Ideas para ser feliz

El sentido del sufrimiento

El sentido del sufrimiento 128 92 Rafael

 

En mi último artículo de la semana pasada comentábamos sobre el sentido annla vida. Hoy quiero transmitirles otro fragmento del libro de Victor Frankl “El hombre en busca de sentido” en el cual describe un cauce para encontrar el sentido de la vida que es por vía del sufrimiento. “Cuando uno se enfrenta con una situación inevitable, siempre que uno tiene que enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, por ejemplo, una enfermedad incurable, una pena enorme, un cáncer que no puede operarse, precisamente entonces se le presenta la oportunidad de realizar el valor supremo, de cumplir el sentido más profundo, cual es el del sufrimiento. Porque lo que más importa de todo es la actitud que tomemos hacia el sufrimiento, nuestra actitud al cargar con ese sufrimiento. Citaré un ejemplo muy claro: en una ocasión, un viejo doctor me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas. ¿De qué forma podía ayudarle? ¿Qué decirle? Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello le hice la siguiente pregunta: “¿Qué hubiera sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?” “¡Oh!”, dijo, “¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!” A lo que le repliqué: “Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte.” No dijo nada, pero me tomó la mano agradecido y abandonó mi despacho.

El sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio. Claro está que en este caso no hubo terapia en el verdadero sentido de la palabra, puesto que, para empezar, su sufrimiento no era una enfermedad y, además, yo no podía dar vida a su esposa. Pero en aquel preciso momento sí acerté a modificar su actitud hacia ese destino inalterable en cuanto a partir de ese momento al menos podía encontrar un sentido a su sufrimiento. Uno de los postulados, básicos de la logoterapia estriba en que el interés principal del hombre no es encontrar el placer, o evitar el dolor, sino encontrarle un sentido a la vida, razón por la cual el hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que ese sufrimiento tenga un sentido.

Ni que decir tiene que el sufrimiento no significará nada a menos que sea absolutamente necesario; por ejemplo, el paciente no tiene por qué soportar, como si llevara una cruz, el cáncer que puede combatirse con una operación; en tal caso sería masoquismo, no heroísmo. La psicoterapia tradicional ha tendido a restaurar la capacidad del individuo para el trabajo y para gozar de la vida; la logoterapia también persigue dichos objetivos y aún va más allá al hacer que el paciente recupere su capacidad de sufrir, si fuera necesario, y por tanto de encontrar un sentido incluso al sufrimiento.

Hay situaciones en las que a uno se le priva de la oportunidad de ejecutar su propio trabajo y de disfrutar de la vida, pero lo que nunca podrá desecharse es la inevitabilidad del sufrimiento. Al aceptar el reto de sufrir valientemente, la vida tiene hasta el último momento un sentido y lo conserva hasta el fin, literalmente hablando. En otras palabras, el sentido de la vida es de tipo incondicional, ya que comprende incluso el sentido del posible sufrimiento. Traigo ahora a la memoria lo que tal vez constituya la experiencia más honda que pasé en un campo de concentración. Las probabilidades de sobrevivir en uno de estos campos no superaban la proporción de 1 a 28 como puede verificarse por las estadísticas. No parecía posible, cuanto menos probable, que yo pudiera rescatar el manuscrito de mi primer libro, que había escondido en mi chaqueta cuando llegué a Auschwitz. Así pues, tuve que pasar el mal trago y sobreponerme a la pérdida de mi hijo espiritual. Es más, parecía como si nada o nadie fuera a sobrevivirme, ni un hijo físico, ni un hijo espiritual, nada que fuera mío. De modo que tuve que enfrentarme a la pregunta de si en tales circunstancias mi vida no estaba huérfana de cualquier sentido. Aún no me había dado cuenta de que ya me estaba reservada la respuesta a la pregunta con la que yo mantenía una lucha apasionada, respuesta que muy pronto me sería revelada. Sucedió cuando tuve que abandonar mis ropas y heredé a cambio los harapos de un prisionero que habían enviado a la cámara de gas nada más poner los pies en la estación de Auschwitz. En vez de las muchas páginas de mi manuscrito encontré en un bolsillo de la chaqueta que acababan de entregarme una sola página arrancada de un libro de oraciones en hebreo, que contenía la más importante oración judía, el Shema Yisrael. ¿Cómo interpretar esa “coincidencia” sino como el desafío para vivir mis pensamientos en vez de limitarme a ponerlos en el papel? Un poco más tarde, según recuerdo, me pareció que no tardaría en morir. En esta situación crítica, sin embargo, mi interés era distinto del de mis camaradas. Su pregunta era: “¿Sobreviviremos a este campo? Pues si no, este sufrimiento no tiene sentido.” La pregunta que yo me planteaba era algo distinta: “¿Tienen todo este sufrimiento, estas muertes en torno mío, algún sentido? Porque si no, definitivamente, la supervivencia no tiene sentido, pues la vida cuyo significado depende de una casualidad —ya se sobreviva o se escape a ella— en último término no merece ser vivida.”

Como conseguir la verdadera felicidad?

Como conseguir la verdadera felicidad? 128 83 Rafael

 

Cuanto más dinero tienes, más feliz eres, ¿no? Pues no. Según Manel Baucells en un documento publicado recientemente en el Boletín del IESE, (la escuela de negocios No 1 del mundo según ranking 2006 de The Economist) El documento de investigación “Does More Money Buy You More Happiness?” (“¿Con más dinero se puede comprar más felicidad?”) muestra que aun cuando los habitantes de los países ricos son algo más felices que los de los países pobres, en realidad no llegarán a alcanzar tanta felicidad como piensan. Aunque ganen la lotería o reciban un cuantioso aumento de sueldo, se compararán con sus vecinos más ricos y se adaptarán enseguida a los coches caros y las vacaciones en destinos exóticos, lo que reducirá rápidamente su sensación de bienestar. ¿Existe un remedio? Los autores Manel Baucells y Rakesh K. Sarin animan al lector a centrarse más en bienes de primera necesidad, como la comida, dormir o la amistad, y no tanto en caros sustitutos materiales. La alegría y/o la felicidad no dependen de lo que tienes sino de lo que eres. Dicen que lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda sino un corazón enamorado, porque finalmente, seremos felices al ver a nuestra esposa, nuestra familia, o nuestra enamorada feliz. La tristeza en muchas ocasiones está muy relacionada con el egoísmo, con la propia contemplación. Hay que procurar fomentar una manera de ser optimista, positiva, alegre, no una alegría subjetiva, falsa, pasajera, sino fruto de la entrega y el esfuerzo por darse a nuestros seres queridos. Las personas que aman piensan más en el otro que en el propio yo. Darse al otro es una buena manera de estar alegre ya que muchos de los motivos de tristeza tienen que ver con la imaginación, los sentimientos de victimismo o con andar comparándose con personal que tienen un mejor nivel socioeconómico. Grandes problemas de la convivencia existen solo en la cabeza y cuando no se es capaz de dominar la imaginación ésta se adueña de la situación. Son malas compañeras de la alegría la dejadez, la desgana, el buscar compensaciones propias, el sentimiento de victima o de incomprendido. Cuanta gente hay que busca la felicidad final en cosas materiales, las fuerzan a darnos algo que no nos pueden dar ya que no son un fin sino un medio para vivir una vida mas digna. Por otro lado, las hay también a las que les interesa mas hacer creer a los demás que son felices que tratar de serlo realmente. Cuando a uno le preguntan sobre que es ser feliz, se equivoca al conjugar el verbo, porque menciona casi por “default” siempre el verbo “tener”, tener dinero, tener salud, tener comodidades y la verdadera felicidad, aquella que no es pasajera, sino que se queda instalada y para siempre, está mas en dar que en tener, la felicidad la da la tranquilidad de conciencia. De allí la importancia de formarla como se debe y de hacer las cosas bien, las cosas que uno debe hacer, no las que le den “ganas” de hacer.

Por qué el sufrimiento de los inocentes?

Por qué el sufrimiento de los inocentes? 79 96 Rafael

 

Una de las preguntas mas frecuentes que uno se hace es porque sufren “injustamente” tantos y tantas, niños en la guerra del medio oriente, en Africa, etc. Uno de los mejores artículos que me sirvió para explicarme esto es el que les paso a continuación, escrito por mi padre. Se llama El Dolor y el Amor.

“Desde hace muchos siglos, la humanidad se ha planteado profundas interrogantes sobre el dolor. Por qué los sufrimientos de los justos? De los que hacen bien su deber? Hoy, el miedo al dolor es mas agudo que en siglos pasados, debido al gran contraste con las posibilidades de felicidad que ofrece la civilización moderna.

Si queremos hallar la respuesta bastará que nos fijemos en las dos personas mas excelsas que han pisado nuestro mundo: Jesús y María. Los dos sufrieron extremadamente. Por qué sufría pues aquel que tenía el poder de Dios para librarse de la cruz? Por qué sufría María, la limpia de todo pecado?El amor es la única clave de este misterio. “No olvides que el dolor es la piedra de toque del amor” (Camino 439)Jesús, que tomó sobre sí, el encargo de expiar los pecados del mundo, llevó su existencia envuelta en el signo de la cruz. Con esto ha trazado un programa preciso para los que desean seguirle.

El sufrió mucho para que nosotros suframos poco. Y para cumplir ese pequeño resto que nos queda pagar a cada uno para poder irnos al cielo, contamos son su fuerza. Con razón nos ha podido decir, mi yugo es suave y mi carga es ligera. Nunca nos mandará algo superior a nuestras fuerzas. Todo lo podremos si nos apoyamos en El y en los brazos de nuestra Madre, consuelo de los afligidos.”

Como evitar los dias de sufrimiento?

Como evitar los dias de sufrimiento? 598 450 Rafael

 

Algunas ideas para vivir mejor se centran en como hacer para evitar los días malos, los días de sufrimiento, que a todos les vienen. Será solo cuestión de evitarlo o de aceptarlo? He querido copiarles otro artículo que escribió mi padre, médico, que está siempre en contacto cercano con enfermos que sufren muchísimo y que han sido su inspiración para muchos artículos que ha escrito.

El siguiente se llama “Descubrir el tesoro”. Hay dos maneras de ver el sufrimiento y el dolor: una es verlo sin propósito ni sentido, otra es verlo con una finalidad, como algo que vale la pena vivir. La primera visión percibe el sufrimiento como algo opaco, como un muro de piedra. La segunda lo ve transparente, como un cristal. Conozco el caso de un muchacho joven, estudiante de universidad y con un porvenir brillante. Había empezado a gustar el sabor de sus primeros triunfos, cuando Dios permitió que una enfermedad incurable viniese sobre él.

Durante largos años había vivido alejado de Dios, no por indiferencia sino por desconocimiento.Meses antes de su enfermedad Dios se interpuso claramente en su camino. Nuestro amigo cambió radicalmente para guiarse con la luz de la fe cristiana. Durante el tiempo que duró su enfermedad, el amor a Dios fue creciendo impetuosamente en él. Poco antes del final escribía a sus amigos de la Universidad una carta que entre otras cosas decía lo siguiente: “Siempre he sido poco amante del dolor físico. Mas bien creo que cobarde ante el. Solo ahora que ya tiene sentido y “empleo” me he ido haciendo a él. Quiero aprender a guiarle para ofrecerlo a Dios. No se lo que El querrá de mi, su voluntad es la mía y gustosamente abrazaré su cruz.”

Aquí tienes el testimonio de un hombre joven, de unos veinte años, que ha “descubierto” el tesoro de su enfermedad y/o de su sufrimiento. Yo quisiera que tu empieces a descubrirlo, que veas, si no lo has hecho ya, los méritos inmensos del tesoro que tienes ahora. Piensa que el dolor y el sufrimiento en si mismo no nos hace mejores. Puede incluso hacernos aun peores. Nos puede hacer egoístas, rebeldes. Nos puede llevar a odiar. El sufrimiento, o construye al hombre o lo degenera. Depende de que aceptemos, mejor, de que amemos la voluntad de Dios o de que la rechacemos. Difícilmente hay situaciones intermedias.

“Nosotros somos piedras, sillares, que se mueven, que sienten, que tienen una libérrima voluntad. Dios mismo es el cantero que nos quita las esquinas, arreglándonos, modificándonos según El desea, a golpe de martillo y cincel. No queramos apartarnos, no queramos esquivar su voluntad, porque, de cualquier modo, no podremos evitar los golpes. Sufriremos mas e inútilmente, y en lugar de piedra pulida y dispuesta para edificar, seremos un montón de informe de grava que pisará la gente con desprecio” (Camino 756).

Estoy desmotivado? Se me vino el mundo abajo?

Estoy desmotivado? Se me vino el mundo abajo? 128 85 Rafael
 

Cada cierto tiempo nos pasa, a unos mas que a otros, que nos desmotivamos, una mala racha de eventos que nos hacen caer, y nos hacen pensar la típica pregunta: Y por que a mi? Uno de los artículos que me han cambiado la forma de pensar y ver las cosas frente a este tema es el que copio a continuación, escrito por mi padre, médico, en su libro de “Carta a los enfermos”, que desde su punto de vista, explica el por qué hay que confiar y seguir adelante con alegría, a pesar de la adversidad.

Mi hijo Rafael, el menor de mis 4 hijos debía ser vacunado contra la vacuna triple, que lo protege contra Coqueluche, Tétanos y Difteria.

Llegamos al consultorio de Pediatría y Rafael estaba feliz porque le gusta mucho pasear en automóvil. De pronto, ve acercarse al especialista con una hipodérmica que terminaba en una aguja “tremenda”. Rafael volteó a mirarme con una mezcla de incredulidad y miedo. Estaba seguro de que yo, su padre, que lo quiero con todo el corazón no iba a permitir que le hicieran “eso”. Sin embargo, no solo permití, sino que ayudé a que lo vacunaran, ¡por supuesto!

Al poco tiempo, a raíz de un resfriado, tuvo bronquitis. Estaba decaído, con tos y fiebre. Me acerqué a darle un jarabe de esos que son de horrible sabor. Lo probó ligeramente y se opuso terminantemente a seguir tomándolo, apelando para ello a toda clase de pataleos y recursos. Al final, con protestas o no, tuvo que tomarlo.

Que pensaría Rafael? Mi padre es bueno, dice que me quiere mucho y sin embargo me lleva a un sitio donde colabora a que me claven una aguja inmensa y, al poco tiempo, no le bastó verme con fiebre y tos y me obligó a tomar una pócima amarga. Parece que se complaciera haciéndome sufrir. Poco faltaría tal vez para que Rafael piense, “Padre, eres injusto y te ensañas conmigo”.

Que pensaba yo en esa oportunidad? Lo mismo que pensarías tu ante un hijo tuyo: que lo haces por su bien, que quieres protegerle de males mayores que quizá pondrían en peligro su vida. Y es posible que le hables y le digas: crees que yo permitiría un dolor para ti si no fuera necesario, por que es lo  mejor para ti? Así actúa Dios con nosotros, y así actuamos como Rafael, nosotros con Dios. Muchas veces no nos damos cuenta que ese dolor, ese sufrimiento por el que estamos pasando es la vacuna que necesitamos. Hay que abandonarnos y confiar en El.