Ideas para ser feliz

La verdadera felicidad, ese anhelo

La verdadera felicidad, ese anhelo 275 299 Rafael

Esta semana les traigo un extracto de un interesantísimo artículo de Enrique Cases en el que habla sobre el verdadero significado de la felicidad, que es y que no es.

 “La felicidad no es el fin del hombre, sencillamente porque es una consecuencia del fin que es amar eternamente. Aldous Huxley en su Mundo feliz, tecnológicamente perfecto, muestra lo profundamente infeliz que puede ser el hombre en la sociedad tecnológica, aunque no se prive de ningún capricho, ni progreso para satisfacer su ego y su sensualidad. Describe ironías desesperanzadas, que a él mismo le llevaron al suicidio años después. Todo lo que no es amor verdadero acaba en insatisfacción y frustración, aunque, si se consigue algo de placer pueda reaccionarse con risas y desprecios, pero el placer siempre es efímero, y la felicidad pide duración, pide que desaparezca la amenaza de acabarse y desaparecer o morir, que de momento, es el signo de lo terreno.

Sin embargo, es patente que en nuestros tiempos se entrecruzan continuamente dos corrientes, una pesimista y otras que no podemos llamar optimistas, sino desencantadas, que quiere disfrutar ahora y rápido en lo que sea.

La alegría es conmoción del corazón, gozo en la contemplación, emoción ante la belleza, éxtasis, que, en sus muy diversos grados, permite salir del pozo del yo cerrado del egocentrismo, para paladear el amor de dar, de darse, de dar ser, de vivir en kairós que es preludio de la eternidad como perfecta vida plenamente poseída. ¿Es el cielo? No, ciertamente. Pero lo anuncia. Además, se hace compatible con el dolor en la situación terrena, no se trata de la salud, siempre precaria, sino de superar lo más adverso en su realidad, como veremos, en el ser doliente. 

La tristeza es pantanosa, oscurece el alma, paraliza, lleva a decisiones de huída o de ira, es amarga. Cierto que existe una tristeza positiva en cuanto duele el mal objetivo que está ante los ojos, pero ésta es una tristeza amorosa, un dolor de amor, que es como una perfección, una compasión de padecer con quién amo y sufre. En el fondo no hay amargura, sino paz en una paradoja de experiencia constante.

La alegría es fruto de amar y ser amado. Surge de la contemplación de la verdad. Necesita el acompañamiento del cuerpo, aunque no siempre. Es necesario vivir en alegría, pero es un fruto y una conquista del hombre verdaderamente libre. Al elevar el alma a Dios comprende la realidad y asume la dificultad, también cuando es dolorosa. La superación de las heridas del alma -resentimientos, rencores, inquietud corporal, torpeza de la mente, ociosidad, se superan por la esperanza que hace vibrar el alma, por la libertad que quiere superarse, por el amor que espera más amor, por la lucha en lo que parece pequeño a los ojos semicerrados por el egoísmo

Pero la raíz de la felicidad está en la intimidad del ser humano. El acto de ser que constituye la persona es la fuente del amor verdadero y el principal receptor. Se ama a alguien, no a su cuerpo, o su inteligencia, o su dinero. En un primer momento la felicidad brota del interior, de saberse vivo, de dar, de darse y dar ser como hemos dicho varias veces. Y eso es compatible con contrariedades externas. Amar hace feliz, aunque no haya correspondencia, como puede ser el amor a un subnormal profundo, o a un moribundo, o a un niño. Pero más aún si es correspondido. Saberse amado, no como un objeto de uso, hace feliz, permite la compenetración, el regalo mutuo, la comunión de personas, la amistad en sus mil formas.

La felicidad es un regalo que viene muchas veces cuando no es buscado, y que se debe tomar como se coge un pajarillo entre las manos, ni demasiado fuerte, pues muere, ni demasiado flojo, pues huye. Es un don de Dios al alma preparada. El obseso de la felicidad es como el que busca separarse de su sombra, nunca lo consigue. La felicidad es un fruto y una promesa. La felicidad tiene niveles que van desde lo más íntimo hasta lo más corporal. La felicidad en la vida mortal siempre pide más, porque es insaciable y sólo puede alcanzar su plenitud en la posesión de la comunión con Dios en la vida eterna.”

La sonrisa, ese abrepuertas

La sonrisa, ese abrepuertas 300 199 Rafael

Esta semana les traigo un artículo que me envió la semana pasada Marco Suarez, un buen amigo, Director de Chopin. Marco fue Gerente de Marketing de Supemercados Wong por lo que es todo una autoridad para escribir sobre estos temas. Los dejo con su artículo:

Está comprobado, la sonrisa es contagiosa. Igualmente, los gestos de afirmación mientras se conversa predisponen positivamente al otro, y al revés, los micro-gestos que denotan negatividad inflaman el espíritu del cliente. Cuando los clientes se enfrentan a un colaborador que los recibe con una sonrisa y sabe mantener una actitud positiva durante la transacción, se sienten muy bien. Al sentirse bien, buscarán saber el nombre del colaborador, porque íntimamente se les despierta el deseo de desarrollar una relación con esta persona que lleva alegría a su vida. La sonrisa de los colaboradores  predispone positivamente a los clientes frente a la empresa y logra sean más benévolos en su evaluación.

 Es posible enseñar a sonreír. Por supuesto no estamos hablando de simular una sonrisa aunque, increíblemente, esto también ayuda. Los niños se parecen mucho a los padres más por imitación que por genética; lo mismo sucede con los colaboradores: se parecen mucho a sus jefes. Por ello, si tienes gente a tu cargo, tienes que sonreir más. Una regla sencilla para sonreir más es imaginar que tienes un lapicero puesto horizontalmente entre tus dientes. Verás cuán útil es iniciarse con ese gesto.

Estas fiestas navideñas abren una gran oportunidad para que tus clientes y tu gente sientan una nueva disposición positiva mutua. ¡Todos lo agradecerán!

Recientemente las neurociencias han redescubierto (esta vez científicamente) lo que la intuición dice: la clave del éxito de un buen gerente está directamente relacionada a cómo se siente su gente. David Rock, profesor de la Universidad de Nueva York, acaba de publicar un artículo en el que explica el SCARF, que en inglés significa bufanda, tal vez queriéndonos decir, subliminalmente, que nuestra gente necesita la calidez y el calor de sus jefes. Esto es, servicio al cliente puro.

SCARF es el acróstico de Status, Certainty, Autonomy, Relatedness, Fairness (www.chopin.pe   casos de negocio ). Veamos suscintamente qué necesita nuestra gente de nosotros:

1.        Status . Todos sabemos que el trabajo dignifica al hombre, pero también sabemos que hay trabajos más pesados, más “sucios” y de aparente menor importancia. Si el colaborador no siente (mejor dicho no le hacemos sentir) que la pieza del rompecabezas que le corresponde poner en el mapa de procesos es clave para la satisfacción del cliente, entonces hará su trabajo de mala gana y acumulará sentimientos negativos contra la gerencia, contra los clientes.

Decir “¡Buen trabajo!”, con una mirada franca y una sonrisa de reconocimiento, activa las mismas zonas cerebrales que se activarían con un reconocimiento económico inesperado. Dar status no sólo es dar promociones o aumentos. No hay sentido alguno en que el jefe sea egoísta en elogios.

2.        Certeza. Nuestra gente necesita tener la certeza de que su trabajo es bueno y el jefe la debe transmitir. El dolor emocional que las personas sufren al sentirse ignorados es comparable al dolor físico (Antonio Damasio – El error de Descartes), las fMRI (resonancias magnéticas) lo demuestran. Tal vez el pecado más grave que atenta contra el buen servicio al cliente es que nuestra gente se sienta ignorada por el jefe. Es tan simple de corregir con un saludo al pasar, con una mirada democrática, con una sonrisa, o con unos cuantos minutos de cuando en cuando con cada persona de nuestro equipo…

3.        Autonomía. La percepción de autonomía de una persona aumenta su sensación de seguridad y disminuye el stress. Pensemos cuánto de nuestra propia inseguridad la trasladamos al respirar en la nuca a nuestros colaboradores. Una regla simple de “empowerment” no es dar autonomía plena al primer frente, sino darles la posibilidad de conversar, de llamar libremente por teléfono al jefe, o al jefe de su jefe, o si ellos lo consideran, al jefe del jefe del jefe. Esta línea abierta hacia arriba genera una sensación de equipo inconmensurable.

4.        Pertenencia.  Maslow ponía esta necesidad humana como posterior a sus necesidad básicas; hoy queda claro que la pertenencia es una necesidad básica. Una relación sana con nuestra gente requiere confianza y empatía. Y no podemos tener empatía si no tenemos una mirada para las otras personas. Dejemos de rumiar nuestros propios problemas y miremos a nuestra gente. La ganancia secundaría será, además, que pondremos nuestros problemas en su real dimensión y no los sobreestimaremos. El sentido de pertenencia a un grupo, a un gran equipo, es fun-da-men-tal.

5.        Transparencia. La percepción (y las percepciones hacen realidades) de que una situación es injusta, es un brutal golpe al plexo del servicio al cliente. La transparencia, el compartir información, el evitar grupos de privilegio hace que la gente esté motivada y lista a atender a los clientes como ellos son atendidos por la empresa.

Como vemos, la receta es simple. Pero no nos engañemos, implementar esta receta en la vida personal de cada uno de nosotros tomará tiempo, de modo que podríamos recomenzar hoy. Por ejemplo, podrías pasar este mail a los jefes que están debajo tuyo, a tus pares, a tus jefes. Sin embargo, lo más importante está en el trabajo con uno mismo.

Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión

Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión 224 300 Rafael

Les deseo que hayan pasado una muy feliz navidad y que el 2010 llegue lleno de muchos éxitos a nivel profesional, pero sobre todo a nivel personal y familiar que al final es lo más importante.

Cuidado con las trampas de la mente

En su libro “Tropezarse con la felicidad”, Daniel Gilbert, plantea una hipótesis en relación a como uno mismo puede tomar la actitud de vivir la vida feliz. Está estrechamente relacionada a la forma como entiende la realidad el cerebro, y para ello, es crítica la lectura que le da al pasado, el cual está compuesto en parte de invenciones, recuerdos y percepciones. A pesar de ser variables poco objetivas, son aceptadas como parte de nuestra realidad., que suele ser ambigua. En un resumen de este libro, se menciona que las ilusiones ópticas ilustran muy bien este fenómeno. Por ejemplo, en un dibujo muy conocido el fondo y el primer plano se intercambian entre sí. ¿Estamos viendo una copa o los perfiles de dos rostros? Podemos ver ambas cosas con absoluta precisión. Sin embargo, si tenemos razones para interpretar una percepción ambigua de un modo y no de otro, entonces el cambio de planos ya no se hará al azar. El cerebro escogerá la imagen que prefiera. Y de lo que se trata es de educar al cerebro para que le de preferencia a la imagen que le rinde mejores frutos.

Sabiendo que es el cerebro el que elige de manera inconciente la imagen que quiere tomar como realidad, ¿De que forma podemos “educarlo”? Una de las recetas que da el libro es pedirles consejo a las personas que hayan pasado por las mismas circunstancias. Si una persona se sintió feliz tras tomar cierta decisión, entonces lo más probable es que a nosotros también nos pase lo mismo.  Funciona porque la mayoría de los seres humanos se parecen.

Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión

Julián Marías ha definido a la felicidad el “imposible necesario”, la gran paradoja, porque todos tenemos necesidad de ser felices pero no acabamos de conseguirlo en esta vida.

Empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la depresión y a la frustración. La felicidad, nos dice Javier Cuadras en su excelente libro, “Después de amar, te amaré”, es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en aprehenderlo,  más esquivo se hace. Sin embargo, si, como dicen los especialistas en sueño, uno  se olvida, se levanta, lee…entonces es más probable que el sueño acuda.

La conclusión de esto es que uno no vive para ser feliz, sino para hacer feliz. Por ejemplo, en el matrimonio el compromiso del amor es la felicidad del otro, no la propia, porque a nadie se le oculta que si la única o la primera felicidad que buscamos es la nuestra, no amamos al otro, sino a nosotros mismos, cosa, por otra parte, bastante natural. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad. La experiencia de cada uno de nosotros lo confirma.

No busquemos la alegría en grandes profundidades. Desde luego, como recuerda Martí, lo primero es la paz interior, con ella, la alegría está asegurada pase lo que pase.

Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte)

Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte) 300 225 Rafael

 “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

J. Kierkegaard

Actualmente hay diversos estudios sobre la felicidad que tratan de explicar que es lo que nos hace realmente felices. La antigua creencia de que el dinero es la principal fuente de felicidad está quedando obsoleta a la luz de nuevas investigaciones que prueban lo contrario. Y es que aunque el progreso económico es uno de los factores que mejora nuestro bienestar, nos seguimos engañando pensando que tener más dinero nos hará más felices de lo que en realidad nos hace.

Para entender bien estos conceptos, es importante en primer lugar definir que es felicidad. Una de las definiciones más actuales gira en relación a la  satisfacción que nos procura el consumo de bienes y servicios, ya sean las necesidades y comodidades de la vida o el tiempo que pasamos con la familia y amigos, haciendo deporte, descansando, etc. A partir de este concepto, la felicidad se puede definir como la maximización de los comportamientos propios capaces de aumentar esas variables, es decir, la capacidad de satisfacer nuestras necesidades.

Bajo este esquema, se desprende que el recurso escaso es el tiempo. ¿Qué relación guarda el tiempo con el dinero y la felicidad?

En su artículo “Happiness and Time Allocation” (“Felicidad y reparto del tiempo”), el profesor del IESE Manel Baucells y Rakesh K. Sarin, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California, plantean que las personas más felices son aquellas que alcanzan un equilibrio adecuado entre trabajo y descanso. Si el trabajo proporciona dinero para consumir, y el consumo proporciona felicidad, lo mismo sucede con el descanso. La amistad, la familia, dormir bien y hacer ejercicio aumentan la satisfacción personal. Aun así, muchos suelen renunciar a las actividades de descanso para trabajar y ganar más dinero en la falsa creencia de que en la medida que tengan más ingresos más felices serán.

Si bien es cierto, los autores señalan que los ricos son generalmente más felices que los pobres,  demuestran también que la evolución de los índices de felicidad ha permanecido constante a lo largo de los años a pesar del espectacular aumento del PBI y de la renta real en los países desarrollados. En Japón, por ejemplo, aunque el PBI per cápita se ha quintuplicado, no se ha registrado un aumento del índice medio de satisfacción personal. Una de las razones es justamente que lo que ha aumentado también es la cantidad de trabajo para llegar a ese nivel de desarrollo, que sin embargo se ha hecho a costa de perder horas con la familia, los amigos, o el descanso personal. Es decir, tienen más dinero, pero son más infelices porque no tienen tiempo para gastarlo ni en ellos ni en sus seres queridos, que quizá hayan sido momentos inolvidables que ninguna suma de dinero hubiese sido suficiente para satisfacerlos.  Ya lo decía Picasso: “Quisiera tener más dinero para vivir tranquilo como los pobres”.

Una de las variables que más influyen en la felicidad es la comparación social.  Y es que solemos compararnos con personas de un estatus y nivel de vida parecidos al nuestro. Por ejemplo, es poco probable que un gerente se compare con un futbolista famoso, lo más probable es que se compare con un empresario u otro gerente como él. Y dicha comparación normalmente genera infelicidad, porque uno se compara con alguien mejor. Los autores recomiendan no compararse en sueldos, sino en virtudes y valores. Primero porque nadie conoce la vida de nadie a fondo, y detrás de ese gran salario, se pueden esconder mil dificultades. Normalmente la gente está más interesada en hacer creer a los demás que son felices que realmente tratar de serlo. En la medida en la que uno se enfoque comparándose en virtudes, la comparación será mucho más productiva, ya que el enfocarse en conseguirlas, hará que el éxito caiga por su propio peso.

Los autores concluyen también que la meditación y la oración son algunos “ejercicios de reencuadre” que pueden ayudarnos a ver las cosas en su justa medida y atenuar la insatisfacción que produce la insidiosa comparación social.

Otra de las conclusiones más interesantes del artículo se basa en lo que llaman el “sesgo de proyección”.  Nosotros tendemos a pensar que el dinero nos dará más felicidad de la que realmente nos da. Baucells comenta: “Por eso creemos que tener más dinero nos hará más felices. Trabajamos más y ganamos más dinero, nos mudamos a una casa más grande en un barrio mejor, pero el sesgo de proyección hace que subestimemos los efectos de la adaptación y demos más valor del que tiene a la utilidad derivada de los artículos de consumo. Disfrutamos de un nivel de vida mayor que antes, pero no cuando nos comparamos y empezamos a identificarnos con nuestros nuevos vecinos. Un efecto pernicioso del sesgo de proyección es que empezamos a dedicar más y más tiempo al trabajo a costa del descanso, creyendo en vano que si trabajamos más seremos más felices, cuando en realidad el aumento de nuestro salario simplemente conlleva una menor utilidad total y, perversamente, una menor felicidad.”

Claramente la utilidad real obtenida bajo los efectos del sesgo de proyección es menor de la esperada. Lamentablemente el día tiene sólo 24 horas y la idea es como optimizar ese tiempo para trabajar fuerte pero también para poder disfrutarlo entre nosotros y con nuestras familias.

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Primera parte

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Primera parte 200 299 Rafael

Hace algunas semanas un lector de este blog me envió un comentario en el que me recomendaba leer este libro del mismo nombre del título del artículo: “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”, escrito por el Dr. James Dobson. Lo singular del título me llamó la atención y no paré hasta conseguirlo. La verdad es que lo leí y tiene algunas partes muy interesantes. Paso a copiarles algunas de las que más me hicieron pensar:

“…No es fácil el racionalizar las guerras, el hambre, las enfermedades, los desastres naturales y las muertes prematuras. Pero las desdichas de esta clase, en gran escala, a veces inquietan menos a la persona que las circunstancias con que nos enfrentamos personalmente cada uno de nosotros. ¡Cáncer, insuficiencia renal, enfermedades cardíacas, síndrome de muerte infantil repentina, parálisis cerebral, mongolismo, violación, soledad, rechazo, fracaso, infertilidad, viudez! Estas, y un millón de otras fuentes de sufrimiento experimentado por los seres humanos, plantean preguntas inevitables que inquietan el alma. “¿Por qué ha permitido Dios que me ocurra esto a mí?” Esta es una pregunta que todos los creyentes, y muchos incrédulos, se han esforzado por contestar. Y contrario a lo que las enseñanzas de algunos cristianos en ciertos círculos, típicamente, el Señor no se apresura en explicar lo que él está haciendo.

Desde luego, nosotros carecemos de la capacidad para comprender la mente infinita de Dios o la manera en que él interviene en nuestras vidas. Qué arrogantes somos cuando pensamos lo contrario. Tratar de analizar su omnipotencia es como si una hormiga tratara de comprender el comportamiento del ser humano.

Por supuesto, a no ser que Dios escoja explicarnos su comportamiento, lo cual no suele hacer, sus motivos y propósitos están fuera del alcance de nosotros los seres mortales. Lo que esto quiere decir, en términos prácticos, es que muchas de nuestras preguntas, especialmente las que empiezan con las palabras porqué, tendrán que quedarse sin respuesta por ahora.

Mi consejo más importante es que, si es posible, antes que la crisis ocurra cada uno de nosotros reconozca que nuestra confianza en Dios debe ser independiente de nuestra comprensión. No hay nada malo en que tratemos de comprender, ¡pero no debemos contar con nuestra habilidad para comprender! Tarde o temprano nuestro intelecto nos planteará preguntas que no podremos contestar. Por lo tanto, permítame exhortarle a que no se desanime por los problemas temporales. Acepte las circunstancias tal y como vengan a su vida. Espere que ocurrirán períodos de aflicción, y no se desaliente cuando éstos lleguen. Cuando le llegue el momento de sufrir, acepte el dolor y fortalézcase en él, sabiendo que Dios usará sus dificultades para cumplir Su propósito, y realmente, para su propio bien. El Señor siempre está cerca de usted y más aun en los momentos que más lo aflijan. Nunca le enviará un peso más grande del que pueda cargar…”

Deberemos contar con decaimientos y derrotas

Deberemos contar con decaimientos y derrotas 280 299 Rafael

Esta semana he querido escribir una vez más sobre uno de mis temas preferidos que es la adversidad, las dificultades de la vida, porque le encuentro una gran utilidad, porque a todos nos llega la hora de pasar por alto y vencer las dificultades. Y he tratado de acompañar mi artículo de un santo de nuestros días, San Josemaría, del que coloco a continuación algunas de sus frases relacionadas a este tema.

“Si eres fiel, podrás llamarte vencedor. En tu vida, aunque pierdas algunos combates, no conocerás derrotas. No existen fracasos –convéncete–, si obras con rectitud de intención y con afán de cumplir la Voluntad de Dios. Entonces, con éxito o sin éxito, triunfarás siempre, porque habrás hecho el trabajo con Amor. (Forja, 199)

No nos engañemos: en la vida nuestra, si contamos con brío y con victorias, deberemos contar con decaimientos y con derrotas. Esa ha sido siempre la peregrinación terrena del cristiano, también la de los santos. ¿Os acordáis de San Pedro, de San Agustín, de San Francisco? Nunca me han gustado esas biografías de santos en las que, con ingenuidad, pero también con falta de doctrina, nos presentan las hazañas de esos hombres como si estuviesen confirmados en gracia desde el seno materno. No. Las verdaderas biografías de los héroes cristianos son como nuestras vidas: luchaban y ganaban, luchaban y perdían. Y entonces, contritos, volvían a la lucha.

No nos extrañe que seamos derrotados con relativa frecuencia, de ordinario y aun siempre en materias de poca importancia, que nos punzan como si tuvieran mucha. Si hay amor de Dios, si hay humildad, si hay perseverancia y tenacidad en nuestra milicia, esas derrotas no adquirirán demasiada importancia. Porque vendrán las victorias. No existen los fracasos, si se obra con rectitud de intención y queriendo cumplir la voluntad de Dios, contando siempre con su gracia y con nuestra nada.”

Si me lo propongo, puedo ser mi peor enemigo

Si me lo propongo, puedo ser mi peor enemigo 231 299 Rafael

En estos tiempos de incertidumbre, uno no sabe bien que puede pasar mañana. Ante esta situación, nos quedan dos opciones, o ir por la vida seguros y con la alegría de saber de lo que viene será para nuestro bien porque Dios sabe porqué hace las cosas, o andar preocupados, inseguros, decepcionados de la vida, con lo cual, independientemente de lo que hagamos o lo que nos pase, ya perdimos gran parte de la batalla. 

La vida, tiene mucho que ver con la forma como la veamos, una cosa es la realidad y otra muy distinta la forma como es percibida por nosotros. Es crítico para sobrellevar bien estos tiempos, nuestra actitud ante lo que nos pase, sean cosas que esperemos o inesperadas, hechos alegres o desgracias. La gravedad de los hechos no está dada por el mismo hecho, sino por el efecto que causa en nosotros el conocerlo, y pasará rápidamente en la medida en que tengamos la suficiente claridad de pensamiento y control de nuestras emociones para entender que ha pasado por nuestro bien, si es que obramos con la conciencia tranquila. Al respecto, se me viene a la memoria un texto que leí hace poco en el que Etty Hillesum, joven judía muerta en Austwicht en Septiembre de 1942 decía: “Pueden hacernos la vida muy dura, pueden despojarnos de algunos bienes materiales, pueden quitarnos la libertad exterior de movimientos…pero es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestras mejores fuerzas: la actitud de sentirnos perseguidos, humillados, oprimidos; la de dejarnos llevar por el rencor; la de envalentonarnos para ocultar nuestro miedo. Tenemos todo el derecho de estar de vez en cuando tristes y abatidos porque nos hacen sufrir, es humano y comprensible. Y, sin embargo, la auténtica expoliación nos la inflingimos nosotros. Cuando experimentamos un sufrimiento, lo que más daño nos hace no es tanto éste como su rechazo, porque entonces al propio dolor le añadimos otro tormento: el de nuestra oposición, nuestra rebelión, nuestro resentimiento y la inquietud que provoca en nosotros”.

Extraordinaria forma de ver la vida a pesar de sus problemas (y qué problemas), no se ha hundido. Además nos hace ver algo aparentemente evidente pero que muchos de nosotros no nos habíamos dado cuenta, cuando nos lo proponemos, podemos ser nuestro peor enemigo, peor inclusive que la misma realidad que nos pasa. Y es que muchas veces en nuestras vidas ha sido más importante la reacción que la acción que la provoca. Desde una enfermedad que hayamos tenido, la muerte de alguien, un despido, o cualquier otro evento, pensemos si nuestra forma de responder ante ello ha tenido mayor peso que el problema en sí.

Continúa diciendo Etty Hillesum: “Desde el momento en que me he mostrado dispuesta a afrontarlas, las pruebas siempre se han transformado en belleza…Los peores sufrimientos del hombre son los que se temen. El sufrimiento malo no es el vivido, sino el “representado”, ese que se apodera de la imaginación y nos coloca en situaciones falsas”.

Que increíble capacidad para decir algo que es tan obvio pero que nos pasa muy a menudo. No sabemos gestionar los eventos inoportunos, estamos acostumbrados a gestionar lo esperado, pero lo imperfecto nos atormenta, nos angustia, en lugar de entender que pasó, y pasó por algo positivo que quizá ahora no entendamos, somos presa de la angustia, la depresión, el miedo, lo cual obviamente provoca que nuestra lectura del problema se agrande inclusive a tamaños completamente desmesurados.

Esto se da también porque las expectativas que solemos tener están basadas en vivir la vida libre de problemas, y eso es una utopía. Nuestra ilusión se basa en vivir una vida fácil, cero problemas, en el que podemos elegir, como quien lo hace de un menú de restaurant, “lo que nos de la gana”, y dejar de lado lo que no nos guste. Trabajar en la mejor posición y empresa que se pueda, casarme con la chica más linda, vivir lleno de dinero, comprarme la mejor ropa, etc. es una forma hasta cierto punto “egoísta y mal agradecida” en el sentido de que esa obsesión nos nubla la vista, ya que al no alcanzar esto nos angustia, inquieta, y molesta. Deberíamos mirar al costado para ver lo que pasa en el mundo, para darle el verdadero valor a las cosas que tenemos, y no enfocarnos en lo que deberíamos tener. Para lo que nosotros es un derecho básico como el elegir que tipo de vida queremos llevar, para otros es completamente inalcanzable, porque nacen con una realidad distinta y mucho menos “atractiva” que la nuestra.

No estoy diciendo que seamos conformistas, nada más lejos de ello, los mediocres nunca saldrán adelante, sino de saber valorar aquello que tenemos, aquello que realmente nos hace felices, y saber vivir sin lamentarnos de “porqué nos pasan las cosas malas a nosotros”.

¿Qué tan difícil es superar el sufrimiento?

¿Qué tan difícil es superar el sufrimiento? 198 299 Rafael

Este es uno de esos temas de los que no nos vamos a escapar. Por más felices que estemos ahora, llegará la hora de sufrir, y por otro lado, no hay mal que dure 100 años (ni cuerpo que los resista) por lo que si estamos pasando momentos difíciles, tenemos la esperanza que todo pasará.

Siendo algo tan común y que nos afecta tanto, surgen las preguntas, ¿sabemos sufrir?, ¿estamos bien preparado para ello? ¿Qué tan difícil es superar esta etapa de dolor?

En su libro, “Como superamos el dolor”, María Robledo nos indica que ee puede aprender a sufrir. Ante el dolor unas personas reaccionan mejor que otras. O dicho de otro modo, algunas personas disfrutan más de la vida. Es una cuestión de actitud personal, la clave está en saber vivir. El éxito de la vida no consiste en recibir una buena mano, sino en jugar bien una mala (Warner G. Lester).

Saber disfrutar y saber sufrir son dos caras de la misma moneda, que es la vida humana. Vivimos en un mundo terriblemente competitivo. Se educa para triunfar, para ganar, para destacar. Al que pierde o fracasa en aquello que la sociedad considera importante, como el dinero o el trabajo…,se le considera un don nadie, se queda sin fama, sólo y sin amigos.

Pero, ¿quién se preocupa de triunfar como persona? Ese es el único triunfo que debería importarnos. Y quedarnos en el intento , el único fracaso que deberíamos temer realmente. Eso nos lleva a la pregunta, ¿Qué es triunfar?, ¿Qué es el éxito para cada uno? Y lo hemos definido en el artículo de Sugerencias para recibir el 2009.

No aceptar una derrota produce mucho sufrimiento. Ya habíamos dicho antes que sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro. Si sabemos perder, sufriremos menos. Y saber perder, a su vez, hace más fácil aceptar cualquier dolor. ¿Por qué?

Porque cualquier dolor ya sea físico, psíquico o moral lleva consigo una pérdida: una gripe es una pérdida de salud, una bancarrota es una pérdida de dinero, una depresión es la pérdida del ánimo, un desamor una pérdida de cariño, etc.

Un hombre inteligente se recupera enseguida de un fracaso, pero un hombre mediocre no se recupera de un triunfo fácilmente. “Solo una vida vivida por los demás merece ser vivida”, decía Einstein. Las actitudes ante la vida se pueden clasificar de muchas formas. Pero hay una división clave: vivir para uno mismo o vivir para los demás. De ahí surgen dos modelos de vida diametralmente opuestos.

Si se vive para los demás, la alegría está garantizada. No se tiene tiempo para pensar si se está bien, mal o regular, o si duele aquí o allá. La generosidad que supone vivir para los demás produce una sensación de plenitud, satisfacción y serenidad interior que no se paga con nada.

En resumen, ser optimista, además de hacer la vida más agradable a los demás, es una gran fuente de salud, hace que disminuya el dolor y te posibilita disfrutar de la vida y de sus circunstancias. Ayuda a ello el evitar las conversaciones negativas y las quejas continuas: “que cansancio, me duele la cabeza, llueve , que mal momento económicos estamos pasando.” Habla de temas alegres y no des importancia a cosas que no la tienen.

Este como han podido ver, es un artículo corto, evidentemente, para entrar a fondo en este tema no basta un artículo, ni siquiera un libro, ameritan varios libros ya que no es un tema Light, sin embargo, y dado que en este blog la idea es no extenderme demasiado para no aburrir, he tratado de ser lo más concreto posible. Nos vemos la próxima semana!.

Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión

Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión 288 299 Rafael

Uno de los errores más extendidos acerca del matrimonio es casarse para ser feliz. Julían Marías ha definido a la felicidad el “imposible necesario”, la gran paradoja, porque todos tenemos necesidad de ser felices pero no acabamos de conseguirlo en esta vida.

Ya lo decía Kierkegaard: “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

Empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la depresión y a la frustración. La felicidad, nos dice Javier Cuadras en su excelente libro, “Después de amar, te amaré”, es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en aprehenderlo, más esquivo se hace. Sin embargo, si, como dicen los especialistas en sueño, uno se olvida, se levanta, lee…entonces es más probable que el sueño acuda.

La conclusión de esto es que uno no va al matrimonio para ser feliz, sino para hacer feliz, que el compromiso del amor es la felicidad del otro, no la propia, porque a nadie se le oculta que si la única o la primera felicidad que buscamos es la nuestra, no amamos al otro, sino a nosotros mismos, cosa, por otra parte, bastante natural. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad. La experiencia de cada uno de nosotros lo confirma.

No busquemos la alegría en grandes profundidades. Desde luego, como recuerda Martí, lo primero es la paz interior, con ella, la alegría está asegurada pase lo que pase.

Defectos siempre habrán en la otra persona, hay muchos que les parecería ridículo decir: “Te amo y te seré fiel….con la condición de que no tengas defectos”, sin embargo es la forma de actuar de cada uno de nosotros en varias etapas del matrimonio.

Cuadras comenta también que cuando las parejas se pelean, se establece una progresión: primero, perciben que han sido agraviados de alguna manera, segundo, se enojan; después se sienten impulsados a atacar, y por último, atacan. Es posible interrumpir esta secuencia en cualquier etapa.

Es necesario pelear de vez en cuando, porque sino se explota, pero es también importante evitar las peleas que no tengan sentido. Uno de los típicos casos es el tema de los detalles. Por ejemplo, hay maridos que no aceptan aprender a decir piropos a su mujer (no va con ellos, ellos no son así, no les sale…) y no encuentran ninguna dificultad en aprender a jugar al golf. Hay otros que son incapaces de alterar pequeños hábitos absolutamente superfluos (leer el periódico al llegar a casa, sentarse en un sillón determinado, hablar a su mujer en tono tedioso…) y sin embargo, se aprenden un discurso de memoria.

Pero cuando hay que darle cariño a la mujer cuando uno no tiene ganas, o atender a los niños o colaborar en la casa, ahí si nos complicamos demasiado. La solución es muy fácil, siempre que haya amor suficiente: traer a casa los modales y delicadezas que usamos fuera, hacer que la cortesía sea espontánea.

Esa meta tan esquiva llamada felicidad (segunda parte)

Esa meta tan esquiva llamada felicidad (segunda parte) 278 275 Rafael

A continuación, los dejo con la segunda y última parte de este artículo de Manel Baucells, un experto en el tema de la felicidad:

 

El sesgo de proyección

nn¿Por qué entonces se ha encumbrado al dinero como lo único que da la felicidad? Por el “sesgo de proyección”, responden los autores. Es decir, cuando proyectamos nuestro estado de ánimo presente en nuestra visión del futuro. A la hora de consumir, el sesgo de proyección impide que nos veamos con unos niveles de habituación o un estatus social diferentes de los que tenemos.

Por eso creemos que tener más dinero nos hará más felices. Trabajamos más y ganamos más dinero, nos mudamos a una casa más grande en un barrio mejor, compramos un coche más caro, pero el sesgo de proyección hace que subestimemos los efectos de la adaptación y demos más valor del que tiene a la utilidad derivada de los artículos de consumo. Disfrutamos de un nivel de vida mayor que antes, pero no cuando nos comparamos y empezamos a identificarnos con nuestros nuevos vecinos. Un efecto pernicioso del sesgo de proyección es que empezamos a dedicar más y más tiempo al trabajo a costa del ocio, creyendo en vano que si trabajamos más seremos más felices, cuando en realidad el aumento de nuestro salario simplemente conlleva una menor utilidad total y, perversamente, una menor felicidad.

Este modelo es tal vez la conclusión más interesante del artículo: la utilidad real obtenida bajo los efectos del sesgo de proyección es menor de la esperada. “Es por esto que creemos que cuanto más dinero tengamos más felices seremos, cuando lo cierto es que puede que no sea así”, explican los autores.

Se necesita tener mucha disciplina para prestar la atención que merece al ocio. Deberíamos ser conscientes de los efectos del sesgo de proyección y aprender a no compararnos con nuestros vecinos.

Pero no sólo nosotros mismos, sino también la sociedad en su conjunto, puede tomar medidas que aumenten nuestras posibilidades de ser felices: mediante una aplicación sensata de políticas como las vacaciones pagadas (mientras que en Estados Unidos son dos semanas, en Francia son seis), la limitación de las horas de trabajo a determinados niveles, la imposición de impuestos que graven más los artículos de consumo que los de primera necesidad o la institución de prácticas que faciliten la conciliación entre la vida laboral y la familiar, como los horarios flexibles.

El día sólo tiene 24 horas, así que la cuestión es cómo repartirnos el tiempo. Para ser felices, es más importante la recuperación del equilibrio entre trabajo y ocio que el dinero.