4 MIn. de lectura

El misterio de la felicidad, Primera Parte

El misterio de la felicidad, Primera Parte 216 299 Rafael

Como ser y como estar feliz ahora y en el futuro es para la mayoría de los seres humanos de todos los tiempos, el principal objetivo en sus vidas.

En estos tiempos de tanto estrés, es bueno recordar que estamos en esta vida para ser felices. Ahora, ser felices no es lo mismo que estar felices. Mucha gente vive para estar feliz, más no para serlo. Y allí viene justamente la principal fuente de insatisfacción. Por supuesto que hay que buscar estar felices, pero más importante aun es buscar serlo.

 ¿Cuál es la diferencia? Estar feliz es pasajero, es un bienestar. Yo puedo estar deprimido, me emborracho o consumo drogas, me olvido temporalmente de las penas, estoy alegre, soy el rey de la fiesta, pero se pasa el efecto y vuelvo a mi estado depresivo. Ser feliz en cambio, es un estado de largo plazo, en el cual habrán momentos de tristeza y de alegría, pero siempre tendremos la paz que nos da la conciencia de saber que estamos haciendo lo correcto.

¿Cuál es la forma más eficaz de cambiarte el estado de ánimo y volverte más feliz? Casi todos diríamos “Más dinero”, cientos de encuestas lo comprueban, sin embargo, ¿Será posible comprar la felicidad? Está comprobado que el aumento de sueldo, alegra el primer día, a la semana uno se acostumbra a dicho sueldo y automáticamente el nivel de endeudamiento también aumenta, por lo que si estábamos disgustados con nuestro trabajo, a las dos semanas, seguiremos igual de disgustados independientemente del sueldo.

Un trabajo realizado por los psicólogos Leaf Van Boven y Thomas Gilovich examinaron si para comprar la felicidad es mejor gastar el dinero en productos (ropa) o experiencias (vacaciones, comidas, conciertos, etc.) Los resultados indicaban claramente que comprar experiencias hacía más feliz a la gente. ¿Por qué? Según Richard Wiseman, PHD en Psicología, nuestra memoria de las experiencias se distorsiona fácilmente con el tiempo (borras de tu mente lo trabajoso que fue llegar a un sitio y sólo recuerdas los mejores momentos). Sin embargo, los productos tienden a perder su atractivo al convertirse en artículos viejos, usados y pasados de moda. Además las experiencias promueven uno de los comportamientos más eficaces para generar felicidad: pasar el tiempo con otras personas. Moraleja, ¿Quieres comprar tu felicidad? Gasta en experiencias con los demás. Es mejor dar que recibir.

Ser Feliz

“Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo.” Confucio

El ser feliz implica hacer cosas que a veces no nos gustan pero que a la larga valen la pena. Uno es feliz si vive con la conciencia tranquila de hacer todo lo que debe en el momento en el que se tiene que hacer. No es un tema de dinero, de posición social, ni siquiera de salud. He conocido a muchos enfermos que son felices y muchos sanos que no lo son porque saben que en esta vida, para los que obran con rectitud de intención, todo es para bien.

Ser feliz está relacionado al concepto aristotélico de Autorrealizarse, es decir, alcanzar las metas propias de un ser humano, metas para las que muchas veces hay que sufrir, porque todo lo que cuesta vale.  Es un tema de actitud frente a la vida, de saber enfrentar la adversidad, darle la bienvenida cuando llega, de saber tomar las decisiones correctas, pensadas a veces con el cerebro y a veces con el corazón. Muchas veces, nuestras decisiones las basamos en el sentimiento únicamente -“tengo ganas de”-, ya que sabemos que si las analizamos racionalmente no lo haríamos. C. S. Lewis decía en su libro, Una pena en observación: “Sentimientos, sentimientos, sentimientos. Vamos a ver si en vez de tanto sentir, puedo pensar un poco. Los extremos son malos. En el otro lado, el científico, encerrado en su laboratorio, en su burbuja,  piensa tanto que se olvida de sentir. Pienso,  ¿no se podrá pensar y sentir a la vez, sentir y pensar indistintamente? ¿Lo tenemos que presentar y experimentar como una polaridad excluyente? ¿No son dos facultades complementarias? ¿Se puede vivir sin pensar, sin sentir?”

Algunos consejos de primera mano que comparto con ustedes para vivir felices:¿Quieres ser más feliz? No te enfoques en tu felicidad, por el contrario, asegúrate de que la gente que te rodea sea feliz, y ayúdala a serlo. Soren Aabye Kierkegaard decía “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia adentro, quien se empeña en empujar en ese sentido, sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia afuera, hacia los otros.” Cerciórate de que la gente la pase bien y ría a menudo. Huye de los pesimistas que se quejan de todo, inyéctate en el organismo dosis permanentes de alboroto y entretenimiento. Si no hay humor, si no nos reímos de nosotros mismos, nada bueno puede esperarse, pero ojo, el optimismo no es esconder la realidad sino enfrentarse a ella con esperanza, paciencia e ilusión. Al respecto, Luis Arbea, el expositor principal del Congreso de la felicidad organizado en España, comentaba en su ponencia Recetas para ser feliz, que uno de los requisitos principales es reírnos de nosotros mismos, salir y vernos desde fuera. Saber que no somos mejores ni peores que otros.

La próxima semana continuamos con la segunda parte de este artículo y las conclusiones y sugerencias para ser mas feliz.

¿Qué te ha enseñado la vida? Segunda parte

¿Qué te ha enseñado la vida? Segunda parte 300 300 Rafael

¿Soñar o dejar de soñar?

Al pensar en la pregunta sobre lo que me había enseñado la vida, una de las primeras palabras que me vinieron a la mente fue el hecho de soñar, tener una ilusión por algo. Por un lado, escucho a los gurús diciendo que el único camino para salir adelante pasa por tener objetivos muy altos, pero por otro escucho que no se puede vivir soñando la vida, sino viviendo tus sueños aterrizándolos lo más pronto posible.

 Como ya lo he dicho anteriormente en mi artículo “Soñar, que importante hacerlo despierto”, reconozco que algunas veces los sueños inalcanzables puedan ser el reflejo de nuestro ego, astuto y poco calculador, que cree que puede dar mucho más de lo que realmente da y se resiste a abandonarlos, lo cual me produce una cierta desazón de no poder llegar. Sin embargo, el no tener esos sueños tan retadores, me haría un mediocre que se contenta con lo que tiene y me quitaría las ganas de seguir mejorando. ¿Dónde está entonces ese punto medio?

 Para aclarar mis ideas me he acompañado de Etty Hillesum, una mujer que sobrevivió al Holocausto. Decía: “Detrás del telón, sumergido en la soledad y silencio del patio trasero, es posible que mi yo más auténtico se decida a vivir su vida real y “vulgar”, no la alternativa de confetis y fuegos artificiales. Hay que evitar soñar permanentemente con una vida distinta, es preferible aceptar la actual de corazón. La vida es buena y bella tal como es, incluso en su parte de dolor. Soñando la empresa perfecta, el país de las maravillas, la familia angelical, me voy haciendo huraña y amargada, que broma tan pesada!. ¿Todo se reduce entonces a dejar de soñar, a tirar por la borda proyectos y causas nobles que nos significan y alimentan espiritualmente? No, de ser así sería un muerto andante, el peor de los muertos. Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado”.

 Pero entonces, ¿Qué hacemos con nuestro orgullo? ¿Cómo encausarlo para que sea un aliado nuestro y no un enemigo que lo único que busca es intranquilizarnos proponiendo constantemente situaciones en las que por ahora no podemos llegar (te mereces un aumento de sueldo, te mereces un viaje a Europa, te mereces ser el Gerente General, te mereces la chica más linda, te mereces…etc,etc,etc? Decía Erasmo de Rotterdam: “La vida entera es como un teatro. Es una comedia como cualquiera en la que unos y otros salen disfrazados con diferentes máscaras a representar sus respectivos papeles hasta que terminando el espectáculo se retiran de la escena. A veces, en la vida real como en el teatro, un mismo actor se disfraza con diferentes trajes, y así, el que llevó sobre su cabeza la corona de rey, viste  luego los andrajos del siervo. Todo es simulación, en la escena como en la vida, y hemos de reconocer que no hay manera de representar la comedia de otro modo.”

 Y así nos pasa, en esa “comedia”, en la que nos toca vivir, ahora que nuestro personaje es un ejecutivo, un trabajador, un estudiantes o lo que fuera, es decisivo tener presente que es tan sólo una función teatral, que el espectáculo llegará a su fin, el público se irá a su casa, el personaje se quitará sus máscaras y quedará sola la persona. Entonces,  si la vida tiene mucho de esta comedia ¿Por qué creer que uno se merece todo? Hoy estoy aquí, mañana, ¿Quién sabe?. Siendo la misma persona, de repente mañana te mueven el sillón, el jefe y el contrato, más aun ahora en estos tiempos de crisis.

 Quizá el arte para aprender de la vida y aplicar nuestros sueños está en saber ponderar en su justa medida y escoger ese punto medio entre ser ambicioso, tener objetivos nobles, muy altos y retadores, y a la vez vivir la vida que nos ha tocado, enfocándonos en que es lo que hay, (sea buena, mala o regular), y tratar de vivir contentos con lo que tenemos. Dicen que para ser feliz no hay que hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace, y tiene mucho sentido. Cuantos nos dejamos llevar por esos objetivos completamente inalcanzables y vivimos angustiados de no alcanzarlos, y cuando lo hacemos, nos trazamos otros más inalcanzables todavía, de forma tal que lo único que hacemos es buscar vivir en la angustia. Y claro, cuantos también nos contentamos con lo que tenemos y no buscamos más, con lo cual nos quedamos anclados en nuestra zona de confort, pero que a la larga nos tira para abajo, cuando hemos podido estar mucho mejor. Vale la pena analizarnos e identificar cuales son los objetivos que tenemos por los que realmente vale la pena luchar y hasta morir en el intento, y cuales es mejor dejarlos de lado. Dicen que el arte de ganar una guerra no es querer pelear todas las batallas, sino escoger las que valen la pena, y ceder el resto.

 Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida, los suelen tomar los pasajeros despiertos y precavidos que están dispuestos a preguntarse y repreguntarse las preguntas que realmente valen la pena hacerse.

El hombres más feliz del planeta

El hombres más feliz del planeta 229 299 Rafael

Hoy les traigo un artículo muy interesante sobre la felicidad y lo que realmente hay que tener en cuenta para conseguirla. Lo escribió David Jimenez y vale la pena republicarlo acá. Esta semana publicaré la primera parte:

“Es más feliz que usted, seguro. Mucho más. Matthieu Ricard obtuvo una nota inalcanzable en un estudio sobre el cerebro realizado por la Universidad de Wisconsin (EEUU). Los especialistas en neurociencia afectiva le nombraron «el hombre más feliz de la Tierra.

A sus 61 años, un monje budista tiene una vida digna de un guión de cine. Biólogo molecular, hijo de un filósofo ateo, dejó su carrera por abrazar un ideal.”¿Una bonita casa en la playa? Matthieu Ricard prefiere el monasterio apartado de toda civilización donde vive, en las montañas de Nepal. ¿Una cuenta bancaria boyante? Ha entregado todo el dinero de las ventas de sus libros a la caridad. ¿Quizá un matrimonio bien avenido o una excitante vida sexual? Tampoco: a los 30 años decidió acogerse al celibato y dice cumplirlo sin descuidos. En realidad, Matthieu Ricard carece de todas las cosas que los demás perseguimos con el convencimiento de que nos harán un poco más felices. Y sin embargo, este francés de 61 años, es más feliz que usted y yo. Mucho más feliz. El más feliz.

Científicos de la Universidad de Wisconsin llevan años estudiando el cerebro de Mathiew dentro de un proyecto en el que la cabeza de Ricard ha sido sometida a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Su cerebro fue conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes.

Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0.3 (muy infeliz) a -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard logró -0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título –«el hombre más feliz de la tierra»– que él mismo no termina de aceptar. ¿Está también la modestia ligada a la felicidad? El monje prefiere limitarse a resaltar que efectivamente la cantidad de «emociones positivas» que produce su cerebro está «muy lejos de los parámetros normales».

El problema de aceptar que Ricard es el hombre más contento y satisfecho del mundo es que nos deja a la mayoría en el lado equivocado de la vida. Si un monje que pasa la mayor parte de su tiempo en la contemplación y que carece de bienes materiales es capaz de alcanzar la dicha absoluta, ¿no nos estaremos equivocando quienes seguimos centrando nuestros esfuerzos en un trabajo mejor, un coche más grande o una pareja más estupenda?

Los trabajos sobre la felicidad del profesor Richard J. Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución y, por lo tanto, moldeable. «La plasticidad de la mente», en palabras del científico estadounidense, cuyo estudio es el quinto más consultado por la comunidad investigadora internacional.

Los científicos han logrado probar que la corteza cerebral izquierda concentra las sensaciones placenteras, mientras el lado derecho recoge aquellas que motivan depresión, ansiedad o miedo. «La relación entre el córtex izquierdo y el derecho del cerebro puede ser medida y la relación entre ambas sirve para representar el temperamento de una persona», asegura Ricard, que durante sus resonancias magnéticas mostró una actividad inusual en su lado izquierdo.

Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en personas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y, lo que es más improbable, alcanzar definitivamente y sin condiciones.

Éxtasis mental. Lograr el objetivo de la dicha no es fácil. Ricard ha escrito una decena de libros –estos días combina sus retiros espirituales con la promoción de su obra Happiness en el mundo anglosajón– y cientos de artículos tratando de mostrar el camino y, aunque la mayoría de sus obras se han convertido en éxitos editoriales, el propio autor descarta que su lectura garantice el éxito. Al igual que un logro en atletismo o en la vida laboral, el cambio sólo es posible con esfuerzo y tenacidad, pero Ricard asegura que todo habrá merecido la pena una vez se alcanza el estado de éxtasis mental que logran los elegidos. En su Defensa de la felicidad (Urano), la traducción de su último libro publicado en España, el monje explica cómo nuestra vida puede ser transformada incluso a través de variaciones mínimas en la manera en que manejamos nuestros pensamientos y «percibimos el mundo que nos rodea».

La vida elegida por Ricard le enfrentó a los ideales en los que se había formado y al ateísmo de su padre. Ambos decidieron discutir sus diferencias en El monje y el fisólofo, un diálogo que sólo en Francia vendió 500.000 copias y en el que la búsqueda de la felicidad está presente en cada capítulo. «Tenía muchas esperanzas en su futuro profesional y me parecía una lástima que abandonara [su carrera científica]. Después me di cuenta de que había transferido su espíritu científico al estudio del budismo», decía el padre antes de morir, una vez hubo aceptado la elección de Matthieu.

Uno de los aspectos que más ha fascinado a los investigadores es la capacidad de los monjes de suprimir sentimientos que hasta ahora creíamos inevitables en la condición humana: el enfado, el odio o la avaricia. El estudio de sus cerebros demuestra una capacidad extraordinaria para controlar sus impulsos.

Ricard cree que el problema es que nuestros sentimientos negativos hacia otras personas no están a menudo justificados, sino que los hemos creado nosotros en nuestra mente de forma artificial como respuesta a nuestras propias frustraciones. Y ése es uno de los impulsos que el monje francés piensa que hay que aprender a controlar si se quiere ser feliz. Para el escritor, la felicidad es «un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona». Atraparla es cuestión de práctica y fuerza de voluntad, no de bienes materiales, poder o belleza. Los que llegan al final del viaje y logran la serenidad que lleva a la dicha, asegura Ricard, sienten lo mismo que «un pájaro cuando es liberado de su jaula».

Nuestro futuro laboral, esa incertidumbre

Nuestro futuro laboral, esa incertidumbre 300 197 Rafael

Después de este complicadísimo 2009,¿Cómo enfrentar nuestros retos laborales, como superar las metas propuestas sino sabemos hasta cuando durará la crisis?

Evidentemente no pienso dar con la solución perfecta en este artículo, sin embargo, me atrevo a plantear algunas ideas que estoy seguro, ayudarán a “capear mejor el temporal” este año y por que no, esperar que sea otro 2008 en términos de resultados.

La crisis nos golpeó mucho más de lo que esperábamos, pero no nos mató. Esos meses nos enseñaron que no se sale adelante celebrando éxitos… sino superando fracasos, y creo que para salir adelante hemos tenido que asumir y aprender de nuestros errores. Dicen que la excelencia tiene más que ver con la gestión del error que con la ausencia del mismo. El optimismo no consiste en esconder la realidad sino enfrentarse a los problemas que la misma plantea con esperanza, sentido de realidad y un plan concreto de solución.

Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores. Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life:  “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante. De ciento once corredores acabé último. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional.  Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida”  Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “

Claramente, nuestro futuro en el trabajo dependerá de nuestra capacidad de anticipar el futuro, prepararse al mismo, resolver los problemas que de todas maneras vendrán, y tener un plan de contingencia para aquellos golpes que inevitablemente tendremos que recibir. Podremos reducir el impacto e inclusive salir victoriosos en la medida en que saquemos lo mejor de nuestro talento y el esfuerzo para empezar y terminar las tareas muy bien hechas.

Lo que se necesita hoy

Si hubiese que definir al profesional perfecto, capaz de sobrepasar todas las metas, debiera contar con algunas de las caracerísticas mencionadas por Montse Mateos, experto en temas laborales en Madrid. Nos dice que la capacidad de gestión, la flexibilidad y las dotes para dirigir equipos son las características que definen a los ejecutivos que demandan las empresas hoy en día. Para ser un profesional exitoso no será necesario haber sido el primero de la clase, contar con un MBA o una dilatada experiencia. Aunque todo esto ayuda, lo que las empresas necesitan ahora son directivos capaces de  conseguir resultados a corto plazo pero pensando en el futuro. Se quiere a aquellos que tienen recursos para salir de este atolladero con su creatividad, empuje y capacidad de decisión; los que no tienen miedo a equivocarse y los que aportan una capacidad de gestión enfocada al ahorro de costos y al incremento de oportunidades para seguir desarrollando negocio.

Se necesitan directivos que se remanguen y tiren del carro como uno más, con gran orientación comercial, con capacidad de ejercer cuantas tareas se les asignen en función de cómo evolucione la situación. El superman que venía a gestionar la abundancia y a desarrollar grandes proyectos de expansión ya no es necesaria.

Por mi trabajo en Laborum, en el que constantemente manejamos procesos de selección, soy un convencido de que hoy en día los aspectos personales del directivo tienen más relevancia que los conocimientos técnicos. Se buscan valores como la confianza en sí mismo, la ética, la capacidad de comprometerse con un proyecto y, sobre todo, inteligencia y habilidad emocional. Nuestros clientes nos piden ejecutivos orientados hacia los resultados a corto plazo; quieren personas que se dediquen a pensar y que resuelvan los problemas del día a día pero sin dejar de lado el enfoque principal de la empresa a largo plazo. Es el momento de los McGyver dispuestos a hacer maravillas con los medios disponibles, y crear soluciones asombrosas con lo que encuentran a su alcance, en vez de quejarse de lo que les falta.

Conclusiones

Que este año nos va a costar el doble de esfuerzo, probablemente, pero estamos acostumbrándonos a eso. Yo tengo una filosofía que ha sido: “Si alguien puede dar 10 hay que ponerle de meta 20 para que de 15. “ ¿Qué necesitamos? Promover un clima individual y grupal de mucho esfuerzo, empeñados en terminar las cosas muy bien hechas. Un equipo que no necesariamente sean los Superamigos, pero que si se respeten, que sepan que si uno se cae, inmediatamente saldrá el del costado a dar la cara por él, que se miren a los ojos, que se rían, que tengan hambre de crecer, que sean humildes para reconocer errores y carencias, que cuando se caigan se levanten rápido e insistan cuando el resto se cierra y se retira, que no caigan en la tentación de hablar a espaldas del otro, que cuando se peleen, sean los que tiendan la mano para amistarse así tengan la razón.

Creo que vale la pena repensar y actualizar nuestros paradigmas sobre la forma como queremos cumplir y sobrepasar nuestros objetivos laborales de este año. Tiene mucho que ver con mezclar posiciones aparentemente opuestas como trabajar y divertirse, sudar y disfrutar, razonar e imaginar, pensar y actuar, esforzarse y relajarse, perder y ganar. Nuestro éxito estará en saber utilizar en su justa medida y en su debido momento cada una de estas variables de acuerdo a lo que la prudencia nos dicte que debamos hacer en cada caso. Dicen que bajo el sol existe un tiempo para cada actividad.

Decidir bien no siempre es acertar

Decidir bien no siempre es acertar 225 300 Rafael

Esta semana me he permitido transcribir un artículo publicado en el último boletín del IESE de Barcelona por Miguel Angel Ariño, uno de sus mejores profesores y a quien tuve el honor de escuchar personalmente justamente una clase sobre este tema.

Tomar decisiones y ponerlas en práctica es la tarea más importante no sólo de los directivos en el ejercicio de sus cargos, sino de cualquier persona en su día a día. Decidir bien es fundamental para solucionar los problemas a medida que van apareciendo pero a la hora de hacerlo se debe pensar más allá de la dificultad concreta que se plantea y analizar las posibles repercusiones que esa decisión tendrá en un futuro.

Los autores ponen el acento sobre una cuestión fundamental: para tomar una buena decisión hay que perder el miedo a no acertar. De hecho, una decisión puede tener resultados desfavorables y no por ello ser incorrecta. El profesor Miguel Ángel Ariño y el colaborador científico Pablo Maella, dibujan cuatro posibles escenarios que permiten entender la importancia de interiorizar unos principios básicos a la hora de decidir.

  1. Una decisión correcta con resultados favorables es la situación ideal, pero no siempre se produce.

  2. Una decisión correcta con resultados desfavorables puede deberse a la mala suerte o a un factor exógeno y de imposible previsión. En este caso se obtiene un aprendizaje que mejorará futuras decisiones y el éxito acabará por llegar.

  3. Una decisión incorrecta con resultados desfavorables también permite aprender, pero hay que hacer todo lo posible para evitar que la situación se vuelva a producir.

  4. Una decisión incorrecta con resultados favorables es el escenario más peligroso, ya que los errores se perpetuarán mientras que la suerte se acabará. Y el resultado de una empresa no puede depender de la suerte.

De estas cuatro posibles situaciones se desprende que lo importante no son los resultados, si no el proceso que lleva a tomar una decisión.nDefinir objetivos y ser realistanAcotar claramente lo que se pretende conseguir, plantearse metas ambiciosas y comprometerse con su logro son elementos básicos para decidir bien. A la hora de definir objetivos es imprescindible priorizar adecuadamente para evitar que lo secundario se confunda con lo principal y, como resultado, se tome una decisión que no ayude a conseguir lo verdaderamente esencial.

Una vez definidos claramente los objetivos, es necesario ser realista. Muchas decisiones se toman en función de presupuestos erróneos repetidos hasta alcanzar la consideración de verdad incuestionable. Cuando un consenso común es la base de la toma de una decisión, ésta tendrá los pies de barro. Ser realista implica también plantear los problemas de manera adecuada. Es decir, centrarse en las causas principales del mismo, preguntarse por las razones últimas que lo provocan. Sólo así se podrá obtener una solución adecuada.

Ser realista es no intentar justificar lo injustificable. En ocasiones se fundan decisiones sobre explicaciones convincentes pero alejadas de la realidad. El ser humano puede justificar con palabras sus acciones y decisiones, pero el recurso a sofismos son el primer paso hacia el fracaso. Y es que el autoengaño es el peor enemigo para la toma de decisiones.

Uno de los pilares necesarios para ser realista es contar con la información necesaria para poder tomar una decisión correcta. A más elementos de análisis, más posibilidades de decidir correctamente. Sin embargo, el coste de la información nunca debe ser superior a los beneficios esperados de la toma de decisión.nLa irracionalidad también cuentannSi bien todos los principios apuntados en el libro Iceberg a la vista, principios para tomar decisiones sin hundirse, conducen hacia una racionalidad y objetivación del proceso decisorio, hay que tener en cuenta que el elemento irracional también juega un papel importante.

En ocasiones, las decisiones tomadas de forma intuitiva pueden funcionar, pero para ello son necesarias tres condiciones:

  1. Llevar a cabo esa solución ha de suponer un riesgo controlado.

  2. Esa solución intuitiva sólo debe ensayarse una vez se haya analizado todo lo que sea posible analizar.

  3. Tanto si van bien las cosas como si salen mal, es bueno aprender el camino para evitar posibles errores en el futuro.

La hora de la ejecuciónnnTomar decisiones es complejo. Valorar los diferentes escenarios, considerar todas las variables y estudiar las posibles repercusiones de una decisión supone un gasto de tiempo significativo. Sobre todo si se hace correctamente. Por este motivo, una vez tomada la decisión es necesario ejecutarla. Si no hay una ejecución de la decisión, el tiempo invertido habrá sido perdido y el tiempo tiene un coste. Además, no implementar una decisión tomada inevitablemente crea frustración y ésta puede condicionar futuras decisiones.

Los autores también ponen de relieve la importancia de ganar aliados a la hora ejecutar una decisión. Muchas veces una buena idea no se aplica porque alguien dentro de la misma organización ve la decisión como una amenaza hacia su departamento o hacia su propia persona. Para evitar esta situación es necesario recurrir a la pedagogía, modular el lenguaje en función del interlocutor y, sobre todo, hacer entender a la otra parte las ventajas que la ejecución de dicha decisión le reportará.

Nada puede asegurar que después de seguir todos estos principios los resultados sean favorables. Decidir bien no es sinónimo de éxito y la corrección de una decisión no puede medirse en función de sus resultados. Lo que sí se puede afirmar es que si se interiorizan estos principios de decisión, los buenos resultados, tarde o temprano, llegarán.

Rafa Nadal, un ejemplo a seguir

Rafa Nadal, un ejemplo a seguir 300 216 Rafael

Rafa Nadal es un campeón de ley. No es una cuestión de talento, aunque está claro que lo tiene. Muchos nacen con habilidad, pero pocos se preparan tan a conciencia como él para llegar a lo más alto. Y todavía menos luchan como él cuando están contra las cuerdas. Nadal, uno de los mejores tenistas del mundo, es un ejemplo. Un ejemplo, ahora más que nunca, para España, sus empresas y sus trabajadores.

Los primeros pasos

Rafael Nadal Parera nació en Mallorca el 3 de junio de 1986, en el seno de una familia muy unida. Sus abuelos habían creado lazos muy fuertes y de hecho, muchos miembros del clan hacen negocios juntos. También era una familia unida al deporte, y de hecho su tío Miquel Ángel Nadal había llegado a la élite del fútbol. Un día, con tres años, su padre le llevó a ver a su tío Toni Nadal, entrenador del club de tenis de Manacor. “Coge la raqueta, a ver si le das”, le dijeron. Y el niño golpeó la bola como la cosa más natural del mundo. Toni se quedó sorprendido, y ahí empezó todo. Tenía talento.

Aunque no hay que confundir talento con facilidad, avisa su tío y entrenador. Muchos jóvenes tienen facilidad pero no llegan a la élite. “La cabeza no les da para más”, dice. El talento es la capacidad de aprender, de perfeccionar una habilidad. No se trata tan sólo de dar los primeros pasos, sino también querer llegar a los últimos. Cuando Rafa fue campeón de España con diez años, Toni Nadal le mandó un aviso: le enseñó la lista de los últimos 25 jugadores que habían ganado ese torneo. Nadal sólo reconoció a uno: Alex Corretja. Los demás se quedaron en el camino.

Una base sólida

Los padres de Rafa han cuidado mucho su educación, aunque compaginar libros y raqueta le llevara a jornadas maratonianas de 8 a 23h. Completar la ESO no fue fácil para el jugador, y por ello, en los momentos clave, los estudios pasaron por delante de torneos tan importantes como Roland Garros Junior. Pese a estudiar la posibilidad de trasladarse al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, la fábrica del tenis de élite español, decidieron que se quedase en Palma. Lo querían cerca de la familia.

 En lo deportivo, los entrenamientos de su tío Toni se basan simple y llanamente en el esfuerzo. Cree que el éxito se entrena a los 7 u 8 años, no a los 20. Siempre le ha exigido el máximo a Rafa, aún a costa de una tensión a veces excesiva y de mandarlo a casa agotado. Las sesiones van desde las 3 horas entre torneos hasta jornadas casi de sol a sol en pretemporada. Le ha preparado para los momentos difíciles, para la frustración, y sobre todo, para la perseverancia.

Nunca le ha permitido excusas: por ejemplo, en un partido contra el estadounidense Blake, Rafa se quejaba de que las pelotas no cogían efecto. Toni le respondió: “pierde, vete a casa, deja de quejarte tanto”. Nadal perdió, pero la semana siguiente ganó un torneo con las mismas pelotas. Las excusas no valen, porque el rival juega en las mismas condiciones. Otro detalle: nadie verá a Rafa tirar una raqueta al suelo. Sabe lo caras que son y que mucha gente no puede permitírselas. Tampoco le han dejado acomodarse. Incluso después de victorias importantes como su primer Roland Garros, su entrenador le ha obligado a analizar los puntos débiles de su juego. Siempre hay tiempo para la crítica constructiva.

Crecer con el equipo

Como cualquier otra empresa, el equipo de Rafa ha ido creciendo con la llegada de nuevos triunfos y nuevos retos. Se ha pasado de un núcleo de dos personas (su tío y él) a un grupo compuesto por 7 personas: jugador, entrenador, manager, fisioterapeuta, preparador físico, segundo entrenador y jefe de prensa. Una ampliación que se ha hecho progresivamente y siguiendo un espíritu de cercanía. El manager, Carlos Costa, trabaja con ellos desde que el jugador tenía 14 años. Tanto el preparador como el fisioterapeuta son gente de confianza del entorno de Mallorca, profesionales que antes no se movían en la élite. Es decir, no se ha ido a cazar figuras mundiales. Tampoco se ha crecido por crecer. El jefe de prensa llegó cuando ya era imposible atender todos los medios, y el segundo entrenador se incorporó porque Toni, cansado de tantos viajes, quería pasar más tiempo con su familia.

 Cada miembro tiene delimitada su función, aunque de manera tácita, sin formalismos. Además, el proceso de decisiones es ahora más rico: el jugador tiene más puntos de vista donde escoger. Pero esta evolución no ha alterado el orden básico de las cosas. El equipo sabe de dónde viene el éxito: del trabajo constante de Rafa, al que su tío le ha llevado desde hace más de 15 años. Todo depende de su esfuerzo y de sus ganas de aprender. Ahora mismo, el jugador lleva meses mejorando su saque, y su tío sigue pensando que los progresos son insuficientes. Igual que las empresas saben que hay que innovar para seguir adelante, Nadal sabe que si no mejora sus rivales le atraparan. Él mismo logró destronar a Federer, el jugador que todos señalan como el más hábil del circuito. En un momento tan duro para muchos como el actual, el mensaje de Rafa es claro: no importan las condiciones, no importa el rival, no sirven las quejas. El esfuerzo lo puede todo y las dificultades están ahí para superarlas: las vences o te vencen.

La sonrisa, ese abrepuertas

La sonrisa, ese abrepuertas 300 199 Rafael

Esta semana les traigo un artículo que me envió la semana pasada Marco Suarez, un buen amigo, Director de Chopin. Marco fue Gerente de Marketing de Supemercados Wong por lo que es todo una autoridad para escribir sobre estos temas. Los dejo con su artículo:

Está comprobado, la sonrisa es contagiosa. Igualmente, los gestos de afirmación mientras se conversa predisponen positivamente al otro, y al revés, los micro-gestos que denotan negatividad inflaman el espíritu del cliente. Cuando los clientes se enfrentan a un colaborador que los recibe con una sonrisa y sabe mantener una actitud positiva durante la transacción, se sienten muy bien. Al sentirse bien, buscarán saber el nombre del colaborador, porque íntimamente se les despierta el deseo de desarrollar una relación con esta persona que lleva alegría a su vida. La sonrisa de los colaboradores  predispone positivamente a los clientes frente a la empresa y logra sean más benévolos en su evaluación.

 Es posible enseñar a sonreír. Por supuesto no estamos hablando de simular una sonrisa aunque, increíblemente, esto también ayuda. Los niños se parecen mucho a los padres más por imitación que por genética; lo mismo sucede con los colaboradores: se parecen mucho a sus jefes. Por ello, si tienes gente a tu cargo, tienes que sonreir más. Una regla sencilla para sonreir más es imaginar que tienes un lapicero puesto horizontalmente entre tus dientes. Verás cuán útil es iniciarse con ese gesto.

Estas fiestas navideñas abren una gran oportunidad para que tus clientes y tu gente sientan una nueva disposición positiva mutua. ¡Todos lo agradecerán!

Recientemente las neurociencias han redescubierto (esta vez científicamente) lo que la intuición dice: la clave del éxito de un buen gerente está directamente relacionada a cómo se siente su gente. David Rock, profesor de la Universidad de Nueva York, acaba de publicar un artículo en el que explica el SCARF, que en inglés significa bufanda, tal vez queriéndonos decir, subliminalmente, que nuestra gente necesita la calidez y el calor de sus jefes. Esto es, servicio al cliente puro.

SCARF es el acróstico de Status, Certainty, Autonomy, Relatedness, Fairness (www.chopin.pe   casos de negocio ). Veamos suscintamente qué necesita nuestra gente de nosotros:

1.        Status . Todos sabemos que el trabajo dignifica al hombre, pero también sabemos que hay trabajos más pesados, más “sucios” y de aparente menor importancia. Si el colaborador no siente (mejor dicho no le hacemos sentir) que la pieza del rompecabezas que le corresponde poner en el mapa de procesos es clave para la satisfacción del cliente, entonces hará su trabajo de mala gana y acumulará sentimientos negativos contra la gerencia, contra los clientes.

Decir “¡Buen trabajo!”, con una mirada franca y una sonrisa de reconocimiento, activa las mismas zonas cerebrales que se activarían con un reconocimiento económico inesperado. Dar status no sólo es dar promociones o aumentos. No hay sentido alguno en que el jefe sea egoísta en elogios.

2.        Certeza. Nuestra gente necesita tener la certeza de que su trabajo es bueno y el jefe la debe transmitir. El dolor emocional que las personas sufren al sentirse ignorados es comparable al dolor físico (Antonio Damasio – El error de Descartes), las fMRI (resonancias magnéticas) lo demuestran. Tal vez el pecado más grave que atenta contra el buen servicio al cliente es que nuestra gente se sienta ignorada por el jefe. Es tan simple de corregir con un saludo al pasar, con una mirada democrática, con una sonrisa, o con unos cuantos minutos de cuando en cuando con cada persona de nuestro equipo…

3.        Autonomía. La percepción de autonomía de una persona aumenta su sensación de seguridad y disminuye el stress. Pensemos cuánto de nuestra propia inseguridad la trasladamos al respirar en la nuca a nuestros colaboradores. Una regla simple de “empowerment” no es dar autonomía plena al primer frente, sino darles la posibilidad de conversar, de llamar libremente por teléfono al jefe, o al jefe de su jefe, o si ellos lo consideran, al jefe del jefe del jefe. Esta línea abierta hacia arriba genera una sensación de equipo inconmensurable.

4.        Pertenencia.  Maslow ponía esta necesidad humana como posterior a sus necesidad básicas; hoy queda claro que la pertenencia es una necesidad básica. Una relación sana con nuestra gente requiere confianza y empatía. Y no podemos tener empatía si no tenemos una mirada para las otras personas. Dejemos de rumiar nuestros propios problemas y miremos a nuestra gente. La ganancia secundaría será, además, que pondremos nuestros problemas en su real dimensión y no los sobreestimaremos. El sentido de pertenencia a un grupo, a un gran equipo, es fun-da-men-tal.

5.        Transparencia. La percepción (y las percepciones hacen realidades) de que una situación es injusta, es un brutal golpe al plexo del servicio al cliente. La transparencia, el compartir información, el evitar grupos de privilegio hace que la gente esté motivada y lista a atender a los clientes como ellos son atendidos por la empresa.

Como vemos, la receta es simple. Pero no nos engañemos, implementar esta receta en la vida personal de cada uno de nosotros tomará tiempo, de modo que podríamos recomenzar hoy. Por ejemplo, podrías pasar este mail a los jefes que están debajo tuyo, a tus pares, a tus jefes. Sin embargo, lo más importante está en el trabajo con uno mismo.

Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte)

Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte) 300 225 Rafael

 “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

J. Kierkegaard

Actualmente hay diversos estudios sobre la felicidad que tratan de explicar que es lo que nos hace realmente felices. La antigua creencia de que el dinero es la principal fuente de felicidad está quedando obsoleta a la luz de nuevas investigaciones que prueban lo contrario. Y es que aunque el progreso económico es uno de los factores que mejora nuestro bienestar, nos seguimos engañando pensando que tener más dinero nos hará más felices de lo que en realidad nos hace.

Para entender bien estos conceptos, es importante en primer lugar definir que es felicidad. Una de las definiciones más actuales gira en relación a la  satisfacción que nos procura el consumo de bienes y servicios, ya sean las necesidades y comodidades de la vida o el tiempo que pasamos con la familia y amigos, haciendo deporte, descansando, etc. A partir de este concepto, la felicidad se puede definir como la maximización de los comportamientos propios capaces de aumentar esas variables, es decir, la capacidad de satisfacer nuestras necesidades.

Bajo este esquema, se desprende que el recurso escaso es el tiempo. ¿Qué relación guarda el tiempo con el dinero y la felicidad?

En su artículo “Happiness and Time Allocation” (“Felicidad y reparto del tiempo”), el profesor del IESE Manel Baucells y Rakesh K. Sarin, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California, plantean que las personas más felices son aquellas que alcanzan un equilibrio adecuado entre trabajo y descanso. Si el trabajo proporciona dinero para consumir, y el consumo proporciona felicidad, lo mismo sucede con el descanso. La amistad, la familia, dormir bien y hacer ejercicio aumentan la satisfacción personal. Aun así, muchos suelen renunciar a las actividades de descanso para trabajar y ganar más dinero en la falsa creencia de que en la medida que tengan más ingresos más felices serán.

Si bien es cierto, los autores señalan que los ricos son generalmente más felices que los pobres,  demuestran también que la evolución de los índices de felicidad ha permanecido constante a lo largo de los años a pesar del espectacular aumento del PBI y de la renta real en los países desarrollados. En Japón, por ejemplo, aunque el PBI per cápita se ha quintuplicado, no se ha registrado un aumento del índice medio de satisfacción personal. Una de las razones es justamente que lo que ha aumentado también es la cantidad de trabajo para llegar a ese nivel de desarrollo, que sin embargo se ha hecho a costa de perder horas con la familia, los amigos, o el descanso personal. Es decir, tienen más dinero, pero son más infelices porque no tienen tiempo para gastarlo ni en ellos ni en sus seres queridos, que quizá hayan sido momentos inolvidables que ninguna suma de dinero hubiese sido suficiente para satisfacerlos.  Ya lo decía Picasso: “Quisiera tener más dinero para vivir tranquilo como los pobres”.

Una de las variables que más influyen en la felicidad es la comparación social.  Y es que solemos compararnos con personas de un estatus y nivel de vida parecidos al nuestro. Por ejemplo, es poco probable que un gerente se compare con un futbolista famoso, lo más probable es que se compare con un empresario u otro gerente como él. Y dicha comparación normalmente genera infelicidad, porque uno se compara con alguien mejor. Los autores recomiendan no compararse en sueldos, sino en virtudes y valores. Primero porque nadie conoce la vida de nadie a fondo, y detrás de ese gran salario, se pueden esconder mil dificultades. Normalmente la gente está más interesada en hacer creer a los demás que son felices que realmente tratar de serlo. En la medida en la que uno se enfoque comparándose en virtudes, la comparación será mucho más productiva, ya que el enfocarse en conseguirlas, hará que el éxito caiga por su propio peso.

Los autores concluyen también que la meditación y la oración son algunos “ejercicios de reencuadre” que pueden ayudarnos a ver las cosas en su justa medida y atenuar la insatisfacción que produce la insidiosa comparación social.

Otra de las conclusiones más interesantes del artículo se basa en lo que llaman el “sesgo de proyección”.  Nosotros tendemos a pensar que el dinero nos dará más felicidad de la que realmente nos da. Baucells comenta: “Por eso creemos que tener más dinero nos hará más felices. Trabajamos más y ganamos más dinero, nos mudamos a una casa más grande en un barrio mejor, pero el sesgo de proyección hace que subestimemos los efectos de la adaptación y demos más valor del que tiene a la utilidad derivada de los artículos de consumo. Disfrutamos de un nivel de vida mayor que antes, pero no cuando nos comparamos y empezamos a identificarnos con nuestros nuevos vecinos. Un efecto pernicioso del sesgo de proyección es que empezamos a dedicar más y más tiempo al trabajo a costa del descanso, creyendo en vano que si trabajamos más seremos más felices, cuando en realidad el aumento de nuestro salario simplemente conlleva una menor utilidad total y, perversamente, una menor felicidad.”

Claramente la utilidad real obtenida bajo los efectos del sesgo de proyección es menor de la esperada. Lamentablemente el día tiene sólo 24 horas y la idea es como optimizar ese tiempo para trabajar fuerte pero también para poder disfrutarlo entre nosotros y con nuestras familias.

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Segunda Parte

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Segunda Parte 248 299 Rafael

Esta semana quería terminar el artículo de la semana pasada, en relación a algunas notas interesantes que tomé del libro “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido” del Dr. Dobson.  Copio textualmente una carta que figura en el libro, que fue escrita de padre a hija y los comentarios del autor que más allá de sentimentalismo barato me pareció muy válida traerla al presente, sobre todo en estos tiempos en los que en el Perú, se ha abierto la polémica por legalizar el aborto. Como saben, mi posición es sumamente clara al respecto y es obviamente en contra. ¿Con qué derecho vamos a asesinar” a un niño indefenso para pagar o remendar los errores de otros? Así que hay pena de muerte para el indefenso que no tiene nada que ver y no para el agresor!!! Inclusive en los casos en los que dicen que “está en riesgo la vida de la madre”, la mayoría de esos casos no existen, no matan para vivir, sino matan para vivir mejor, como decía Gonzalo Zegarra. Esa clase de temas sin sustento ni lógica sólo pueden discutirse en países tan faltos de líderes coherentes como el Perú. Es una lástima que otros países, en teoría más desarrollados se hayan dejado llevar por esa corriente, pero en fin, para no irme del tema, copio a continuación la carta que les mencionaba y los comentarios del autor del libro, el Dr. Bryan Dobson:

 “…Mi querida Bristol:

 Antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón yo sabía que serías un pequeño ángel. Y lo fuiste. Cuando naciste, en el mismo día de mi cumpleaños, el 7 de abril, fue evidente que eras un regalo especial enviado por Dios. Pero, qué regalo más maravilloso llegaste a ser! Más que tus hermosos balbuceos y tus mejillas rosadas, más que el gozo indecible de que fueras nuestra primogénita, más que ninguna otra cosa en toda la creación, me mostraste el amor de Dios.

 Bristol, tú me enseñaste a amar. Por supuesto, te amé cuando eras muy delicada y linda, cuando te diste vuelta y te sentaste balbuceando tus primeras palabras. Te amé cuando sentimos el agudo dolor de saber que algo andaba mal, que tal vez no estabas desarrollándote tan rápido como los demás niños de tu edad, y también te amé cuando supimos que lo que te sucedía era más serio que eso. Te amé cuando fuimos de un médico a otro y de hospital en hospital, tratando de encontrar un diagnóstico que nos diera alguna esperanza. Y, desde luego, siempre oramos por ti incesantemente. Te amé cuando uno de los exámenes produjo que te extrajeran demasiado fluido espinal y te pusiste a gritar. Te amé cuando llorabas y gemías, cuando tu mamá, tus hermanas y yo íbamos por horas en el auto para ayudarte a que te pudieras dormir.

 Te amé, con mis ojos llenos de lágrimas, cuando, confusa, te mordías involuntariamente los dedos o el labio, y cuando te pusiste bizca y luego te quedaste ciega. Naturalmente, te amé cuando ya no podías hablar, pero ¡cómo extrañé no oír más tu voz! Te amé cuando la escoliosis comenzó a torcer tu cuerpo como si fuera una “s”, cuando pusimos un tubo dentro de tu estómago para que pudieras comer porque te ahogabas con la comida, que te dábamos por cucharadas, tardándonos hasta dos horas en cada comida. Pude amarte cuando tus miembros retorcidos me impedían que fácilmente te cambiara los pañales sucios. [Cuántos pañales! Diez años cambiándote pañales.

 Bristol, incluso te amé cuando ya no podías decir las palabras que más anhelaba oír en esta vida: “Papi, te amo”. Bristol, te amé cuando me sentía cerca de Dios, y cuando él parecía estar muy lejos de mí, cuando estaba lleno de fe y también cuando estaba enojado con él. y la razón por la que te amé, mi Bristol, a pesar de todas estas dificultades, fue que Dios puso su amor en mi corazón.

 Esta es la maravillosa naturaleza del amor de Dios, que él nos ama aun cuando estamos ciegos, sordos, o torcidos, en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu. Dios nos ama aun cuando no podemos decirle a él que también le amamos.

 Mi querida Bristol, ¡ahora estás libre! Y espero ansiosamente ese día cuando, de acuerdo con las promesas de Dios, nos reuniremos contigo y con el Señor, completamente libres de imperfecciones y llenos de gozo. Estoy tan contento de que tu recibiste tu corona antes que nosotros. Un día te seguiremos, cuando él así lo quiera. Antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón sabía que serías un pequeño ángel. iYlo fuiste!

Te ama, papá.

 Insisto en que estos ejemplos de aflicción ilustran el hecho de que las personas dedicadas a Dios, que oran, se enfrentan a veces a las mismas clases de dificultades que experimentan los incrédulos. Si negamos esta realidad, creamos un dolor y una desilusión aun mayores para las personas que no están preparadas para afrontar esos problemas. Por eso necesitamos superar nuestra renuencia a aceptar está desagradable realidad. Debemos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a prepararse para que puedan hacerle frente a la barrera de la traición.

 Nuestro mensaje se reduce a este sencillo concepto: no hay nada que Dios desea más de nosotros que el que pongamos en práctica nuestra fe. Dios no hará nada que la destruya, y nosotros no podemos agradarle a El sin ella. Para definir este término otra vez, diré que la fe es creer en aquello de lo cual no tenemos una prueba absoluta. Es mantenernos firmes cuando la evidencia nos está diciendo que nos demos por vencidos. Es decidir confiar en El cuando no ha respondido todas las preguntas y ni siquiera nos ha prometido una vida libre de sufrimientos.

 A esas personas, que acabo de describir, que han tratado de comprender la providencia de Dios, ¡les traigo palabras de esperanza! No, no puedo brindarles pequeñas soluciones satisfactorias para todas las inconsecuencias de la vida que nos molestan. Eso no ocurrirá hasta que veamos a Dios cara a cara. Pero El tiene un corazón especialmente compasivo hacia los afligidos y derrotados. El le conoce a usted por nombre y ha visto cada lágrima que ha derramado. El estaba a su lado en cada ocasión en la que algo malo sucedió en su vida. Y lo que parece ser falta de interés o crueldad de parte de Dios, es un malentendido en el mejor de los casos y una mentira de Satanás en el peor de ellos, porque nunca dejará de estar a su lado.” Dios tarda pero no olvida.

Te amaré toda la vida…con la condición de que no tengas defectos

Te amaré toda la vida…con la condición de que no tengas defectos 300 300 Rafael

“Es muy afortunado quien se ha casado con la mujer a quien amaba pero lo es más quien ama a la mujer con quien está casado.” Anónimo

En esta edición he querido escribir sobre un tema que pasa en todos los matrimonios que es la crisis y el enfoque que hay que darle para superarla. Nadie está libre de eso. A veces dura más, a veces pasa inadvertida, pero como tenemos la seguridad de que pasará y no una sino varias veces, es mejor estar preparados, y es justamente por ello que me dediqué a buscar las opiniones de los expertos al respecto.

Al momento de casarnos todos vivimos de alguna manera con la siguiente ilusión: “Me caso con la mujer perfecta!”, ya que en el noviazgo tratamos de mostrar nuestro mejor lado, vivimos el “romance”. Pero una vez casados nos damos cuenta que la mujer o el hombre ideal no existen!

Luego viene la vida de casados, pasan los años, y es necesario aprender a amarse en el día a día. Se puede pero exige esfuerzo y a veces en cantidades industriales. “No la/lo entiendo!” es lógico porque muchas cosas nunca las vamos a entender, somos diferentes. No vale encapricharse en que el otro sea como yo quiero. Quizá el truco está en esperar del otro lo que pueda dar y no lo que me gustaría recibir.

Es curioso ver como a las virtudes del otro nos acostumbramos rápido, ¿pero a los defectos? Acá el tema es amar a la otra persona con todo, carne, hueso y pellejo, ya que vienen juntos. Esto no impide que con cariño, comprensión y paciencia, le ayudemos a corregir, sin ponernos rígidos, exigentes y sin la manía de tratar de cambiarle. De igual manera, es necesario que uno trate de corregir sus propios defectos.

¿Cuando hay amor, lo demás no importa…?

Existe una creencia tan falsa como incongruente según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades ni obstáculos. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza y calidad. Entonces, valdría la pena preguntarse, ¿Un conflicto es signo de falta de amor, o una llamada para hacerlo madurar, para quererse más y mejor? Es lo mismo que pasa con la crisis económica de este año, algunos la ven como una debacle y otros como una oportunidad para salir adelante.

No hay que dejarle todo el trabajo al sentimiento. En estos casos es necesario tomar en cuenta también la razón. Un tandem imparable es aquel conformado por una lógica sensible y un corazón inteligente.

Según Antonio Vásquez, experto español en crisis matrimoniales, explica en su libro: El matrimonio y los días, que las causas recurrentes del fracaso matrimonial son las siguientes:

• Quien se casa considerando el matrimonio desde la perspectiva del yo, se sale de la pista ya desde el punto de partida. La pregunta no es: ¿Cuánto me puedo beneficiar, sino cuanto puedo dar en el matrimonio.?

• La falta de auténtico conocimiento recíproco. Al comienzo es un flash que se apaga rápido, con la convivencia la tendencia a idealizar al otro disminuye.

• Las expectativas exageradas: esperar demasiado del matrimonio, en lugar de ir a él para entregarse. Se pretende que el cónyuge sea perfecto, o a eternizar momentos de los primeros días del enamoramiento.

• No encontrar tiempo para estar juntos

• Mal carácter de cada uno, que no se quiere reconocer, controlar o mejorar

• Falta de comunicación

• Ausencia de donación en el acto conyugal

• Rutina

• La reducción del amor a mero sentimiento y la aplicación de esa idea al matrimonio, en la medida que siento, amo.

• Intervención constante de terceros en el hogar (padres, parientes, amigos)

• Dificultades económicas

• Medios de comunicación que transmiten antivalores (telenovelas) que hacen que lo malo parezca algo normal y aceptado por la sociedad.

Por otro lado, según Tomás Melendo, otro de los más celebres expositores sobre temas de matrimonio, en su libro “Y vivieron felices” cita algunas conductas que hacen muy difícil mantener el amor:

• La soberbia y el orgullo: son el origen de casi todos los defectos, del mismo modo que la humildad y la sencillez, son el fundamento de casi todas las cualidades.

• Cuando se vive sin reglas ni principios. Cuando todo es cuestionable.

• El descuido permanente y sistemático de lo pequeño

Para corregirlas, es importante previamente tomar conciencia de que es lo que está originando estas conductas, y quien mejor que el gran psicólogo español Enrique Rojas para comentar los principales errores acerca del amor. Según él son los siguientes:

• Pensar que es suficiente con estar enamorado, es sólo el empujón, pero el amor es como un fuego, que hay que avivarlo día a día, sino se apaga.

• Es de gran inmadurez pensar que una vez que dos personas deciden compartir su vida todo irá viento en popa. Es decir, ignorar que existen crisis de pareja

• No conocerse a uno mismo antes que a la pareja.

La próxima semana continuo con la segunda parte de este artículo.