11 Min. de lectura

Hacerse mayor que los desafíos

Hacerse mayor que los desafíos 762 430 Rafael

Actualizado:

Hacerse mayor que los desafíos es una tarea titánica cuando los tiempos se vuelven complejos. Aunque sea una tarea dura, sigue siendo posible y la mejor alternativa para quienes aspiren a protagonizar una vida feliz y fructífera.

LUIS HUETE

Profesor de IESE Business School.

Vicepresidente del Instituto Gobernanza y Sociedad. Vicecanciller de la “International Academy of Management”

RAFAEL ZAVALA

Director Ejecutivo de Programas de Alta Dirección PAD.

Director de AMROP Perú y de ACRES Finance y sus subsidiarias. Seleccionado como una de las 10 voces más influyentes en América Latina en el 2020 por LinkedIn.

 Hacerse mayor que los desafíos es una tarea titánica cuando los tiempos se vuelven complejos. Aunque sea una tarea dura, sigue siendo posible y la mejor alternativa para quienes aspiren a protagonizar una vida feliz y fructífera.

La tarea de hacerse mayor que los desafíos requiere activar la inventiva, la iniciativa y el ingenio, un trío de recursos interiores de extraordinaria importancia. ¿Cómo se activan?, dar respuesta a esta pregunta es el propósito de este artículo. Pero antes queremos introducir una distinción de la mano de Simon Sinek: la diferencia entre las batallas (múltiples) y la “guerra” (una) que se libran en la vida de cada uno de nosotros.

En la vida coexisten múltiples batallas, que son finitas, y una “guerra”, que es infinita, ya que se prolonga más allá de la existencia terrena. Todos morimos dos veces. La primera, la muerte física. La segunda, la muerte espiritual que ocurre cuando se extingue nuestro recuerdo; cuando somos olvidados. Esas dos “vidas” confieren un carácter infinito a lo que hemos llamado “guerra”.

Los juegos finitos (las batallas) se libran contra jugadores conocidos. Tienen reglas fijas. Y hay un objetivo acordado que, cuando se logra, pone fin al juego. Por ejemplo, hacerse rico o llegar a ser famoso es un juego finito. En los juegos finitos siempre hay un principio, una parte intermedia y un fin.

En cambio, los juegos infinitos (la guerra) son partidas contra jugadores muchas veces desconocidos, y sin reglas exactas o acordadas; y con horizontes de tiempo más prolongados. Como no hay una línea de llegada, no hay un fin práctico del juego, este tipo de juego no se puede “ganar”. En el juego infinito, el objetivo principal es sobrevivir en las mejores condiciones, es decir, instalarse en la mejor versión personal el mayor tiempo posible, con el fin de ganar las batallas finitas claves.

Lo inteligente es poner el foco en la guerra, aunque ello implique perder alguna batalla. Paradójicamente, el empeño por ganar algunas batallas puede hacer que se pierda la guerra. Esas batallas suelen estar ligadas a las gratificaciones de corto plazo. Por ejemplo, se puede ganar la batalla de “divertirse” y perder la guerra ligada a la persona en la cual te conviertes. “Ganar” la guerra conlleva elegir qué batallas es crucial ganar.

Las coordenadas de la mejor versión personal son el hambre de superación y de contribución. Esa hambre es el que activa el ingenio, la inventiva y la iniciativa; y posibilita ganar las batallas importantes. Estas coordenadas permiten disfrutar de la felicidad, no tanto por las circunstancias externas sino por la persona en la que uno se convierte.

El “hambre” se alimenta de un “combustible” que es un estado emocional positivo, que a la vez nace de unas creencias interpretativas de la realidad que si son poderosas se conocen con el nombre de sabiduría.

La creencia que hace posible la mejor versión personal es la sabiduría, ya que es un conocimiento que da sabor a la vida. Conocimiento al que la sociedad no siempre concede la importancia que se merece. Con perspicacia el graovelista ruso, y eterno candidato al nobel de literatura y de la paz, Leo Tolstoy, advertía: “Hay muchos tipos de conocimiento, pero el más importante es sobre cómo hay que vivir, y éste, casi siempre, se menosprecia.”

Forjar una vida feliz y de provecho no es tarea trivial en tiempos convulsos. Son muchas y complejas las batallas que se han de ganar. Para que pueda llegar a ser un proyecto viable se necesitan herramientas mentales que fomenten una dinámica que conduzca a la mejor versión personal.

Algunas de las herramientas que pueden ser útiles para este fin son las siguientes:

1. GESTIONAR LAS EXPECTATIVAS

El estado anímico es un gran despertador, el combustible de los recursos interiores. Emociones positivas de intensidad media predisponen al aprendizaje, al servicio y, entre otras cosas, al optimismo. Las negativas, en cambio, al bloqueo, victimismo o agresividad.

Ese estado anímico es producto, en gran parte, de la sintonía entre las percepciones que se hacen de la realidad y las expectativas con las que se opera. Ambos términos han de gestionarse ya que la hegemonía de las percepciones sobre las expectativas genera emociones positivas, y la de las expectativas sobre las percepciones emociones negativas.

Las expectativas, por tanto, ejercen una gran influencia sobre nuestra felicidad. Operar con unas expectativas sensatas y realistas favorece las emociones positivas. Para ello es conveniente tener un propósito, un deseo de ser útil que permita dar sentido a las dificultades y amar lo que se hace.

Rolf Dobelli, el autor de “El arte de pensar claramente” (2011) aporta una distinción y un consejo interesante. La distinción: la diferencia entre necesidades (lo tengo que hacer), deseos (lo quiero tener) y expectativas (espero tenerlo). El consejo: no convertir los deseos y expectativas eecesidades. La presión “consumista” apunta justo en dirección contraria.

Si los deseos y expectativas se convierten eecesidades el resultado previsible será una mezcla de frustración y negatividad. Justo lo que impide lograr esa mejor versión personal y por tanto la victoria en la “guerra”.

Gestionar las expectativas conlleva no caer en una de las “típicas” trampas de nuestro cerebro: reclamar, inconscientemente, el “necesitar” un 40% más de lo que se tiene. Una vez más si se cae en esa trampa las consecuencias no serán positivas.

Gestionar las expectativas es admitir que las cosas no siempre han de ser de la manera que nos gustaría que fueran, o de acuerdo con unas ideas preconcebidas con las que operamos y en cuyo origen suele primar más la emocionalidad que la racionalidad.

La falta de alineamiento entre percepciones y expectativas genera un sufrimiento que se puede evitar mirando la realidad con ojos “nuevos” y modificando “la historia que uno se cuenta” sobre cómo debería ser el mundo. Ese relato es el que está detrás de las expectativas.

2. GESTIONAR EL FOCO DE LA MENTE

El foco donde se pone la mente es una de las tres decisiones que determinan una buena parte de la persona en la que nos convertimos. Las otras dos son la interpretación que se elige dar a los acontecimientos y lo que se decide hacer.

Para gestionar el foco proponemos algunos consejos: mejor poner el foco en lo que se tiene, y no en lo que no se tiene; mejor en el presente y no en el pasado; mejor en lo que se controla y no en lo que no se controla; mejor poner el foco en lo que uno ha de hacer, y no en lo que otros han de hacer.

Los sucesos positivos o negativos tienen un impacto nulo, leve o grande en el hambre de superación y de contribución. Todo depende del foco. Sobre todo, aquello que se ponga foco se le proporciona energía y por tanto crece. Sean problemas o dichas.

Una última recomendación para gestionar el foco de la mente: más del 90% de las noticias, artículos, publicidad, posts o tuits, no tieneinguna relevancia para ganar la “guerra” de la vida. Por esta razóuestro consejo es limitar la atención que se presta a los medios de comunicación “consumistas”: las noticias, Instagram, Twitter, WhatsApp y similares. Mejor un buen libro (o video) y una buena conversación que la pantalla del móvil.

3. PREVENIR ES MEJOR QUE CURAR

La mejor versión personal conlleva “infinidad” de pulsos entre la gratificación de corto plazo y la de largo plazo. No siempre se correlacionan estas gratificaciones; es más, en muchas ocasiones tienen una correlacióegativa. Algunas gratificaciones de corto plazo tienen un efecto de expulsión de la felicidad futura. Por ejemplo, ser rico sin trabajar, buscar el placer sin conciencia, usar el conocimiento o el comercio sin ética, utilizar el poder sin principios, etc. Todo esto gratifica a corto, pero suele acabar mal.

El cerebro racional, bien utilizado, debería ser el guardián de la felicidad futura. ¿Cómo? Anticipando las consecuencias de las decisiones, aprendiendo de los errores pasados, imitando las buenas prácticas, incorporando la “sabiduría” acumulada a lo largo de los siglos, etc.

¿Por qué raramente se utiliza el cerebro racional para dicho fin? La culpa de la descarada tendencia a autosabotear la felicidad futura es la fuerza “instintiva” de las gratificaciones de corto plazo, incluso de aquellas que tienen una correlacióegativa con la felicidad futura.

En el libro “Think fast and slow”, del Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, se recuerda que la mayoría de los problemas son más fáciles de evitar que de resolver. Lo mejor es prevenir y anticipar las consecuencias de las decisiones. Y con ello apostar por una mejor versión personal sostenible en el tiempo.

Es indudable que la suerte juega un papel en la vida y que no todo se puede prever. Pero hay dos suertes. La primera es aleatoria; la segunda es la que atraemos hacia nosotros cuando se hacen las cosas bien. Esta segunda es la llamada “buena suerte”

Miguel Angel Ariño, profesor del IESE, recomienda dos enfoques para anticipar los problemas: el análisis “pre mortem” y el “post mortem”. En el primero se analiza las razones por las que la iniciativa puede fracasar. ¿Por qué puede no funcionar? Esto obliga a anticipar el riesgo. En el análisis “post mortem” hay que sacar a relucir el pensamiento y la investigación típica de una “caja negra” ¿Por qué salió mal el proyecto?

Para entender mejor la importancia de la anticipación proponemos un ejemplo citado por el autor Rolf Dobelli. Se trata de una elección entre dos películas. En la A, un barco choca con un iceberg y se hunde. De manera ejemplar, el capitán salva a todos los pasajeros de morir y abandona el barco al final. En la B, el capitán circuavega el iceberg con una considerable distancia. ¿Qué película verías en el cine? La A. Pero ¿qué situación preferirías siendo pasajero del buque? La B. ¿Qué pasaría después? El capitán A será invitado a la tele, entrevistas y se convertirá en una celebridad. El capitán B, seguirá esquivando obstáculos en el mar muchos años más hasta jubilarse y siinguna notoriedad.

Aunque B haya demostrado ser el mejor capitán es A quien recibe las recompensas “sociales”. Esto es una disfuncionalidad de la sociedad que “castiga” en términos relativos las conductas funcionales, ya que la mayor parte de los éxitos cosechados por la prevención son invisibles y por tanto no reciben refuerzos positivos que los reafirmen.

Para ganar el juego infinito hay que ser un capitán tipo B, un héroe invisible, un inversor en gratificación futura. “Ganar” la guerra conlleva la épica de hacer de manera extraordinaria las cosas ordinarias.

4. INVERTIR EN EL TALENTO PERSONAL

El activo más valioso para hacer frente a los desafíos de los tiempos convulsos es el talento personal que se acumule. El talento siempre vence. El talento incluye no solo conocimientos y habilidades sino sobre todo actitudes y sistemas de creencias. Mejorarlo es una inversión de futuro. Aunque no hay mejora del talento sin dolor.

El talento ha de configurarse en forma de una T. Con una dimensión vertical que permita ser un experto en algunas materias y una dimensión horizontal que genere un pensamiento humanista capaz de conectar e integrar diversos saberes.

Dominar una materia requiere, en opinión de algunos estudiosos, unos 10.000 días de dedicación completa. ¿La recompensa por ese esfuerzo? Un talento capaz de aportar soluciones diferenciales y resolver problemas complejos con rapidez.

La mejor versión personal se sustenta en buenas decisiones: el foco, la interpretación y lo que se hace. Una de las decisiones importantes es la dimensión vertical del talento. Decidir pronto en qué se quiere ser experto permite crear una retroalimentación entre maestría, disfrute con el trabajo y reconocimiento exterior.

En un mundo digitalizado el reconocimiento exterior puede llegar a ser global. Complementar la dimensión vertical con un buen talento horizontal asegura la victoria en las batallas más importantes de la vida.

ÚLTIMAS REFLEXIONES

Forjar una vida feliz y de provecho, dijimos, no es una tarea fácil. Es la guerra que hay que “ganar. Esperamos que las herramientas aportadas permitan que dicho proyecto llegue a ser posible.

La mayor parte de nuestra vida la vivimos dentro de nuestra mente. Por eso vemos las cosas no tanto como son, sino más bien como somos nosotros. Hacer de la mente un lugar agradable para vivir es un requisito para ganar la guerra, el juego infinito, euestra vida.

La memoria y la imaginación pueden llegar a ser nuestros mejores aliados para ganar la guerra si las utilizamos para aprender y prever. El papel más noble de nuestro talento es promover, y hacerse guardián, de la felicidad futura.

Felicidad que al vivir interconectados viene también condicionada por el buen funcionamiento de los ecosistemas que habitamos. El talento, por tanto, ha de ponerse al servicio de los demás y de la mejora de las relaciones entre unos y otros.

No hemos de olvidar que somos libres para decidir, pero no de elegir las consecuencias de nuestras decisiones.SOBRE LOS AUTORES

HUETE, LUIS MARÍA

PROFESOR EN ESCUELAS DE NEGOCIO CONSULTOR INTERNACIONAL DE ALTA DIRECCIÓN CONSEJERO INDEPENDIENTE

ESCRITOR

@LuisMHuete huete@iese.edu

Educación en Europa y Estados Unidos

Luis Huete es licenciado en Derecho, MBA por IESE Business School y Doctor en Administración de Empresas por Boston University. Fue becario Fulbright en Estados Unidos y su tesis doctoral sobre estrategia de servicios de bancos comerciales fue premiada por el Decision Science Institute de Atlanta como la mejor tesis finalizada en Estados Unidos en el año 1988.

Afiliaciones académicas en los cinco continentes

Es profesor de IESE Business School desde 1982 y ha sido profesor en los programas Achieving Breakthrough Service y Advanced Management de Harvard Business School (EE.UU.). Ha dictado programas para ejecutivos también en otras escuelas de negocio como ESE (Chile), IAE (Argentina), IPADE (México), ISE (Brasil), PAD (Perú); Deusto Business SchooI, ISEM, San Telmo Business School y Basque Culinary Center (España); ESMT (Alemania), Timoney Leadership Institute (Irlanda), AESE (Portugal) y Skolkovo (Rusia); Human Capital Leadership Institute (Singapur), Mudra Institute of Communications (India), Hamayesh Farazan (Irán), entre otros.

Colaboraciones con empresas en los cinco continentes

Luis ha desempeñado labores de speaker, consultor y facilitador de equipos de alta dirección en más de 800 empresas en 70 países. Recientemente ha trabajado con CEOs y Comités de Dirección para el rediseño de la estrategia, estructura y cultura en empresas españolas como Almirall, Altia, Banco Santander, BBVA, Banco Caminos, Banesto, Bankinter, Campofrío, Cepsa, Christian Lay, Enagás, entre otros.

Consejos y cargos en Europa, América y Asia

Luis Huete es Co-fundador del Instituto Gobernanza y Sociedad y Vicerrector y Tesorero de la International Academy of Management y miembro de los Consejos de Administración de las empresas Epikurean Resorts and Lifestyles (Tailandia), y Altia (España). También es miembro de los Consejos Asesores de Regent Leadership (UK), IBS (México), Instituto Internacional de Capital Humano, Cenador de Amós y Lid Publishing (España), entre otros.

12 libros traducidos en varios idiomas

Es autor de doce libros de gestión. “Servicios y Beneficios”, “Construye tu sueño” “Administración de Servicios” y “Clienting” son los títulos más conocidos y “Liderar para el bien común” (2015) y “Lideres que hicieron historia” (2017) los últimos publicados. Luis es también escritor habitual de artículos en prensa de negocios.

SOBRE LOS AUTORES

ZAVALA, RAFAEL

DIRECTOR DEL PROGRAMA DE ALTA DIRECCIÓN DEL PAD CONSULTOR DE ALTA DIRECCIÓN

FACILITADOR DE COMITÉS DE DIRECCIÓN SPEAKER

@zavala_rafael rafael.zavala@pad.edu

Educación MBA y Administrador de Empresas

Ha seguido el CEO Management Programme de Kellogg así como Programas de Competencias Directivas en el IESE y Harvard.

Afiliaciones académicas

Ha sido nombrado por Linkedin como una de las 10 voces más influyentes en Latinoamerica según su Ranking Linkedin Top Voices 2020. Además, Ha sido conferencista en el Emerging Markets Conference 2016 en Kellogg School of Management, profesor invitado y/o conferencista en las 3 Escuelas de Negocio que lideran el Ranking en Latinoamérica: INCAE, Adolfo Ibañez y TEC de Monterrey (Egade) y en más de 50 empresas.

Colaboraciones con empresas

Ha sido expositor en empresas como 3M, Mastercard, Oracle, Telefónica, BBVA, Shell, SN Power, Goldfields, PG, Orient Express Hotels, IBM, BAT, Cencosud, Grupo Falabella, Avianca, Whirlpool entre muchas otras.

Consejos y cargos

Ha sido nombrado por Semana Económica como uno de los dos expertos del Management mas reconocidos del Perú. Director Ejecutivo de los Programas de Alta Dirección del PAD Es también Director de ACRES Finance y sus 3 empresas subsidiarias, así como también Director de AMROP, la empresa de Head Hunting más relevante del Perú. Fue miembro del Comité Directivo de Laborum, de ABE – Asociación de Buenos Empleadores – y de la Asociación de Centros Comerciales. Antes fue Gerente General de Laborum y Gerente de Marketing del Jockey Plaza.

Libros

Es autor de 4 libros. Ha publicado artículos en Harvard Deusto Business Review, en su blog en Semana Económica y en su blog “Ideas para vivir mejor”.

Reflexiones para comenzar bien el 2009

Reflexiones para comenzar bien el 2009 430 344 Rafael

Empezamos el 2009 y con él, nos acompañan nuestros deseos de que sea un año exitoso. A pesar de que como diría Juana de Arco, la cosa está que arde, y el tema de la crisis causa mucho nerviosismo, creo que el éxito de cada uno de nosotros es un concepto bastante más profundo que cualquier crisis económica.

Para empezar el 2009 con fuerza, nada mejor que revisar lo que nos planteamos para el 2008 y si logramos conseguir nuestros principales objetivos personales. ¿Cuáles fueron? Probablemente ni siquiera nos acordemos, o lo que es peor, lo relacionemos al aspecto económico y veamos si nuestra cuenta de ahorros se ha incrementado o ha disminuido.

Gestión de lo imperfecto

Es natural que muchos sueños, metas y objetivos no se hayan cumplido por nosotros mismos y por razones ajenas a nuestro desempeño. Y este es uno de los primeros temas en los que vale la pena detenerse. ¿Cómo manejar la realidad que tenemos? Hace unas semanas tuve la suerte de escuchar a Javier Aguado, español considerado uno de los 10 mejores conferencistas de Europa actualmente. Su libro fue uno de los 5 más vendidos de Management el 2007. Habló sobre la gestión de lo imperfecto. Es decir, como gestionar en el trabajo, en la vida personal, en la familia, en lo social, nuestros temas del día a día que son imperfectos, y como ser exitoso con ellos.

El comentaba que toma una singular importancia en tiempos en los que todos nos centramos en los secretos para ser felices y exitosos, pero ¿qué pasa cuando nos equivocamos? ¿cuando no todo es perfecto? ¿Será que hemos fracasado, o que el éxito nunca llegará? Todo depende de la definición de éxito de cada uno. Considero que tengo éxito cuando me doy al máximo por un objetivo que me he planteado, independientemente de que salga bien o no. Con lo irresoluble tenemos que llevarnos bien, hay que pactar, hay que divertirse y no sufrir. No juguemos a denunciar todo lo que no funciona, por el contrario, aprendamos a gestionar lo imperfecto, a saber llevar las contrariedades del trabajo y de la vida en general con paciencia, sabiendo que todo siempre pasa por algo y es para bien.

Éxito, cuestión de esfuerzo

Hace poco veía en la televisión uno de los mejores comerciales que he visto en años, es de una conocida marca de cervezas y encierra un mensaje para recordar, y justamente una de sus frases es “Que la suerte no vuelva más”. Y es que en el fondo el éxito y la felicidad que todos perseguimos no es cuestión de suerte, es cuestión de esfuerzo.

Es necesario planificar, implementar, controlar, aprender de los errores, porfiar y perseverar, para luego dejar que venga la “suerte”, ya que normalmente ésta se suele aparecer cuando se han hecho bien todos los pasos previos y cuando uno se esfuerza, y trabaja bien y a conciencia.

El éxito verdadero cuesta, y cuesta mucho, viene disfrazado en muchos casos de lucha, de esfuerzo, de sufrimiento y dolor. Aunque nos cueste aceptarlo, la realidad y el pasado confirman que todo lo que vale cuesta, lo que fácil llega, fácil se va. A los que buscan las cosas fáciles, o que se creen con suerte para conseguirlas sin esfuerzo, la vida les pasa la factura, tarde o temprano.

Normalmente son exitosos aquellos que aprenden a perder, que aceptan la derrota, dicen que sólo se equivoca el que decide. Si sólo hay trabajo en la vida, ésta se convierte en sinónimo de estrés, angustia, pero si no lo hay, si se quiere ahorrar esfuerzo y sudor, es muy complicado que llegue la paz y la satisfacción de haberse dado por el todo, y por ende de conseguir la anhelada paz interna, concepto muy similar el éxito.

Un buen profesional es aquel que no está centrado en el concepto de “ganador” y “perdedor”. Hoy puedo ser campeón, soy todo un ganador y mi ego engorda, pero mañana pierdo y me deprimo. El concepto de éxito tiene que basarse en algo más profundo. ¿Quién define el éxito? Si lo define tu cuenta de ahorros, tu posición en la empresa, o tu lugar en el campeonato te vas a ir a la depresión. Pero si tú mismo eres quien define el éxito, ya las cosas cambian. Cuantas veces he ganado partidos de futbol y sin embargo me he sentido que no he ganado nada porque han sido aburridos, fáciles, y por el contrario, me he sentido ganador en aquellos partidos que aun habiéndolos perdido, he sudado la camiseta hasta el último segundo, la he pasado bien, he aprendido. Igual con mi vida.

Donde está la felicidad y donde no está

Ser exitosos en la vida implica ser y vivir felices. ¿Qué es vivir feliz? Muchas veces suelo saludar amigos que no veo hace tiempo por mail con el siguiente título “¿Y que dice la buena vida?”, pero nunca me había percatado de ir más allá de esta simple afirmación. ¿Nos hemos dado cuenta de lo que está atrás de conceptos como la “buena vida” y la “vida buena”? Son frases parecidas pero con conceptos diametralmente opuestos.

El primero se refiere más a los placeres de esta vida, los cuales, no tienen en sí nada de malo, por el contrario, son muy buenos, siempre y cuando se utilicen de forma correcta. Sin embargo, lo malo está en darles un valor superior al que realmente tienen y pensar que pueden dar mucho más felicidad de la que realmente dan. Y es que en esta vida los placeres ni bien empiezan, ya están acabando, y cuando son malos o ilícitos dejan un sabor amargo muy difícil de borrar en la conciencia. Hay una tendencia por buscar la felicidad a granel en cosas que no pueden darla.

En contraposición con la buena vida, tenemos la frase, la vida buena, la cual se refiere más a lo que nos hará realmente felices, pero una felicidad que no se basa en carcajadas, puede que el rostro permanezca serio o aun sufriente, pero sabemos que hacemos lo correcto, y estamos felices de ello. La felicidad es el sentimiento mas íntimo de hacer en cada momento lo que se debe. Bien dicen que para encontrar la verdadera felicidad no hace falta una vida cómoda sino un corazón enamorado y es que el secreto para ser feliz no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.

A continuación un cuadro en el que podemos ver las principales diferencias entre ambos conceptos:

Felicidad (la vida buena)

Simple Bienestar (la buena vida)

Es permanente

Es pasajero

Es exigente

No es exigente

Arraiga en lo profundo

Es superficial

Le da sentido a la vida

Es solo un medio

Abierta, difusiva

Egocéntrico

Raíz y cumbre de valores y virtudes

Sin otro referente destruye a la persona

Muchos se sienten desgraciados, precisamente por tener demasiado de todo. Nosotros en cambio, si queremos ser realmente felices, podemos pasar incomodidades, calor, fatiga, frío, pero no nos faltará la alegría si hacemos lo que nos corresponda hacer a cada uno en su estado, un estudiante que realmente estudia a conciencia, un trabajador que hace las cosas a la perfección, un padre de familia que se preocupa por la formación, el bienestar y la salud de su familia, un deportista que se esfuerza por ser el mejor, etc. El esfuerzo es una de las actividades que más recompensan y generan felicidad. Ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro.

Las personas mas felices no siempre tienen lo mejor de todo, sólo saben sacar lo mejor de lo que encuentran en su camino. Las otras, ponen más interés en hacer creer a las demás que son felices que en tratar de serlo. Muchas veces el afán de tener más nos crea una angustia, sin embargo, el exitoso no es el que más plata tiene, sino el que menos necesidades se crea.

Tiempos de Crisis

A diferencia de otros años, este año comienza con un bajón, con un nerviosismo atípico, de la crisis financiera mundial. Es el primer año en mucho tiempo en el que no decimos que el próximo será mejor. Sin embargo, es justamente en estos momentos en los que uno necesita una inyección de optimismo.

Albert Einstein, tiene una opinión extraordinaria de lo que significa la crisis: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nacen los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”.

nnQuien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Conclusiones

En esta época hay muchas variables disfrazadas de éxito que luchan por capturar la atención de uno mismo, pero que en realidad no son más que pequeñas satisfacciones efímeras que lejos de darnos una tranquilidad de conciencia (requisito indispensable para ser y vivir felices) no hacen más que engañarnos y desviarnos del camino correcto.

Santiago Alvarez de Mon, aquel brillante pensador y profesor del IESE nos dice: “La misión principal de un buen directivo es responder y atender el anhelo del ser humano de mejorar su calidad de vida. Cuando caminas por el sendero de la vida, unas veces más contento y risueño, otras más cariacontencido y pesaroso, te vas dando cuenta de lo que pesa en la mochila. En ella hemos metido de todo, lo importante y lo anecdótico, lo esencial y lo estético, y nuestra sufrida espalda empieza a pagar factura por el sobrepeso. La solución es sencilla, desprenderse de todo aquello que dificulta y ralentiza la marcha y seguir, ahora sí, ligero de equipaje.” Es decir, priorizar, nuestro verdadero éxito, nuestra meta debe estar fijada en lo más importante para nosotros, que no es sinónimo de ganar más plata o tener más títulos, sino de ser mejores personas, y este título, aparentemente abstracto y subjetivo se puede concretar en metas objetivas como preocuparse por alcanzar ciertas virtudes puntuales que nos hagan falta, dedicarle más tiempo a nuestra esposa, padres, enamorada, hijos o lo que uno tenga, ser más productivo en el trabajo, profundizar nuestra vida espiritual, ser mejores amigos de nuestros amigos.

Ya lo dice uno de los psicólogos más grandes de nuestra época, Victor Frankl, un judío que vivió y sobrevivió a los campos de concentración nazi. “El interés principal del hombre no es encontrar el placer, o quitar el dolor, sino encontrarle un sentido a la vida” y eso es justamente lo que nos dará ese orden mental para priorizar lo que es realmente importante para nosotros y nos permitirá conseguir el éxito no sólo en el 2009 sino a lo largo de nuestra vida. ¿Lo intentamos?.

Autoayuda : Se puede ser feliz con el mismo sueldo

Autoayuda : Se puede ser feliz con el mismo sueldo 85 126 Rafael

A pesar de los avances económicos cada vez menos personas se sienten felices, dejando evidencia que no siempre la relación dinero felicidad es directamente proporcional. 

Al respecto, hace poco leí uno de esos artículos que te cambian la forma de ver la vida y quise compartirlo con ustedes. Lo ha escrito Manel Baucells, Profesor Principal de Gestión de Personas en el IESE de Barcelona, basado en un estudio realizado por él y por Rakesh Sarin de UCLA de California, cuyo nombre fue “Does more Money buy you more hapiness?” ¿Mas dinero puede comprar mas felicidad?. Le pedí que me mande y autorice a publicar dicho artículo y otros relacionados al tema de la felicidad para hacer un resumen y publicarlos, así que a continuación el primer resumen.

Muchas veces las personas hablan de la falta de dinero como una de las causas de sus males. Atribuyen que por eso no pueden ser completamente felices, que no tienen todo lo que desean y que siempre les está faltando algo para ser “iguales” a los demás, incluyendo en “todos los demás” a unos pocos que pueden tener alguna superioridad en un bien material por ejemplo. Sin embargo el dinero no siempre les permitirá cubrir las necesidades y lograr satisfacciones, y una vez que lo obtienen, se dan cuenta de que se trata de otras falencias. 

El problema parte de mucho tiempo atrás. La economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos. Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción; en cambio, un bien adaptativo proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias. Por ejemplo, tener un auto es un bien básico, pero cuando pasas del Toyota del año 80 a la Porsche Cayenne del año, lo conviertes en un bien adaptativo. Un Toyota viejo puede proporcionar mucha satisfacción y un Porsche muy poca…, si lo comparas con el Ferrari del vecino.

El tema es que se puede vivir feliz aunque no te envidien. Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, que tu te compras la 4 x 4 para quedar bien con todos y para lucirla, y en realidad a la gente le importa un pepino tu 4 x 4.

Una forma de autoengañarse es decir que nosotros compramos para nosotros mismos, nos convencemos de que lo compramos porque lo necesitamos, cuando la verdadera causa a menudo es impresionar al resto. En cualquier caso la satisfacción y la insatisfacción siempre se obtienen al momento del incremento o decremento del estatus, después se diluyen. Es decir, el aumento de sueldo alegra el primer día, si te sacas la lotería igual, a los cuatro días te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos que tienen más…Incluso puedes llegar a sentirte mas pobre que antes de la lotería.

El otro problema es nuestra incapacidad de racionalizar las proyecciones. Creemos que el nuevo auto nos reportará tanta satisfacción durante los próximos cinco años como los cinco primeros días y no es así. En general, es mas feliz quien edifica su felicidad sobre los bienes básicos y posterga los adaptativos. Pero, cuanto necesita uno para ser feliz? Según el estudio realizado, la cifra son US$ 12,000 anuales. Esa cantidad satisfaría todas nuestras necesidades básicas, lo demás es adaptativo. A partir de un nivel de renta determinado, la felicidad no aumenta significativamente por mucho que lo hagan los ingresos. De hecho, todos los indicadores del grado de felicidad han permanecido intactos en todo el mundo a pesar de aumentos de la renta media considerables, un fenómeno conocido como la Paradoja de Easterlin. El ejemplo mas llamativo es Japón, donde a pesar de que la renta per cápita real ha aumentado cinco veces, prácticamente no se ha incrementado la media del nivel de satisfacción. El ciudadano de hoy se adapta rápidamente a un cierto nivel de estándar (su propia casa, su propio auto, vacaciones, restaurantes) y no se sentirá mejor que el de hace sesenta años cuando circulaba en bicicleta y escuchaba una vieja radio. La paradoja de Easterlin se puede explicar por el hecho de que la felicidad depende también de otros factores además del dinero, como las relaciones familiares, los amigos, la salud, el trabajo, ambiente externo (libertad, seguridad, etc.) y valores personales (visión de la vida, religión y espiritualidad).

Sí, el poder adquisitivo influye en la felicidad de una persona, pero hasta cierto punto. Ni que decir que algunas personas con dinero se torturan comparándose con otras personas aun mas ricas que ellas. Los autores sugieren que la gente podría sacar mas provecho a su dinero en términos de felicidad si calcularan correctamente el efecto de adaptación. Cuando el cálculo es erróneo, se debe a lo que los psicólogos denominan un sesgo de proyección. Este concepto, aplicado a las decisiones de consumo significa que predecimos un ritmo lento de adaptación a un bien nuevo. De hecho, la adaptación se produce mucho mas rápidamente de lo que esperábamos, lo que nos lleva a gastar mas de la cuenta en bienes adictivos y ser menos felices de lo que pensamos.

La buena noticia es que la felicidad se puede planificar. Manel Baucells lo hace de acuerdo a una ecuación: relaciona la capacidad de adaptación con el incremento de riqueza y la comparación con otros. Funciona de la siguiente manera: Ustedes cuando compran algo asumen que ingresan 100 de felicidad y creen que el resto de su vida ese dinero les va a dar la felicidad 20 que sienten el primer día pero en realidad al cabo de un año solo han obtenido un 1. Si hubieran planificado su felicidad racionalmente con esta ecuación hubieran obtenido un 7.

Por el contrario, la desgracia también es planificable. Las pérdidas de patrimonio y estatus se notan el doble que las ganancias. La bajada de nivel genera el doble de insatisfacción que la subida de satisfacción. En este caso, la proyección de expectativas funciona al revés. Al principio duele mucho, y luego cuando te acostumbras, te das cuenta que no es para tanto. Acabas adaptándote a la triste situación mas rápido de lo que habías previsto. El arte de la planificación en este tema nos permitirá conseguir mas felicidad por menos dinero y esfuerzo.

El autor recomienda también no retrasar las cosas. Anticipar lo malo es lo inteligente, también lo es dilatar la gratificación de las cosas positivas. La lección es que deberíamos programar racionalmente en el tiempo, la gratificación que nos reportan nuestros ingresos. Por ejemplo si tenemos un aumento de sueldo, no hacer todas las cosas de golpe y graduar el incremento de satisfacción. Lo mejor es ir subiendo poco a poco de nivel sin cambiar las referencias anteriores.

“Lo que da la felicidad es el cambio, el paso de un escalón al otro, por ello mantenerse siempre en uno, aunque sea muy elevado, deja de hacernos felices”, explica Manel Baucells. Para solucionarlo, el profesor del IESE tiene una receta: “Si te toca un millón de euros, debes hacer tus cálculos para que la mejora de tu situación sea paulatina y gastar sólo un 1% de lo ganado el primer año, un 2,5% al siguiente, y así progresivamente hasta alcanzar incrementos del 20% y el 30%”.

Dos investigadores dieron a elegir en 1998 a los alumnos de la Escuela Pública de Salud de Harvard entre dos escenarios: en uno, ellos ganarían 50.000 dólares cuando el resto del mundo lograría 25.000, es decir, la mitad, mientras que en el segundo escenario ellos ganarían 100.000 dólares cuando el resto ganaría 250.000, más del doble. Todos prefirieron el primer escenario. “Por eso la felicidad social no ha avanzado pese a que mejore la calidad de vida en un país, porque nos peleamos siempre por tener lo que tiene el vecino Seguir con los amigos de siempre nos hará sentir mas afortunados con menos. En el barrio de los millonarios, el suertudo al que le tocó la lotería, solo es un millonario más.

Para finalizar, copio textualmente una reciente entrevista que le hicieron respecto al tema:

El dinero da la felicidad, ¿verdadero o falso?

Verdadero.

¿Por qué?

Porque con el dinero tienes más control, acceso a cosas que antes no tenías y más capacidad de decisión. Pero se comete un error de cálculo: se piensa que va a dar más de lo que da.

Este error de cálculo, ¿cuándo lo comete una persona?

Cuando cree que el dinero le va a dar diez de felicidad, y en realidad le ofrece tres.

Es decir, no es una cuestión de cantidad, sino de expectativas.

Exactamente.

¿Junto al dinero y la felicidad, que son los ejes sobre los que gira este estudio, se podría incluir un tercer término, la envidia.?Efectivamente. Y si no lo gestionas de manera adecuada, puedes acabar pensando: “¿Me siento contento por haber tenido que trabajar cinco horas más al día para tener una casa mejor en un barrio determinado, y en el que sigue habiendo gente más rica que yo?”. Y en todo este proceso igual esta persona ha perdido amigos y familia. Por tanto, ¿no hubiera sido más inteligente pensar si le interesaba entrar en esta batalla o no?

Pero, ¿cómo se puede conseguir que las personas venzan esa tendencia natural?

No es nada fácil porque es tu instrumental de medida. Hay que educar a la gente en los colegios, en las familias… a que se comparen con los otros en determinadas cosas buenas, como “mira ése qué buenas notas saca, a ver si tú también haces como él”, y que eviten otras, como cuando se dice “mira a ése que se ha comprado un auto mejor”. En eso es mejor no entrar.Otro temas importante es que somos muy malos en anticipar la rapidez de habituación a los bienes. Ésta es la idea. Piensas que el auto nuevo lo disfrutarás como el primer día durante mucho tiempo, pero a los tres meses te parecerá normal, o cuando vas a un hotel de una estrella más te parece impresionante, pero no calculas que a la tercera vez eso te parece lógico y que volver a un hotel con una estrella menos es una pérdida. En un terreno donde compras bienes básicos (comida, calefacción, el descanso, estar con amigos…) la satisfacción está asegurada porque cuanto más los tienes, más te dan. Pero la lista es muy limitada. Entonces estamos pensando que muchos bienes que compramos son básicos. Y no lo son, son adaptativos.

¿Cree que el ciudadano de a pie hace esta distinción entre los bienes básicos y los adaptativos?

No, y por eso se cree que el dinero da muchísimo, porque cuando piensa que un auto grande es un bien básico se cree que lo disfrutará como el primer día, como la calefacción. No, al auto grande te acostumbrarás y te parecerá lo normal.

Siguiendo su razonamiento, ¿considera que ofrece la misma satisfacción degustar una buena comida entre amigos que tener un Ferrari?

No. Degustar una comida con amigos te va a gustar hoy, dentro de diez años volverás a disfrutarlo igual que hoy, y dentro de 20 igual que hoy. Cuando te compres el Ferrari, durante un tiempo estarás impresionantemente feliz, pero al cabo de un año te parecerá la mitad de impresionante, al cabo de dos años la mitad de la mitad y cuando un amigo se compre un Ferrari mejor que el tuyo entonces aquel día vendrás enfadado porque creerás que te has quedado sin dinero.Y es que la gente se vuelve loca por el dinero, gastan mucho. Si por lo menos fueran muy felices, diría “perfecto”, pero es que no lo son. Entonces aquí hay un problema.

¿Cuál sería la fórmula para solucionarlo?

Ves cosas que son bienes adaptativos y tu cabeza te dice que son básicos, entonces las quieres comprar, ganar mucho dinero… y todo el mundo está solamente atrás de eso. No, lo que voy a hacer es entrenar al niño a bajar una pendiente más difícil, de modo que cuando salga por ahí pueda bajar. Es entrenarlo para pensar a largo plazo.

Por cierto, ¿usted piensa a largo plazo?

Sí, yo lo hago

Por lo tanto, ¿es feliz?

Sí, sí, yo soy muy feliz. Me gusta llevar las luces largas. Siempre voy anticipando cosas con dos o tres años de antelación.