Ideas para ser feliz

La fórmula del éxito

La fórmula del éxito 200 300 Rafael

Continuando con el tema del éxito que escribí la semana pasada, ésta les presento un reumen de la fórmula del éxito que presenta Anthony Robbins, acaso el “gurú” actual más importante actualmente en estos temas. Junto a esta fórmula Robbins define algunos factores potenciadores ya que sirven de impulso para hacer lo necesario para triunfar y son activadores básicos que pueden garantizar el éxito.n1. Pasión: Es la fuerza interior o impulso interno que mueve hacia la ejecución de acciones de una manera enérgica, para lograr las metas planteadas.n2. Fe: Tiene que ver con el poder de las creencias. Afirma que es nuestra fe en lo que somos y la certidumbre interna de alcanzar nuestras metas lo que determina los resultados que obtendremos.n3. Estrategia: Los pasos, acciones y recursos específicos a utilizar para el logro de la meta.n4. Claridad de valores: Son determinantes los juicios de orden ético, moral y práctico que sustentan nuestra estructura personal, porque están relacionados con el sistema de creencias que sustenta nuestra visión del bien y del mal. Por lo tanto debe existir congruencia entre las metas que nos planteamos y nuestros valores.n5. Energía: Tiene que ver con la vitalidad que se necesita para actuar en el orden físico, intelectual y psicológico, a fin de aprovechar al máximo nuestras posibilidades y por ende, las oportunidades que se nos presenten.n6. Poder de adhesión: Posibilidad de conectar y establecer relaciones con las demás personas, lo que tiene que ver con la actitud para comunicarse con el entorno.n7. Maestría en las comunicaciones: Para lograr el triunfo es necesario comunicarnos de manera óptima, tanto interna como externamente.

Todos estos elementos están íntimamente relacionados y son parte de un sistema de apoyo básico para lograr el exito.

¿Cómo saber si somos exitosos?

¿Cómo saber si somos exitosos? 300 225 Rafael

Difícil y trascendental pregunta para todos aquellos que buscamos conseguir el éxito y luego de leer y preguntar mucho al respecto concluyo que depende de cada persona, de los objetivos que se haya trazado y de cuan cerca esté de ellos independientemente de que tan ambiciosos sean éstos.

 ¿Qué nos motiva? ¿Qué nos hace vivir felices? ¿Cuáles son nuestras inquietudes, sueños e ideales más profundos? ¿Qué problemas nos quitan el sueño? ¿Qué nos apasiona? La respuesta a estas preguntas es una pista segura para descubrir nuestros reales motivadores y objetivos en la vida.

El éxito se suele asociar a la cuenta bancaria, factor importante pero no decisivo para medir el éxito. En lo personal, además de dicho factor incluiría el nivel de felicidad, de ser y estar feliz, el reír mucho y a menudo, el ganarse el respeto, el reconocimiento y el cariño de la gente. Si enfocamos el tema desde el punto de vista familiar, mi éxito depende de la sonrisa y bienestar de aquellas personas que forman parte de mi vida, si hablo de mi hijo, me sentiré exitoso si es que cuando tenga uso de razón pueda sentirse orgulloso de si mismo, si hablo del trabajo, mi definición de éxito estará ligada a la rentabilidad económica sobre las expectativas pero sobre todo al crecimiento personal y laboral del gran equipo que trabaja conmigo.

Santiago Alvarez de Mon decía lo siguiente sobre lo que significa el éxito: “Para mi, es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de mis habilidades.  Ese universo de intenciones, esfuerzos y trabajo preparado a conciencia lo controlo yo, es donde me cito a diario con lo mejor de mi persona. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de mi labor, los aplausos, las pifias, forman parte de otro partido en el que no llevo las riendas. Del otro sí sé  y entiendo. Desde la paz y tranquilidad que da el saber que te has vaciado íntegro, que no has dejado nada en la recamara, entonces se puede apuntar a otros tiempos y lugares por los que suele transitar y perderse el auténtico éxito.”

Tiene mucha razón, y complementando su comentario se me viene a la memoria aquella inolvidable frase de Valero Rivera, “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro”. Dicho de otro modo, solo ganamos, solo conseguimos el éxito, cuando nos damos el todo por el todo, cuando (como dicen los españoles) “nos jugamos la piel”, independientemente del resultado. Éste es una consecuencia, si hacemos las cosas bien, vendrá tarde o temprano, de nada sirve andar enfadados con el tiempo.

Estás aquí para ser feliz

Estás aquí para ser feliz 300 199 Rafael

En estos tiempos de tanto estrés, que bueno es recordar que estamos en esta vida, como aves de paso, para ser felices.

Ahora, ser felices no es lo mismo que estar felices. Mucha gente vive para estar feliz, más no para serlo. Y allí viene justamente la principal fuente de insatisfacción. Por supuesto que hay que buscar estar felices, pero más importante aun es buscar ser felices.

 ¿Cuál es la diferencia? Estar feliz es pasajero, es un bienestar. Yo puedo estar deprimido, me emborracho, me olvido temporalmente de las penas y estoy feliz, pero se pasa la borrachera y vuelvo a mi estado depresivo. Son trampas mentales. El ser feliz implica hacer cosas que a veces no nos gustan pero que a la larga valen la pena. Uno es feliz si vive con la conciencia tranquila de hacer todo lo que debe en el momento en el que se tiene que hacer. No es un tema de dinero, de posición social, ni siquiera de salud. He conocido a muchos enfermos que son felices y muchos sanos que no lo son porque saben que en esta vida, para los que obran con rectitud de intención, todo es para bien. El Papa Benedicto XVI, en su reciente viaje a Malta, expresó: “Los naufragios de la vida forman parte del proyecto de Dios para nosotros y pueden ser útiles para nuevos inicios en nuestra vida… “

 Es un tema de actitud frente a la vida, de saber enfrentar la adversidad, darle la bienvenida cuando llega, de saber tomar las decisiones correctas, pensadas a veces con el cerebro y a veces con el corazón. Muchas veces, nuestras decisiones las basamos en el sentimiento únicamente -“tengo ganas de”-, ya que sabemos que si las analizamos racionalmente no lo haríamos. C. S. Lewis decía en su libro, Una pena en observación: “Sentimientos, sentimientos, sentimientos. Vamos a ver si en vez de tanto sentir, puedo pensar un poco. Los extremos son malos. En el otro lado, el científico, encerrado en su laboratorio, en su burbuja insípida y cerebral, piensa tanto que se olvida de sentir. Pienso,  ¿no se podrá pensar y sentir a la vez, sentir y pensar indistintamente? ¿Lo tenemos que presentar y experimentar como una polaridad excluyente? ¿No son dos facultades complementarias? ¿Se puede vivir sin pensar, sin sentir?”

 Para ser felices necesitamos en primer lugar trazar nuestro plan a futuro y saber como queremos vivir de aquí a los siguientes 5, 10, 15 años y enfocarnos en conseguirlo. Desconfiemos de lo que nos promete éxito sin esfuerzo.

 Algunos consejos de primera mano que comparto con ustedes para vivir felices:¿Quieres ser más feliz? No te enfoques en tu felicidad, por el contrario, asegúrate de que la gente que te rodea sea feliz, y ayúdala a serlo. Cerciórate de que la gente la pase bien y ría a menudo. ¿Quieres ganar el próximo partido? Olvídate de esa meta inmediata y disfruta y aprende mientras sudes. Vacúnate del tremendismo y la queja permanentes, inyéctate en el organismo dosis permanentes de alboroto y entretenimiento. Si no hay humor, si no nos reímos de nosotros mismos, nada bueno puede esperarse.

Los dejo con este video que lleva el mismo título que mi post: En esta vida estamos para ser felices. Véanlo, muy bueno: http://www.youtube.com/watch?v=tzc3FFJDKU8&feature=related

¿Qué te ha enseñado la vida? Segunda parte

¿Qué te ha enseñado la vida? Segunda parte 300 300 Rafael

¿Soñar o dejar de soñar?

Al pensar en la pregunta sobre lo que me había enseñado la vida, una de las primeras palabras que me vinieron a la mente fue el hecho de soñar, tener una ilusión por algo. Por un lado, escucho a los gurús diciendo que el único camino para salir adelante pasa por tener objetivos muy altos, pero por otro escucho que no se puede vivir soñando la vida, sino viviendo tus sueños aterrizándolos lo más pronto posible.

 Como ya lo he dicho anteriormente en mi artículo “Soñar, que importante hacerlo despierto”, reconozco que algunas veces los sueños inalcanzables puedan ser el reflejo de nuestro ego, astuto y poco calculador, que cree que puede dar mucho más de lo que realmente da y se resiste a abandonarlos, lo cual me produce una cierta desazón de no poder llegar. Sin embargo, el no tener esos sueños tan retadores, me haría un mediocre que se contenta con lo que tiene y me quitaría las ganas de seguir mejorando. ¿Dónde está entonces ese punto medio?

 Para aclarar mis ideas me he acompañado de Etty Hillesum, una mujer que sobrevivió al Holocausto. Decía: “Detrás del telón, sumergido en la soledad y silencio del patio trasero, es posible que mi yo más auténtico se decida a vivir su vida real y “vulgar”, no la alternativa de confetis y fuegos artificiales. Hay que evitar soñar permanentemente con una vida distinta, es preferible aceptar la actual de corazón. La vida es buena y bella tal como es, incluso en su parte de dolor. Soñando la empresa perfecta, el país de las maravillas, la familia angelical, me voy haciendo huraña y amargada, que broma tan pesada!. ¿Todo se reduce entonces a dejar de soñar, a tirar por la borda proyectos y causas nobles que nos significan y alimentan espiritualmente? No, de ser así sería un muerto andante, el peor de los muertos. Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado”.

 Pero entonces, ¿Qué hacemos con nuestro orgullo? ¿Cómo encausarlo para que sea un aliado nuestro y no un enemigo que lo único que busca es intranquilizarnos proponiendo constantemente situaciones en las que por ahora no podemos llegar (te mereces un aumento de sueldo, te mereces un viaje a Europa, te mereces ser el Gerente General, te mereces la chica más linda, te mereces…etc,etc,etc? Decía Erasmo de Rotterdam: “La vida entera es como un teatro. Es una comedia como cualquiera en la que unos y otros salen disfrazados con diferentes máscaras a representar sus respectivos papeles hasta que terminando el espectáculo se retiran de la escena. A veces, en la vida real como en el teatro, un mismo actor se disfraza con diferentes trajes, y así, el que llevó sobre su cabeza la corona de rey, viste  luego los andrajos del siervo. Todo es simulación, en la escena como en la vida, y hemos de reconocer que no hay manera de representar la comedia de otro modo.”

 Y así nos pasa, en esa “comedia”, en la que nos toca vivir, ahora que nuestro personaje es un ejecutivo, un trabajador, un estudiantes o lo que fuera, es decisivo tener presente que es tan sólo una función teatral, que el espectáculo llegará a su fin, el público se irá a su casa, el personaje se quitará sus máscaras y quedará sola la persona. Entonces,  si la vida tiene mucho de esta comedia ¿Por qué creer que uno se merece todo? Hoy estoy aquí, mañana, ¿Quién sabe?. Siendo la misma persona, de repente mañana te mueven el sillón, el jefe y el contrato, más aun ahora en estos tiempos de crisis.

 Quizá el arte para aprender de la vida y aplicar nuestros sueños está en saber ponderar en su justa medida y escoger ese punto medio entre ser ambicioso, tener objetivos nobles, muy altos y retadores, y a la vez vivir la vida que nos ha tocado, enfocándonos en que es lo que hay, (sea buena, mala o regular), y tratar de vivir contentos con lo que tenemos. Dicen que para ser feliz no hay que hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace, y tiene mucho sentido. Cuantos nos dejamos llevar por esos objetivos completamente inalcanzables y vivimos angustiados de no alcanzarlos, y cuando lo hacemos, nos trazamos otros más inalcanzables todavía, de forma tal que lo único que hacemos es buscar vivir en la angustia. Y claro, cuantos también nos contentamos con lo que tenemos y no buscamos más, con lo cual nos quedamos anclados en nuestra zona de confort, pero que a la larga nos tira para abajo, cuando hemos podido estar mucho mejor. Vale la pena analizarnos e identificar cuales son los objetivos que tenemos por los que realmente vale la pena luchar y hasta morir en el intento, y cuales es mejor dejarlos de lado. Dicen que el arte de ganar una guerra no es querer pelear todas las batallas, sino escoger las que valen la pena, y ceder el resto.

 Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida, los suelen tomar los pasajeros despiertos y precavidos que están dispuestos a preguntarse y repreguntarse las preguntas que realmente valen la pena hacerse.

¿Qué cualidades debe tener un buen líder?

¿Qué cualidades debe tener un buen líder? 243 300 Rafael

Esta semana he decidido publicar parte de una reciente entrevista a uno de los gurús a nivel mundial en temas de liderazgo, Santiago Alvarez de Mon, la cual nos invita a reflexionar acerca de la importancia del enfoque y lo que realmente importa en nuestra vida:

-Como autor de numerosos libros sobre liderazgo, ¿qué cualidades debe tener un buen líder?

-Muchísimas cualidades. La primera, humildad para abrir los ojos, tener una mente flexible y un corazón humilde, para estar en contacto con la realidad. Hay que tener una mirada ingenua -entiéndase ingenua por cándida y virgen- y, a partir de ahí, talento para entender los retos planteados, talento para apoyarse en el talento. El problema de la mediocridad es que busca la mediocridad; en cambio, el talento invita al talento. Al respecto, no hay que tener carácter, el carácter sólo para tomar decisiones, a veces ingratas, para asumir responsabilidades, para no creerse el éxito cuando te visita, para levantarte cuando tropiezas…

-¿Qué entiende usted por talento?

-El talento requiere esfuerzo, trabajo y disciplina. A mí siempre me gusta decir que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta». No conozco a nadie que no tenga talento, pero sí conozco a mucha gente que está desubicada.

-¿Se puede hacer algo excepcional sin involucrar al corazón?

-No, creo que no. Ya lo dijo el matemático Pascal, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». La razón en su cumbre, en su cúspide, es prudente y humilde e invita al corazón, porque sabe que, al final, es el que da el toque mágico, ese toque de distinción. Hay cosas indispensables que pertenecen al ámbito del corazón y, como dijo ‘El Principito’, «lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver con el corazón».

-¿España puede presumir de tener líderes excepcionales?

-Conozco a muchos líderes excepcionales, pero no aparecen en los periódicos. Todos los días me tropiezo con gente extraordinaria, con personas con mucho talento en el mundo empresarial, educativo… pero muy pocos de ellos salen en prensa. Probablemente, los que salen son profesionales del poder, pero no líderes. El líder seduce, conversa… Estamos muy faltos de liderazgo en este país.

-¿Cuál es el ingrediente clave para conseguir el éxito tanto personal como profesional?

-El ego al trabajo. No conozco a nadie que haya conseguido el éxito sin trabajo, constancia y paciencia. La humildad también es importante, para que, cuando llegue el éxito, no creérselo demasiado, asumir los errores e identificar el fracaso. También son importantes los valores, como la integridad, la bondad, la amistad…

-Dicen que hay gente que nace con estrella y otros estrellados. ¿Qué opina usted al respecto?

-Cuando hablo con la gente de la calle, muchos me hablan de que han tenido suerte y otros, apelan a la mala suerte. ¡Qué casualidad! La suerte es una señorita que, generalmente, te viene a visitar cuando has hecho muchas cosas, cuando, claro está, haces los deberes.

El arte de persuadir a los demás

El arte de persuadir a los demás 198 298 Rafael

El tema de la persuasión me apasiona, ya que nos sirve para todo. Uno tiene que persuadir en su trabajo a sus jefes o subordinados, en su familia a su esposa o hijos, a sus amigos, persuadir para encontrar trabajo, para aumento de sueldo, etc.

 Les recomiendo leer el libro Influence de Robert Cialdini. A continuación me permití transcribir un resumen de sus 6 principios de persuasión que estoy seguro los ayudarán:   

  1. Comparación: si otros lo hacen tú también deberías. Algunas series de televisión incluyen una risa de fondo, ya que se ha visto que, en estos casos, la gente ríe más. Los mendigos suelen poner algunas monedas en el plato, debido a que la gente está menos dispuesta a echar monedas si está vacío.

  2. Atractivo. Según Roger Ailes, asesor de las campañas de los presidentes Bush y Reagan “si le gustas a quienes te oyen te perdonarán casi cualquier cosa”. La gente atractiva es más persuasiva y consigue cosas más fácilmente. Esto es debido a que solemos estar de acuerdo con  las personas que nos gustan y a pensar que están en lo cierto.

  3. 3.     Autoridad: si la fuente es una autoridad en el tema se la suele creer. Consiste en utilizar   dentistas para anunciar dentífricos o veterinarios para anunciar comida para perros.

  4. Compromiso: El impulso de ser/parecer coherente representa una poderosa arma de influencia social. Cuando tomamos una postura la mantenemos. Si vemos un anuncio de un producto que nos interesa a buen precio y estamos dispuestos a comprarlo, es difícil que cambiemos de opinión incluso si al llegar a la tienda sólo tienen un producto idéntico pero más caro.

  5. Reciprocidad. Un pequeño regalo acompañado de una oferta de suscripción a una revista puede persuadirnos para que nos suscribamos a ella. Es decir, nos dan algo y una vez que lo aceptamos nos vemos obligados a dar algo a cambio.

  6. Escasez: si es escaso es bueno. La gente suele sentirse más persuadida a comprar algo cuando se trata de una liquidación, cuando sólo tiene un determinado periodo de tiempo para comprarlo, si su número es limitado, se trata de una oferta especial de fin de semana, etc.

El hombre más feliz del mundo (II parte)

El hombre más feliz del mundo (II parte) 300 200 Rafael

Los habitantes de las barriadas pobres de Manila se muestran, a pesar de sus dificultades, aparentemente más contentos que los tiburones financieros de la vecina y multimillonaria Hong Kong. Cada vez que se hace una encuesta sobre felicidad global, los filipinos aparecen entre los pueblos más satisfechos. Ni la pobreza ni el hecho de que su país haya sido declarado el «lugar del mundo más afectado por los desastres naturales» por el Centro para la Investigación y Epidemiología de Desastres parecen afectar su visión positiva de la vida. Su intensa vida social y familiar compensa penurias privaciones. Los honkoneses, con una renta per cápita 20 veces mayor, aparecen sistemáticamente en los últimos lugares en los mismos sondeos de felicidad. La presión consumista, el estrés y el deterioro de las relaciones sociales figuran entre las causas de insatisfacción más citadas por los ciudadanos. Todo el desarrollo y el dinero del mundo no han logrado levantar el ánimo de la Nueva York de Asia.

Matthieu Ricard ve en resultados como éste la prueba de que cualquiera, no importa las desgracias que haya vivido, puede alcanzar la felicidad si cambia el chip mental que a menudo nos hace detenernos en los aspectos negativos de la existencia. Incluso la pérdida de los seres queridos puede sobrellevarse con relativa facilidad si se afronta la muerte desde una perspectiva nueva, menos centrada en su dramatismo. «Mi padre murió el año pasado a los 82 años. Como dependía tanto de su brillantez intelectual, cuando se vio limitado se desanimó», asegura el monje, para quien la muerte de quienes nos rodean debe ser aceptada como un paso más en el ciclo natural de la vida y no necesariamente como un episodio triste. «El mejor homenaje que podemos ofrecer a los que ya no están con nosotros es vivir la vida de forma constructiva, ser conscientes de que nacemos solos y morimos solos.

Los investigadores que han estado analizando las emociones de Ricard creen que los resultados podrían servir para paliar enfermedades como la depresión y llevar a la gente a entrenar una mente saludable de la misma forma que hoy se acude al gimnasio a mejorar la forma física. Más aún, si como sugiere Ricard, una de las claves de la satisfacción personal es el control y la supresión de instintos negativos como el odio, y si existe una forma de limitarlos, estaríamos ante la posibilidad de mejorar la condición humana y enmendar sus peores defectos.

Por supuesto son muchos los que apuntan a la inocencia y la sobredosis de utopía que supone pensar en una aldea global en la que todo el mundo perdona a los demás y nadie se enfada con nadie, un mundo basado en las buenas maneras y sentimientos, sin guerras ni luchas de poder. El monje francés responde a quienes dudan con la pregunta que mejor define su visión de la vida: «¿Acaso quieres vivir una vida en la que tu felicidad dependa de otras personas?».

El hombres más feliz del planeta

El hombres más feliz del planeta 229 299 Rafael

Hoy les traigo un artículo muy interesante sobre la felicidad y lo que realmente hay que tener en cuenta para conseguirla. Lo escribió David Jimenez y vale la pena republicarlo acá. Esta semana publicaré la primera parte:

“Es más feliz que usted, seguro. Mucho más. Matthieu Ricard obtuvo una nota inalcanzable en un estudio sobre el cerebro realizado por la Universidad de Wisconsin (EEUU). Los especialistas en neurociencia afectiva le nombraron «el hombre más feliz de la Tierra.

A sus 61 años, un monje budista tiene una vida digna de un guión de cine. Biólogo molecular, hijo de un filósofo ateo, dejó su carrera por abrazar un ideal.”¿Una bonita casa en la playa? Matthieu Ricard prefiere el monasterio apartado de toda civilización donde vive, en las montañas de Nepal. ¿Una cuenta bancaria boyante? Ha entregado todo el dinero de las ventas de sus libros a la caridad. ¿Quizá un matrimonio bien avenido o una excitante vida sexual? Tampoco: a los 30 años decidió acogerse al celibato y dice cumplirlo sin descuidos. En realidad, Matthieu Ricard carece de todas las cosas que los demás perseguimos con el convencimiento de que nos harán un poco más felices. Y sin embargo, este francés de 61 años, es más feliz que usted y yo. Mucho más feliz. El más feliz.

Científicos de la Universidad de Wisconsin llevan años estudiando el cerebro de Mathiew dentro de un proyecto en el que la cabeza de Ricard ha sido sometida a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Su cerebro fue conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes.

Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0.3 (muy infeliz) a -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard logró -0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título –«el hombre más feliz de la tierra»– que él mismo no termina de aceptar. ¿Está también la modestia ligada a la felicidad? El monje prefiere limitarse a resaltar que efectivamente la cantidad de «emociones positivas» que produce su cerebro está «muy lejos de los parámetros normales».

El problema de aceptar que Ricard es el hombre más contento y satisfecho del mundo es que nos deja a la mayoría en el lado equivocado de la vida. Si un monje que pasa la mayor parte de su tiempo en la contemplación y que carece de bienes materiales es capaz de alcanzar la dicha absoluta, ¿no nos estaremos equivocando quienes seguimos centrando nuestros esfuerzos en un trabajo mejor, un coche más grande o una pareja más estupenda?

Los trabajos sobre la felicidad del profesor Richard J. Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución y, por lo tanto, moldeable. «La plasticidad de la mente», en palabras del científico estadounidense, cuyo estudio es el quinto más consultado por la comunidad investigadora internacional.

Los científicos han logrado probar que la corteza cerebral izquierda concentra las sensaciones placenteras, mientras el lado derecho recoge aquellas que motivan depresión, ansiedad o miedo. «La relación entre el córtex izquierdo y el derecho del cerebro puede ser medida y la relación entre ambas sirve para representar el temperamento de una persona», asegura Ricard, que durante sus resonancias magnéticas mostró una actividad inusual en su lado izquierdo.

Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en personas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y, lo que es más improbable, alcanzar definitivamente y sin condiciones.

Éxtasis mental. Lograr el objetivo de la dicha no es fácil. Ricard ha escrito una decena de libros –estos días combina sus retiros espirituales con la promoción de su obra Happiness en el mundo anglosajón– y cientos de artículos tratando de mostrar el camino y, aunque la mayoría de sus obras se han convertido en éxitos editoriales, el propio autor descarta que su lectura garantice el éxito. Al igual que un logro en atletismo o en la vida laboral, el cambio sólo es posible con esfuerzo y tenacidad, pero Ricard asegura que todo habrá merecido la pena una vez se alcanza el estado de éxtasis mental que logran los elegidos. En su Defensa de la felicidad (Urano), la traducción de su último libro publicado en España, el monje explica cómo nuestra vida puede ser transformada incluso a través de variaciones mínimas en la manera en que manejamos nuestros pensamientos y «percibimos el mundo que nos rodea».

La vida elegida por Ricard le enfrentó a los ideales en los que se había formado y al ateísmo de su padre. Ambos decidieron discutir sus diferencias en El monje y el fisólofo, un diálogo que sólo en Francia vendió 500.000 copias y en el que la búsqueda de la felicidad está presente en cada capítulo. «Tenía muchas esperanzas en su futuro profesional y me parecía una lástima que abandonara [su carrera científica]. Después me di cuenta de que había transferido su espíritu científico al estudio del budismo», decía el padre antes de morir, una vez hubo aceptado la elección de Matthieu.

Uno de los aspectos que más ha fascinado a los investigadores es la capacidad de los monjes de suprimir sentimientos que hasta ahora creíamos inevitables en la condición humana: el enfado, el odio o la avaricia. El estudio de sus cerebros demuestra una capacidad extraordinaria para controlar sus impulsos.

Ricard cree que el problema es que nuestros sentimientos negativos hacia otras personas no están a menudo justificados, sino que los hemos creado nosotros en nuestra mente de forma artificial como respuesta a nuestras propias frustraciones. Y ése es uno de los impulsos que el monje francés piensa que hay que aprender a controlar si se quiere ser feliz. Para el escritor, la felicidad es «un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona». Atraparla es cuestión de práctica y fuerza de voluntad, no de bienes materiales, poder o belleza. Los que llegan al final del viaje y logran la serenidad que lleva a la dicha, asegura Ricard, sienten lo mismo que «un pájaro cuando es liberado de su jaula».

Los desafíos de la adversidad

Los desafíos de la adversidad 300 176 Rafael

Aprovechando que en Perú se celebra mañana el día de la madre, quise colocar un artículo sobre el valor de los padres. Hace poco me enteré de un caso emblemático, que es el de la familia Hoyt. Un padre que tuvo un hijo tetrapléjico que hace unos años le pidió hacer la prueba de ironman. Esta prueba consiste en nadar 4 km, luego pasar un trayecto de 180 km en bicicleta y finalmente correr 42 km. Una prueba que a todas luces dejaría exhausto a cualquier deportista profesional, pero que sin embargo, era un reto a vencer por un padre que muere de amor por su hijo. Una hazaña realmente heroica ya que a diferencia de la prueba normal, en este caso el trayecto lo hace cargando a su hijo.  Y es que cuando hay espíritu de lucha, el cuerpo humano no tiene límites. Eso es justamente lo que demostró su padre, porque lo hizo. Al final de este artículo adjunto el video.

Es este un claro ejemplo de que la adversidad nos desafía, o  saca lo mejor  de nosotros o nos quiebra. Cuando en la vida se presenta la adversidad es cuando cosechas lo que has invertido antes: humildad, disciplina, esfuerzo, perseverancia. Christopher Reeve, (Superman) quien tuvo un accidente y sólo podía mover del cuello para arriba, decía que la adversidad lo ha unido a su mujer, si no tuviera esos cimientos mencionados anteriormente que sembró cuando estaba bien, hubiese terminado separándose.

En la adversidad hay que “coserse” al presente. Ir al pasado nos da nostalgia y al futuro nos da angustia. El futuro lo hacemos hoy y el hoy es saber que estoy haciendo lo que debo en ese momento. En el presente no hay ansiedad, hay tareas, hay encargos por realizar.

Muchas veces somos mezquinos a la hora de darnos, y no somos capaces de saber hasta dónde podemos llegar. La familia Hoyt me enseña que hay que regalar nuestra mejor energía cuando más se necesita, porque eso es justamente lo que nos hace mejores.  A todos nos ha tocado la puerta la adversidad en algún momento. ¿Qué sería de nosotros si no nos hubiese visitado? Seríamos orgullosos, superficiales, fatuos, ya que no sabemos manejar bien la abundancia.

La adversidad no es el momento para que nuestra autoestima se retire sino por el contrario para que se haga más fuerte y se convierta en nuestra brújula interior.

Alvarez de Mon decía que a la hora de viajar por la vida, la felicidad tiene mucho que ver con las personas que te acompañan (familia, amigos, jefe, etc.)  y la dirección del tráfico. Cuídense de viajar con pesimistas. El optimismo irradia energía. Hoy en día los optimistas son admirados porque el día a día nos da muchos motivos para ser pesimistas. El optimismo no es esconder la realidad sino enfrentarse a ella con esperanza, paciencia e ilusión.

Los dejo con esta lección de amor familiar: http://www.youtube.com/watch?v=nQaBewYgvcE&feature=fvsr

Lecciones de un tetraplégico

Lecciones de un tetraplégico 300 294 Rafael

Esta semana les traigo un artículo que me enviaron hace unos días, que me dio mucho que pensar. Muchos nos ahogamos en un vaso de agua cuando hay otros que nadan a puro pulmón en medio de un tsunami:

Joaquín Romero es un barcelonés de 41 años que desde hace unos 18 años vive sobre una silla de ruedas, a causa de una esclerosis múltiple.

Él querìa conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, hace casi veinte años, cuando le diagnosticaron esclerosis mùltiple -una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa- pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que solo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”.

Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le hace mella y no duda en definir su situación como de “un milagro; una caricia de Dios”.

Tendría 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había cumplido el servicio militar; estudié lo que quise, Arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

 ¿Qué le dijo?

Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le respondí. No tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”, me explicó.

¿Qué pensó entonces?

Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisera tener todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios, llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien en quien confiar y a quien contar mis problemas. Tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar -soy un apasionado del mar-…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?

No, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos se pueden aclarar. El médico me lo dijo muy claro, ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Me explicó que estaba enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero lo peor era -me advirtió- que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.

Pero eso no se detuvo…

Claro. Cuando vi que si no hacía algo acabaría por no poderme valer por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue cómo lo que comenzó en esos poco más de treinta metros cuadrados, hoy es ya una empresa -única en España- que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Desde entonces, ¿ha visto mucho dolor?

Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…

Fue entonces cuando me prometí no desperdiciar ni un segundo para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final les digo: “Y tú ¿cómo lo llevas?”.

¿Qué les dice? ¿Se puede amar el dolor?

No. Por sí mismo, no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les explico que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. El dolor es un misterio; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que a Dios le falte. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes. Te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…

Pero esto es una solución solo para los que creen…

¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a quejarte de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: he conseguido vivir con alegría dentro del dolor. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay algo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora: cuando estaba sano y jugaba al fútbol, cuando estaba con los amigos, cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a ironía, a locura… Pero no. Esto no lo hace un hombre. Eso solo lo sabe y puede hace Dios.

¿No le ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!

Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Le respondí que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tenía totalmente encantado, le di la vuelta y reconduje la conversación: ¿No te parece más bello luchar por la vida?

 Hay gente que dice que la eutanasia es una solución.

¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es un egoísmo injusto. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si quieres realmente al enfermo -si lo amas de veras-, tienes que buscar, todo lo que puedas, una solución.

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?

En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario,… tienes la oportunidad de hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.

Todo esto, ¿lo descubrió de la noche a la mañana?

¡No, no! A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras…

¿Qué le dirá a Dios cuando llegue al Cielo?

Le daré un “gracias” y un besazo por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Me pondré de rodillas -porque entonces sí podré- y le diré: “Increíble. Lo has bordado”.