedes llegar a sentirte más pobre que antes de la lotería.

Pero ¿cuánto necesita uno para ser feliz? Según un estudio realizado por Rakesh Sarin y Manel Baucells, de UCLA e IESE, la cifra son US$12,000 anuales. Esa cantidad cubriría todas nuestras necesidades básicas, lo demás es adaptativo. A partir de un nivel de renta determinado, la felicidad no aumenta significativamente por mucho que lo hagan los ingresos.

Hoy nos adaptamos rápidamente a un cierto nivel de estándar (nuestro departamento, nuestro auto, vacaciones, restaurantes) y no nos sentiremos mejor que el que paseaba en bicicleta y escuchaba una vieja radio hace sesenta años.

Sí, el poder adquisitivo influye en la felicidad de una persona, pero hasta cierto punto. Ni qué decir que algunas personas con dinero se torturan comparándose con otras personas aun más ricas que ellas y viven frustradas.

El dinero efectivamente da felicidad, porque con el dinero tienes más control, acceso a cosas que antes no tenías y más capacidad de decisión. Pero se comete un error de cálculo: se piensa que va a dar más de lo que da. Y esto lo cometemos cuando creemos que el dinero nos va a dar diez de felicidad, y a lo mucho, nos da un cinco. Es decir, no es un tema de cantidad, sino de expectativas.

Hay que educar a la gente en los colegios, en las familias… a que se comparen en determinados valores como “mira ése qué buenas notas saca, a ver si tú también haces como él”, y que eviten otras, como “mira a ése que se ha comprado un auto mejor”. Si nos comparamos en valores, lo del auto caerá como consecuencia de ser un mejor estudiante, y luego un mejor profesional, y, como consecuencia de ello, bien recompensado.

El problema está en sobreestimar la satisfacción que nos pueden dar los bienes y, por consiguiente, asignar un porcentaje del tiempo superior al debido para conseguirlos. ¿Qué podemos hacer al respecto? Ya lo dice Baucells en una de sus conclusiones: “Vale la pena preguntarse si uno se siente feliz habiendo tenido que trabajar cuatro horas más de lo normal cada día para vivir en un departamento más lujoso en una zona donde sigue habiendo gente más rica que uno, pero a costa de haber perdido horas valiosísimas de disfrutar con la familia, con los amigos. Quizá hubiera sido más inteligente pensar si nos interesaba entrar en esta batalla o no”.

Nos podemos acostumbrar a todo. Daniel Gilbert, profesor de Harvard y autor de numerosos libros sobre la felicidad decía: “La buena noticia es que perder la vista no te haría tan desdichado como piensas. La mala noticia es que ganarte la lotería tampoco te haría tan feliz como imaginas”.

La pregunta del millón es ¿Qué nos hace ser felices? ¿El dinero? ¿Un departamento grande? ¿Un carro del año? ¿O tener la conciencia tranquila de saber que estamos haciendo lo que nos corresponde en ese momento?

Nunca te canses de pedir perdón

Uno de los principales valores de cualquier profesional es la humildad. Y más allá de lo que dicen las definiciones (que hay miles), pienso que es importantísima por 2 aspectos. El primero, que solo los humildes aprenden de sus errores, ingrediente necesario para gestionar mejor la vida y el trabajo. Los orgullosos, que creen que nunca se caen, que nunca fallan, es muy difícil que puedan reconocer sus errores y plantearse aprender de ellos y cambiar. El Gerente General de General Electric declaró hace poco en una entrevista que lo que más priorizaba a la hora de contratar no era el conocimiento o el nivel intelectual, sino las ganas de aprender.

La segunda, que viene como consecuencia de la primera, es que ya que los humildes suelen darse cuenta de sus errores, pues suelen reconocerlos y tener la valentía de pedir perdón. El valiente no es el que tiene un piercing en la boca, ni el que calla a todos con sus gritos, ni aquel que no tiene miedo a nada (ese más bien creo que es un irresponsable). El valiente, reconoce el miedo, lo interioriza y lo gestiona.

La humildad es además una de las principales virtudes de los líderes. El verdadero líder no busca brillar, sino hacer brillas a los que trabajan con él. Leía un ejemplo muy gráfico que se me quedó en la memoria que decía “No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra. Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti, no se derrumbará la casa.”

Un consejo rápido y gratis de un santo “Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen también en tus oídos las risas que provocaste con tus fracasos.”

Hace unas semanas, el Papa Francisco reflexionaba y decía que una receta para que el matrimonio dure para siempre es decir constantemente tres palabras: Perdón, permiso y gracias.

Una de las paradojas de este tema es que los profesionales se forman en las Escuelas de Negocio supuestamente para ser mejores profesionales, y sin embargo, realmente son muy pocas (contadas con los dedos de la mano) las que te forman en valores. Bien dicen que los valores no se enseñan, se aprenden, y se aprenden porque alguien los contagia. Sin embargo, la base de éstos y la forma como adquirirlos, si debiera ser un tema de aprendizaje de cualquier profesional.

Formar así a las personas es la principal misión de las Escuelas de Negocios y no lo hacen.  Solo forman en inteligencia más no en voluntad. Y resulta que hoy en día, la voluntad vale más que la inteligencia. La fuerza de voluntad es la que nos hace repetir los actos que nos llevan a una virtud, y solo de esa manera se adquiere como hábito.

Hoy en día lo que les falta no es hacer focus en destrezas (contabilidad, finanzas, marketing, etc.) son importante si, por supuesto, pero hay algo que está por encima de eso, sobre todo para profesionales con cargos más directivos, y es  la gente. Lo importante es la gente, la gente que tengamos hoy serán los responsables de lo que nos pase mañana. Hay que formar profesionales que tengan interés por los demás, que los conozcan. Y es que finalmente, el gerente es responsable de la vida de sus empleados.

Muchos empresarios no saben que hacer con sus hijos, porque no los entienden, no los conocen realmente, y les compran cosas y lo peor es que creen que con eso saldan su deuda de cantidad de tiempo con ellos. Pues lo mismo pasa en la empresa, hay gerentes que creen que solo si les pagas más o les entregas más premios, los trabajadores serán más productivos. Yo creo que lo serán obviamente si tienen un esquema salarial atractivo o por lo menos con sueldo de mercado, pero serán más productivos en la medida que la empresa los conozca más y se preocupe por ellos como personas.

Ahora bien, en este punto vale la pena hacer una diferencia, que está muy de moda para “enamorar” a los trabajadores, y es, decirles que la empresa es su familia. Y NO, no es así. Hace poco tuve la suerte de preguntarle esto a Pablo Ferreiro, Profesor Invitado del IESE y Profesor del PAD de Gobierno de Personas, y esto es lo que me contestó: “No, la empresa no es tu familia. Esto es un engaño. La empresa que realmente me quiera bien como persona, me dirá: “oye distingue; tu casa es aquella, a veinte cuadras o a cien y aquí trabajas, aquí te desempeñas y tienes que desarrollar virtudes; tienes un escenario más importante que la empresa que es tu casa”. La empresa que no cuida el lugar de la gente me demuestra que no le preocupa realmente la gente, porque lo más importante que tiene todo el mundo es su familia. Pues cuida a la familia.

Para finalizar, los dejo con este video sobre la importancia de perdonar, No dejen de verlo por favor!  Nunca te canses de perdonar, nunca te canses de pedir perdón.

Dime quien soy

Últimamente la gente más cercana a mí6_blablabla en el trabajo me  ha recomendado escuchar más.  Y la verdad es que me hace falta. Y creo que le hace falta a muchos profesionales.

Una persona es exitosa en la medida que aprenda a gestionarse a sí misma, y para aprender a gestionarte, tienes que partir por aprender a conocerte, tus fortalezas, tus debilidades,  y para ello, solo tienes dos fuentes, como te ves tú, y como te ven los demás. Y es en ésta última donde fallamos mucho. Creemos que somos o actuamos o queremos proyectar una imagen o una idea de lo que hacemos, pero a lo mejor hay un divorcio entre lo que uno piensa de sí mismo y su accionar y lo que los demás piensan. Y es que no los escuchamos, no hemos caído en cuenta de que por algo tenemos dos orejas y solo una boca.

Como profesionales, estamos obligados en formarnos en ambos conceptos. Conversaba sobre estos temas ayer con Pablo Ferreiro, profesor del PAD, y Profesor Invitado del IESE, y me decía que hoy en día la gente no está identificada con la empresa, porque siente que la empresa no está identificada con la gente.  Ven a la empresa como su proveedor de plata. Esta verdad que parece tan sencilla, pasa muchas veces inadvertida a los que tenemos gente a nuestro cargo. Por eso me decía que existen los brutos, los brutísimos y los Gerentes.  Y es que hoy en día, a los gerentes se nos enseña a distribuir, no a producir, a producir gente exitosa, gente buena.

Y en ese sentido, el cariño es lo más importante, la gente tiene que sentirse tranquila  y segura, y esto no es parte del manual o de las políticas, o parte del objetivo de pertenecer a un ranking, esto se da con estructuras no formales, es decir, esto la gente lo vive porque le gusta. La gente se va por falta de buen trato. La gente no se va identificar, no va a tener lealtad con la empresas porque éstas no son personas, son sociedades anónimas, las personas se identificas con el resto del equipo, se identifican con los jefes. Por ello, que tremenda responsabilidad para los que tenemos gente a nuestro cargo.

Ganamos mucho escuchándolos, valorando opiniones, tomándolas en cuenta, (algo de lo que por cierto adolezco). Pero no solo eso, hay que entrenar a la gente en escuchar. El gran dilema de los líderes es su soledad. No suelen compartir sus opiniones personales, ni suelen pedir feedback.

Hoy se habla mucho del Coaching, y Pablo me decía que Coaching no es más que estar cerca de la gente, y ¿por qué? Porque la quieres. Y por qué la tengo que querer? Porque trabajas con ella. Es un tema de amistad, porque te conviertes en el depositario de la confianza de alguien.

Hay que ayudar a entender a las personas.

Focus en la gente. Trabajamos con gente, no con laptops. Ellos serán los responsables de los resultados de la empresa en el futuro.  Hay que formar gente que tenga interés por los demás. Los gerentes, somos responsables en buena cuenta de la vida de nuestros equipos. Por ello nuestra principal función es formarnos bien primero nosotros, para ayudarlos a ellos.

Cuando me hablan de liderazgo, se me viene a la mente una palabra: ejemplo. Liderar desde el ejemplo es quizá la única forma de hacerlo. Los valores no se pueden enseñar, solo se pueden aprender. Se contagian.

Dicen que el Jefe debe ser bastante artista, para comunicar lo que lleva dentro para enseñarles a la gente a vivir con lo que tienen, saber sacar lo mejor de lo que les pasa en su camino y ayudarles a descubrir y entender que hay detrás de las cosas, que hay detrás de lo obvio, para hacer las cosas de una manera diferente.

La Madre Teresa dijo en un Congreso para ejecutivos que si queremos tener empresas productivas,  a los empleados hay que conocerlos, una vez que los conoces, recién los puedes querer y motivar, y una vez que los quieres, les puedes exigir. Y como exigir? Con el ejemplo.  Siempre ir por delante, abriendo camino y enseñando con el ejemplo, nunca por detrás con el látigo.

Esto me llevó a preguntarle a Pablo si con toda la experiencia de tratar con empresarios y gerentes más de 40 años, podía afirmar si es la gente realmente lo más importante en las empresas y me dijo: “Debería serlo. No hay nadie que se atreva a decir lo contrario. Pero la realidad, mi experiencia, es que esto no se aplica, esto no se concreta, incluso inconscientemente. El propio empresario no es consciente de que para él lo más importante es la gente. Puede ser debido a varias causas. Una es que por gente entiende él y su familia y sus allegados o sus socios, y el resto del mundo, en otra esquina. Y es que no piensan. Están acostumbrados a contar. Y contar es un síntoma de pensar pero no es pensar. Contar es una manera muy elemental de pensar. Muchos se venden diciendo que la empresa es una familia para los empleados y la verdad que no. Esto es un engaño. La empresa que realmente me quiera bien como persona, me dirá: “oye distingue; tu casa es aquella, a veinte cuadras y aquí trabajas, aquí te desempeñas y tienes que desarrollar virtudes; tienes un escenario más importante que la empresa que es tu casa. La empresa que no cuida el lugar de la gente me demuestra que no le preocupa realmente la gente, porque lo más importante que tiene todo el mundo es su familia. Pues cuida a la familia.”

Muchas veces, que difícil es sacar tiempo para hablar de estas cosas con tu equipo de trabajo. Y lo escribo porque tengo el ejemplo muy cercano, me ha pasado esta semana que he tenido que postergar a dos personas que querían hacerlo. Y ahora, me doy cuenta de que un jefe que no tiene tiempo para hablar con su gente, de escucharlos, de aprender de ellos, no está haciendo bien su trabajo. Es como un taxista que no tiene tiempo para manejar. Si ese es el “core” de nuestra función, obtener resultados, a través del equipo, de las personas!  Para eso nos pagan. En fin, de los errores se aprende, así que lo primero que haré el Lunes será hablar con ellas, escucharlas, que seguro tendrán algo que me sirva bastante y me ayude a gestionar mejor.