Ideas para matrimonios felices

El matrimonio sí funciona

El matrimonio sí funciona 85 128 Rafael
 

Hoy en día se habla cada vez más del incremento de divorcios y separaciones en matrimonios cercanos a nosotros, pero existen también millones de matrimonios felices que permanecen en el anonimato y es hora de ponerlos de moda, no por ellos, sino porque lo necesita la sociedad. 

No hay que tener miedo al fracaso en nuestro matrimonio si las cosas se hacen bien desde el principio, porque contrario al refrán que da el nombre a este artículo, el éxito del matrimonio no depende de la suerte. Tengo varios amigos casados que ya se han separado, sus matrimonios no duraron ni 3 años, ¿Por qué? Una de las principales razones es porque “ya no había amor en su relación”.

Un amigo español experto en este tema, Aníbal Cuevas, escribió que para que haya amor, hay que amar. Parece una frase muy simple, pero es bastante profunda. Nos dice que el Amor es un sustantivo y por tanto refleja estatismo, amar es un verbo y refleja por tanto acción. El amor es estático, no se mueve, no avanza, no crece, no se recupera, si no se ama. El amor necesita la acción de amar. Por eso el amor igual que viene se va y es que para permanecer necesita del verbo amar.¿Cuál es la solución cuando ya no hay amor? Amar, amar más. Hay un conocido proverbio que dice: Hay que sembrar amor, donde no hay amor, para cosechar amor. Quizás sea ésta una de las claves de la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El enamoramiento viene y va, el amor se quiere, se busca, se defiende y se trabaja.

Trabajando el matrimonio

¿Que cuesta porque ya no se siente lo mismo? Pues claro que cuesta. En esta vida no hay lonche gratis. Pero todo lo que cuesta vale. Además, ¿qué significa eso de “sentir”? Definitivamente la solidez de un matrimonio no se puede sustentar en que “hoy siento que te amo”, “hoy no siento nada por ti”. Llevados de esta idea que cada vez está mas extendida, cuando los sentimientos desaparecen o la convivencia se hace cuesta arriba, muchas personas empiezan a buscar fuera lo que no encuentran dentro. En vez de concentrar su atención y esfuerzo en recuperar o reconstruir ese amor, se dejan llevar de lo que sienten o de lo más fácil: sentirse víctimas y buscar consuelos. Algo tan fundamental y que afecta aspectos tan íntimos de las personas como es el amor no puede estar sustentado exclusivamente sobre algo tan frágil y quebradizo como son los sentimientos que por su propia naturaleza son oscilantes y sujetos a altibajos que, en la mayoría de los casos, no dependen de la voluntad de uno mismo. Los sentimientos dependen de numerosos factores internos y externos a nosotros. Factores tales como el clima, el cansancio, los desarreglos hormonales y el estrés hacen que varíen nuestros sentimientos y estados de ánimo. El matrimonio debe estar afianzado y construido sobre algo más sólido como la voluntad y la inteligencia.

Por otro lado, el pensamiento siempre debe llevar un componente sentimental y no únicamente basarse en el raciocinio. Es decir, debe ser guiado por el corazón y la cabeza, lo cual hace un amor inteligente. La verdadera sede de la inteligencia no es únicamente la razón sino también el corazón. Un corazón inteligente y una razón sensible forman una dupla imparable.

Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta demasiada atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fuera automático. Así pasa con demasiada frecuencia con el amor matrimonial ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Porqué se iban a casar si no fuera así?.Sin embargo el mayor peligro de lo natural es justamente ese, al ser considerado natural se entiende que no hace falta preocuparse de ello, está ahí. Precisamente por esa razón pienso que hay que dedicar tiempo al amor entre los esposos. Nunca, ni en los mejores días hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte. Se tiende a pensar que el amor fuerte es el que despierta pasiones y sentimientos explosivos y ello encierra un gran peligro para el amor verdadero. El amor más fuerte es el que supone querer al otro cada día, no haciéndolo depender de emociones fuertes. Hace falta aprender a amar y amar precisamente cuando el amor no parece fuerte porque faltan las emociones. Para ello, es necesario saber cuales son algunas de las causas que son las generadores de las inevitables crisis que ocurren en todos los matrimonios.

Al respecto, he extraído las mencionadas por Antonio Vásquez en su libro “El matrimonio y los días”. Nos cuenta que la primera de ellas es la exagerada expectativa de esperar demasiado del matrimonio, en lugar de ir a él para entregarse. Se pretende que el cónyuge sea perfecto, o a eternizar momentos de los primeros días del enamoramiento. La pregunta no es: ¿Cuánto me puedo beneficiar?, sino cuánto puedo dar en el matrimonio. Otras de las causas son el mal carácter de cada uno, la rutina, la atención a medios de comunicación que transmiten antivalores, la soberbia y el orgullo, las cuales son el origen de casi todos los defectos, del mismo modo que la humildad y la sencillez, son el fundamento de casi todas las cualidades. 

Existe una creencia tan falsa como difusa según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades ni obstáculos. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza y calidad. 

La camisa del casado feliz

Uno de los mejores artículos sobre el matrimonio que he leído últimamente es un resumen que se publicó en el Boletín de egresados del IESE en el que Gerardo Castillo, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, define las claves del éxito en el amor conyugal tomando como base una encuesta entre cien matrimonios de diferentes países, con un mínimo de diez años de vida conyugal, que se consideraban felices, aunque no faltasen en sus vidas algunos sinsabores y conflictos que ellos consideraban normales. Resume las conclusiones de esa encuesta en los siguientes factores de éxito:

• Evitar por todos los medios, las ofensas de palabra, acción o gestos.

• Aprender a callar, evitando discusiones inútiles.

• Aceptar al otro tal cual es y quererle con sus defectos. Hay dos tipos de defectos, las manías y los graves, son sólo los últimos los que se deberá ayudar al otro a cambiar.

• Hablar después de un pleito, no cerrar las heridas en falso.

• Si la relación con Dios es buena, por ende la relación con los esposos será también buena.

• Esforzarse cada día. Quien renuncie al esfuerzo ha firmado la sentencia de muerte de su matrimonio. Se trata de luchar, no de vencer siempre.

• Incidir siempre en la parte afectiva, un beso puede darse de mil maneras, esa agarrada de mano, ese abrir la puerta, hay mil detalles.

Casarse para toda la vida: haber tenido claro que el matrimonio es para siempre.

• Utilizar recursos para mantener la relación en buen estado y prevenir posibles conflictos: hablar a tiempo, reconocer errores, saber disculparse y saber ceder.

Convivir como personas que se quieren: sinceridad (no tener secretos con el otro), confianza, comprensión, respeto, buenos modales, delicadeza en el trato, saber callar, saber escuchar, no decir siempre la última palabra.

Cuidar cada día los pequeños detalles que hacen más grata la vida al otro.

En los enfrentamientos apelar a los buenos recuerdos y recurrir al buen humor, que desdramatiza los problemas y ayuda a ver la realidad por su lado más favorable.

• No levanten acta de las culpas del cónyuge, ni se empeñen en seguir echándole en cara cosas ya pasadas. Intenten vivir en el presente y mirar hacia adelante.

• El secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera, en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad.

  1. Las parejas más felices no siempre tienen lo mejor de todo, solo saben sacar lo mejor de lo que encuentran en su camino

• Los problemas se calman no con un grito, sino con una caricia.

¿En qué consistirá “blindar” el matrimonio?

Básicamente en vivir las virtudes humanas que llevan a la madurez y a la felicidad. La adquisición de virtudes en el matrimonio lleva a encontrar la felicidad propia buscando la felicidad del otro. La felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás. La felicidad es el resultado de una vida de entrega a los demás; por eso se puede ser feliz aunque se sufra. Dedicar a lo largo del día parte del tiempo a pensar en cosas pequeñas que puedan mejorar la relación con el cónyuge supone estar “blindando” el matrimonio. No solo basta con ser esposos, sino estar como esposos, es decir, portarse como tales, porque como escuché la semana pasada: El que “es” debe estar, porque sino, corre el riesgo de que “esté” el que no “es”.

El secreto de los matrimonios que funcionan

El secreto de los matrimonios que funcionan 300 200 Rafael

 

Vuelvo nuevamente con el tema del matrimonio ya que hace buen tiempo no se escribía nada al respecto en este blog y creo que es hora de “poner de moda” los buenos matrimonios. Y es que en las noticias los modelos de matrimonio que se venden son el de Britney Spears, el de Paul Mcartney, o muchos otros que solo hablan de matrimonios rotos o divorcios. Pero se han puesto a pensar en la cantidad de matrimonios que son exitosos? Y esto a base de esfuerzo, ya que nada es fácil en esta vida.

La vez pasada le pregunté a un amigo “Qué haces si tu empresa comienza a vender menos?” Me respondió, bueno puedo hacer muchas cosas, crear promociones, ahorrar costos, contratar personal calificado, cambiar de estrategia, etc. Y le pregunté: y pensarías en cerrar tu empresa? A lo que contestó, ni loco, haría hasta lo imposible antes de eso.

Pues bien, por qué no actuamos así con el matrimonio? Muchas parejas al primer desencanto, o por las peleas que en todo matrimonio existen, piensan en tirar la toalla sin antes lucharla. Al respecto, decía hace mas de un milenio San Juan de la Cruz:

“Corazón que no quiera

Sufrir dolores

Pase la vida libre

De amores

Quien no sabe de penas

No sabe de cosas buenas

Ni ha gustado de amores

Pues penas es el traje

De amadores…”

Uno de los mejores artículos sobre el matrimonio que he leído últimamente es un resumen que se publicó en el Boletín de egresados del IESE (una de mis principales fuentes para este blog) en el que Gerardo Castillo, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, define las claves del éxito en el amor conyugal. El libro se llama La camisa del casado feliz. El secreto de los matrimonios que funcionan (Editorial Amat, Barcelona). 

El profesor Castillo dice que “El actual monopolio de historias de desamor provoca en muchos jóvenes una desconfianza en el matrimonio“. El ha hecho una encuesta entre cien matrimonios de diferentes países, con un mínimo de diez años de vida conyugal, que se consideraban felices, aunque no faltasen en sus vidas algunos sinsabores y conflictos que ellos consideraban normales. Resume las conclusiones de esa encuesta en veinte factores de éxito. Nos dice en primer lugar que se puede vivir un matrimonio feliz, entendiendo que una felicidad no es incompatible con conflictos y crisis que pueden considerarse ‘normales’“. A los encuestados, con un mínimo de diez años de vida conyugal, no se les pedía que dieran opiniones y recetas, sino, simplemente, que contaran su experiencia.

Pretendía conocer qué es lo que de hecho (no en teoría) suele dar resultado. Basándose en este estudio, Gerardo Castillo destaca en su libro 20 factores a los que los matrimonios consultados atribuyen el éxito de su matrimonio y que reproduzco a continuación:

  1. Casarse para toda la vida: haber tenido claro que el matrimonio es para siempre.

  2. La entrega total al otro cónyuge en la vida diaria: contar desde el principio con que habrá dificultades y que se pueden superar poniendo los medios.

  3. Ser consciente de que el amor no es un hecho cumplido en el momento de la boda: es algo que se construye cada día, es una conquista permanente. Hay que recomenzar siempre, reestrenar el amor cada mañana, evitar “acostumbrarse” a vivir con el otro cayendo en la rutina. El verdadero amor sabe inventar, sabe renovarse con creatividad.

  4. Utilizar recursos para mantener la relación en buen estado y prevenir posibles conflictos: hablar a tiempo, reconocer errores, saber disculparse, saber ceder (“dar el brazo a torcer”), llegar a acuerdos, ofrecer actos de desagravio, etc.nAmor humilde, no autosuficiente, que se deja formar y ayudar, que sabe aprender.

  5. Contar con las ayudas sobrenaturales propias del matrimonio cristiano, que facilitan cumplir los deberes conyugales y superar los momentos difíciles.

  6. El buen recuerdo de unos padres que se amaban de verdad como esposos.

  7. Un buen noviazgo: trato personal, diálogo, sinceridad, conocimiento y respeto mutuo; orientado a un posible matrimonio.

  8. Ver siempre al otro cónyuge como lo primero o prioritario en la propia vida; darle atención preferente sobre otras personas e intereses.

  9. Ser feliz como efecto de hacer feliz al otro cónyuge; vivir para hacerle feliz.

  10. Compartir experiencias, problemas, estados de ánimo. Interesarse por las cosas del otro. Saber entrar en su mundo. Contar con el otro al tomar decisiones.

  11. Expresar abiertamente los sentimientos venciendo posibles falsos pudores y el miedo a confiarse totalmente en el otro cónyuge.

  12. Ser amigos además de cónyuges.

  13. Admirar al otro y mostrarle que se le admira.

  14. Aceptar y querer al otro como es, sin pretender cambiarle o adaptarle a la propia forma de ser.

  15. Convivir como personas que se quieren: sinceridad (no tener secretos con el otro), confianza, comprensión, respeto, buenos modales, delicadeza en el trato, saber callar, saber escuchar, no decir siempre la última palabra.

  16. Buscar un rato cada día para estar los dos solos y conversar. Disfrutar de la íntima compañía. Hablar de todo y pasarlo bien juntos. Crear situaciones agradables que sean materia para los buenos recuerdos.

  17. Cuidar cada día los pequeños detalles que hacen más grata la vida al otro.

  18. Resolver los conflictos en el día; no acostarse reñidos; dar el primer paso para hablar; saber reconocer errores, pedir perdón y perdonar.

  19. En los enfrentamientos apelar a los buenos recuerdos y recurrir al buen humor, que desdramatiza los problemas y ayuda a ver la realidad por su lado más favorable.

  20. Saber ajustar y afinar la relación amorosa ante los sucesivos cambios que, con el paso del tiempo, se van produciendo en la vida conyugal y familiar.

 

Claves para crecer en el matrimonio

Claves para crecer en el matrimonio 128 121 Rafael

 

El profesor Gerardo Castillo, del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, ha publicado un nuevo libro titulado Confidencias de Casados, famosos y felices, claves para crecer como matrimonio. Aquí les presento un extracto. A pesar de que se habla mucho del incremento de la tasa de divorcios y separaciones, existen también millones de matrimonios felices que permanecen en el anonimato. Ya es hora de convertirlos en buena noticia, no porque ellos lo pretendan o lo necesiten, sino porque lo necesita la sociedad actual y en especial las nuevas generaciones.

No hay que tener miedo a casarse si las cosas se hacen bien desde el noviazgo, porque el matrimonio es una lotería. El éxito o el fracaso conyugal no se pueden atribuir solo y siempre a la buena o mala suerte, ya que de algún modo, cada matrimonio, cada cónyuge se va encontrando con el fruto de lo que sembró día a día, con un resultado acorde con su grado de amor y entrega. A continuación algunas claves:

  1. Optimismo: Actualmente existen muchas estadísticas de rupturas matrimoniales pero se echa en falta conocer y difundir muchos casos de éxito matrimonial. Por tanto es importante adoptar una actitud optimista frente al matrimonio.

  2. Información: Cuando las cosas se hacen bien, el miedo desaparece, porque el miedo suele ir ligado a la falta de información. El noviazgo es un tiempo de formación: que es el matrimonio, que supone, que responsabilidades conlleva, como será la relación, etc. Pueden leer información en www.encuentra.com

  3. Compromiso de que es para siempre: La sola idea de adquirir un compromiso de por vida es algo que asusta a los jóvenes cuando piensan en relaciones de pareja. Sin embargo, aunque hoy se está perdiendo el sentido del compromiso y crece el fenómeno del “pasotismo” (temporalidad), dice Castillo que la libertad sin compromiso es una libertad inmadura, el amor sin compromiso es un amor inmaduro.

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  1. Elegir lo que te influye: No es ninguna novedad que las relaciones e influencias externas hacen tambalear las relaciones de pareja con bastante frecuencia. Contra esas influencias, hay que elegir bien las amistades, los libros, los programas de televisión, los ambientes, porque todo eso nos influye.

  2. Crisis de crecimiento: Que relaciones de pareja no atraviesan con el paso de los años alguna situación de crisis? Ante esta pregunta, el experto señala que muchas veces las crisis son solo crisis de crecimiento, crisis de edad. Con los años, hay replanteamientos, hay dudas, y es una ocasión de volver a empezar. Esa crisis da una pausa para retomar lo que se ha hecho, para intercambiar experiencias y para empezar una nueva etapa en la vida conyugal. Las crisis pueden y deben tener una lectura positiva: Que hemos aprendido del pasado para no incurrir en los mismos errores? Que nuevas oportunidades nos dan las nuevas etapas en la vida conyugal?

  3. Pensando en el otro: Aceptar al otro como es, sin pretender cambiarle, encontrar tiempo diario para estar juntos y conversar de cosas personales, vivir la mutua comprensión hasta el grado de complicidad, descubrir y admirar de modo permanente las nuevas facetas y cualidades del otro cónyuge, conquistarlo cada día, sin tomarse descansos en el amor, cuidar los pequeños detalles en la convivencia, mantener el mutuo respeto de palabra y de obra, son algunos de los temas que ayudarán bastante a fortalecer la relación.”

Enamorarse para siempre

Enamorarse para siempre 84 128 Rafael

Ustedes perdonen, pero me tomé algunos días de vacaciones y no tenía acceso a Internet, así que dejé de escribir un par de semanas. Ahora si prometo escribir puntualmente todos los Lunes.

 

A pesar de haberme casado hace relativamente muy poco tiempo, tengo varios amigos casados que ya se han separado, sus matrimonios no duraron ni 3 años, en algunos casos ni siquiera uno. Quizá el caso mas trágico es el de uno que estuvieron 8 años de enamorados y a los 6 meses de casados se separaron. Por qué?

Una de las principales razones puede ser la concepción del matrimonio y del amor que tiene una persona cuando se casa. Está claro que si uno va al matrimonio pensando que si funciona bien y si no también (se divorcia y se vuelve a casar por civil), pues ese matrimonio va directo al fracaso. Cuando les preguntaba a mis amigos, por qué se habían separado una de las primeras razones era porque “ya no había amor en su relación”.

Como dice un amigo español, el buen Aníbal, Para que haya amor, hay que amar. Así es, parece una frase muy simple, pero es bastante profunda. El dice que el Amor es un sustantivo y por tanto refleja estatismo, amar es un verbo y refleja por tanto acción. Parece un juego de palabras pero no lo es.Nos comenta también que el amor es estático, no se mueve, no avanza, no crece, no se recupera ……. si no se ama.

El amor necesita la acción de amar. Por eso, justifican que el amor igual que viene se va y es cierto, el amor para permanecer necesita del verbo amar.¿Cual es la solución cuando ya no hay amor? Amar, amar más. Hay un conocido proverbio que dice: Hay que sembrar amor, donde no hay amor, para cosechar amor. En la medida en la que ames más habrá más amor. Quizás sea esta una de las claves de la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El enamoramiento viene y va, el amor se quiere, se busca, se defiende, se trabaja.

Que cuesta porque ya no sientes lo mismo? Pues claro que cuesta. En esta vida no hay lonche gratis. Pero todo lo que cuesta vale. Además, que significa eso de “sentir”? Definitivamente la solidez de un matrimonio no se puede sustentar en que “hoy siento que te amo”, “hoy no siento nada por ti”. No podemos dejarle todo el trabajo al corazón, hay que aprender a sentir también con la cabeza, con la inteligencia, con la lógica, la cual nos hará pensar en que muchas veces tenemos que hacer cosas que no “tenemos ganas” porque hay que hacerlas, porque es lo que se debe hacer en ese momento.

El amor de los enamorados es como un “flash” en una cámara de fotos, luego del flash, (una vez que nos casamos) ya no hay esa misma intensidad, ese amor chiquillo, ese “bichito del amor” que te hace estar loco por la otra persona, pero el amor es diferente, eso no significa que no se ame, pues claro que se ama, y se puede seguir estando loco por la otra persona (justamente de eso se trata) pero de otra forma, quitando un poco de espacio al sentimiento y dándole cabida a la inteligencia.

¿Has pensado alguna vez que ya no hay amor en tu relación? ¿Que se ha ido?. Ama y verás como vuelve, dale vueltas a esta idea y verás como las cosas se pueden ver de otra manera . Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta demasiada atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fuera automático. Así pasa con demasiada frecuencia con el amor matrimonial ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Porqué se iban a casar si no fuera así?.Sin embargo el mayor peligro de lo natural es precisamente ese, al ser considerado natural se entiende que no hace falta preocuparse de ello, está ahí. Precisamente por esa razón pienso que hay que dedicar tiempo al amor entre los esposos. Nunca, ni en los mejores días hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte.

Muchas personas piensan que el amor fuerte es el que despierta pasiones y sentimientos volcánicos y ello encierra un gran peligro para el amor verdadero. El amor más fuerte es el que supone querer al otro cada día, no haciéndolo depender de emociones fuertes. Hace falta aprender a amar y …. amar precisamente cuando el amor no parece fuerte porque faltan las emociones.

El matrimonio y los estados de animo

El matrimonio y los estados de animo 128 91 Rafael

 

Hace poco leí este pequeño artículo, de un buen amigo español que ha participado en algunos posts de este blog, Anibal Cuevas, un gran escritor, pensador y especialista en relaciones conyugales. Nos cuenta sobre lo que hay que tener en cuenta para sobrellevar los estados de ánimo en el matrimonio, pero que también se pueden aplicar para aquellos que estén de enamorados.

Los estados de animo reflejan como está nuestra afectividad, provocan que veamos las cosas de una manera subjetiva, positiva o negativamente. Por el contrario, la inteligencia ve la realidad de forma objetiva .

Saber que en el matrimonio ocurre algo similar a los ciclos de la luz sobre el planeta Tierra puede ayudar a discernir sobre el papel de la afectividad en las relaciones conyugales. La luz del sol sobre la tierra admite muchas tonalidades: amanecer, mediodía, crepúsculo, anochecer… La luz del sol se da siempre, la luz depende de la Tierra.

Los estados de animo son las distintas posiciones de la tierra, el sol está siempre ahí. Con los cambios de los estados de animo cambia nuestra percepción del amor, del otro, lo cual no significa que no haya sol. Somos así. Y así, cuando anochezca habrá que procurar pasar la noche y esperar a que salga el sol ¡que siempre sale! Resulta muy importante nunca tomar decisiones conyugales en función del estado de animo.

Como mejorar el matrimonio

Como mejorar el matrimonio 98 128 Rafael

A continuación he tomado el resumen del post de un amigo español, especialista en el tema de matrimonios, que me pareció muy útil para mi vida.

El menciona que en nnla antigua Grecia se entendía que lo que hacía más digno y feliz al hombre era la adquisición de virtudes. El camino de la madurez humana y de la felicidad pasaba por el ejercicio de las virtudes. Vivir las virtudes exigía y exige esfuerzo. Ser ordenado, generoso, sincero, vivir la laboriosidad, etc.  exige, bien lo sabemos, un trabajo. Todos sabemos que el trabajo supone esfuerzo. Desde que suena el despertador hasta que se apaga la luz por la noche hay que vencerse en numerosas ocasiones y, en muchos casos, hacer lo contrario de lo que apetece, porque es realmente lo que mas nos conviene y los que nos hace mejores personas. Sin embargo, a pesar de lo dicho, esa lucha supone gozo y paz; sentirse contentos. Del trabajo se consiguen muchas cosas positivas. Proporciona satisfacciones cuando está bien hecho, eleva la autoestima cuando es reconocido por otros, facilita amistades y relaciones humanas, sirve para mantener a la familia. Trabajo y esfuerzo van unidos y, sin embargo, no por ello el trabajo es algo que, en general, se considere negativo. ¿Por qué es esto así? Pienso que, en parte, porque se sabe disfrutar de lo positivo que hay en él.

¿En qué consistirá “trabajar” el matrimonio? Básicamente en vivir las virtudes humanas que llevan a la madurez y annla felicidad. La adquisición de virtudes en el matrimonio lleva a encontrar la felicidad propia buscando la felicidad del otro. La felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás. La felicidad no es un derecho, ni dentro ni fuera del matrimonio. La felicidad es el resultado de una vida de entrega a los demás; por eso se puede ser feliz aunque se sufra. Dedicar a lo largo del día parte del tiempo a pensar en cosas pequeñas que puedan mejorar la relación con el cónyuge supone estar “trabajando” el matrimonio. Buscar minutos para estar a solas con él/ella es “trabajar” el matrimonio. Impedir que otro/a ocupe en la cabeza el lugar que sólo le corresponde a él/ella, es un compromiso libremente adquirido al casarse,  es “trabajar” el matrimonio; estar pendiente de detalles para hacer más feliz al otro es “trabajar” el matrimonio. Tener el convencimiento de que el matrimonio se hace día a día, que la ceremonia de la boda sólo fue el principio y que, como decía Machado “¡Caminante no hay camino; se hace camino al andar!” es “trabajar” el matrimonio. No solo basta con ser esposo, sino estar como esposo, es decir, portarse como tal, porque como escuché la semana pasada: El que “es” debe estar, porque sino, corre el riesgo de que “esté” el que no “es”.

Casarse o vivir juntos?

Casarse o vivir juntos? 111 47 Rafael
 

Mis queridos lectores, espero que hayan pasado un buen año 2006 y hayan celebrado a lo grande la llegada de este 2007. Yo realmente la pase extraordinariamente bien. Hoy les quiero mostrar un artículo de un periodista americano, muy agudo, Dennis Prager, www.dennisprager.com en el cual resume en 5 puntos argumentos no religiosos que fundamentan la propuesta del matrimonio. 

El es autor de “La felicidad es un serio problema: manual de reparación de la naturaleza humana”, y al asistir a las bodas de sus hijos, entendió mejor por qué casarse es distinto que simplemente cohabitar. 

“Yo siempre he creído que no hay comparación posible entre vivir juntos y el matrimonio. Hay enormes diferencias entre ser esposo o esposa y ser “un compañero”, “un amigo”, o un “compañero sentimental”; enormes diferencias entre un compromiso legal y una asociación voluntaria; entre levantarse ante la sociedad y anunciar públicamente tu compromiso y el vivir, simplemente, junto a otro. Al asistir a las bodas de dos de mis tres hijos este pasado verano vi las diferencias con más claridad.”

Primera diferencia: desde que te casas, ves la relación con más seriedad

No importa lo que pensabas cuando cohabitabas; en el momento que te casas tu relación con el otro cambia. Ahora has hecho un compromiso con el otro como esposo o esposa delante de casi toda la gente importante de tu vida. Ahora ves el uno al otro con una luz diferente, más seria.

Segunda diferencia: las palabras sí importan

Las palabras nos afectan profundamente. Vivir con tu “novio” no es lo mismo que con tu “esposo”. Y vivir con tu “amiga” o cualquier otro título que le des no es lo mismo que hacer un hogar con tu “esposa”. Cuando presentas a esa persona como tu esposo o esposa, estás haciendo una afirmación más importante sobre el papel de esa persona en tu vida que con cualquier otro título.

Tercera diferencia: la legalidad sí importa

Estar legalmente atado y ser responsable por otra persona es algo que importa. Es un anuncio para él/ella y para ti de que tomas esta relación con la máxima seriedad. Ninguna palabra de afecto, promesas de compromiso, etc… no importa lo sinceras que sean, pueden igualar la seriedad de un compromiso legal.

Cuarta diferencia: jamás reunirás a tanta gente que te importa

Para ver lo importante que es el matrimonio para la inmensa mayoría de la gente que te importa, piensa en esto: no hay ningún acontecimiento, ninguna ocasión, ningún momento en tu vida en el que tanta gente que te importa se reunirá en un lugar como en tu boda.

Ni el nacimiento de ninguno de tus hijos, ni un cumpleaños importante, ni la confirmación o la bar-mitzvah de tus hijos… Sólo hay otro momento en que se reunirá en un lugar la mayoría de las personas que aprecias y que te aprecian: es en tu funeral. Pero, a menos que mueras joven, para entonces casi todas las personas que amas mayores que tú ya habrán muerto.

Así que tu boda es la mayor concentración de seres amados de tu vida. Y eso es por una razón: es el momento más grande de tu vida. Un momento así no sucederá jamás si no tienes una boda.

Quinta diferencia: sólo el matrimonio convierte ajenos en familia

Sólo mediante el matrimonio la familia de tu hombre o tu mujer será tu familia. Las dos bodas transformaron a la mujer que estaba en la vida de mi hijo en mi nuera, y transformaron al hombre de la vida de mi hija en mi yerno. E instantáneamente las bodas me convirtieron en suegro, cuando antes era sólo “el padre de su novio/a”. Fue la idea que más me impactó. Ahora yo era pariente de las parejas de mis hijos. Sus parientes y padres se convirtieron en familia. Nada comparable sucede cuando dos personas cohabitan sin casarse.

Corazon y cabeza inteligentes

Corazon y cabeza inteligentes 71 96 Rafael

 

Ayer tuve la oportunidad de conocer a uno de los mas grandes pensadores sobre la felicidad en el matrimonio, que es Anibal Cuevas. Vale la pena ver su blog: http://www.anibalcuevas.blogs.com/

Justamente, de su blog he querido resumirles uno artículo que me pareció muy interesante sobre matrimonio y sentimiento. En el artículo, Anibal nos dice que existe una idea cada vez mas extendida según la cual lo importante para las personas son los sentimientos. Según esta idea son los sentimientos los que deben guiar las relaciones entre las personas, influir a la hora de tomar decisiones, decidir lo que está bien o mal, definir la verdad o la mentira, etc.

Se ha dejado de lado lo relacionado con la voluntad y la inteligencia y se va a lo mas fácil.  Este se ve mucho en el trabajo, cuando nos “sentimos medio cansados” y no terminamos bien hecho nuestro trabajo, en lugar de ser fuertes y hacerlo bien. Aplicado éste principio al matrimonio, éste funcionaría mientras funcionen los sentimientos de manera que cuando se dejase de “sentir” amor por el cónyuge el matrimonio perdería su sentido. Llevados de esta idea que cada vez está mas extendida, cuando los sentimientos desaparecen o la convivencia se hace cuesta arriba muchas personas empiezan a buscar fuera lo que no encuentran dentro. En vez de concentrar su atención y esfuerzo en recuperar o reconstruir ese amor, se dejan llevar de lo que sienten o de lo más fácil: sentirse víctimas y buscar consuelos.

Algo tan fundamental y que afecta aspectos tan íntimos de las personas como es el amor no puede estar sustentado exclusivamente sobre algo tan frágil y quebradizo como son los sentimientos que por su propia naturaleza son oscilantes y sujetos a altibajos que, en la mayoría de los casos, no dependen de la voluntad de uno mismo. Los sentimientos dependen de numerosos factores internos y externos al hombre y annla mujer. Factores tales como la climatología, el cansancio, los desarreglos hormonales, el stress, etc… hacen que varíen nuestros sentimientos y estados de ánimo. El matrimonio debe estar afianzado y construido sobre algo más sólido como la voluntad,nnla inteligencia. Debe ser guiado por el corazón y la cabeza, lo cual hace un amor inteligente. En los siguientes artículos podremos profundizar sobre estos temas.

Existen claves para el éxito matrimonial

Existen claves para el éxito matrimonial 64 96 Rafael

Leí este artículo que apareció en el diario Zenit de Madrid hace unos días y me pareció muy útil, así que aquí se los paso. Entrevista con el profesornnGerardo Castillo

MADRID, martes, (ZENIT.org).- Consciente de que los jóvenes buscan «modelos de identificación», el profesornnGerardo Castillo –del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra (http://www.unav.es/)- les propone los testimonios de primera mano de «casados, famosos y felices».

El objetivo que persigue con esta publicación el profesor de la Universidad de Navarra es «infundir optimismo en los jóvenes» frente al matrimonio. Existen muchas estadísticas de rupturas matrimoniales, pero «se echa en falta conocer y difundir también datos e historias de éxito conyugal», reconoce.

En el marco de la presentación –celebrada en Madrid el lunes- de su último título, conversó con Zenit.

–Se presenta usted como un hombre casado, feliz y no famoso, tiene seis hijas y siete nietas; es profesor universitario, en contacto constante con estudiantes. Si pudiera darles un consejo personal, ¿qué diría a los jóvenes que tienen miedo a casarse?

–Profesor Castillo: Les diría que cuando las cosas se hacen bien, el miedo desaparece, porque el miedo suele ir ligado a la falta de información. Que el noviazgo es un tiempo de formación: qué es el matrimonio, qué supone, qué responsabilidades conlleva, qué es luego la relación de vida conyugal, cómo aprender a convivir… Para eso hay libros, y en este libro se habla muchísimo de ello. Y les diría también que apuesten por el verdadero amor: primero, que se enteren de qué es el verdadero amor, distinguiéndolo del falso amor, y luego apostar por él, porque cuando se apuesta hay más posibilidades de que sea un amor ganador, y no un amor perdedor.

–¿El miedo al compromiso es también un factor que influye en el rechazo a tener hijos?

–Profesor Castillo: Por supuesto. Hoy se está perdiendo el sentido del compromiso, no sólo en el amor, sino en todos los aspectos dennla vida. Cada vez hay más gente que dice: a mí no me compliques la vida, a mí no me apuntes a nada: es el fenómeno del «pasotismo». Es una falta de responsabilidad; la libertad sin compromiso es una libertad inmadura; el amor sin compromiso es un amor inmaduro. Es el compromiso lo que le da madurez a la libertad y al amor. El pasota no es un rebelde, como a veces se ha dicho; es un conformista. Y hay mucho conformismo en el amor. Por eso yo aliento a los jóvenes y a los menos jóvenes a que sean inconformistas en el amor. Que no se conformen con el amor que se reduce a sexo, que se reduce a pasión, sino que aspiren a que esa pasión y ese sexo estén integrados en un encuentro interpersonal dentro de un amor de entrega total, de un amor comprometido que es el matrimonio.

–Aunque no hay recetas únicas, ¿podría sintetizar qué es lo fundamental para que el matrimonio «funcione», claves que sean comunes para personas que no son ni serán famosas?

–Profesor Castillo: Para que el matrimonio funcione lo fundamental es el compromiso, es decir, el pacto conyugal entre él y ella, el libre consentimiento, es decir, «te querré siempre». Porque ese compromiso de amor fiel y para siempre hace que se salga ya con ventaja en el amor; en cambio la duda, el amor provisional, es amor perdedor que hace más difícil que las cosas resulten bien.

–¿Cuáles son las circunstancias externas a las que cree que los cónyuges deben prestar más atención para evitar que su matrimonio peligre?

–Profesor Castillo: Las situaciones externas pueden ser ciertos programas de televisión, me refiero a los programas «basura»; ciertos libros -también libros «basura»- sobre el tema, que presentan el amor y el matrimonio de forma degradada; ciertos malos ambientes, quizá de costumbres que no son presentables. Creo que hay que elegir bien las amistades, los libros, los programas de televisión, los ambientes, porque todo eso nos influye, querámoslo o no. De hecho, quienes están bien casados suelen decir: «Es que yo conocí a mi esposa en un buen lugar, en un buen ambiente; era una escuela con valores; éramos vecinas dos familias con valores, con ideas claras». Creo que hay que ser prudente. Uno de los personajes [del libro], Lorenzo Servitje [el fundador dennla empresa BIMBO], decía: «En el matrimonio hay que procurar no distraerse con cosas ajenas al matrimonio». «Distraerse» entre comillas, por ejemplo, con otras personas que pueden realmente ser un factor de infidelidad. Hoy hay muchos casos de infidelidad que empiezan de forma pequeña, pero la infidelidad puede ir creciendo a base de familiaridades, o de confidencias. Hay que ser muy prudente, porque si no luego es difícil parar ese error.

–¿Qué papel le parece que juega la fe, cristiana en concreto, en el éxito de un matrimonio?

–Profesor Castillo: Como dice otro de los personajes del libro, Alfonso del Corral, cuando el matrimonio, además de ser realidad natural –o contrato natural, que ya como tal, antes de ser Sacramento, es de uno con una para siempre, abiertos a los hijos, una realidad indisoluble, para todo el mundo-, le unen los creyentes el matrimonio como realidad sobrenatural –el Sacramento del matrimonio, instituido por Jesucristo, quien lo eleva de realidad natural a realidad sobrenatural-, ya no son dos (él y ella), sino tres: ahí está Dios. Y cuando Dios está presente en ese matrimonio, se juega con mucha ventaja. Se recibe la Gracia del matrimonio, y ayuda a vencer las dificultades diarias. Uno de los elementos es la caridad sobrenatural; ésta ayuda mucho a relacionarse, a comprenderse, a convivir.

–¿Qué sugeriría a un matrimonio que está en crisis?

–Profesor Castillo: Le diría que no tome la crisis en sentido literal o en sentido absoluto. Muchas veces las crisis son sólo crisis de crecimiento, crisis de edad. Con los años, hay replanteamientos, hay dudas, y es una ocasión de volver a empezar. Esa crisis da una pausa para retomar lo que se ha hecho, para intercambiar experiencias y para empezar una nueva etapa en la vida conyugal. Las crisis pueden tener y deben tener una lectura positiva, por ejemplo: «¿Qué hemos aprendido del pasado para no incurrir en los mismos errores? ¿Qué nuevas oportunidades nos dan las nuevas etapas de la vida conyugal?». Siempre existe una lectura positiva; aprovechar la experiencia del pasado para plantear nuevas metas en la vida conyugal. Las crisis no hay que tomarlas necesariamente como situación patológica; las crisis representan esfuerzo para superarse en un momento dado en el que parece que las cosas van mal.

Blindar el Matrimonio

Blindar el Matrimonio 673 563 Rafael

Leí este artículo en el blog de Anibal Cuevas, me pareció muy interesante y además es completamente válido lo que dice.

“Leo en

un diario que las principales causas de divorcio o separación son la infidelidad, el poco tiempo que pasan las parejas juntos y las discusiones por el numero de hijos. Me enseñaron que donde hay obstáculos hay oportunidades.Los factores de éxito son pues, mantener la fidelidad, compartir tiempo e ilusiones y haber hablado antes de un asunto tan importantes como los hijos, no solo de tener o no tener sino también de su educación.

El matrimonio, como todo lo que merece la pena, requiere esfuerzo y dedicación y no puede basarse en el azar o la apetencia. Tenemos las causas del fracaso, apliquemos el remedio. ¡Manos a la obra, vale la pena!

Diane Soley de la Universidad de Denver mantiene que gran parte del exito en el matrimonio está en adquirir habilidades para la relación de pareja. Su estudio indica que la media de fracasos matrimoniales en los tres primeros años ronda el 17% y que sin embargo entre las parejas que han recibido orientación familiar solo fracasan el 2%.

Si se dedicaran recursos a salvar matrimonios, si se empleara un 10% del tiempo que se dedica al deporte a prepararse para tener éxito en el matrimonio, las personas serían mucho mas felices.Creo que independientemente de creencias morales o religiosas, el divorcio no es algo bueno ni para las personas ni para la sociedad.

Detrás de cada matrimonio hay un proyecto personal y común. Cada divorcio es un fracaso de ese proyecto y genera por tanto mucho sufrimiento .Sin embargo pienso que las personas que se divorcian no han pasado necesariamente por mayores dificultades que quienes permanecen casados; simplemente han sabido gestionar peor las situaciones de crisis.

Toda convivencia es difícil y el matrimonio no está libre de esa dificultad. Cuando se apuesta por mantener el matrimonio y se pide la ayuda conveniente las crisis se pueden superar.Salvar el matrimonio supone luchar por él desde el primer día para que no lleguen las crisis o para que cuando lleguen se tenga mayor capacidad de superarlas. Uno de los principales problemas se plantea cuando se piensa y actúa como si el amor y el matrimonio fueran algo autónomo que funciona por inercia y que se defiende sólo.Amar supone esfuerzo, entregar, a veces sufrir y …… siempre ser muy, muy feliz.”