Ideas para ser feliz

El buen humor

El buen humor 85 128 Rafael

 

Antes de hablar sobre el buen humor, busqué en Wikipedia cual es su significado y entre otras cosas dice que es una forma de entretenimiento y de comunicación humana, que tiene la intención de hacer que la gente no sea infeliz y ría. Y esa es justamente la razón por la cual me interesa escribir hoy sobre el buen humor. Porque es una herramienta que nos ayuda a pasarla bien, a distraer las preocupaciones legítimas que todos tenemos en algún momento. 

Muchos dicen que se nace con buen humor, pero mi experiencia personal me indica lo contrario, y es que uno puede modificar su carácter no sólo para tener buen humor sino para darlo a los demás. 

Nicolás Zerbino, uno de los sobrevivientes del accidente aéreo en la cordillera andina, en la que se salvaron de milagro 30 personas luego de varias semanas varados en los montes, nos cuenta: “En el accidente, había momentos en que lo más importante era el sentido del humor. Es una forma de liberar tensiones y energía muy necesaria. En la cordillera, cuando has perdido amigos y familiares, cuando la muerte te acecha constantemente, reír pareciera una frivolidad. Sin embargo, puede ser justamente lo opuesto, puede ser la cumbre del genio humano que en un intervalo humilde y valeroso, colocado frente al doble espejo de su nimiedad y dignidad, adquiere nueva perspectiva y encuentra una salida de evacuación por donde liberar pensamientos y sentimientos contenidos. Cuanto más pronunciada resulte la cuesta, cuanto más aguda y prolongada resulte la crisis, cuánto más lúgubre y largo se divise el túnel, hagan buen aprovisionamiento de la magia del humor, y ríanse de los demás, con los demás y sobretodo de ustedes mismos.”

El caso de Victor Frankl por ejemplo, fue similar. Fue uno de los pocos sobrevivientes del holocausto, le tocó estar en los peores campos de concentración, vivir los peores castigos que un ser humano puede imaginar y sin embargo, sobrevivió. Nadie daba un dólar por él, especialmente después de que muchos de sus compañeros se “lesionaran” fatalmente o desistieran de pelear. El porfió, perseveró con voluntad e inteligencia, y ganó el partido de su vida. De ese match han quedado cristalinas algunos pensamientos sobresalientes, entre otros su canto al humor. “El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia” ¿De qué va la pelea? ¿Cuál es el premio? Sobrevivir….o morir, dicho de forma hamletiana. ¿Quién dirige la contienda? Ni los riñones n los músculos, ni la cabeza, es el alma quien se sitúa en el corazón de frente. ¿Armas a utilizar? Dado lo que está en juego, todas las del polvorín humano. Astucia, tesón, estrategia, prudencia, coraje…y humor, mucho humor para aderezar una comida vomitiva. El humor no es complemento accidental para la batalla, es instrumento esencial para la misma. El humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos.

No vale la pena deprimirse, disfruta y ríe la vida. “Ésta es demasiado seria como para tomársela en serio, de ahí que el humor sea una muleta imprescindible.” Si bien es cierto todos tenemos problemas en nuestra vida, el arte está en como afrontarlos.

Reflexiones para Semana Santa

Reflexiones para Semana Santa 128 96 Rafael

 

Ya que estamos en Semana Santa, me gustaría hacer un alto en el camino, y por esta única semana no escribir uno de mis artículos para vivir mejor, sino más bien copiar el resumen de un texto que suelo leer los Viernes Santos que se llama Via Crucis para recordar todo lo que se hizo por nosotros en estas fechas. Esto porque muchos de nosotros esperamos este fin de semana para planear vacaciones, tomarse un merecido descanso, relajarse, divertirse, lo cual puede que esté bien, pero lo malo es que no nos acordamos que es feriado justamente porque tiene un significado especial que va más allá de ver como la pasamos bien este fin de semana.

A continuación copiaré varios pensamientos escritos por San Josemaría, en los que va narrando lo que ocurrió en lo que se conoce como La Pasión, el primer Viernes Santo. Me han ayudado muchísimo a mejorar sobre todo cuando pasaba por un problema serio o una tristeza grande.

  1. Jesús ora en el huerto: Dios es mi Padre, aunque me envíe sufrimiento. Me ama con ternura, aun hiriéndome. Jesús sufre, por cumplir la Voluntad del Padre… Y yo, que quiero también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podré quejarme, si encuentro por compañero de camino al sufrimiento?

  2. ¿No es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales? Es verdaderamente suave y amable la Cruz de Jesús. Ahí no cuentan las penas; sólo la alegría de saberse corredentores con Él.

  3. Cuanto más seas de Cristo, mayor gracia tendrás para tu eficacia en la tierra y para la felicidad eterna. Pero has de decidirte a seguir el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma.

  4. Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz de Jesús. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural.

  5. A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia… no le des consuelos.

  6. Por ver feliz a la persona que ama, un corazón noble no vacila ante el sacrificio. Por aliviar un rostro doliente, un alma grande vence la repugnancia y se da sin remilgos… Y Dios ¿merece menos que un trozo de carne, que un puñado de barro?

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Si somos almas de fe, a los sucesos de esta tierra les daremos una importancia muy relativa, como se la dieron los santos… El Señor y su Madre no nos dejan y, siempre que sea necesario, se harán presentes para llenar de paz y de seguridad el corazón de los suyos.· Aprende a mortificar tus caprichos. Acepta la contrariedad sin exagerarla, sin aspavientos, sin… histerismos. Y harás más ligera la Cruz de Jesús.

  1. ¡Cuánto cuesta llegar hasta el Calvario! Tú también has de vencerte para no abandonar el camino… Esa pelea es una maravilla, una auténtica muestra del amor de Dios, que nos quiere fuertes, porque la virtud se fortalece en la debilidad.

  2. Del pretorio al Calvario han llovido sobre Jesús los insultos de la plebe enloquecida, el rigor de los soldados, las burlas del sanedrín… Escarnios y blasfemias… Ni una queja, ni una palabra de protesta. Tampoco cuando, sin contemplaciones, arrancan de su piel los vestidos. Aquí veo la insensatez mía de excusarme, y de tantas palabras vanas. Propósito firme: trabajar y sufrir por Jesús, en silencio.

  3. A ti que te desmoralizas, te repetiré una cosa muy consoladora: al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia. Nuestro Señor es Padre, y si un hijo le dice en la quietud de su corazón: Padre mío del Cielo, aquí estoy yo, ayúdame… Si acude a la Madre de Dios, que es Madre nuestra, sale adelante.

  4. Pero Dios es exigente. Pide amor de verdad; no quiere traidores. Hay que ser fieles a esa pelea sobrenatural, que es ser feliz en la tierra a fuerza de sacrificio.

  5. Los verdaderos obstáculos que te separan de Cristo –la soberbia, la sensualidad…–, se superan con oración y penitencia. Y rezar y mortificarse es también ocuparse de los demás y olvidarse de sí mismo. Si vives así, verás cómo la mayor parte de los contratiempos que tienes, desaparecen.

  6. Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada… Cuando llegue la fatiga, los ojos se te irán hacia Jesús, y hallarás nueva fuerza para proseguir en tu empeño. Porque ese crucifijo es más que el retrato de una persona querida –los padres, los hijos, la mujer, la novia…–; Él es todo: tu Padre, tu Hermano, tu Amigo, tu Dios, y el Amor de tus amores.

¿Cómo enfrentar las adversidades?

¿Cómo enfrentar las adversidades? 128 103 Rafael

 

“Solo aciertan a alcanzar el éxito quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio.” Anónimo

¿Quién puede decir de esta agua no beberé? En algún momento de nuestras vidas, a todos nos toca recibir “la visita imprevista de una vieja y exigente maestra: La adversidad”, de la que podemos lamentarnos o de otro lado, aprender muchísimo. Pues bien, si igual va a venir, no nos queda otra que mirarla con buenos ojos y darle la bienvenida. Sólo de esa forma podremos aprovechar su visita para mejorar.

A continuación veremos casos de personas que le agradecen que los haya visitado, porque los cambió para bien, y quizá un acontecimiento tan duro como ese, fue lo único que los hubiese hecho cambiar. El primero es el de Andrea Bocelli, a los 12 años, a causa de una rara enfermedad y un pelotazo en la cara accidental, se quedó ciego. El mismo Bocelli comenta en su libro autobiográfico: The music of silence, ”Curiosamente la naturaleza, mientras me quitaba algo valiosísimo, la vista, me daba otro regalo, la música. Con una mano soltaba algo tan querido como la visión, pero con otra agarraba fuerte una muleta y una compañera inestimable, la música, otra forma de “ver”. Muchos de los logros de Bocelli se han dado gracias al coraje y persistencia de un hombre que aprendió a mirar de otra manera, porque “lo esencial es invisible a los ojos” tal como dice el Principito. 

Lance Armstrong, cuatro veces campeón del Tour de Francia, la prueba ciclística más importante del mundo. Diagnóstico: Cáncer testicular con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Edad 25 años. Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life: “La verdad es que el cáncer ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, operó un profundo cambio en mi forma de ser, ha hecho maravillas con mi personalidad. ¿Por qué yo? Durante la mayor parte de mi vida había operado bajo un esquema simplista de ganar o perder, pero el cáncer me estaba enseñando a ser tolerante ante la ambigüedad. Ahora corría una carrera bien distinta. ¿Dónde estaba la línea de partida? ¿Cuál era el premio por ganar?” Se da cuenta que es una competencia distinta, que aquí no gana el que llega primero sino el que aprovecha de la mejor manera el kilometraje recorrido. 

Veamos otro caso, Randy Snow, quien sufrió un accidente que le inmovilizó las piernas, el único deportista en la historia de los juegos paraolímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: Atletismo, tenis y baloncesto. En su libro Pushing forward, a memory of motivation, nos cuenta: “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviéramos mirando la vida con un solo ojo, curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida u oculta. Sé que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida. Nos rodeamos en nuestra zona de confort de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas. 

Mar Cogollos, joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente quedó hemipléjica, nos dice en plena depresión en su libro Elogio de la debilidad: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con ellos hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida. Recuerdo que pensar y ayudar a los demás me ayudó muchísimo en mi recuperación. Mis compañeras tenían que levantarse e ir al gimnasio por la mañana. Les urgía a que se arreglaran, que se peinaran, que siguieran siendo mujeres, la vida continúa. Cuando abandoné el hospital una persona me dijo, que no te miren con pena sino con admiración, y eso va a depender exclusivamente de ti. Y es que cuando te enfrentas a una adversidad, muchas veces te saca de dentro lo que tenemos, esa necesidad de darnos mas generosamente a los demás”. Esto me trae a colación una frase que leí hace algún tiempo: “¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan.” No nos damos cuenta que el principal beneficiado en un acto de dar a los demás, no es el que recibe, sino el que da, porque es el que se queda con la alegría interna de haber hecho lo correcto.

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Al respecto, Santiago Alvarez de Mon, uno de los más brillantes pensadores de España, profesor del IESE, nos dice que “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, es más propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”

Nuestro último invitado es Christopher Reeve, nada menos que el actor que encarnó paradójicamente a Superman. A los 42 años, mientras montaba a caballo tuvo una caída que le produjo rotura de vértebras y parálisis de la cabeza para abajo incluyendo la falta de respiración (tuvo que vivir permanentemente conectado a un respirador artificial). Luego de ello necesitó 6 horas diarias para las actividades más elementales (vestirse, bañarse, ir al baño). A pesar de ello ganó en los últimos años varios Emmy y un Grammy estando así. Reeve escribe en su libro autobiográfico: “Tengo que admitir que cuando me despierto cada mañana, tengo que superar el shock de no ser capaz de moverme. Siento envidia de las personas que caminan y corren sin ningún problema. Ser bruscamente privado a los 42 años de muchas de las cosas que disfrutas de la vida es desalentador pero mi optimismo permanece intacto. Empecé a considerar, que vida puedo construir a partir de lo sucedido? ¿Hay alguna forma de ser útil, de echar una mano a los demás, de ponerse a trabajar de nuevo?, ¿Existe algún camino que me conduzca a ser otra vez esposo y padre? No obtuve ninguna respuesta pero el formularme esas preguntas, ya fue una gran ayuda.”

Como vemos, ha cambiado su forma de pensar, de quererse suicidar en un comienzo le empieza a dar un sentido a la vida. Sin embargo, la lucha diaria sigue siendo una constante. Como todo ser humano, Reeve tenía momentos en los que el desánimo y la tristeza, invadían su corazón. Sin embargo, supo darle un sentido a su sufrimiento, a su vida. Que él nos comente como hizo: “Si me entrego a la autocompasión o expreso mi desaliento delante de mi pequeño hijo Hill estoy poniendo una carga pesada e injusta en un niño de cinco años. Si me vuelvo hacia dentro de mi y paso el tiempo con nostalgia del pasado no puedo estar cerca de Mathew y Alexander, dos adolescentes que necesitan los criterios y consejos de su padre. Por último, que tipo de vida podría compartir con Dana, mi esposa, si me dejo llevar y me transformo en un armatoste deprimido que se arrastra en silla de ruedas?”.

A pesar de que lo mas lógico hubiese sido que se esconda tras su mala suerte, quién hubiese tenido agallas para reprochárselo, nuestro super héroe de carne y hueso luchó por ser ejemplo de padre y esposo ejemplar aún en esas condiciones. Al respecto, Alvarez de Mon, de cuyo libro extraje algunos casos, comenta que unos nos ahogamos con flotador en el jacuzzi temperado, iluminado y protegido, y otros como Reeve nadan a brazo partido con el mar más bravo, oscuro y helado y finalmente llegan a su destino eterno, con la alegría y la paz interior de saber que lucharon contra la adversidad y no pararon hasta vencerla. En otra sección de su libro, Reeve tiene una paradoja sobre qué es ser un héroe. Dejaré que él mismo lo cuente: “Cuando salió la primera película de Superman concedí un sinfín de entrevistas y la pregunta que más se repetía era: ¿Qué es para usted un héroe? Con qué facilidad y ligereza contestaba. Un héroe es alguien que lleva a cabo una acción valerosa sin reparar en las consecuencias.“ Quien iba a imaginar que aquel héroe de fantasía se iba a convertir en uno de carne y hueso, que demostró ser un verdadero héroe a punta de tener la fortaleza para perseverar y resistir, y seguir luchando a pesar de cargas durísimas. Y es que los verdaderos héroes son personas comunes y corrientes, anónimas, ese padre que se amanece trabajando para llevar algo de comida al hogar, esa madre que a pesar del trabajo diario en la empresa, se levanta varias horas antes para preparar el almuerzo de sus hijos, ese directivo que permite crecer a sus empleados, ese chiquillo que decide ir contra contra corriente contra la opinión de sus “valientes” amigos que están en drogas o se dejan llevar por el sexo, en fin, me refiero en general a cualquier persona que lucha por ser perfecta, por ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil, olvidándose de ella misma. 

La pregunta del millón es: ¿Qué hacer cuando llega la adversidad? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve en ese momento es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida, Dios sabe porqué hace las cosas . Tenemos dos opciones, o llevamos la adversidad con angustia, molestia, pena y sufrimiento, o le sacamos provecho a la vida, hacemos de tripas corazón y le vemos el lado bueno. Podemos tener el semblante serio y el corazón compungido, pero nadie nos quitará la felicidad de tener la conciencia tranquila, de saber que hacemos lo correcto, que luchamos por salir adelante. Podemos aprender mucho más de la gente discapacitada, pobre o llena de problemas, que de los inteligentes y famosos. Y es que las adversidades enseñan más que las explicaciones perfectas de grandes científicos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Esto no quita que siempre luchemos incansablemente por ser mejores.

Remedios contra la depresión

Remedios contra la depresión 170 127 Rafael

 

Aquí me tienen nuevamente. Esta vez para comentarles una experiencia propia que creo que vale la pena compartirla. Ayer tuve la oportunidad junto a un grupo de amigos de asistir a una chocolatada navideña de niños con escasos recursos. 

Lo mas bonito es que los que salieron ganando finalmente fuimos nosotros porque nos queda una pequeña satisfacción interna de haber hecho lo correcto. No es que sea la obra social del año, al contrario, en realidad es muy poco para todo lo que deberíamos hacer, sin embargo, el ayudar a estos niños nos ha dejado unas ganas de seguir ayudando y que ojalá se puedan concretar el próximo año. Esas son quizá las cosas que realmente lo hacen feliz a uno. Yo creo que las personas generosas, serviciales, volcadas en darse a los demás son las menos probables en caer en el desánimo y la depresión.

Para muestra un botón, Mar Cogollos, una joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente tonto quedó hemipléjica a los 20 años, cuenta en su libro que cuando recién le pasó esto entró en una depresión tremenda: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con los enfermos del hospital en el que estaba hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me morí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida.” 

Por eso dicen que uno de los secretos para ser feliz es darse y servir a los demás sin esperar que te lo agradezcan. Al respecto, Santiago Alvarez de Mon, uno de mis escritores preferidos nos dice: “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, el que se embadurna solazadamente en su propio barro es mas propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, que expansivas abren brazos donde todos entran, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, quien puede decir de esta agua no beberé, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”  

De hecho, estoy seguro que podemos aprender mucho más de la gente discapacitada, pobre, llenas de problemas, como la que hemos visto hoy, que viven en medio del cerro del Morro Solar, que de los gurús, de los gerentasos, de los ricos y famosos. Y es que los problemas enseñan más que las explicaciones perfectas de científicos eminentes o pedagogos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y de verlos con la cara sonriente, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Ojo, no quiero decir tampoco que seamos mediocres, para nada, siempre hay que lucharla. 

Estos niños de hoy no viven pendientes de lo que los demás piensan de ellos, como si lo hacemos nosotros, y lo peor es que no nos damos cuenta que los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, que me compro mi IPOD último modelo para quedar bien con todos y lucirla y en realidad a la gente le importa un pepino mi IPOD y por gusto gasté tanto. En fin, si or estas fiestas navideñas, alguien se siente mas feelin de lo normal o le viene la depre, tomen nota de este eficaz remedio, les aseguro que no falla.

Optimismo

Optimismo 106 127 Rafael

 

Vuelvo nuevamente con uno de mis escritores preferidos sobre temas de adversidad, Santiago Alvarez de Mon, todo un maestro para describir y hacernos entender como es que se pueden convertir las tristezas en alegrías, el sufrimiento en felicidad.

En uno de sus libros en los que habla sobre adversidad y optimismo nos cuenta sobre Gustavo Zerbino, estudiante de medicina en ese entonces, que fue uno de los sobrevivientes del avión que cayó en el altiplano en Octubre de 1972. Formaba parte de un equipo de rugby uruguayo que iba a Chile. El avión en el que viajaban se estrelló a 3,500 metros sobre el nivel del mar en Los Andes. Al chocar el avión murieron instantáneamente 13 personas de las 45 que viajaban y durante los mas de 70 días de estar perdidos murieron otras dieciséis. Vivían hacinados en la cabina del avión soportando temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, dándose masajes unos a otros para no morir congelados.

En el indescriptible escenario de las primeras horas en que el avión se estrelló en un campo donde no había ninguna opción de encontrar alguien que los pueda ayuda, encontramos a Gustavo quien practicó primeros auxilios a varios de sus compañeros heridos. Recuerda a Enrique Platero con el vientre destrozado. Le atiende, le venda la herida y le dice que no tiene nada grave, que es superficial. Le da una pastilla y le asegura que no tendrá dolor en seis días. Así sucede. A los seis días, vuelven los dolores, repite entonces la misma operación mental con los mismos efectos “sanadores”.

Gustavo cuenta en su libro “Viven, el triunfo del espíritu humano” lo siguiente: “La capacidad de sufrimiento del hombre es limitada. El umbral del dolor es convencional, es educado y educable. El límite del dolor varía según la forma anímica de afrontarlo. El hombre puede llegar a límites de dolor y sufrimiento hasta donde se anime a enfrentarlo. Aprendí en los Andes que con un cambio de actitud, el dolor puede convertirse incluso en placer”. Sobre el riesgo de entrar en una espiral de pensamientos negativos advierte: “Es un círculo vicioso descendente que te lleva a la depresión y hay que romperlo, ¿Formas de hacerlo?. Era necesario convencerse de la importancia de la fortaleza mental. Lo que nos rodeaba no dependía de nosotros, lo teníamos que tomar como un hecho, como un dato. Sin embargo, nuestro aspecto mental si dependía de nosotros, a nivel particular y de grupo, y se fortalecía sacando a las personas del protagonismo y del victimismo. Les decíamos de una manera suave, dura o terrorífica que ayudasen a los demás para que se sintieran útiles. Por qué no ayudas a fulano que te echó una mano y te precisa; haciéndolo se sentía bien y levantaba su autoestima.

Aquellas personas generosas, serviciales, volcadas en darse a los demás son las menos proclives en caer en el desánimo y la desesperanza. En la mente entra un pensamiento a cada instante. Podíamos elegir entre pasarlo lo mejor posible o ser los mas infelices del mundo. Podíamos convertir un pensamiento débil y negativo en otro positivo y fuerte. Dependía de nosotros.” Esa fue la lucidez de Zerbino, concentrarse en los factores en los que podían influir: estructura mental interior, diálogo exterior con los demás, reposar un poco y rezar.

Prosigue Zerbino “Lo mas angustiante fue la espera, porque la espera implicaba expectativas que dependían del exterior, y que con el paso del tiempo se podían ver frustradas, como así sucedió. Cuando nos enteramos que las operaciones de rescate eran suspendidas se vieron dos tipos de reacción. Para algunos fue un golpe durísimo porque habían depositado sus esperanzas en la ayuda de fuera. Todas sus expectativas se derrumbaron en ese instante, y presos de la desesperación se fueron muriendo gradualmente. Frente a esas circunstancias, otras personas lo tomaron como un dato que exigía una respuesta. Para aquellos que desde un principio adoptaron como una actitud preactiva y decidieron organizar sus propios sistemas de salvación, la noticia de la cancelación pudo ser digerida y superada. Una lección que aprendí fue que siempre hay que estar preparado para lo peor, esperando siempre lo mejor.

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En la cordillera me rebelé contra la muerte. Era tan natural que me resistí a que me atrapara tan pronto. También me enfadé con Dios, para luego darme cuenta de que El no tenía la culpa de lo que nos pasaba. Hechas las paces, le pedí fuerzas para aceptar la situación y pelear para salir de ella. Me imagino que muchos en algún momento han tenido una reacción similar con El. Y es que solo una fe recia y fuerte se hace preguntas duras y punzantes, los que confunden querer creer con creer no se pueden permitir ese lujo. Faltos de anclajes sólidos la duda les desarmaría.”

Gran ejemplo el de Zerbino. Otro invitado regular de los libros de Alvarez es Nelson Mandela, líder indiscutible que pasó 25 años encerrado en prisión por ser fiel a un ideal, otro gran ejemplo de lo que puede hacer el optimismo en el espíritu humano. Mandela cuenta en su libro autobiográfico: “Nunca consideré la posibilidad de que no saldría tarde o temprano de la prisión, a pesar de haber estado encerrado mas de 25 años. Nunca pensé que una sentencia a cadena perpetua significaría morir entre rejas. Siempre supe que algún día volvería a sentir la hierba bajo mis pies y pasear bajo el sol como un hombre libre.”

Como dice Alvarez, pensar y escribir todas estas cosas cuando todo ha pasado no tiene mérito. Con todos los partidos jugados es fácil acertar la quiniela. Hay optimistas de pacotilla que lo son sobre los demás, minimizan y trivializan los problemas ajenos, pero se ahogan en los suyos. Hay optimistas de cartón, que lo son a toro pasado, entonces respiran aliviados, pero mientras ocurren los hechos aúllan y gimen desconsoladamente. Por eso creo en esta declaración de fe de Mandela: “Fundamentalmente soy una persona optimista. No sé si me viene por naturaleza, nací así, o por crianza, pero el hecho es que lo soy. Siempre ando mirando el sol pensando que lo que viene será mejor. Ha habido muchos momentos muy negros en mi vida en los que mi fe en la humanidad fue seriamente probada, pero me negué a entregarme al desaliento. Esta senda te lleva a la derrota y a la muerte”. El eligió, optimista hasta los huesos, un camino de vida y de victoria.

Nuestra última invitada virtual de este artículo, es Hellen Keller, aquella mujer que nació ciega y sorda, y gracias a Anne Sullivan, su infatigable maestra, pudo darle un sentido a su vida. Nos cuenta sobre la felicidad en su ensayo “Optimismo”: ”La mayoría de la gente mide su felicidad en términos de placer físico y posesión material. Si la felicidad se pudiera medir y palpar, yo que no puedo ver ni oír, tengo todos los motivos para sentarme en una esquina y llorar sin parar. Si a pesar de mis privaciones, soy feliz, si mi felicidad es tan profunda que se convierte en una filosofía de vida, entonces resulta que soy una persona optimista por elección. Optimismo es un hecho que reside en mi corazón.” Su caso, realmente uno de los mas emocionantes del siglo, amerita un articulo que ya lo publicaré en las próximas semanas.

Un caso adicional, sobre un cantante de American Idol, que ya lo han visto millones de personas, porsiacaso lo incluyo acá en este video: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=416822&idseccio_PK=1028

Solo para terminar, algunos de ustedes saben que mi trabajo es seleccionar personal a las empresas, es por ello que suelo leer sobre este tema y la semana pasada me encontré con este párrafo que leí de un experto a nivel mundial, que calza muy bien con lo que estamos comentando. Decía así: “Cuando contrate a un jugador para su equipo, mírele de frente a los ojos, observe si mira limpia y noblemente, cuando el partido se ponga feo será de los que meten la pierna. Sino acierta en ese dilema crítico, que Dios le pille confesado. Lo peor que ocurre con los pesimistas es que nunca van solos. Es muy raro ver a un pesimista solo, como mucho, un rato, no muy largo. Su enfermedad es altamente contagiosa. Hoy tengo un pesimista en la empresa, y mañana sin darme cuenta, son legión y la llevarán a pique. Un consejo rápido y gratis. Rodéese de gente calificada y optimista, así las tormentas se vadean y sobrellevan mejor. O dicho de otro modo, prescinda de los pesimistas, a la larga, tumban cualquier embarcación que se tercie.” A buen entender, pocas palabras.

Los ricos también lloran…especialmente si hay alguien mas rico que ellos

Los ricos también lloran…especialmente si hay alguien mas rico que ellos 128 100 Rafael

Parafraseando a esa conocida novela, de los años 80, continúo con la segunda parte de este artículo sobre la felicidad y su relación con el dinero. Los dejo con un resumen del estudio realizado por Manel Baucells, Profesor del IESE de Barcelona, sobre la relación del dinero con la felicidad. 

“Daniel Goleman me explicó que puedes adivinar que hará en la vida un niño de 5 años si le das un caramelo y le prometes: “Si mañana no te lo has comido, te daré dos”. Los niños que serían delincuentes, aseguraba, están entre los incapaces de no comérselo en seguida.” El estudio de Baucells, del IESE y Rakes de UCLA, cuantifica ahora esa capacidad humana de planificar el esfuerzo y su gratificación mas allá del instinto y de la proyección subjetiva en el futuro de lo que sentimos en cada momento. Con su rigurosa ecuación de la felicidad imponen la razón sobre la obsesión sobre lo que los demás pueden y piensan de nosotros y sobre el error de pensar que la ilusión de estrenar auto o casa va a durar tanto como ellos. Es sorprendente relacionar el dinero que la gente gana y gasta con la felicidad que obtiene. Y es que la mayor parte de todas las decisiones de compra se toman para impresionar a los demás y después nos buscamos excusas.

Baucells explica que hay dos tipos de bienes, tal como vimos en el artículo pasado, los de primera necesidad, entre los que se incluyen la salud, las reuniones familiares, sociales, la religión, el trabajo, y los bienes adaptables o bienes de adaptación, aquellos que una vez obtenidos tienden a disminuir el grado de felicidad con el tiempo, como una casa nueva, un vestido nuevo, un par de zapatillas nuevas, etc. Los ricos suelen centrarse más en bienes de adaptación que en productos básicos como la comida, la vivienda, dormir, la amistad, las actividades espirituales, etc. 

Asimismo, el estudio demuestra que el sesgo de proyección que todos tenemos incluido, desvía recursos de los bienes básicos a los de adaptación, incluso cuando antes se planifican racionalmente. Hasta los segmentos mas pobres de la sociedad caen en la trampa de asignar mas dinero a productos adictivos como el alcohol o las drogas que a bienes de primera necesidad como alimentos nutritivos o la higiene. Se necesita mucha disciplina para concentrarse en los placeres sencillos, pero eso, es lo que nos da felicidad.

Para desechar la posibilidad de que la infelicidad se deba únicamente a la falta de dinero los investigadores citan algunos ejemplos. Uno de ellos es el caso de una mujer que conduce un auto relativamente viejo en su época de estudiante y se alegra al comprarse un auto nuevo cuando consigue su primer trabajo. Sin embargo, pronto se adapta al nuevo vehículo y lo asimila como parte de su estilo de vida. Lo mismo podría decirse de quien acostumbra a pasar sus vacaciones anuales en el extranjero. Este proceso se llama adaptación: la gente se olvida de que acabará adaptándose a un estilo de vida mas alto a medida que vayan aumentando sus ingresos. Cuanto mas tienen, mas quieren.

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La otra gran fuerza es la comparación social, que empuja a compararse con los vecinos mas ricos. Cuando uno se hace socio de un club o se muda de barrio mejor, las comparaciones sociales se hacen con un grupo de semejantes mas acaudalados. En vez de compararse con vecinos mas pobres, la comparación es con aquellos que mas tienen, con mejor status y con rentas similares. 

Cuando las dos fuerzas, la de la adaptación y la de la comparación social se juntan, pueden dar lugar, y así suele ocurrir, a una profunda insatisfacción personal. Este fenómeno se ha observado a escala mundial, en estudios de medición de felicidad realizados en todos los países. La planificación óptima, sin embargo, requiere que se prediga el impacto correctamente del consumo corriente sobre la futura utilidad. Un aumento del consumo tiene dos efectos peligrosos sobre la futura utilidad. Primero, el nivel de adaptación sube y por lo tanto en el futuro la utilidad experimentada disminuye (es el caso de la gente que se acostumbra a un auto elegante, una casa mas grande, o las vacaciones en el extranjero.) Segundo, el nivel de comparación social también puede subir, reduciendo otra vez la utilidad experimentada. 

La felicidad está unida también al positivismo, una forma de vivir la vida que manifiestan más algunas personas que otras, y que también tiene su corriente psicológica como fundamento. El fundador de la psicología positiva es Martin Seliger (ex presidente de la Asociación Psicológica de USA). Distingue al optimista del pesimista a través de lo que llama estilos explicativos, o de que forma explica cada uno la misma realidad. Según esta teoría el optimista reacciona a los golpes de la vida desde una presunción de poder personal, e interpreta los hechos negativos como reveses: temporarios, específicos y reversibles con habilidad y esfuerzo.

El pesimista en cambio, se siente impotente ante la adversidad, y piensa que los problemas se perpetuarán en el tiempo, contaminarán el resto de su vida y son culpa suya. Del mismo modo se contraponen en la interpretación de los hechos positivos: el optimista se siente responsable de las buenas cosas que le pasan y mentalmente extiende los hechos afortunados hacia el futuro y hacia todas las áreas de su vida. Como consecuencia de mirar la vida de formas diferentes surgen actitudes distintas. Al sentirse con el control de su destino, el optimista afrontará una enfermedad, un fracaso amoroso y hasta la pérdida de un ser querido como un desafío, el pesimista tenderá a deprimirse y abandonar la lucha.

La propuesta de Seliger para inyectar positividad a la vida de las personas es en primer lugar aprender a identificar las reacciones que tiene uno ante los eventos desafortunados y luego entrenarse para disputarlas, generando explicaciones alternativas. Los optimistas tienen una serie de ilusiones autocomplacientes que les permite mantener el buen ánimo y la buena salud, en un universo básicamente indiferente a su bienestar. Revelándose como un pesimista converso. Esa mirada complaciente del optimista impregna también su forma de percibir al otro y al mundo, achicando amenazas y fabricando recursos.

Autoayuda : Se puede ser feliz con el mismo sueldo

Autoayuda : Se puede ser feliz con el mismo sueldo 85 126 Rafael

A pesar de los avances económicos cada vez menos personas se sienten felices, dejando evidencia que no siempre la relación dinero felicidad es directamente proporcional. 

Al respecto, hace poco leí uno de esos artículos que te cambian la forma de ver la vida y quise compartirlo con ustedes. Lo ha escrito Manel Baucells, Profesor Principal de Gestión de Personas en el IESE de Barcelona, basado en un estudio realizado por él y por Rakesh Sarin de UCLA de California, cuyo nombre fue “Does more Money buy you more hapiness?” ¿Mas dinero puede comprar mas felicidad?. Le pedí que me mande y autorice a publicar dicho artículo y otros relacionados al tema de la felicidad para hacer un resumen y publicarlos, así que a continuación el primer resumen.

Muchas veces las personas hablan de la falta de dinero como una de las causas de sus males. Atribuyen que por eso no pueden ser completamente felices, que no tienen todo lo que desean y que siempre les está faltando algo para ser “iguales” a los demás, incluyendo en “todos los demás” a unos pocos que pueden tener alguna superioridad en un bien material por ejemplo. Sin embargo el dinero no siempre les permitirá cubrir las necesidades y lograr satisfacciones, y una vez que lo obtienen, se dan cuenta de que se trata de otras falencias. 

El problema parte de mucho tiempo atrás. La economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos. Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción; en cambio, un bien adaptativo proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias. Por ejemplo, tener un auto es un bien básico, pero cuando pasas del Toyota del año 80 a la Porsche Cayenne del año, lo conviertes en un bien adaptativo. Un Toyota viejo puede proporcionar mucha satisfacción y un Porsche muy poca…, si lo comparas con el Ferrari del vecino.

El tema es que se puede vivir feliz aunque no te envidien. Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, que tu te compras la 4 x 4 para quedar bien con todos y para lucirla, y en realidad a la gente le importa un pepino tu 4 x 4.

Una forma de autoengañarse es decir que nosotros compramos para nosotros mismos, nos convencemos de que lo compramos porque lo necesitamos, cuando la verdadera causa a menudo es impresionar al resto. En cualquier caso la satisfacción y la insatisfacción siempre se obtienen al momento del incremento o decremento del estatus, después se diluyen. Es decir, el aumento de sueldo alegra el primer día, si te sacas la lotería igual, a los cuatro días te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos que tienen más…Incluso puedes llegar a sentirte mas pobre que antes de la lotería.

El otro problema es nuestra incapacidad de racionalizar las proyecciones. Creemos que el nuevo auto nos reportará tanta satisfacción durante los próximos cinco años como los cinco primeros días y no es así. En general, es mas feliz quien edifica su felicidad sobre los bienes básicos y posterga los adaptativos. Pero, cuanto necesita uno para ser feliz? Según el estudio realizado, la cifra son US$ 12,000 anuales. Esa cantidad satisfaría todas nuestras necesidades básicas, lo demás es adaptativo. A partir de un nivel de renta determinado, la felicidad no aumenta significativamente por mucho que lo hagan los ingresos. De hecho, todos los indicadores del grado de felicidad han permanecido intactos en todo el mundo a pesar de aumentos de la renta media considerables, un fenómeno conocido como la Paradoja de Easterlin. El ejemplo mas llamativo es Japón, donde a pesar de que la renta per cápita real ha aumentado cinco veces, prácticamente no se ha incrementado la media del nivel de satisfacción. El ciudadano de hoy se adapta rápidamente a un cierto nivel de estándar (su propia casa, su propio auto, vacaciones, restaurantes) y no se sentirá mejor que el de hace sesenta años cuando circulaba en bicicleta y escuchaba una vieja radio. La paradoja de Easterlin se puede explicar por el hecho de que la felicidad depende también de otros factores además del dinero, como las relaciones familiares, los amigos, la salud, el trabajo, ambiente externo (libertad, seguridad, etc.) y valores personales (visión de la vida, religión y espiritualidad).

Sí, el poder adquisitivo influye en la felicidad de una persona, pero hasta cierto punto. Ni que decir que algunas personas con dinero se torturan comparándose con otras personas aun mas ricas que ellas. Los autores sugieren que la gente podría sacar mas provecho a su dinero en términos de felicidad si calcularan correctamente el efecto de adaptación. Cuando el cálculo es erróneo, se debe a lo que los psicólogos denominan un sesgo de proyección. Este concepto, aplicado a las decisiones de consumo significa que predecimos un ritmo lento de adaptación a un bien nuevo. De hecho, la adaptación se produce mucho mas rápidamente de lo que esperábamos, lo que nos lleva a gastar mas de la cuenta en bienes adictivos y ser menos felices de lo que pensamos.

La buena noticia es que la felicidad se puede planificar. Manel Baucells lo hace de acuerdo a una ecuación: relaciona la capacidad de adaptación con el incremento de riqueza y la comparación con otros. Funciona de la siguiente manera: Ustedes cuando compran algo asumen que ingresan 100 de felicidad y creen que el resto de su vida ese dinero les va a dar la felicidad 20 que sienten el primer día pero en realidad al cabo de un año solo han obtenido un 1. Si hubieran planificado su felicidad racionalmente con esta ecuación hubieran obtenido un 7.

Por el contrario, la desgracia también es planificable. Las pérdidas de patrimonio y estatus se notan el doble que las ganancias. La bajada de nivel genera el doble de insatisfacción que la subida de satisfacción. En este caso, la proyección de expectativas funciona al revés. Al principio duele mucho, y luego cuando te acostumbras, te das cuenta que no es para tanto. Acabas adaptándote a la triste situación mas rápido de lo que habías previsto. El arte de la planificación en este tema nos permitirá conseguir mas felicidad por menos dinero y esfuerzo.

El autor recomienda también no retrasar las cosas. Anticipar lo malo es lo inteligente, también lo es dilatar la gratificación de las cosas positivas. La lección es que deberíamos programar racionalmente en el tiempo, la gratificación que nos reportan nuestros ingresos. Por ejemplo si tenemos un aumento de sueldo, no hacer todas las cosas de golpe y graduar el incremento de satisfacción. Lo mejor es ir subiendo poco a poco de nivel sin cambiar las referencias anteriores.

“Lo que da la felicidad es el cambio, el paso de un escalón al otro, por ello mantenerse siempre en uno, aunque sea muy elevado, deja de hacernos felices”, explica Manel Baucells. Para solucionarlo, el profesor del IESE tiene una receta: “Si te toca un millón de euros, debes hacer tus cálculos para que la mejora de tu situación sea paulatina y gastar sólo un 1% de lo ganado el primer año, un 2,5% al siguiente, y así progresivamente hasta alcanzar incrementos del 20% y el 30%”.

Dos investigadores dieron a elegir en 1998 a los alumnos de la Escuela Pública de Salud de Harvard entre dos escenarios: en uno, ellos ganarían 50.000 dólares cuando el resto del mundo lograría 25.000, es decir, la mitad, mientras que en el segundo escenario ellos ganarían 100.000 dólares cuando el resto ganaría 250.000, más del doble. Todos prefirieron el primer escenario. “Por eso la felicidad social no ha avanzado pese a que mejore la calidad de vida en un país, porque nos peleamos siempre por tener lo que tiene el vecino Seguir con los amigos de siempre nos hará sentir mas afortunados con menos. En el barrio de los millonarios, el suertudo al que le tocó la lotería, solo es un millonario más.

Para finalizar, copio textualmente una reciente entrevista que le hicieron respecto al tema:

El dinero da la felicidad, ¿verdadero o falso?

Verdadero.

¿Por qué?

Porque con el dinero tienes más control, acceso a cosas que antes no tenías y más capacidad de decisión. Pero se comete un error de cálculo: se piensa que va a dar más de lo que da.

Este error de cálculo, ¿cuándo lo comete una persona?

Cuando cree que el dinero le va a dar diez de felicidad, y en realidad le ofrece tres.

Es decir, no es una cuestión de cantidad, sino de expectativas.

Exactamente.

¿Junto al dinero y la felicidad, que son los ejes sobre los que gira este estudio, se podría incluir un tercer término, la envidia.?Efectivamente. Y si no lo gestionas de manera adecuada, puedes acabar pensando: “¿Me siento contento por haber tenido que trabajar cinco horas más al día para tener una casa mejor en un barrio determinado, y en el que sigue habiendo gente más rica que yo?”. Y en todo este proceso igual esta persona ha perdido amigos y familia. Por tanto, ¿no hubiera sido más inteligente pensar si le interesaba entrar en esta batalla o no?

Pero, ¿cómo se puede conseguir que las personas venzan esa tendencia natural?

No es nada fácil porque es tu instrumental de medida. Hay que educar a la gente en los colegios, en las familias… a que se comparen con los otros en determinadas cosas buenas, como “mira ése qué buenas notas saca, a ver si tú también haces como él”, y que eviten otras, como cuando se dice “mira a ése que se ha comprado un auto mejor”. En eso es mejor no entrar.Otro temas importante es que somos muy malos en anticipar la rapidez de habituación a los bienes. Ésta es la idea. Piensas que el auto nuevo lo disfrutarás como el primer día durante mucho tiempo, pero a los tres meses te parecerá normal, o cuando vas a un hotel de una estrella más te parece impresionante, pero no calculas que a la tercera vez eso te parece lógico y que volver a un hotel con una estrella menos es una pérdida. En un terreno donde compras bienes básicos (comida, calefacción, el descanso, estar con amigos…) la satisfacción está asegurada porque cuanto más los tienes, más te dan. Pero la lista es muy limitada. Entonces estamos pensando que muchos bienes que compramos son básicos. Y no lo son, son adaptativos.

¿Cree que el ciudadano de a pie hace esta distinción entre los bienes básicos y los adaptativos?

No, y por eso se cree que el dinero da muchísimo, porque cuando piensa que un auto grande es un bien básico se cree que lo disfrutará como el primer día, como la calefacción. No, al auto grande te acostumbrarás y te parecerá lo normal.

Siguiendo su razonamiento, ¿considera que ofrece la misma satisfacción degustar una buena comida entre amigos que tener un Ferrari?

No. Degustar una comida con amigos te va a gustar hoy, dentro de diez años volverás a disfrutarlo igual que hoy, y dentro de 20 igual que hoy. Cuando te compres el Ferrari, durante un tiempo estarás impresionantemente feliz, pero al cabo de un año te parecerá la mitad de impresionante, al cabo de dos años la mitad de la mitad y cuando un amigo se compre un Ferrari mejor que el tuyo entonces aquel día vendrás enfadado porque creerás que te has quedado sin dinero.Y es que la gente se vuelve loca por el dinero, gastan mucho. Si por lo menos fueran muy felices, diría “perfecto”, pero es que no lo son. Entonces aquí hay un problema.

¿Cuál sería la fórmula para solucionarlo?

Ves cosas que son bienes adaptativos y tu cabeza te dice que son básicos, entonces las quieres comprar, ganar mucho dinero… y todo el mundo está solamente atrás de eso. No, lo que voy a hacer es entrenar al niño a bajar una pendiente más difícil, de modo que cuando salga por ahí pueda bajar. Es entrenarlo para pensar a largo plazo.

Por cierto, ¿usted piensa a largo plazo?

Sí, yo lo hago

Por lo tanto, ¿es feliz?

Sí, sí, yo soy muy feliz. Me gusta llevar las luces largas. Siempre voy anticipando cosas con dos o tres años de antelación.

Ideas para ser feliz

Ideas para ser feliz 93 128 Rafael

Hoy cumplo 32 años y he decidido escribirles sobre la felicidad. Pero la verdadera felicidad. Aquella que está dada por vivir con la conciencia en paz, que está por encima de la enfermedad, por encima de los problemas o sufrimientos que todos pasamos y con los que tenemos que convivir. No me refiero a la alegría fácil y pasajera, fisiológica, “de animal sano”, la que viene por el lado de una buena fiesta, la compra de algún bien, cosas que me parecen muy buenas pero que no logran darnos esa alegría permanente. La alegría a la que me refiero es algo más íntimo: algo que nos hace estar tranquilos, rebosantes de gozo, aunque a veces el rostro permanezca sereno, pero con la tranquilidad de saber que lo que estamos haciendo está bien. Esa es la alegría que vive con nosotros para siempre.

Conseguirla no es fácil. Muchas veces tiene “sus raíces en forma de cruz”. Muchos la han encontrado de casualidad, y en donde menos la buscaban, que es en los problemas, en la adversidad.

Un caso que leí recientemente y me impresionó fue el de John de Zulueta, exitoso empresario español. Tal como en el caso de Christopher Reeve, Superman, que revisamos hace tres semanas en el artículo “Bienvenida la Adversidad” quien sufrió tontamente un accidente que lo dejó paralizado por el resto de su vida, en este caso también el destino vuelve a adoptar un rostro cruel. Este ejecutivo, amante del deporte, es paralizado por una insignificante garrapata que le picó. Sin embargo, en lugar de deprimirse aprendió y grabó enseñanzas valiosísimas. En una entrevista con Alvarez de Mon en su libro “Desde la adversidad” le dice: “¿Cual es tu primera reacción cuando te dicen que vas a vivir en una silla de ruedas por culpa de la picazón de una garrapata?. Al principio te preguntas, ¿como me ha pasado esto? ¿Es una broma del destino? ¿Por qué a mi, habiendo sólo dos o tres casos por año? Luego te pones a interrogar a los médicos, a estudiar sobre temas neurológicos…tu mundo viejo se ha ido, y de este nuevo no tienes ni idea… ¿Por qué de un boleto entre un millón, me ha tocado a mi esta lotería? Ha sido porque la vida me ha tratado tan bien y ahora tengo que pagar el precio justo?” A pesar de su justificable reacción, supo salir adelante, como el caso de tantos que hemos visto en los artículos pasados de este blog.

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La pregunta del millón es: ¿Que hacer en ese tipo de situaciones? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación, de superación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve en ese momento es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida – Dios sabe porqué hace las cosas – y la capacidad de luchar para mantener el espíritu positivo. Cuesta abandonarse y mirar con buenos ojos lo que pasa, pero es lo mas valioso en esos momentos. Uno de los consejos mas sabios que he leído sobre la alegría la dice San Josemaría: “¿No hay alegría? —Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo. —Casi siempre acertarás.”

Mar Cogollos, a quien mencioné un par de artículos atrás, aquella joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente quedó hemipléjica, nos dice en plena depresión en su libro: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con ellos hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida.” Esto me trae a colación una frase que leí hace algún tiempo: “¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan.” No nos damos cuenta que el principal beneficiado en un acto de dar a los demás, no es el que recibe, sino el que da, porque es el que se queda con la alegría interna de haber hecho lo correcto.

Al respecto, Santiago Alvarez de Mon nos dice que “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, el que se embadurna solazadamente en su propio barro es mas propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, que expansivas abren brazos donde todos entran, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, quien puede decir de esta agua no beberé, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.” 

Estoy seguro que podemos aprender mucho mas de la gente discapacitada, de las personas que viven en los suburbios y llenas de problemas, de las que sufren injusticias, de las que han sido golpeadas y heridas, que de las listos, inteligentes y famosas. Y es que las adversidades enseñan más que las explicaciones perfectas de científicos eminentes o pedagogos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Esto no quita que siempre luchemos incansablemente por ser mejores.

Bienvenida la adversidad 3: El valor se prueba en la dificultad

Bienvenida la adversidad 3: El valor se prueba en la dificultad 83 128 Rafael

 

Esta semana hemos invitado virtualmente a este blog a Bosco Gutierrez, un hombre que vivió todo un calvario durante 9 meses secuestrado. Tuve la suerte de verlo en un dvd que me prestaron, y estuve buscando por Internet alguna entrevista publicada para transcribirla y dejarles que él les cuente su drama y como hizo para salir adelante. A través de este impresionante testimonio podemos concluir que la actitud tiene una importancia singular. No importa lo que venga, nuestra actitud en la adversidad, ejemplar y valiente, es lo que nos hará vivir mejor. 

La historia de Bosco Gutiérrez, un conocido y prestigioso arquitecto mexicano, es muy dura. Fue secuestrado en 1991 y permaneció retenido durante nueve meses en un pequeño cuarto. Gracias a su fe en Dios no se amilanó y supo sacarle provecho a esta situación. Dejemos que el mismo nos cuente su historia: “Una mañana me dirigí al coche. De pronto, un brazo me agarró fuerte y me dieron un golpe con un arma para dejarme inconsciente», relata. Lo siguiente que recuerda es que se despertó cuando le cambiaron de auto para llevarle al cuarto de 2 metros cuadrados donde permanecería por 9 meses: “Tenía la esperanza de salir a los dos o tres días, nunca pensé que se prolongaría tanto”, reconoce Bosco.

«En el techo de la habitación había una cámara que registraba mis movimientos y un parlante en el que me ponían continuamente música para bloquear mi sentido del oído. Estuve escuchando el mismo caset durante cuatro meses seguidos. Nunca escuché sus voces, siempre nos comunicábamos por escrito. Incluso me interrogaron mediante un cuestionario en el que tuve que dar datos sobre mi familia. Si me negaba, les harían daño.» “El día y la noche eran confusos porque «encendían y apagaban la luz cuando querían y me daban muy mal de comer” señala. Poco a poco, Bosco reconoce que empezó a «volverse loco». «Ofrecí todos los días mi sufrimiento a Dios y, cuando pensaba, me daba cuenta de que Cristo había sufrido mucho más que yo y que había dado su vida por mí al ser crucificado.

El fin de la pesadilla. Tras nueve meses de cautiverio, se acordó el pago del rescate de Bosco. Se desarrollaría en Brasil y se encargarían de realizarlo sus hermanos, pero «por problemas, no se pudo efectuar». «Yo había construido un instrumento para abrir la ventana y algún día utilizarlo para escapar». Ese momento finalmente llegó: una mañana, «el secuestrador que tenía que vigilarme se retrasó y aproveché el descuido para escapar encomendándome en todo momento a Dios». La huída no fue tarea fácil, debido a su falta de fuerzas y al impacto que le causó la luz natural. Tuvo que sortear diversos peligros hasta abrir la puerta exterior del cuarto donde se encontraba, en la ciudad de Puebla, y coger un taxi. 

“Yo entiendo mi secuestro como si Dios me hubiera dicho: no te puedo volver a meter en el vientre de tu madre, pero te voy a meter nueve meses en un cuartito para que con tu inteligencia y tu memoria decidas cómo vas a vivir tu segunda oportunidad. Entendí con todo mi ser que mi tesoro es mi gente y no mi trabajo o mi cuenta bancaria. En el cuarto lo hubiera dado todo por abrazar un minuto a uno de mis hijos. Desde entonces valoro a la gente por sus cosas positivas y no por sus errores”. 

Este hombre tuvo una valentía heroica, cuando tenía todo para echarse al olvido y deprimirse terriblemente aceptó lo que le pasaba. Cuesta hacerlo pero el que se sobrepone a su dolor  llega mucho más lejos. Quien acepta esta situación convierte el hecho doloroso en una tarea: la de reorganizar su vida contando con esa dramática verdad que se ha hecho presente. Exige tomar decisiones y una de ellas, es qué vamos a hacer para cambiar nuestra forma de ver la vida en esos momentos, y darle un sentido positivo, porque las cosas siempre pasan por algo.

Para que se enteren de primera mano, los dejo con una entrevista a Bosco publicada en http://www.diocesismalaga.es/index.php?mod=videos&secc=vertv&con=dsl&prg=bosco05 en la que él mismo cuenta lo que le pasó:

– ¿Cómo se sentía?

– Me tuvieron desnudo cuatro meses. Los secuestradores iban con capucha y jamás oí sus voces, se comunicaban por escrito. Después de tenerme tres días a oscuras me pasaron un interrogatorio: “Hasta que conteste no comenzarán las negociaciones”. 

– Contestó, claro…

– Les conté detalles de la vida cotidiana de mi familia y me sentí un traidor, me abandoné y me dejé morir. Trece días tirado en el suelo, haciéndome las necesidades encima. 

– ¿Salió de ese estado?

– Un día, uno de los guardianes me mostró un papel: “¡Viva México! (era el día de la independencia), puede tomar lo que quiera”. 

– ¿Qué pidió?

– Un gran vaso de Chivas. Me lo trajo, yo me arrastré para cogerlo porque estaba totalmente entumecido y me fui al rincón como un animal con su presa. “Esto sí lo voy a gozar”, me dije. Entonces, el otro Bosco que hay dentro de mí comenzó a hablarme: “¡A ver si eres tan hombrecito!, ofrece el whisky”. 

– ¿Y?

– “Yo ofrezco estar secuestrado”, dije. “Eso no depende de ti”, contestó mi voz interior, y tiré el whisky por el wáter. Me quedé pensando que había hecho una estupidez y me dormí. Cuando desperté, cogí el papel sobrante del interrogatorio y escribí: “Hoy gané mi primera batalla, no todo lo deciden ellos”. Así empecé a recuperar la autoestima. 

– ¿Cómo consiguió que creciera?

– Pensé que no sería muy diferente lo que yo le diría a uno de mis hermanos si estuviera en mi lugar y decidí escribir una carta como si el secuestrado fuera otro. Me puse en pie por primera vez en 19 días y recé. 

– ¿Olvidó la carta?

– Sí, pero cuando acabé el rosario la vi dobladita junto a la puerta y me puse a llorar como un idiota: “¡Recibí una carta de mis hermanos, qué maravilla!”, grité. El Bosco realista me decía: “Ya te volviste loco”. 

– ¿Qué ponía en la carta?

– “Éste no es un problema personal, es un problema familiar, y lo vamos a resolver en equipo, pero tú eres el que tiene el trabajo más importante: cuidar de ti mismo”. 

– ¿Abandonó el papel de víctima?

– Sí, entendí que mi trabajo era entregar mi cuerpo perfecto al equipo. Así estructuré mi vida, que dividí en tres columnas: salud mental, salud física y aprovecha el tiempo incluso en esas circunstancias. 

– ¿Cómo aprovechar el tiempo en un cuarto de 2 metros cuadrados?

– Lo primero era no volverme loco. Entendí que cuanto mayor fuera el rechazo más crecería la angustia, y decidí aceptar mi circunstancia, limpiar mi cuartito y controlar la imaginación. El tiempo lo medía a través de una cinta de música que ellos ponían para que no los oyera. – Eso es muy mortificador… – Yo lo convertí en un instrumento. Vivía días de 32 casetes y acabé ajustando la fecha, esas conquistas mejoran tu autoestima. También pedí una dieta muy sencilla que le recomiendo. Fruta tres veces al día, cereales por la mañana, proteína al mediodía y yogur por la noche. Corría una hora y media al día (tres casetes) y hacía un casete de abdominales. Pero estoy convencido de que el músculo más importante es la voluntad. 

– ¿En qué pensaba?

– En mi madre, que había muerto tres años antes. Recuperé un recuerdo de niño, un sueño. Estaba en el infierno, y un tipo me gritaba: “Estas aquí por no haber ayudado a nadie, fuiste egoísta, y yo estoy aquí porque nadie me echó una mano. Si me hubieras ayudado, los dos estaríamos en el cielo”. Mi madre, que era muy inteligente, me dijo: “Te acabas de dar cuenta de tu responsabilidad como cristiano, hay que ayudar a los demás”. 

– ¿Temía encontrar en el infierno a uno de los secuestradores?

– Pues sí, y que me dijera: “Te pudres en tu perfección, porque nunca pensaste que nosotros somos tan dignos y valiosos para Dios como cualquiera”. 

– ¿Y empezó a hacer apostolado?

– Recé por ellos y cuando llegó Navidad les pasé un papelito: “Señores guardianes, hoy es Navidad y no hay ni secuestradores ni secuestrado, todos somos hijos de Dios y a las ocho de la noche vamos a rezar”. A esa hora abrieron la ventana de la puerta y vi a cinco encapuchados blancos en un fondo negro. 

– ¿Qué les dijo?

– Les hablé de la humildad y les leí el evangelio. Al terminar, uno por uno me dieron la mano y experimenté la felicidad más grande. Salir de mí mismo y pensar en los otros hizo que me sintiera valiente y útil. “Arquitecto Bosco – me escribió uno de los secuestradores-, díganos de dónde saca usted la fuerza”. 

– ¿De dónde?

– Había perdido el miedo, sabía que mi vida no estaba en sus manos, sino en las de Dios. Los cinco meses restantes fueron de gran profundidad espiritual. 

– ¿Cómo salió de allí?

– Temía que me abandonaran dejándome morir. Durante meses estuve fabricando una ganzúa con un muelle del catre. La idea era usarla si me abandonaban, pero quise probarla, abrí y no pude volver a cerrar. Me veía muerto. Avancé, pasé junto a un guardián que dormía y salté por una ventana. Cuando volví al ver a mi familia escribí lo siguiente: Todo es providencia, nada es coincidencia. Todo es para bien y ante sus manos sólo hay ganadores y no perdedores. Dios sabe más y nosotros somos muy limitados. Dios nos pide un abandono de nuestros propios juicios. En esta lucha resumo todo mi secreto y quiero quitar cualquier mérito propio. Estoy convencido de que con Él podemos todo y que sin ÉL la más mínima cosa. Cuando no podemos más, nos carga en sus hombros para darnos la libertad. No te olvides de esto. Dios sabe más. Lucha con fe y perseverancia, es hora de responder porque de eso depende nuestra felicidad aquí y en la vida eterna…” 

Bienvenida la adversidad II

Bienvenida la adversidad II 128 95 Rafael

 

Continuando con este tercer artículo sobre la adversidad, me gustaría transcribir un par de casos ejemplares de gente que le tocó vivirla pero que gracias a su fortaleza interna, supieron como triunfar, como darle valor a ese sufrimiento.

El primero es el de Lance Armstrong, cuatro veces consecutivas campeón del Tour de Francia, la prueba ciclística mas importante del mundo. Diagnóstico: Cáncer testicular con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Edad 25 años.

Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life: “La verdad es que el cáncer ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.” Cualquiera de nosotros pensará que le falta un tornillo o es un masoquista, pero si seguimos analizando su respuesta no es nada de eso: “No sé como contraje la enfermedad, pero la verdad es que operó un profundo cambio en mi forma de ser, ha hecho maravillas con mi personalidad. Por qué cambiar el acontecimiento, incluso por un día, mas importante y determinante de mi vida?. Cuando estaba enfermo observé mas belleza, triunfo y verdad en un día que en cualquier carrera larga de mi trayectoria profesional”

Alvarez de Mon, autor del libro Desde la Adversidad, de donde saqué estos comentarios de Armstrong, nos dice: “Cuando el cáncer se apropia de su organismo privilegiado, la perplejidad y el desconcierto reclaman su turno.” Armstrong continua diciendo en su libro: “Por qué yo? Cuáles son mis posibilidades reales de sobrevivir? Estas cuestiones me absorbían por completo. Me vi envuelto en una conversación interior con el cáncer. Intenté ser firme en mis discusiones con él. Has escogido al muchacho equivocado le dije. Cuando buscaste alrededor de un cuerpo donde vivir, cometiste un grave error al elegirme.” Y así continuaba desafiando al destino, temido adversario. Luego, se da cuenta de que no sirven de mucho sus comentarios porque el partido va en serio, esto no es juego de niños. “Durante la mayor parte de mi vida había operado bajo un esquema simplista de ganar o perder, pero el cáncer me estaba enseñando a ser tolerante ante la ambigüedad. Ahora corría una carrera bien distinta, donde estaba la línea de partida? Que puertos se pasarían? La meta, donde estaba enclavada? Cual era el premio por ganar?” Se da cuenta que es una competencia distinta. Que aquí no gana el que llega primero sino el que aprovecha de la mejor manera el kilometraje recorrido.

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Veamos otro caso, Randy Snow, el único deportista en la historia de los juegos paraolímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: Atletismo, tenis y baloncesto. Presidente de No QXS (no excuse). En su libro Pushing forward, a memory of motivation, traza rápido algunos renglones de su vida y nos cuenta: “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviéramos mirando la vida con un solo ojo, curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida u oculta. Se que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida, de las personas. Hay tantos sucesos, acontecimientos que son efímeros y superficiales, nos rodeamos en nuestra zona de confort de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas. Muévanse, solo los que caminan tropiezan. Los que están dormidos, ni se caen ni viven”.

He aquí dos ejemplos de personas que no solo no miran mal a la adversidad sino que le agradecen que los haya visitado, porque los cambió para bien, y quizá un acontecimiento tan duro como ese, fue lo único que los hubiese hecho cambiar. De que les hubiese servido vivir su vida de antes, si el camino por el que caminaban era oscuro, torcido y peligroso? Cuantas veces nos ha pasado a nosotros algo igual? Nos ha pasado algo aparentemente malo, triste, y nuestra reacción, lejos de la de nuestros invitados de arriba, ha sido quejarnos con el típico “Y por qué a mi?”, sin percatarnos que de cada cosa que nos pasa podemos sacarle el jugo y convertir el limón en limonada.

Santiago Alvarez de Mon decía que “Solo a través de experiencias de sufrimiento y prueba el alma del ser humano se fortalece, la visión se aclara, la ambición se inspira y eleva, y el verdadero éxito se alcanza. Casi todos los hombres y mujeres que han sido históricamente honrados por sus servicios a la humanidad, fueron moldeados con los usos y maneras de la adversidad. Triunfaron porque rehusaron abandonar ante las dificultades y oposiciones encontradas.”

Un aliado muy efectivo para ayudarnos a cambiar de ánimo cuando llegan momentos difíciles es la fe. Leía en el blog de Aníbal Cuevas, que hace unos días se dio a conocer en el Archives of Internal Medicine los resultados de una encuesta realizada por la Universidad de Chicago a más de 1.100 médicos. La mayoría de los encuestados aseguraban que la religión y la espiritualidad pueden tener un efecto positivo en la salud de los pacientes. Así, el 76 % afirmaba que las creencias religiosas ayudaban a los pacientes a sobrellevar la enfermedad.

Otro estudio de la Universidad de Missisipi realizado el año pasado concluía que la asistencia a Misa y la oración pueden proteger a las personas expuestas al stress y demorar los efectos de la hipertensión.Como dice Aníbal, independientemente del valor científico de tales resultados, no cabe duda que las creencias religiosas juegan un papel muy importante en la vida de las personas. En contra de la imagen que desde determinados medios se quiere dar, la religión suele proporcionar una visión más positiva de la vida, ideas y criterios más claros a la hora de actuar y motivos para luchar.