Ideas para disfrutar la vida

Técnicas para mejorar nuestra vida

Técnicas para mejorar nuestra vida 300 225 Rafael

¿Existen técnicas con base científica que nos ayuden a mejorar nuestras vidas en menos de un minuto? Si, aquí los dejo con la segunda parte de un resumen con algunos de los  estudios más interesantes, realizados por Richard Wiseman que el mismo publica en su libro 59 segundos para pensar mejor.

“Para tratar con posibles mentirosos: cierra los ojos y pide un correo electrónico

Las pistas más fiables para descubrir una mentira son las palabras que utilizamos, ya que los mentirosos suelen entrar en menos detalles, vacilan más e intentan evitar las referencias a ellos mismos (yo, a mí, mío). Además, solemos mentir un 20% menos en los correos electrónicos que en las llamadas de teléfono, porque las palabras quedan escritas y pueden regresar para atormentarnos en el futuro.

Compra una maceta para la oficina

Adornar la oficina con plantas aumenta un 15 % el número de ideas creativas en los hombres y ayuda a las mujeres a ofrecer soluciones más originales a los problemas. Las plantas reducen el estrés y ponen de buen humor, lo que, a su vez, fomenta la creatividad.

Toca la parte superior del brazo

Tocar brevemente a alguien en la parte superior del brazo hace que esté más dispuesto a aceptar una petición, ya que ese contacto se percibe inconscientemente como una señal de estatus superior.

En un estudio sobre citas, ese toquecito aumentó un 20 % la cantidad de personas que aceptaban una invitación a bailar en un pub y un 10 % la cantidad de personas que daban su número de teléfono a un desconocido en la calle.

Escribe sobre tu relación

Las parejas que pasan unos minutos a la semana escribiendo sus pensamientos y sentimientos más profundos sobre su relación aumentan un 20 % sus probabilidades de seguir juntos. Esta “escritura expresiva” hace que las parejas utilicen un lenguaje más positivo al hablar entre ellas, lo que conduce a una relación más sana y feliz.

Ten en cuenta tu legado

Si pensamos durante un minuto en que un amigo íntimo asiste nuestro funeral, y reflexionamos sobre nuestro legado personal y profesional, nos resulta más fácil identificar los objetivos a largo plazo y evaluar si estamos avanzando para hacerlos realidad.

Para comer menos

La combinación normal-despacio era más eficaz que comer despacio durante toda la comida, lo que indica que el secreto para sentirse satisfecho es empezar a la velocidad habitual, para después saborear cada uno de los bocados. Así que, si quieres beber menos, aléjate de los vasos chatos y sé fiel  los altos y estrechos. Para reducir la ingesta  de alimentos, asegúrate de no tener nada tentador delante guardándolo en un lugar de difícil acceso, como la parte superior de una despensa o el sótano. Las distracciones durante la comida, como ver la televisión, leer una revista o incluso charlas con otras personas, hacen que comamos más.

No hacemos falta llevar un diario como el de Samuel Pepys para conseguirlo; se obtiene el mismo efecto si garabateas lo que comes en un Post-it o te envías un correo electrónico. Según esta teoría, ser consciente de lo que consumes a diario te ayudará a abandonar viejos hábitos y a comer menos.

Los resultados revelan que los participantes con los paquetes de patatas light consumieron el doble de patatas que los que tenían las bolsas grandes. Los investigadores especularon que los que tenían las bolsas light no sentían la necesidad de  controlarse tanto y por consiguiente, acaban comiendo más.

Pequeñas ideas para vivir mejor (parte I)

Pequeñas ideas para vivir mejor (parte I) 180 189 Rafael

Hoy compartiré con ustedes la primera parte de un resumen de las conclusiones del libro “59 segundos, piensa un poco para cambiar mucho” de Richard Wiseman, psicólogo mundialmente reconocido por sus aportes en ideas para el día a día. En párrafos de no más de 3 líneas podremos sacar ideas concretas y además probadas científicamente que pueden ayudarnos.

Desarrollo la actitud de la gratitud

Hacer que alguien anote tres cosas por las que se sienten gradecidos o tres cosas que les hayan ido muy bien la semana anterior puede aumentar de manera significativa su felicidad durante un mes, aproximadamente. Esto, a su vez, hará que sean más optimistas sobre el futuro y mejorará su salud física.

Elogia el esfuerzo de los niños, no su habilidad

Elogiar el esfuerzo, en vez de la habilidad (“Bien hecho, seguro que has trabajado mucho”) los anima a seguir intentándolo al margen de las consecuencias, lo que evita el miedo al fracaso. Eso, a su vez, hace que deseen probar con problemas que les suponen un reto, que disfruten más de dichos problemas y que procuren en su tiempo libre.

Imagínate haciendo algo, no lográndolo

Las personas que se imaginan dando los pasos prácticos necesarios para lograr un objetivo tienen más probabilidades de éxito que los que se limitan a fantasear que sus sueños se hacen realidad. Una técnica muy eficaz consiste en adoptar una perspectiva en tercera persona: los que se ven a través de los ojos de los demás tienen un 20 % más de probabilidades de éxito que los que adoptan una perspectiva en primera persona.

Meter la foto de un bebé en la billetera

Meter la foto de un bebé sonriente en la cartera aumenta un 30 % la probabilidad de que te la devuelvan si la pierdes. Los grandes ojos y la naricita del bebé despiertan un antiguo mecanismo evolutivo que nos vuelve más cariñosos y, por tanto, hace que estemos más dispuestos a devolver la billetera.

Pon un espejo en la cocina

Cuando nos ponemos un espejo delante al servir distintos platos, reducimos el consumo de comida poco saludable un 32%. Ver nuestra imagen en el espejo hace que seamos más conscientes de nuestro cuerpo y nos impulsa a comer alimentos sanos.

 

¿Eres de los que maximizan o de los que se satisfacen?

¿Eres de los que maximizan o de los que se satisfacen? 270 300 Rafael

Continuando con estos resúmenes de los mejores libros del mundo para mejorar, esta semana les traigo el resumen de un capítulo del libro “59 segundos, Piensa un poco para cambiar mucho”, publicado hace poco más de un año por el psicólogo Richard Wiseman, uno de los principales referentes a nivel mundial. En él, “expone los mitos modernos de la mente promovidos por la industria de la autoayuda y presenta un nuevo enfoque para el cambio que nos ayuda a lograr las metas y ambiciones en coro tiempo. En este capítulo explica que las investigaciones sugieren que a menudo utilizamos dos estrategias principales para muchos aspectos de nuestras vidas: la maximización o la búsqueda del mínimo satisfactorio. Los que optan por la maximización extrema suelen comprobar constantemente todas las opciones disponibles para asegurarse de haber elegido la mejor. Por el contrario, los que buscan el mínimo satisfactorio sólo exploran hasta encontrar algo que cubra sus necesidades. Con la maximización se logra objetivamente más, pero se tarda más en encontrar lo que se quiere y, por tanto, se reduce la felicidad, porque conlleva una tendencia a pensar demasiado en cómo podrían haber sido las cosas. Por ejemplo en un estudio sobre búsqueda de empleo los investigadores clasificaron a 500 estudiantes de 11 universidades en estas dos categorías (maximización o búsqueda de mínimo satisfactorio) y después realizaron un seguimiento de cómo buscaban trabajo. Los que tendían a la maximización acabaron teniendo salarios un 20 % más altos por término medios que los otros pero también se sentían menos satisfechos con su búsqueda laboral y caían más en el arrepentimiento y el pesimismo la ansiedad y la depresión. Si eres de los que maximizan y descubres que pasas demasiado tiempo buscando el producto perfecto puede que te ayude limitar los recursos que inviertes en algunas actividades (por ejemplo, darte sólo 30 minutos para buscarle una tarjeta de felicitación a un amigo) o asegurarte de que ciertas decisiones sean irreversibles (por ejemplo, tirando los recibos). Hay un viejo dicho que afirma que la felicidad reside en querer lo que tienes, no en tener lo que quieres. Al parecer, aunque los maximizadores consigan lo que quieren, puede que no siempre quieran lo que consiguen.

Porqué nos gusta hacer cosas, pero no cuando nos pagan por ello

Porqué nos gusta hacer cosas, pero no cuando nos pagan por ello 201 298 Rafael


Esta semana he hecho un breve resumen de uno de los capítulos del libro “Las trampas del deseo” de Dan Ariely, en el que habla de la importancia de las normas sociales. “Hay numerosos ejemplos que muestran que la gente se esfuerza más por una causa que por el dinero. La gente está dispuesta a trabajar gratis,  y también está dispuesta a trabajar por un salario razonable; pero ofrézcales una paga mediocre y se darán la vuelta. Los regalos también resultan eficaces en el caso de los sofás, y ofrecer a la gente un regalo, aunque sea pequeño, es suficiente para conseguir que te ayuden; pero mencione lo que le ha costado el regalo, y verá cómo le dan la espalda antes de que tenga tiempo de decir “normas mercantiles”

El dinero resulta ser con mucha frecuencia la forma más cara de motivar a la gente. La normas sociales no sólo son más baratas, sino que a menudo resultan también mas efectivas.

Probablemente existen numerosas situaciones en las que los adolescentes sencillamente no son capaces de controlar sus propias emociones. Una estrategia mejor para quienes desean garantizar que éstos eviten el sexo consiste en enseñarles que deben apartarse del fuego de la pasión antes de hallarse lo bastante cerca como para ser atraídos por él. Puede que aceptar este consejo resulte difícil, pero nuestros resultados sugieren que para ellos es más fácil combatir la tentación antes de que surja que después de verse atraídos hacia ella. En otras palabras: evitar completamente la tentación es más fácil que luchar contra ella. 

La segunda rareza es que prestamos más atención a lo que podemos perder que a lo que podernos ganar. En consecuencia, a la hora de poner precio a nuestro querido carro TICO, pensamos más en lo que perderemos (el uso del cacharro) que en lo que ganaremos (dinero para comprar otra cosa). Y de ahí que lo pongamos a la venta a un precio elevado y poco realista. Del mismo modo, el dueño de la entrada presta atención sobre todo a la pérdida de la experiencia del partido de baloncesto, en lugar de imaginar el disfrute derivado de obtener dinero o de lo que puede comprarse con él. Nuestra aversión a la pérdida es una emoción fuerte, y una emoción que a veces nos hace tomar malas decisiones. ¿Se pregunta el lector por qué nos negamos a vender algo de nuestro preciado montón de trastos viejos y, cuando lo hacemos, le atribuimos un precio desorbitado? A menudo es porque ya estamos lamentando su pérdida.

La tercera rareza es que suponemos que los demás verán la transacción desde la misma perspectiva que nosotros.

Mantener las puertas abiertas

Por qué las opciones nos distraen

de nuestro principal objetivo

Tenemos una compulsión irracional a mantener las puertas abiertas. Así es como estamos hechos. Pero eso no significa que no debamos intentar cerrarlas. Piense en este episodio de Lo que el viento se llevó: Rhett Butler dejando a Scarlett O’Hara, en la escena en la que ella se aferra a él y le suplica: “¿Qué será de mí? ¿Adónde iré yo?”. Rhett, que ha tenido que aguantar demasiado de Scarlett y que finalmente se ha hartado de ella, le responde: “Francamente, querida, me importa un bledo”. No es casualidad que esta frase de la versión cinematográfica de la novela de Margaret Mitchell haya sido votada como la más memorable de toda la historia del cine. Es su categórica manera de cerrar una puerta lo que le proporciona su generalizado atractivo. Y debería servirnos a todos de recordatorio de que tenemos puertas —pequeñas y grandes— que deberíamos cerrar.

Debemos deshacernos de los comités que no representan sino una pérdida de tiempo, y dejar de enviar tarjetas de felicitación a personas que se han mudado a vivir otras vidas con otros amigos. Hemos de determinar si realmente tenemos tiempo para ver partidos de baloncesto, jugar al golf y al squash, y mantener unida a nuestra familia; tal vez deberíamos dejar atrás esos deportes. Son puertas que debemos cerrar porque nos roban energía y capacidad de compromiso con otras que sí deberían quedar abiertas; y también porque acaban por volvernos locos.

Dueños de nuestro destino

Dueños de nuestro destino 300 229 Rafael

Esta semana me pasaron un video que me dejó pensando bastante en la forma como manejamos nuestra vida familiar y en la importancia que le damos. Creo que en estos tiempos en los que el trabajo nos abruma, dejamos de lado el “arte de vivir” y de redescubrir las cosas que han estado siempre allí. Decía Tomás Melendo:”Mañana cuando llegue a casa, ¿por qué no redescubro a mi mujer? Es distinta a la persona que me despidió ayer. Ese es el mejor antivirus para el sopor familiar, morir cada noche…para nacer cada mañana”.

Para ello, lo primero que se necesita es la intención de querer cambiar, creo que ya estuvo bueno de tomar la posición de intelectual aburrido. Hay que tener antes que nada, ganas de vivir. Aunque suene a palabreo barato, quizá este sea el gran secreto. Es muy diferente comer por obligación que tener apetito, tener ilusión por salir a comer con tu esposa un antojito a un buen restaurant y disfrutarlo; ir a trabajar porque no tengo más remedio que realizar una función que me ennoblece, me reta y enriquece; salir a correr para desestresarme, que disfrutar el entrenar la media maratón (que ya se viene el 29 de Agosto) entre amigos; soportarse como pareja bajo el mismo techo, que renovar y mejorar el primer encuentro; cumplir con mis deberes de padre, que comprender, disfrutar y acompañar a mi hijo recién nacido en su descubrimiento de esta aventura de vivir. En fin, en resumen, es distinto subsistir en la vida que nos ha tocado vivir, sea cual sea, que exprimirla y sacar lo mejor de ella en cada instante.

Como bien dice Nelson Mandela, somos dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Todo comienza con la manera de pensar, que influye en nuestra manera de mirar la realidad, de sentirla y de interpretar lo cotidiano. Eso definirá nuestra manera de actuar y nuestros resultados que finalmente terminarán definiendo la persona que terminaremos siendo y las recompensa que tendremos por ello, lo cual alimentará nuevamente nuestra forma de pensar. Es un círculo vicioso positivo.

¿Y qué puedo hacer para empezar esto? La actitud tiene mucho que ver en esto. El optimismo y el buen humor. Si la vida fuese un teatro, mientras esté en el escenario, me gustaría pensar que los espectadores la vean como una comedia, es mi género preferido, que otros representen una tragedia, yo ya estoy saturado de caras largas y amagadas. Si algo falta en el mundo son payasos que nos hagan reír. Creo que el buen humor es una de las competencias más necesarias no sólo para conseguir un buen trabajo sino para conseguir una buena vida. Lo curioso es que no hacemos bien ni una cosa ni otra, ya no sabemos reír, ni llorar, así está el circo humano, muchas veces lleno de mediocres. 

Por eso quiero terminar este artículo dejándolos con este video, que le devuelven a uno las ganas, de redescubrir no sólo a su mujer sino a su familia completa, véanlo, es muy emocionante, de esos que arrancan una lágrima, que es a menudo una testigo silenciosa y discreta de nuestros momentos más sinceros y profundos. http://www.facebook.com/video/video.php?v=455621345922#comments

La vida es ahora

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Excelente y contundente slogan de Visa que cada vez que lo leo me ayuda a pensar, no necesariamente me incita a comprar, sino a pensar la cantidad de momentos que destino al trabajo, a mi vida personal y a mi vida familiar.

Este es uno de esos temas de los que no es difícil escribir pero si ponerlo en práctica. Y es que la adicción al trabajo se ha ido apoderando cada vez más de nosotros. Los “workaholics” son una raza que lejos de estar en peligro de extinción, cada vez van creciendo de manera exponencial.

Según Wikipedia el workaholic es una persona que le gusta, ama y es adicta al trabajo. No necesariamente es la cantidad de horas sino la forma de utilizarlas, ya que pueden haber personas que trabajan más horas, pero que también pasan más horas con su familia porque están acostumbradas a dormir menos. Si bien es cierto no hay una definición médica, estoy seguro que todos sabemos definirla pero no sabemos bien cuando hemos contraído esta enfermedad. Y es que con esta etapa de crisis que acabamos de pasar o que inclusive estamos pasando (depende el país donde nos encontremos), ha sido necesario el compromiso, la entrega, la dedicación al trabajo de manera especial. No dudo que haya sido necesario. El problema radica cuando nos acostumbramos a este desorden temporal de prioridades y lo volvemos permanente. Y es que si bien es cierto es más fácil triunfar en lo laboral que en lo personal, no nos damos cuenta que lo segundo es mucho más importante para nosotros.

Los síntomas principales para reconocer si uno forma parte o no es el pensar constantemente en el trabajo y el busco excusas para seguir trabajando.

En una reciente encuesta en Europa, se descubrió que el 25 a 30% de los ejecutivos tiene trastornos de conducta. Eso hace que sus expectativas de vida se reduzcan 10 años. ¿Las causas de esos trastornos? Sobre tensión y estrés.

Concuerdo plenamente que el trabajo debe darle sentido a tu vida, debe retarte y debes darte al máximo, terminarlo bien hecho, porque será la única manera que triunfes laboralmente. El reto es compatibilizar dicha tarea con el rol familiar que cada uno tiene ya que dichas actividades y metas no son excluyentes.

Al respecto, hay un concepto clave que ayuda muchísimo que es el compromiso, pero que sin embargo, se ha malinterpretado. ¿En una empresa está comprometido el gerente general  fichado a golpe de talonario, pero que mañana puede estar dejándose seducir por una Head Hunter? ¿Se trata de pasarse horas de horas en la empresa y no siempre trabajando, a veces en el facebook, o navegando? ¿El tiempo de permanencia en el trabajo significa que estoy comprometido?

Ya lo decía Santiago Alvarez de Mon en su libro, “La lógica del corazón”: Si tengo otras facetas de mi persona que quiero cultivar ¿tiene que ser necesariamente a costa de la entrega a la causa? ¿Qué es lealtad? Inmolarme en la pira empresarial hasta que me amorticen y me coloquen en la calle, prejubilado o despedido? ¿Qué quieren, que me case con la empresa? No tengo tan mal gusto, yo sólo me caso con mi mujer y con mis hijos, lo demás ha de ser colocado en su justo término y lugar. En mi esquema ideal de liderazgo, la empresa inteligente debería hacerle un sitio grande y espacioso, a la vez que exigente y retador, al yo de cada profesional. En esa cultura, nadie tendría que renunciar a sus ambiciones, porque al fin y a la postre, no nos engañemos, todos trabajamos para una empresa llamada Yo S.A.

La agenda de un directivo es lo que fija sus prioridades. Si no se encuentra tiempo para algo , no es un buen síntoma. Si determinadas citas o encuentros son sistemáticamente retrasados, es una señal inequívoca de que no son estratégicamente cruciales.

Una de las cosas que más me angustia es volverme en un hombre monotema. Mucha familia, amigos, sociedad, ocio…pero al final, trabajo, trabajo, trabajo. Es una actividad determinante, proclive al feliz desenvolvimiento de talentos y destrezas, marco ideal para servir a la comunidad humana. No obstante, su exceso, atraviesa todo, adquiriendo un peso desproporcionado”

Me viene a la memoria aquella canción de Julio Iglesias, “Me olvidé de vivir” que encierra una extraordinaria letra, que entre otras cosas dice:

De tanto correr por la vida sin freno

Me olvidé que la vida se vive un momento

De tanto querer ser en todo el primero

Me olvidé de vivir los detalles pequeños.

De tanto correr por ganar tiempo al tiempo nQueriendo robarle a mis noches el sueño nDe tanto fracasos, de tantos intentos nPor querer descubrir cada día algo nuevo.

En fin, creo que es muy importante dedicarle todo el tiempo que sea necesario al trabajo para terminar las actividades muy bien hechas, pero tengamos cuidado de no excedernos y que los platos rotos de ello los sufra nuestra familia.

¿Cómo uno aprende a ser feliz en un mundo que exige al ciudadano ser cada vez más competitivo labora

¿Cómo uno aprende a ser feliz en un mundo que exige al ciudadano ser cada vez más competitivo labora 300 226 Rafael

Me pidieron publicar este artículo en la revista Asia Sur. Resume algunos otros que he escrito anteriormente. Quise incluirlo esta semana en el blog. Ojalá les guste.

Se puede ser feliz y exigirse al máximo al mismo tiempo. De hecho, es feliz el que tiene la conciencia tranquila de saber que está haciendo todo lo que puede para cumplir con lo que debe. La conciencia intranquila, nunca genera felicidad. Ya lo decía Valero Rivera: Sólo gana el que da todo lo que lleva dentro.

 El kit del asunto es ser competitivo (llámese eficiente) no sólo en el ámbito laboral sino en todo aquello que define nuestra razón de ser, nuestra religión (cualquiera que sea), nuestra familia y nuestro trabajo. Existe un enfoque erróneo de lo que es el éxito y la felicidad. Gastamos nuestro tiempo persiguiendo metas que están mal definidas. El concepto de éxito no es el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia o la tranquilidad personal.

 De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de ganar más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir. Sin embargo, no se trata de ganar sino de hacer las cosas bien. Ganar es la consecuencia. Si uno se da al máximo, el éxito, tarde o temprano le sigue. No se trata de entrar en una carrera interminable por ganar más que el otro, sino de compararse con los demás en como ser mejor que ellos en términos de logros, virtudes y valores. Es allí donde hay que ser competitivos.

Ahora, con más trabajo se gana más dinero, y con más dinero, ¿se puede comprar más felicidad?

Según recientes estudios de IESE y UCLA los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad. Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. La verdad es que sí la puede comprar, la única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera porque no sabemos administrar el dinero, nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo tren de vida y nos comparamos con personas más afortunadas, lo cual disminuye nuestra felicidad. Se puede vivir feliz aunque no te envidien. Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, es más, nos pasamos más tiempo haciendo creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, trabajas 4 horas más al día, para ganar más y comprarte la camioneta del año para quedar bien con todos y para lucirla, y en realidad a la gente no le interesa ni tú ni tu camioneta, y en esa etapa, has perdido valioso tiempo que has podido compartir con tu familia, enamorada, amigos, etc.

Dicen que la felicidad está en la antesala de la felicidad (como cuando los perritos gozan y retozan un montón en el momento que les van a servir la comida). En lo personal, mi momento favorito cuando me ha tocado ir de viaje, no es el viaje en si, sino cuando estoy en el Duty Free de Lima, es decir, ya pasó toda la parte de espera pero todavía está por empezar el viaje. Disfruten el momento de la felicidad desde antes, durante y una vez pasada inclusive, porque tuvieron la suerte de vivirla.

Cuidado con las trampas de la mente

Cuidado con las trampas de la mente 690 1000 Rafael

En su libro Tropezarse con la felicidad, Daniel Gilbert, plantea una hipótesis a tomar en cuenta a la hora de tomar la actitud de vivir la vida feliz. Tiene mucho que ver la forma como ve la realidad el cerebro, y para ello, es crítica la lectura que le da al pasado, el cual está compuesto en parte de invenciones, recuerdos y percepciones. Es decir, son una guía muy poco confiable de los sentimientos futuros. Sin embargo, todos aceptamos sin más las imágenes que el cerebro nos ofrece.

En un resumen del libro se explica que la realidad suele ser ambigua. Las ilusiones ópticas ilustran muy bien este fenómeno. Por ejemplo, en un dibujo muy conocido el fondo y el primer plano se intercambian entre sí. ¿Estamos viendo una copa o los perfiles de dos rostros? Podemos ver ambas cosas con absoluta precisión. Sin embargo, si tenemos razones para interpretar una percepción ambigua de un modo y no de otro, entonces el cambio de planos ya no se hará al azar. El cerebro escogerá la imagen que prefiera. Así pues, si los investigadores premian al sujeto por ver una imagen en vez de la otra, este le dará preferencia a la imagen que le rinde mejores frutos. Esta elección sucede a un nivel inconsciente.

Pero si la memoria, la percepción y la imaginación suelen ser engañosas, ¿de qué modo podemos tomar decisiones que nos hagan felices? Ciertos estudios indican que lo mejor es pedirles consejo a las personas que hayan pasado por las mismas circunstancias. Si una persona se sintió feliz tras tomar cierta decisión, entonces lo más probable es que a nosotros también nos pase lo mismo. El mejor método para predecir la felicidad es pedirles consejo a los demás. Sin embargo, la mayoría de las personas se rehúsan a seguir este enfoque, pues están convencidas de que cuentan con cualidades especiales o de que son únicos en su especie. Y esto es cierto sobre todo con respecto a las emociones (presentes, pasadas y futuras). Así pues, la mayoría de la gente considera que es ilógico pedir consejo con el fin de predecir el futuro.

Dado que todos somos únicos, las opiniones ajenas no tienen mayor relevancia. Siempre asumimos que las emociones e ideas de los demás son diferentes de las nuestras. Sin embargo, el método de pedir consejo funciona porque la mayoría de los seres humanos se parecen. Dado que la mayoría de las personas no quieren pedir consejo, siempre terminan dependiendo de capacidades cognitivas engañosas cuando de la felicidad futura se trata. Acuden a recuerdos inventados y a percepciones debilitadas para tratar de predecir no sólo los eventos futuros sino, además, los sentimientos que estos les producirán. Así pues, continuarán cometiendo los mismos errores una y otra vez. Con toda probabilidad, seguirán siendo infelices, pues seguirán tomando malas decisiones.

¿Qué te ha enseñado la vida? 2da parte

¿Qué te ha enseñado la vida? 2da parte 300 203 Rafael

Hace un par de semanas escribí un artículo con el título de “¿Qué te ha enseñado la vida?” con el fin de plantear una reflexión que me parece muy válida para reorientar nuestro camino o seguir por el mismo. He recibido algunos excelentes comentarios de algunos de ustedes que no quería dejar más tiempo sin publicarlos, porque me ayudaron bastante y espero a ustedes también. El primero viene de Cintia de Argentina:

“Que buena pregunta! Leí la nota, me gustó, pero me dejó pensando… que pregunta difícil! Recién ahora, después de una semana,  encontré una respuesta, entre tantas respuestas posibles, claro. La vida me enseñó que los seres humanos (o al menos yo) queremos certezas y la vida es incertidumbre.  Queremos que las cosas sean de cierta manera y nos cuesta aceptar que las cosas son como son, no como nosotros querramos que sean. Que en la vida hay que correr riesgos, que uno no sabe como van a resultar las cosas que emprendamos… pero si no nos arriesgamos tampoco vamos a saberlo… Que hay dos opciones, o te la jugás o no te la jugás. Resumiendo, la vida me enseñó que es mejor amigarse con la idea de que en la vida no hay certezas, seguridades, porque si no os amigamos con la idea acabamos detenidos… sin vivir por miedo a quien sabe que cosa.”

Otro comentario se refirió a que lo que había aprendido es a vivir con la conciencia limpia, es más todavía estaba en proceso de limpiarla. Y es que creo que eso es una constante.

¿Qué por qué hago estas preguntas? Porque el sólo hecho de planteártelas tu mismo te hace pensar. Ahora están de moda los sentimientos y es bueno, pero la gente siente y siente y actúa únicamente guiada por eso y al final no piensa nada. Vale la pena pasar por esta pregunta, y el que se reconoce como un idiota porque piensa que la vida le ha enseñado poco, no lo es, por el contrario, tiene la humildad de reconocerse como es, y de saber que le falta mucho por aprender. Como dice la frase “El que reconoce un punto de locura e irracionalidad en su naturaleza está en camino de la cordura”.

Un consejo rápido y gratis, desconfía de aquellos que no se cuestionan sus éxitos o peor aun, aquellos que no los agradecen y se piensan superiores por alcanzarlos. Parte de la  madurez de una persona consiste en interrogarse el porqué de las cosas y de sus actos, porque eso le permitirá enmendar el camino cuando haya que hacerlo, y no creérsela demasiado cuando haya alcanzado lo inalcanzable de forma tal que pueda seguir aprovechando las oportunidades que le da la vida con humildad y sencillez.

Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida, los suelen tomar los pasajeros despiertos y precavidos que están dispuestos a preguntarse y repreguntarse las preguntas que realmente valen la pena hacerse.

¿Soñar o dejar de soñar?

¿Soñar o dejar de soñar? 300 297 Rafael

Difícil pregunta en estos tiempos de incertidumbre. Por un lado, escucho a los gurús diciendo que el único camino para salir adelante pasa por tener objetivos muy altos, pero por otro escucho que no se puede vivir soñando la vida, sino viviendo tus sueños aterrizándolos lo más pronto posible.

 Como ya lo he dicho anteriormente en mi artículo “Soñar, que importante hacerlo despierto”, me considero un soñador, pero un soñador de sueños reales. Reconozco que algunas veces los sueños inalcanzables son el reflejo de mi ego, perspicaz y tramposo, que cree que puede dar mucho más de lo que realmente da y se resiste a abandonarlos, lo cual me produce una cierta desazón de no poder llegar. Sin embargo, el no tener esos sueños tan retadores, me haría un mediocre que se contenta con lo que tiene y me quitaría las ganas de seguir mejorando. ¿Dónde está entonces ese punto medio?

 Para aclarar mis ideas me he acompañado de Etty Hillesum, aquella mujer que sobrevivió al Holocausto, decía que “Detrás del telón, sumergido en la soledad y silencio del patio trasero, es posible que mi yo más auténtico se decida a vivir su vida real y “vulgar”, no la alternativa de confetis y fuegos artificiales. Hay que evitar soñar permanentemente con una vida distinta, es preferible aceptar la actual de corazón. La vida es buena y bella tal como es, incluso en su parte de dolor. Soñando la empresa perfecta, el país de las maravillas, la familia angelical, la aldea fraternal, me voy haciendo huraña y amargada, que broma tan pesada!.

 ¿Todo se reduce entonces a dejar de soñar, a tirar por la borda proyectos y causas nobles que nos significan y alimentan espiritualmente? No por Dios, de ser así sería un muerto andante, el peor de los muertos. Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado”.

 Pero entonces, ¿Qué hacemos con nuestro orgullo? ¿Cómo encausarlo para que sea un aliado nuestro y no un enemigo que lo único que busca es intranquilizarnos proponiendo constantemente situaciones en las que por ahora no podemos llegar (te mereces un aumento de sueldo, te mereces un viaje a Europa, te mereces ser el Presidente del Directorio, te mereces la chica más linda, te mereces…etc,etc,etc? Decía Erasmo de Rotterdam: “La vida entera es como un teatro. Es una comedia como cualquiera en la que unos y otros salen disfrazados con diferentes máscaras a representar sus respectivos papeles hasta que terminando el espectáculo se retiran de la escena. A veces, en la vida real como en el teatro, un mismo actor se disfraza con diferentes trajes, y así, el que llevó sobre su cabeza la corona de rey, viste  luego los andrajos del siervo. Todo es simulación, en la escena como en la vida, y hemos de reconocer que no hay manera de representar la comedia de otro modo.”

 Y así nos pasa, en esa “comedia”, en la que nos toca vivir, ahora que nuestro personaje es un ejecutivo, es decisivo tener presente que es tan sólo una función teatral, que el espectáculo llegará a su fin, el público se irá a su casa, el personaje se quitará sus máscaras y quedará sola la persona. Entonces,  si la vida tiene mucho de esta comedia ¿Por qué creer que uno se merece todo? Hoy estoy aquí, mañana, ¿Quién sabe?. Siendo la misma persona, de repente mañana te mueven el sillón, el jefe y el contrato, más aun ahora en estos tiempos de crisis. A veces uno tiene una visión de si mismo que piensa que es “la última Coca Cola del desierto”, y no lo es. Para muestra un botón, la vez pasada, haciendo un análisis profundo, descubrí que en general, se menos de lo que mi currículum vende.

 Quizá el arte está en saber ponderar en su justa medida y escoger ese punto medio entre ser ambicioso, tener objetivos nobles, muy altos y retadores, y a la vez vivir la vida que nos ha tocado, enfocándonos en que es lo que hay, (sea buena, mala o regular), y tratar de vivir contentos con lo que tenemos. Dicen que para ser feliz no hay que hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace, y tiene mucho sentido. Cuantos nos dejamos llevar por esos objetivos completamente inalcanzables y vivimos angustiados de no alcanzarlos, y cuando lo hacemos, nos trazamos otros más inalcanzables todavía, de forma tal que lo único que hacemos es buscar vivir en la angustia. Y claro, cuantos también nos contentamos con lo que tenemos y no buscamos más, con lo cual nos quedamos anclados en nuestra zona de confort, pero que a la larga nos tira para abajo, cuando hemos podido estar mucho mejor. Vale la pena analizarnos e identificar cuales son los objetivos que tenemos por los que realmente vale la pena luchar y hasta morir en el intento, y cuales es mejor dejarlos de lado. Dicen que el arte de ganar una guerra no es querer pelear todas las batallas, sino escoger las que valen la pena, y ceder el resto.