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Todos tenemos siempre un motivo para ser felices

Todos tenemos siempre un motivo para ser felices 300 229 Rafael

A continuación les paso un breve resumen de un capítulo del libro 59 Segundos de Ricahrd Wiseman. Recomiendo la lectura de dicho libro, es muy bueno.

“¿Cuál es la forma más eficaz de dibujarte una sonrisa permanente en la cara? Ante la pregunta, casi todo el mundo te dará una respuesta de dos palabras: más dinero. Encuesta tras encuesta, la necesidad de engordar la cartera siempre está en lo más alto de la lista de cosas imprescindibles para la felicidad. Pero ¿de verdad es posible comprar la felicidad? ¿O pueden en las aspiraciones financieras, llevarte por el camino de la amargura?, solo había una diferencia: en comparación con los ganadores de la lotería, los del grupo de control disfrutaban mucho más de los placeres sencillos de la vida.

Gracias a nuestra capacidad para adaptarnos a un nivel de fama y fortuna cada vez mayor, los lujos de ayer pronto se convierten en las necesidades de hoy y las reliquias del mañana.

La mejor forma de seguir adelante es compartir tu dolor con otros. Los que adoptan la postura de que un problema compartido.

Desde una perspectiva psicológica, hablar y escribir son dos 1 cosas muy distintas. Hablar, a veces, es una actividad poco estructurada, desorganizada, incluso caótica. Por el contrario, escribir anima a la creación de un argumento y una estructura que ayudan a dar sentido a lo sucedido y nos dirigen a una solución. En resumen, hablar puede añadir confusión, mientras que escribir proporciona un enfoque más sistemático, más centrado en la solución.

Si un individuo se somete a un ruido, imagen u olor constante sucede algo muy extraño: poco a poco se acostumbra a ese elemento y, al final, deja de ser consciente de él. Por ejemplo, si entras en una habitación que huele a pan recién hecho detectas rápidamente el aroma. Sin embargo, si te quedas en la habitación unos minutos, el olor parece desaparecer. De hecho, la única forma de recuperarlo es salir de la habitación y volver a entrar. El mismo concepto sirve para muchos aspectos de nuestras vidas, incluida la felicidad. Todo el mundo tiene algo por lo que ser feliz. Quizá sea el amor de su pareja, la buena salud, unos hijos estupendos, un trabajo satisfactorio, unos pasatiempos interesantes, unos padres cariñosos, un techo sobre la cabeza, agua limpia para beber, un disco firmado por Billy Joel o la comida suficiente para vivir. Sin embargo, conforme pasa el tiempo, uno se acostumbra a lo que tiene e, igual que con el olor a pan recién hecho, todas esas cosas maravillosas desaparecen de su mente. Como dice el viejo cliché: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

Los psicólogos Robert Emmons y Michael McCullough se preguntaron qué sucedería con los niveles de felicidad si llevasen a cabo el equivalente conceptual a salir de la habitación que huele a pan y volver a entrar. Los investigadores querían descubrir el efecto de recordarles a las personas las cosas buenas que estaban siempre presentes en sus vidas. A tres grupos de participantes se les pidió que pasaran unos minutos a la semana escribiendo. El primer grupo debía escribir cinco cosas por las que se sentía agradecido, el segundo apuntó cinco cosas que le molestaban y el tercero anotó cinco cosas que habían pasado la semana anterior.

Los resultados fueron sorprendentes. Comparados con los de los grupos del “enfado” y los “sucesos”, los que expresaban gratitud acabaron siendo más felices, mucho más optimistas con respecto al futuro, estaban más sanos e incluso hicieron más ejercicio.

Como control, a otro grupo se le pidió que escribiese algo que le hubiera pasado la semana anterior. Cada grupo repitió su ejercicio de escritura tres veces a lo largo de cinco semanas. De nuevo, este sencillo procedimiento tuvo un efecto espectacular, ya que los que habían invertido algunos minutos en la escritura afectiva mostraban un marcado aumento en sus niveles de felicidad, una reducción del estrés e incluso una disminución significativa de sus niveles de colesterol.

El misterio de la felicidad II Parte

El misterio de la felicidad II Parte 300 202 Rafael

Continuamos con el artículo de la semana pasada, en el que explicabamos que la felicidad en el ser humano tiene dos componentes, el ser feliz y el estar feliz. La semana pasada hablamos de lo que significa ser feliz, y hoy hablaremos sobre el Estar feliz.

Todos tienen el don de la felicidad, solo hay que saber explotarlo

El estar feliz por su parte está relacionado a experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico.

Es el complemento del concepto anterior relacionado a ser feliz. El problema acá es que muchas veces nos sentimos tentados en enfocar nuestra vida únicamente en estar felices y no en tratar de serlo, en ir con las luces altas apagadas por la carretera, o lo que es peor, en tratar de hacer creer a los demás que somos felices más que en tratar de serlo.

Una de las principales maneras para estar felices es aprender a vivir el presente, disfrutar de los momentos que te regala la vida, detenerse en detalles, un beso apasionado de la persona que amas, un buen desayuno, un buen libro, un buen trago, una buena noche de música, en resumen, aprender a disfrutar del camino y no centrarse exclusivamente en la meta.

Hace poco recordaba los momentos más especiales de mi vida y me acordaba de mi primer día en el colegio, el primer campeonato de fulbito en el que quedamos primeros, aquellas conversaciones que parecían interminables e inolvidables con mis mejores amigos, las miles de enseñanzas -a veces no comprendidas en su momento- de mis padres, las decisiones más importantes de mi vida como casarme, la profesión, el cambio de trabajo, el logro de un reto personal así como también las veces que he fracasado que no han sido pocas.

Y es que más que hablar de días, años, etapas, todo se reduce a momentos, pero la vida está hecha de ellos. Ya lo decía Goethe: “Yo intentaría tener nada más que eso, momentos, unos detrás de otros.“

Yo creo que los mejores momentos de nuestras vidas no son largos, pasivos o tranquilos, sino aquellos que generalmente vienen como resultado de nuestro  esfuerzo al límite en cuerpo y alma para conseguirlos y sacarles el jugo, y es que mientras más nos ha costado, más valoramos lo que conseguimos y más felices nos sentimos.

Hoy en día la sociedad busca modelos triunfadores en los que retratarse y confiar…y la pena es que los encuentra. Nosotros mismos fabricamos y vendemos la idea de que el éxito siempre viene acompañado de dinero, apariencias, reuniones, y destinamos nuestro valioso tiempo cada vez más para conseguir eso, en desmedro de dedicar más tiempo a la familia, los hijos, la esposa y los padres, sobre todo estos últimos, que muchas veces, cuando uno se casa, tiende a olvidarlos. ¿Valdrá a pena?

Resumiendo

¿Por qué es importante ser feliz? Porque la felicidad influye en el éxito de tu vida personal y profesional. La felicidad no deriva del éxito, sino que lo causa, es decir, no esperemos a tener éxito para ser felices. Mahatma Gandhi decía que la alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha y no en la victoria.

Cuidado con buscar la felicidad en cosas que no pueden dártela, te dan un bienestar pasajero. Para ser felices necesitamos en primer lugar trazar nuestro plan a futuro y saber como queremos vivir de aquí a los siguientes 5, 10, 15 años y enfocarnos en conseguirlo. Desconfiemos de lo que nos promete éxito sin esfuerzo.

Así como las empresas realizan su planeamiento estratégico, el concepto aplica perfectamente para nosotros. ¿Nos hemos preguntado alguna vez cuál es nuestra razón de ser? ¿Qué queremos alcanzar? Es un excelente comienzo, definir nuestra misión en la vida, en los 4 planos principales que debiera tener un ser humano, el trascendental (religioso), personal, familiar y profesional.

En base a ello, trazarse objetivos concretos para este año en cada uno de estos planes con un control mensual para saber si los hemos logrado o no. Dichos objetivos pueden ser puntos concretos de mejora, virtudes que nos faltan, defectos que no nos hemos propuesto nunca dejar en el pasado, etc.

“Existen seres felices e infelices en todas las condiciones. Cuando el individuo decide aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese momento, es realmente feliz.” Gottfried von Leibniz 1647

Dueños de nuestro destino (2da parte)

Dueños de nuestro destino (2da parte) 300 225 Rafael

Confucio decía que para ser exitoso en la vida necesitas 3 cosas:

  1. Algo que hacer (que te guste tu trabajo).

  2. Algo que esperar (tener proyecto personal a futuro).

  3. Alguien a quien amar.

Creo que no hay una definición general para todos, ya que cada uno tiene un concepto y una forma de ver el éxito distinta. En mi caso particular, tengo 4 objetivos fundamentales en mi vida y para medir que tan exitoso soy mido cada cierto tiempo  los retos propuestos y el estado actual de los mismos para saber cuanto me he acercado a ellos. El primer objetivo gira en torno al plano espiritual, el segundo al plano familiar, el tercero al laboral y el cuarto al social.  Sin embargo, mi éxito más profundo es la relación conmigo mismo,  con mi conciencia. Es ella quien me deja dormir en paz o me tortura en la infinidad de veces que he hecho las cosas mal. No mido el éxito en términos de números, en la mayoría de los casos, se basa en la felicidad de los que me rodean, y en ganarme el respeto y el cariño de la gente cercana a mi. Si enfocamos el tema desde el punto de vista familiar, mi éxito depende de la sonrisa y bienestar de aquellas personas que forman parte de mi vida, si hablo de mi hijo, me sentiré exitoso si es que cuando tenga uso de razón pueda sentirse orgulloso de si mismo, si hablo del trabajo, mi definición de éxito estará ligada a la rentabilidad económica sobre las expectativas y al crecimiento personal y laboral del gran equipo que trabaja conmigo.

¿Y para ello, qué nos motiva? ¿Qué nos hace vivir felices? ¿Cuáles son nuestras inquietudes, sueños e ideales más profundos? ¿Qué problemas nos quitan el sueño? ¿Qué nos apasiona? La respuesta a estas preguntas es una pista segura para descubrir nuestros reales motivadores y objetivos en la vida.

Santiago Alvarez de Mon decía lo siguiente sobre lo que significa el éxito: “Para mi, es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de mis habilidades.  Ese universo de intenciones, esfuerzos y trabajo preparado a conciencia lo controlo yo, es donde me cito a diario con lo mejor de mi persona. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de mi labor, los aplausos, las pifias, forman parte de otro partido en el que no llevo las riendas. Del otro sí sé  y entiendo. Desde la paz y tranquilidad que da el saber que te has vaciado íntegro, que no has dejado nada en la recámara, entonces se puede apuntar a otros tiempos y lugares por los que suele transitar y perderse el auténtico éxito.”

Tiene mucha razón, y complementando su comentario se me viene a la memoria aquella inolvidable frase de Valero Rivera, “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro”. Dicho de otro modo, solo ganamos, solo conseguimos el éxito, cuando nos damos el todo por el todo, cuando (como dicen los españoles) “nos jugamos la piel en la cancha”, independientemente del resultado. Éste es una consecuencia, si hacemos las cosas bien, que vendrá tarde o temprano, de nada sirve andar enfadados con el tiempo. Y eso depende exclusivamente de nosotros, de nadie más, del esfuerzo, ganas y pasión que pongamos por hacer de nuestro destino el mejor posible. Ojalá este artículo les permita pensar y volar con la imaginación, pero sobre todo aterrizar las ideas con acciones concretas que los lleven a cumplir sus objetivos, que mis palabras no sirvan más que de aperitivo para que empiece un cambio en sus formas de pensar y en sus vidas. Vale la pena.

¿Somos los dueños de nuestro destino? Primera Parte

¿Somos los dueños de nuestro destino? Primera Parte 200 300 Rafael

Vivir es enfrentarse con dificultades, ¿Cómo hacer las paces con ellas y aprovecharlas?

Esta semana me pasaron un video que me dejó pensando en la forma como manejamos nuestra vida familiar y en la importancia que le damos. Creo que en estos tiempos en los que el trabajo nos abruma, dejamos de lado el “arte de vivir” y de redescubrir las cosas que han estado siempre allí. Decía Tomás Melendo, autor de varios libros sobre la familia:”Mañana cuando llegue a casa, ¿por qué no redescubro a mi mujer? Es distinta a la persona que me despidió ayer. Ese es el mejor antivirus para no aburrirme de mi familia, morir cada noche…para nacer cada mañana”.

Para ello, lo primero que se necesita es la intención de querer cambiar. Aunque suene a frase repetida, quizá este sea el gran secreto. Es distinto subsistir en la vida que nos ha tocado vivir, sea cual sea, que exprimirla y sacar lo mejor de ella en cada instante y hacer limonada del limón.

Como bien dice Nelson Mandela, líder mundial, ex presidente de Sudáfrica, que estuvo preso injustamente por más de 25 años, somos dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Un reciente estudio realizado por Luis Huete, profesor de Harvard y el IESE concluye que una de las variables más importantes que definen el resultado de nuestras acciones comienza con la manera de pensar, que influye en nuestra manera de mirar la realidad, de sentirla y de interpretar lo cotidiano. Eso definirá nuestra manera de actuar y nuestros resultados que finalmente definirán la persona que terminaremos siendo y las recompensa que tendremos por ello, lo cual alimentará nuevamente nuestra forma de pensar. En el caso el comienzo haya sido en positivo, es probable que luego de completado el círculo el resultado también lo sea, con lo cual se crea un círculo vicioso saludable.  Y es que al final, todos somos hijos de los estímulos que recibimos, al mundo lo mueven las convicciones.

Hay partidos que no los ganamos porque no los intentamos ganar. Por ejemplo, el partido de los mineros en Chile era un partido imposible y gracias a que estos valientes hombres desafiaron la realidad lograron salir sin mayores traumas. Esa fue una prueba evidente de que para que actuemos, tenemos que tener un motivo de peso para hacerlo, una fuente de energía humana, que en muchos casos no es más que la propia auto motivación.

Es decir, si bien es cierto existen variables impredecibles que aparecen en nuestro camino, gran parte de nuestro destino depende de nosotros mismos, del cristal con el que lo miremos y de la actitud y acciones que tomemos. Dicen que la suerte te visita únicamente cuando has hecho todos tus deberes.

¿Y qué puedo hacer para empezar a ser más optimista e iniciar ese círculo de acciones de manera positiva? Quien mejor que Santiago Alvarez de Mon, aquel brillante escritor, coach y profesor del IESE de España (una de las 5 mejores Escuelas de Negocios en el mundo) para darnos la respuesta: “La actitud tiene mucho que ver en esto. El optimismo y el buen humor. Si la vida fuese un teatro, mientras esté en el escenario, me gustaría pensar que los espectadores la vean como una comedia, es mi género preferido, que otros representen una tragedia, yo ya estoy saturado de caras largas y amagadas. Si algo falta en el mundo son payasos que nos hagan reír. Creo que el buen humor es una de las competencias más necesarias no sólo para conseguir un buen trabajo sino para conseguir el éxito. Lo curioso es que no hacemos bien ni una cosa ni otra, ya no sabemos reír, ni llorar, así está el circo humano, muchas veces lleno de mediocres. El éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.”

Competencias directivas para el profesional del futuro/ Primera parte

Competencias directivas para el profesional del futuro/ Primera parte 300 199 Rafael

¿Hoy en día bastará ser un genio en números o el vendedor estrella para surgir y ascender en un trabajo? Definitivamente no. Actualmente se toman en cuenta otras habilidades y valores cuyo impacto en los resultados es mayor.

 Comencemos por definir cual es el principal deber de un profesional, y es el estar en contacto y entender la realidad. La realidad de sí mismo, de su familia y de su trabajo. Aparentemente muy sencillo, pero no lo es. Cuantos gerentes hay técnicamente brillantes pero que sin embargo, no supieron anticiparse o reaccionar a la crisis por no entender bien el contexto, cuantos hay que se enfocan en grandes negocios y no se percatan de la realidad de su equipo cercano de trabajo que está muy descontento y rindiendo al 50%, o simplemente cuantos son workaholics y no se percatan de que al final tendrán mucha plata pero pagar el divorcio.

Sin ánimos de extrapolar ningún modelo personal, comencemos por definir que habilidades son las más relevantes para cualquier profesional. Obviamente no pretendo ahondar en ninguna de ellas porque el espacio no lo permite sino únicamente mencionar con una breve explicación las principales y darles algunas ideas concretas para conseguirlas.

Una de las más importantes es la inteligencia emocional, aquella habilidad a través de la cual, reconoces tus emociones, las controlas, identificas las de la otra persona y generas empatía con ella. En un trabajo no asciende el ratón de biblioteca que toda su vida fue número uno de su clase, sino más bien aquel que obviamente fue un buen estudiante, dedicado, pero que en su vida laboral supo cultivar virtudes como la amistad, el ser amigo de sus amigos, entender lo que necesita la empresa, lo que necesita tu equipo de trabajo, persuadir, generar empatía, tener un buen carácter. Muchas veces para viajar de la prédica al compromiso real, el carácter es la pieza más valiosa de nuestro equipaje, es la que traza finalmente los límites entre los que hacen algo transformando la realidad y los pesimistas que se quejan de todo.

Otra competencia que marca la diferencia es la capacidad para tomar decisiones. Y para ello, es necesario tener el criterio suficiente para identificar cuando priorizar la decisión con el corazón y cuando con la cabeza. Al respecto decía Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor del IESE que tuve la suerte de escuchar: “El corazón no solo es la sede de los sentimientos, sino también la sede de la inteligencia. El arte de dirigir necesita de un corazón inteligente que incorpore a sus latidos y vibraciones los recados de la razón. Una razón sensible y un corazón inteligente se solicitan el uno al otro. Probablemente este sea el rasgo más notable de una persona serena. En ella se da una armonía inefable entre razón y corazón, tal vez porque este es quien gobierna. En todo lo que hagas pon el corazón, tan falto y escaso en tantas empresas y carreras profesionales. El corazón inteligente escucha atentamente a la razón, le agradece sus consejos y advertencias, pero no está dispuesto a dejar de vibrar y volar muy alto. No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos, decía Antoine de Saint Exupery en El Principito.”

Quizá una de las competencias que más se ha necesitado con la crisis del pasado año fue la resiliencia, que es la capacidad para soportar golpes y fracasos y salir fortalecido. En contextos de crisis, se necesita profesionales que se automotiven y que si se caen se levanten rápidamente. Las empresas no buscan al infalible porque este tipo de ejecutivos cuando cae es muy complicado que se levante rápido, su ego no lo deja, sino por el contrario, se busca a aquellos que actúen rápidamente cuando se caigan, que no se paralicen, y que sobre todo aprendan de sus errores y puedan afrontar situaciones nuevas con ese aprendizaje.

Rosa García, Ceo de Microsoft en España nos dice: “Yo cometo muchos errores y muchas veces. Mi filosofía es la siguiente: afronta tus equivocaciones, aprende y sigue adelante. Lo que no hago, ni le permito a mi gente, es ocultar los fallos. Si en mi compañía un colaborador, en lugar de reconocer un error y poner las vías para solucionarlo intenta taparlo, es motivo de despido. No sólo se está engañando él, sino también nos engaña al resto y puede provocar un problema grave en la compañía.” Su filosofía claramente está enfocada en tener comprensión con los errores pero tolerancia cero con la mentira y el encubrimiento de malas acciones.

El Estrés, manejando la respuesta

El Estrés, manejando la respuesta 259 299 Rafael

Esta semana les transcribiré un extracto del libro “La lógica del corazón” escrito por un invitado de siempre de este blog, Santiago Alvarez, acaso uno de los mejores coach en mundo, que habla sobre un tema del que continuamente huimos que es el estrés.

 “La salud se basa en un cierto grado de tensión, la tensión existente entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido, o el vacío entre lo que se es y lo que se debería ser. Esta tensión es inherente al ser humano y por consiguiente es indispensable al bienestar mental. En general, se ha instalado entre nosotros una visión peyortiva de la idea de estrés que nos obliga a extirparlo de nuestra pantalla mental.

No se preocupe por el nivel de estrés en su vida. Lo necesita para vivir, es esencial para su salud y longevidad. Conclusión, el problema no es nuestra exposición al estrés, un despertador que me saca de la pereza y la somnolencia, sino mi escasa capacidad para responder a sus demandas y requerimientos. Si no aprendo a vivir en la incertidumbre, a nadar en aguas movedizas, a desvelar misterios eternos, el estrés es un ladrón que me roba salud, paz, alegría, tiempo y concentración.

 Me acuerdo de una entrevista que tuve con el Decano de una escuela norteamericana y dos profesores senior. EL primero me invitó amablemente a lo que teóricamente iba a ser una reunión protocolaria. Uno de los profesores aprovechó para despacharse bien a gusto. La estructura organizativa de la escuela, las normas y métodos de trabajo, la falta de visión…todo fue sometido a un bisturí afilado e incisivo.

 Cuando ambos profesores se fueron, el Decano me preguntó, ¿Qué te parece? Tienes un problema le dije, con ese profesor que está harto  y enfrentado a muchas facetas de la escuela.

 El Decano, más listo y sagaz que yo me dijo: “No me agrada nada de lo que he oído, pero si te soy sincero, en parte tiene razón. Además, me lo dice frontalmente, se enfada de verdad, señal inequívoca  de que la escuela todavía le importa mucho, le duele en el alma. El que me preocupa seriamente es el segundo profesor. Ha optado por lo peor, por un silencio displicente, por una indiferencia interesada. La escuela ya no le duele, tal vez porque hace tiempo que la utiliza para sus intereses particulares.”

 Touché, que dicen los franceses. Desde entonces escucho y atiendo los conflictos y enfados visibles y explícitos, pero más me preocupan y entretienen  los que no muestran la cara, los que actúan en la sombra y deteriorando, como la carcoma, la salud de un organismo vivo. Si no se distingue la “piel de la camisa”, si no se separa la persona del personaje, mal asunto, la libertad y el equilibrio interior se verán seriamente afectados.

 Mr K, el más grande entrenador que ha dado la NBA decía que la confianza puede ser un arma muy efectiva contra el miedo. Cuando estamos compitiendo, no permito que el contrario vea si nos ha herido, si estamos bajos o si nos preocupa algo. Si destapamos nuestras emociones, ellos descubrirán por donde nos están haciendo daño y eso les dará más confianza. Dando una imagen de seguridad, incluso en momentos de crisis, nos hacemos más fuertes. En Duke siempre les aconsejo a mis jugadores “Mostraos seguros, esconded vuestras debilidades”.

 En la Final Tour, estaba preocupado e intranquilo por la posibilidad de que la presión mediática destruyera la unidad del equipo. Pero, en ningún caso, me permití mostrárselo al equipo.  Tenía que ser lo suficientemente fuerte como para decirme a mi mismo: “No tienes permiso”. Si le dices algo estás rompiendo el compromiso que tienes para con ellos. No tienes derecho a compadecerte de ti mismo. No te puedes venir abajo. No te puedes enfadar. No puedes ser un debilucho. Como se que esa gente dependía de mi, contuve mis emociones. Este modo de actuar, esa creencia personal, me la inculcó mi madre, ella, mientras éramos pequeños, nunca nos permitió a mi hermano y a mi, saber que éramos pobres. En el fondo lo que quería era llegar a la perfección, pero me di cuenta que a la perfección no se llega siendo perfecto, sino asumiendo las imperfecciones.”

Ideas para trabajar feliz I Parte

Ideas para trabajar feliz I Parte 300 200 Rafael

A simple vista la respuesta parecería muy obvia, y debiera ser “con un aumento de sueldo”, sin embargo, no nos damos cuenta que el caer en esas “trampas mentales” es peligroso, básicamente porque el aumento de sueldo alegra el primer día, luego, uno se acostumbra a dicho sueldo, y si odiaba el trabajo porque lo sentía rutinario, o por temas de clima laboral o por cualquier otra razón, lo seguirá odiando.

Trabajo en una compañía de selección de profesionales y hace unos años se me ocurrió preguntarles a algunos candidatos: ¿Para qué quieren trabajar? Resumiendo las respuestas, comenzaron diciendo que para ganar dinero. Ok, les comentaba, ¿Y para qué quieren ganar dinero?, “Para comer” ¿Y para qué quieren comer? La mayoría contestaba que para vivir, entonces venía mi pregunta decisiva, ¿Y para qué quieren vivir? La gran mayoría me contestaba que para ser feliz.

Pero como no podía con la curiosidad, seguía preguntando, ¿Qué es ser feliz? Después de muchas respuestas, llegué a entender que es vivir con la conciencia tranquila de saber que estás haciendo lo que puedes por lograr los objetivos que te trazaste en todos los ámbitos (espiritual, personal, familiar, laboral y social.) No depende exclusivamente de ningún factor, ni del dinero (mucha gente con dinero es estructuralmente infeliz), ni de la compañía, ni siquiera de la salud (cuantos enfermos felices conocemos).

Entonces, la pregunta del millón sería, ¿Cómo encuentro un trabajo que me haga feliz? Buscando aquel que te permita maximizar tu remuneración relacionada con la calidad de vida que quieras tener, a lo que se le llama “Salario emocional”.  Y es que la mayoría de nosotros no trabajamos exclusivamente para nuestras empresas o nuestros jefes, trabajamos para cumplir nuestras metas más íntimas, muchos lo hacen para si mismos, para demostrarse que pueden cumplir un reto personal, otros lo hacemos por un sentido de trascendencia y otros para brindarle lo mejor a su familia.

Soñar que importante hacerlo despierto

Hace unos meses tuve la suerte de escuchar una excelente conferencia en la que nos preguntaron con cual de las frases nos sentíamos más familiarizados: “Hago lo que me gusta” o “Me gusta lo que hago”.  Detrás de estas frases se encuentra quizá una de las principales conclusiones de este artículo. Aquellos que escogieron la primera, se estrellarán contra la realidad tarde o temprano, ya que no podemos vivir pensando que en el hogar, en el trabajo hacemos solo lo que nos gusta, muy por el contrario, la segunda frase, a simple vista no es tan atractiva pero esconde uno de los secretos mejor guardados para ser feliz, ya lo decía Jean Paul Sartre, “La felicidad no está en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace”, y es que con forma de pensar que conlleve este esquema, podremos ser felices en nuestros trabajos, atrapando lo mejor de lo que nos pasa, haciendo que nos guste, ya que de lo contrario, nos parecerá rutinario (cualquiera que sea el trabajo) y terminará por aburrirnos.

Que importante es automotivarse, crearse sus propios retos internos en el trabajo, saberse dueños de su propio destino, soñar con una forma de trabajar que incluya pasión y diversión, porque así se trabaja mejor. Nuestros gestos al entrar y salir de nuestro trabajo dirán si lo hemos conseguido.

¿Qué necesitamos?  Cultivar el compromiso, la pasión, la humildad, elementos críticos para salir adelante. Prima hermana de la paciencia y la humildad es la perseverancia, compañera inseparable de la disciplina y el trabajo cotidiano bien terminado. Pero sobre todo mucho optimismo y entusiasmo, mucha pasión por hacer y terminar el trabajo bien hecho. Santiago Alvarez de Mon, aquel brillante maestro y profesor del IESE, decía que lo que el apetito es con relación a la comida, es el entusiasmo con relación a la vida. A un niño se le puede obligar a ir la cama, pero no que confíe en ti. A un profesional, que cumpla, pero no que se entusiasme. Es lo mismo que la comida hecha sin pasión. Puede salirte bien, pero no sale rica. Una cosa es cumplir, otra poner el alma. Y el alma solo se pone cuando hay pasión. Y hay pasión cuando la visión y el propósito de la empresa y la visión del equipo están alineados.

Consejos para matrimonios felices

Consejos para matrimonios felices 246 205 Rafael

Llega Navidad y ya que es una fiesta familiar, me pareció adecuado leer y transcribirles una selección de textos, de enseñanzas de San Josemaría Escrivá que transmiten orientaciones prácticas sobre algún aspecto concreto de la familia. Se incluyen esos textos como temas de reflexión (personal o en conjunto) y de examen de consciencia. Los he dividido en dos posts, uno lo publico esta semana y el otro el próximo Lunes:

Cada uno de nosotros tiene su carácter, sus gustos personales, su genio -su mal genio, a veces- y sus defectos. Cada uno tiene también cosas agradables en su personalidad, y por eso y por muchas más razones, se le puede querer. La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás: es decir, cuando hay amor, que anula y supera todo lo que falsamente podría ser motivo de separación o de divergencia. En cambio, si se dramatizan los pequeños contrastes y mutuamente comienzan a echarse en cara los defectos y las equivocaciones, entonces se acaba la paz y se corre el riesgo de matar el cariño (Conv, n. 108).

Sólo serás bueno, si sabes ver las cosas buenas y las virtudes de los demás. Por eso, cuando hayas de corregir, hazlo con caridad, en el momento oportuno, sin humillar…, y con ánimo de aprender y de mejorar tú mismo en lo que corrijas (F, n. 455).nnNo olviden [los esposos] que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad (Conv, n. 91).nnPara que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado en cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisas y con picardía también. Si el marido llega a casa cansado de trabajar, y la mujer comienza a hablar sin medida, contándole todo lo que a su juicio va mal, ¿puede sorprender que el marido acabe perdiendo la paciencia? (Conv, n.107).

[Para las esposas] Es siempre actual el deber de aparecer amables como cuando erais novias, deber de justicia, porque pertenecéis a vuestro marido: y él no ha de olvidar lo mismo, que es vuestro y que conserva la obligación de ser durante toda la vida afectuoso como un novio. Mal signo, si sonreís con ironía, al leer este párrafo: sería muestra evidente de que el afecto familiar se ha convertido en heladora indiferencia. (ECQ, n. 26).nnLa fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas. (ECQ, n. 23)

Lo que verdaderamente hace desgraciada a una persona -y aun a una sociedad entera- es esa búsqueda ansiosa de bienestar, el intento incondicionado de eliminar todo lo que contraría. La vida presenta mil facetas, situaciones diversísimas, ásperas unas, fáciles quizá en apariencia otras. Cada una de ellas comporta su propia gracia, es una llamada original de Dios: una ocasión inédita de trabajar, de dar el testimonio divino de la caridad.  (Conv, n. 97).

Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado (S, n. 795).

No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes. Propósito sincero: hacer amable y fácil el camino a los demás, que bastantes amarguras trae consigo la vida. (S, n. 63).

La vida es ahora

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Excelente y contundente slogan de Visa que cada vez que lo leo me ayuda a pensar, no necesariamente me incita a comprar, sino a pensar la cantidad de momentos que destino al trabajo, a mi vida personal y a mi vida familiar.

Este es uno de esos temas de los que no es difícil escribir pero si ponerlo en práctica. Y es que la adicción al trabajo se ha ido apoderando cada vez más de nosotros. Los “workaholics” son una raza que lejos de estar en peligro de extinción, cada vez van creciendo de manera exponencial.

Según Wikipedia el workaholic es una persona que le gusta, ama y es adicta al trabajo. No necesariamente es la cantidad de horas sino la forma de utilizarlas, ya que pueden haber personas que trabajan más horas, pero que también pasan más horas con su familia porque están acostumbradas a dormir menos. Si bien es cierto no hay una definición médica, estoy seguro que todos sabemos definirla pero no sabemos bien cuando hemos contraído esta enfermedad. Y es que con esta etapa de crisis que acabamos de pasar o que inclusive estamos pasando (depende el país donde nos encontremos), ha sido necesario el compromiso, la entrega, la dedicación al trabajo de manera especial. No dudo que haya sido necesario. El problema radica cuando nos acostumbramos a este desorden temporal de prioridades y lo volvemos permanente. Y es que si bien es cierto es más fácil triunfar en lo laboral que en lo personal, no nos damos cuenta que lo segundo es mucho más importante para nosotros.

Los síntomas principales para reconocer si uno forma parte o no es el pensar constantemente en el trabajo y el busco excusas para seguir trabajando.

En una reciente encuesta en Europa, se descubrió que el 25 a 30% de los ejecutivos tiene trastornos de conducta. Eso hace que sus expectativas de vida se reduzcan 10 años. ¿Las causas de esos trastornos? Sobre tensión y estrés.

Concuerdo plenamente que el trabajo debe darle sentido a tu vida, debe retarte y debes darte al máximo, terminarlo bien hecho, porque será la única manera que triunfes laboralmente. El reto es compatibilizar dicha tarea con el rol familiar que cada uno tiene ya que dichas actividades y metas no son excluyentes.

Al respecto, hay un concepto clave que ayuda muchísimo que es el compromiso, pero que sin embargo, se ha malinterpretado. ¿En una empresa está comprometido el gerente general  fichado a golpe de talonario, pero que mañana puede estar dejándose seducir por una Head Hunter? ¿Se trata de pasarse horas de horas en la empresa y no siempre trabajando, a veces en el facebook, o navegando? ¿El tiempo de permanencia en el trabajo significa que estoy comprometido?

Ya lo decía Santiago Alvarez de Mon en su libro, “La lógica del corazón”: Si tengo otras facetas de mi persona que quiero cultivar ¿tiene que ser necesariamente a costa de la entrega a la causa? ¿Qué es lealtad? Inmolarme en la pira empresarial hasta que me amorticen y me coloquen en la calle, prejubilado o despedido? ¿Qué quieren, que me case con la empresa? No tengo tan mal gusto, yo sólo me caso con mi mujer y con mis hijos, lo demás ha de ser colocado en su justo término y lugar. En mi esquema ideal de liderazgo, la empresa inteligente debería hacerle un sitio grande y espacioso, a la vez que exigente y retador, al yo de cada profesional. En esa cultura, nadie tendría que renunciar a sus ambiciones, porque al fin y a la postre, no nos engañemos, todos trabajamos para una empresa llamada Yo S.A.

La agenda de un directivo es lo que fija sus prioridades. Si no se encuentra tiempo para algo , no es un buen síntoma. Si determinadas citas o encuentros son sistemáticamente retrasados, es una señal inequívoca de que no son estratégicamente cruciales.

Una de las cosas que más me angustia es volverme en un hombre monotema. Mucha familia, amigos, sociedad, ocio…pero al final, trabajo, trabajo, trabajo. Es una actividad determinante, proclive al feliz desenvolvimiento de talentos y destrezas, marco ideal para servir a la comunidad humana. No obstante, su exceso, atraviesa todo, adquiriendo un peso desproporcionado”

Me viene a la memoria aquella canción de Julio Iglesias, “Me olvidé de vivir” que encierra una extraordinaria letra, que entre otras cosas dice:

De tanto correr por la vida sin freno

Me olvidé que la vida se vive un momento

De tanto querer ser en todo el primero

Me olvidé de vivir los detalles pequeños.

De tanto correr por ganar tiempo al tiempo nQueriendo robarle a mis noches el sueño nDe tanto fracasos, de tantos intentos nPor querer descubrir cada día algo nuevo.

En fin, creo que es muy importante dedicarle todo el tiempo que sea necesario al trabajo para terminar las actividades muy bien hechas, pero tengamos cuidado de no excedernos y que los platos rotos de ello los sufra nuestra familia.

Mi corazón está junto al tuyo

Mi corazón está junto al tuyo 299 170 Rafael

La semana pasada todo el mundo estuvo al tanto de la final del mundial de futbol. Sin embargo, hubo un hecho que fue el que más me llamó la atención, y buscando información sobre el mismo, me encontré en Internet con un artículo de Andrés Aberasturi, columnista español, que me he permitido trascribir porque sintetizó lo que estaba buscando comunicarles de una manera genial.

Como saben, el entrenador de la selección española, Vicente del Bosque, tiene un hijo con síndrome de Down, y a pesar de que cuando nació, según lo que el mismo comenta, lo hizo sufrir mucho a Vicente, hoy considera que es “un fenómeno, es la alegría de la casa”.

¿Puede Dios utilizar la enfermedad para bendecir a alguien, a una familia o para lograr un propósito o fin bueno? ¿Es la enfermedad sinónima de pecado, o puede ser usada por Dios como un elemento que al fin de cuentas se convierta en bendición? Creo que la respuesta cae por su propio peso.

Gran ejemplo de hombre este Vicente, brilló en el mundial por sus dotes técnicas como entrenador, pero ahora que me he metido a conocerlo más, brilla mucho más como persona, como líder. Me acuerdo en una entrevista luego de la caída de España ante Suiza, le dijeron que pensaba hacer y dijo que nada, seguir con lo mismo. Un tipo muy seguro, había trabajado muy bien, no necesitaba cambiar, un tipo que no andaba enfadado con el tiempo, y al final éste le dio la razón, y es que cuando uno hace bien las cosas, tiene el talento, la disciplina y la perseverancia necesarias, el resultado cae solo, es una consecuencia, y es lo que logró Vicente.

Los dejo con el artículo:

“No ha sido Iniesta con su gol, ni Iker con su beso, ni tantos otros -todos- los que a lo largo de un mes han logrado arrancarme una sola lágrima; es verdad que me han acelerado el pulso, me han cabreado, me han hecho feliz, han logrado que chillara, que me quedara mudo* todo menos llorar. Hasta que llegaste tú, Alvaro del Bosque, y dijiste a no sé qué cadena de televisión que te sentías orgulloso de tu padre, que siempre le querías ayudar y que tu corazón estaba con él. Fueron apenas unos segundos frente a la pantalla, los suficientes para que un lagrimón cruzara la barrera de mis ojos cansados de haber visto la tierra que no cambia. Y lo has conseguido; ya ves, Alvaro, lo que no han conseguido ellos sobre el césped durante no sé cuántos partidos, me la has dado tú en apenas unos segundos. Ya te imaginarás que no lloré de pena sino de emoción, de solidaridad, de entendimiento de muchas cosas. Puedes estar contento porque lo que dijiste a la tele, lo has conseguido plenamente: a tu padre se le entiende a través de ti, se le nota a leguas que tu ayuda ha sido indispensable para ser la persona que es y que junto a su corazón, late el tuyo porque los corazones no sabe de síndromes ni cromosomas.

Te escribo esta carta cuando aún no han empezado los líos de las celebraciones oficiales y por eso no sé si tu padre, el hombre al que sin duda tú enseñaste a ser tranquilo y a relativizar el dolor del fracaso y el fulgor del éxito, cumplirá la promesa que te hizo de subirte al autobús de los héroes. Si al final no ocurre, no te enfades demasiado. Vicente es así y hasta es posible que le de vergüenza pedir para alguien suyo un trato de favor; escondido, casi parapetado tras ese bigote tan poco galáctico, tu padre es la personificación del hombre bueno, del viejo jugador que lo consiguió todo, del entrenador magnifico pero que no daba bien en las fotos, del seleccionador que ha unido a un equipo y a un país, de la persona que cada día te llevaba al colegio de integración y firmaba paciente los autógrafos que tú habías prometido a tus compañeros de clase.”

Pueden ver la entrevista a Alvaro del Bosque en: