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No abandones

No abandones 350 345 Rafael

Hoy terminan las Olimpiadas. He visto desfilar por la tv más que deportistas, a grandes hombres y mujeres, personas con un extraordinario talento pero también con una capacidad de perseverar, de seguir adelante a pesar de las dificultades, de ser fuertes y no abandonar sus objetivos.

¿Qué hay detrás de un medallista de oro? ¿Talento puro? No lo creo. Randy Snow, el único medallista de los juegos paraolímpicos de tres deportes distintos dice: “Los 25 mejores jugadores del mundo tienen dos cosas en común. Primera, ninguno de ellos ha llegado tan lejos por el mismo camino. Segunda, ninguno abandona. Nada puede sustituir a la perseverancia. No está y todo lo demás se desmorona en un santiamén. Su increíble talento es pulido y abrillantado en sesiones maratonianas de trabajo en la sombra. Michael Jordan era el primero en llegar al entrenamiento, cuando sus compañeros estaban ya con una cerveza, el seguía ensayando tiros a distancia. No son casualidad esos milimétricos tiros. ¿Talento? A raudales, pero en las mismas dosis generosas y abundantes de trabajo, mucho trabajo.“

Cuánta gente se ha mencionado en este blog que son ejemplos de perseverancia, de fortaleza, Christopher Reeve (Superman) que dejó el ventilador artificial para respirar por si mismo, con todo el enorme esfuerzo que ello implicó, luchar contra el cáncer a los 25 años (Louis Armstrong), sobrevivir en un campo de concentración a fuerza de rezar y confiar cuando la indignidad humana se supera así misma (Victor Frankl), perdonar y saludar a los cuidantes de su cárcel, luego de 25 años de estar encerrado y humillado injustamente (Nelson Mandela), y Santiago Alvarez de Mon, fuente inagotable de este blog, quien me ha dado motivos para ser feliz y hacer feliz a muchos más, cuando habían días en los que provocaba llorar amargamente y quien dijo a su vez que una de las razones que alimentan su respeto y admiración por este tipo de personas, es que esas decisiones sabias, esas acciones valerosas no son producto de un intervalo lúcido, de una locura pasajera, de un farol efímero. En absoluto, son resultado de un compromiso mantenido en la rutina y monotonía de días grises.

Si esa lógica la trasladamos a nuestras vidas, ¿cuántas veces abandonamos proyectos, ideales y propósitos al primer obstáculo? Y luego encima, nos quejamos de que las cosas no salen bien. Nuestro camino, no es fácil. Hay días en los que todo parece salir de acuerdo a lo que pensábamos; pero normalmente pasa lo contrario. Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y decepciones; y es en esta batalla interna en la que podemos adquirir perseverancia, fortaleza, paciencia y serenidad.

nnEs fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. Cuando la contradicción arrecia, no se dobla.

Radiografía del profesional exitoso

Radiografía del profesional exitoso 300 300 Rafael

Una de las preguntas que más suelo hacerme y a la vez responder en mi trabajo es sobre las cualidades que debería tener el profesional exitoso. Y es que hace pocos años el perfil que se pedía era completamente distinto al de ahora. Antes bastaba con terminar en una universidad o instituto de cierto prestigio y tener experiencia. Al poco tiempo, se exigía también además un post grado llámese Maestría o especialización en algún campo en especial. Pero resulta que ahora, ya hay muchos que cumplen con ese perfil, y las empresas se han vuelto más exquisitas para reclutar personal.

¿Qué más se pide hoy en día? Que el profesional tenga habilidades o competencias y valores. En cuanto a las competencias, las hay de muchos tipos, pero para efectos prácticos las clasificaré en dos, las personales y las sociales. Las personales se refieren a la capacidad de las personas para tomar decisiones, saber negociar, liderazgo y pensamiento estratégico (ver el panorama completo, a mediano y largo plazo). Si no saben que significa cada una de estas cosas, con gusto pueden escribirme comentarios y puedo enviarles artículos o libros relacionados o bien pueden buscar en Google, ya que además todo esto les servirá para su vida personal y familiar, más allá de su vida laboral. En relación a las competencias sociales las más importantes que las empresas piden son el manejo de conflictos, trabajo en equipo e inteligencia emocional. La relación con los demás es muy importante, ya sea con compañeros de trabajo, subordinados o jefes. Muchas veces se tiende a pensar que el jefe tiene que tratar como capataces al equipo que tiene a cargo para imponer respeto. Nada más falso. Un jefe que dice que es el jefe es una mala señal, implica que el liderazgo en ese jefe ya está por los suelos.

Por otro lado están también los valores. Deben ser personas íntegras, de una sola pieza. Que no trabajen por trabajar, sino que ese trabajo trascienda, tenga motivos más allá de ganar dinero. Hicieron una encuesta en España hace poco en la que le preguntaron a los empleados que le pide al trabajo. Y las respuestas más saltantes fueron independencia económica, posibilidad de expresar su talento, y que los deje vivir de Sábado a Domingo. ¿Por qué la gente se ha acostumbrado a eso? Con esa forma de pensar ven al trabajo como un castigo, cuando es el lugar donde pasan la mayor parte de su tiempo, por ende lo más inteligente debiera ser buscar enamorarse del mismo para disfrutar lo que hacen.

Dejaré que esta pregunta sobre como es el profesional exitoso de hoy en día la conteste también Santiago Álvarez de Mon, uno de los principales profesores IESE de España, actualmente considerada como una de las tres escuelas de negocios más prestigiosas del mundo, en una reciente entrevista que le hicieron.

“El profesional exitoso debe ser un experto en el tema que maneja, tener capacidad de expresión, ser una persona íntegra, honesta, con carácter, que sea capaz de gestionar la impopularidad de decisiones correctas pero a veces difíciles de tomar. Si no lo es, le hace la vida bastante miserable a los que le soportan y trabajan con él todo el día. Apasionados por su trabajo y que pasen la página del éxito con rapidez.

Con 2 o 3 ideas muy claras, los cimientos morales son intocables, con raíces familiares muy fuertes, aunque también los hay quienes vienen de familias rotas pero hicieron ganancia, la adversidad la mudaron en abundancia.

Uno de los valores principales que debe tener es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado. (El torpe es el que cree que nunca se equivoca. El inteligente es el que se da cuenta cuando se equivoca, pero más inteligente cuando lo corrige, y más aun cuando pide disculpas.)

Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”. Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere rodearse de gente de talento a su alrededor. No se “comparan con”, sino que “quieren aprender de”.

Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te deprimes o te ríes.

El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas, porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi, en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera pesidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso ras fracaso hasta llegar a la presidencia.

Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El drama del hombre moderno es que no sabe estar solo.

Con respecto al humor, si el liderazgo es un proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige, sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana, nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte, el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el liderazgo es un encargo universal que nos afecta a todos. El liderazgo es también el liderazgo de un ama de casa modesta, el liderazgo de un maestro que te hace perder el miedo a las matemáticas, el liderazgo de un médico en su consulta, que no sale en los periódicos pero que son ejercicios de influencia sobre el ser humano. Si yo fuera el directivo de una empresa, lo que me agradaría hacer es asimilarme al jardinero en un ambiente donde las plantas puedan crecer, y donde ellas crecen si tú les dejas.

Por último, un buen profesional es aquel que no está acostumbrado y centrado en el winner y el loser. Hoy puedo ser campeón, soy winner y mi ego engorda, pero mañana soy loser y me deprimo. Pero esto no es así, el concepto de éxito tiene que basarse en algo más profundo, en algo más sólido. ¿Quién define el éxito? Si lo define tu lugar en el campeonato te vas a ir a la infamia o a la depresión. Pero si soy yo quien define el éxito, seré ganador siempre. Yo he visto a mi hijo ganar partidos de tenis y le he dicho “Hoy has ganado, pero has jugado al tenis sin disfrutar” Y ha habido veces que se me ha caído la baba y realmente ha ganado el partido. Y él me dice “papá, pero si he perdido” Y yo le respondo “¿Te lo has pasado bien? ¿Has jugado tu mejor tenis, has aprendido? ¡Pues has ganado!”. El partido importante es el que se juega dentro. No estoy diciendo que no seamos ambiciosos y que no queramos ganar el partido, pero es que hay muchos partidos que sólo se pueden ganar con los demás, no contra los demás.”

Ideas para superar los días tristes

Ideas para superar los días tristes 300 262 Rafael

Hoy voy a escribir sobre un tema que a todos nos ha pasado en más de una ocasión, que es la depresión, el desánimo, la tristeza. Pero evidentemente no soy ningún experto en el tema, por eso, yo solamente voy a citar a personas que han tenido profundas depresiones y han salido adelante, ellos harán algo mucho más valioso, darnos sus secretos de cómo superaron la depresión.

Victor Frankl, psicólogo judío que vivió en carne propia lo que es estar en los campos de concentración en Auschwitz y sobrevivió a costa de automotivarse continuamente nos menciona: “El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos, la vida no es completa. El primer día, ya lejano, del colegio, nuestro primer amor, la marcha disgregada a la universidad de amigos que no se volverán a ver, los primeros pasos laborales taponando goteras por donde sale nuestra incompetencia a borbotones, la primera muerte de un ser querido, cercana y brutal, son diversos puentes que hay que atravesar para conocer su anverso, la otra cara de la moneda de la vida. Sufrimiento, alegría, dolor, placer, adversidad y abundancia son voces complementarias con las que desandamos y completamos el camino”.

Pues bien, entonces, para estar claros, lo primero que sabemos es que todos, absolutamente todos en la Tierra, sufrimos en algún momento adversidades, depresiones, acontecimientos negativos, por lo tanto, no somos los únicos ni los últimos que nos sentimos así, y muchísima gente ha vivido problemas peores que los nuestros y se han sobrepuesto. Un ejemplo es Randy Snow, deportista profesional que a causa de un accidente quedó en silla de ruedas para siempre. Nos dice “Desde luego que deseaba que mi accidente no hubiese ocurrido, pero siendo honesto, ahora podía manejar lo que la vida me solicitaba. Mi nuevo reto era volver a hacer aquellas cosas que tanto me apasionaban”. No cabe duda que Randy lo logró. Llegó a ser el único medallista paraolímpico que ha logrado obtener medallas de oro en tres disciplinas diferentes, tenis, básquet y natación. Dichos éxitos y logros son señales luminosas que tienen su enchufe inicial de energía en esa sabia y humilde aceptación de las nuevas reglas de juego.

Christopher Reeve, quien a los 42 años se quedó hemipléjico por una caída cuando montaba a caballo nos dice que “El secreto es simplemente creer y sentir de verdad que somos valiosos, que seguimos siendo nosotros, no importa lo que nos pase o la situación en la que estemos” y quien mejor que el para comprobarlo, luego de su caída, siguió ganando Grammys como productor. Sin duda, una frase “slogan” para todos aquellos “sin tierra” (física, familiar, afectiva y profesional) de este planeta.

Se dice que ante la depresión se pueden adoptar dos actitudes igualmente fatales: la resignación pasiva o la ciega rebelión. Ambas paralizan por igual la acción de la voluntad. Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. En presencia de cualquier eventualidad aflictiva, importa, ante todo, conservar la serenidad, concentrarse, uno en sí mismo y examinar los hechos, sin desfigurarlos en lo mas mínimo, sino tratar de ser lo más objetivo posible, para en base a ello identificar las causas, las consecuencias, y finalmente definir posibles actos concretos que nos lleven a solucionar el problema.

Santiago Álvarez de Mon, a quien cito constantemente en este blog, es probablemente uno de los mejores oradores de España. Sus conferencias causan un impacto desmedido en las organizaciones en las que participa como conferenciante. Es un motivador nato capaz de sacar lo mejor de su audiencia. Actualmente es profesor del IESE donde ha dirigido el Executive MBA en Madrid e imparte su labor docente. Nos dice que la depresión no sólo tiene en su vestidor trajes recriminatorios y fríos. También los hay serios, finos y apropiados para las circunstancias. Muchas veces hay razones objetivas que explican fosos infinitos de los que sólo el tiempo es capaz de sacarnos. Cuando la serenidad se va acomodando e invadiendo nuestro espíritu, invita a pasear y degustar lo que nos circunda. Es el tiempo de una dama magnífica y elegante que restituirá el ánimo y la alegría de vivir. La adversidad puede ser una gran maestra. No te queda más solución que madurar, que plantearte ciertas prioridades. Te recuerda la importancia de ser tolerante, te habla del sentido de la justicia, de la solidaridad. Te dice que no todo en la vida es colocarse en situación de privilegio. Sabía que todo eso era así, pero la adversidad lo enfatiza y anima a ponerlo en práctica.”

Como conclusión final, los dejo con quizá el hombre que tenga más autoridad para hablar sobre este tema, El Papa Benedicto, que ha dicho: “Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de lo que podría significar aflicción, cuando quieran ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizá ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. A veces es un reto encontrar una razón para lo que aparece solamente como una dificultad que superar o un dolor que afrontar. No obstante, la fe nos ayuda a ampliar el horizonte más allá de nosotros mismos para ver la vida como Dios la ve. El amor incondicional de Dios, que alcanza a todo ser humano, otorga un significado y finalidad a cada vida humana.”

Que la suerte no vuelva más!!!!

Que la suerte no vuelva más!!!! 95 128 Rafael

 

Hace poco veía en la televisión uno de los mejores comerciales que he visto en años, que lo ha hecho la cerveza Franca: http://www.youtube.com/watch?v=6EV_1t-HoFU Recomiendo que lo vean varias veces. Encierra un mensaje para recordar, y justamente una de sus frases es “Que la suerte no vuelva más”. Y no es que sean unos masoquistas los que la hicieron, sino que nos ayuda a pensar que el éxito y la felicidad que todos perseguimos no es cuestión de suerte, es cuestión de esfuerzo. 

Es necesario planificar, implementar, controlar, aprender de los errores, porfiar y perseverar, para luego dejar que venga la “diosa fortuna”, la “suerte”, ya que normalmente ésta se suele aparecer cuando se han hecho bien todos los pasos previos y cuando uno se esfuerza, y trabaja bien y a conciencia.

La suerte sola, no sirve para nada, así como viene se va. Crea falsas, distorsionadas visiones de lo que muchos llaman éxito o felicidad, pero que en realidad no lo es, a lo mucho son momentos pasajeros, que se van y ya no regresan. Y es que la verdadera felicidad, cuesta, y cuesta mucho, viene disfrazada en muchos casos de lucha, de esfuerzo, de sufrimiento y dolor. Al respecto, y ya que estamos próximo a entrar en Semana Santa, copio una frase textual de un santo de nuestros tiempos: San Josemaría “Os hablaba antes de dolores, de sufrimientos, de lágrimas. Y no me contradigo si afirmo que, para una persona que busque amorosamente a Jesús, es muy distinto el sabor de las tristezas, de las penas, de las aflicciones: desaparecen en cuanto se acepta de veras la Voluntad de Dios, en cuanto se cumplen con gusto sus designios, como hijos fieles, aunque los nervios den la impresión de romperse y el suplicio parezca insoportable.”

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Aunque nos cueste aceptarlo, la realidad y el pasado confirman que todo lo que vale cuesta, y cuesta mucho, lo que fácil llega, fácil se va. A los que buscan las cosas fáciles, o que se creen con suerte para conseguirlas sin esfuerzo, la vida les pasa la factura, tarde o temprano. El otro extremo es también malo, es decir, cuando nos obsesionamos con el éxito, con alcanzarlos a de cualquier manera. Relacionado a este tema decía el Papa Benedicto hace unos días lo siguiente: “La conquista del éxito, la obsesión por el prestigio y la búsqueda de las comodidades, cuando absorben totalmente la vida hasta llegar a excluir a Dios del propio horizonte, ¿llevan verdaderamente a la felicidad? ¿Puede haber felicidad auténtica prescindiendo de Dios? La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios: tenemos necesidad, de hecho, de la alegría infinita. Ni las preocupaciones cotidianas, ni las dificultades de la vida, logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios. La invitación de Jesús a cargar con la propia cruz y a seguirle en un primer momento puede parecer algo duro y en contra de lo que queremos, mortificador para nuestro deseo de realización personal. Pero si lo analizamos con más atención, nos damos cuenta de que no es así. “

Decía S. A. Pan de Soraluce que el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide. Curiosamente, obtiene resultados espectaculares el que pasa de ellos, su mirada se dirige a la sustancia de su oficio.

En su libro, mencionaba las palabras de Andrea Bocelli, ese gran tenor italiano, invidente, “La idea de hacer todo lo humanamente posible, buscando con todas sus fuerzas cómo mejorar a través del estudio y el trabajo diarios, le hizo estar en paz con su propia conciencia”. Esa persona del singular es él mismo, así pone un poco de distancia y supera su timidez. El trabajo lo ve como un factor decisivo para recuperarse y ganarle la partida a la adversidad. Aunque si solo hay trabajo en la vida humana, el cansancio, el estrés, el desequilibrio y hasta el aburrimiento reduccionista nos acechan y maniatan. Pero si no hay trabajo, si se elude todo vestigio de esfuerzo y sudor, difícilmente la paz nos anuncia su llegada. Y si finalmente lo hace, su vuelo será como el de una cometa ligera y caprichosa que vuela errática. 

El coraje y el optimismo son primos hermanos de la paciencia, ésta no nace por generación espontánea. A primera vista, fiable y testaruda, la dejas solita sin el escudo del optimismo como decisión y coraje como actitud y hasta ella se marchita y se apaga como una vela. Esta podría ser una buena lección para un mundo impaciente e intransigente que, mide sus proyectos en términos de semanas, como la bolsa de valores, a incluso de días. A la vida hay que darle una oportunidad, con visiones cortoplacistas y guiños nerviosos no se deja seducir, no acaba de mostrar su mejor cara. A muchos de nosotros, nos hace buena falta que invidentes como Bocelli, nos enseñen a mirar y comprender la realidad.”

Ante ese comentario estupendo de Pan de Soraluce, no me queda mucho por agregar, sino más bien, terminar con aquella frase que se me quedó grabada del comercial: “Y saben que le digo a la suerte, que no vuelva más, que aquí en el Perú con nuestro esfuerzo, nos basta y nos sobra.!!!”

¿Buena suerte? No gracias. ESFUERZO!!!!

¿Cómo enfrentar las adversidades?

¿Cómo enfrentar las adversidades? 128 103 Rafael

 

“Solo aciertan a alcanzar el éxito quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio.” Anónimo

¿Quién puede decir de esta agua no beberé? En algún momento de nuestras vidas, a todos nos toca recibir “la visita imprevista de una vieja y exigente maestra: La adversidad”, de la que podemos lamentarnos o de otro lado, aprender muchísimo. Pues bien, si igual va a venir, no nos queda otra que mirarla con buenos ojos y darle la bienvenida. Sólo de esa forma podremos aprovechar su visita para mejorar.

A continuación veremos casos de personas que le agradecen que los haya visitado, porque los cambió para bien, y quizá un acontecimiento tan duro como ese, fue lo único que los hubiese hecho cambiar. El primero es el de Andrea Bocelli, a los 12 años, a causa de una rara enfermedad y un pelotazo en la cara accidental, se quedó ciego. El mismo Bocelli comenta en su libro autobiográfico: The music of silence, ”Curiosamente la naturaleza, mientras me quitaba algo valiosísimo, la vista, me daba otro regalo, la música. Con una mano soltaba algo tan querido como la visión, pero con otra agarraba fuerte una muleta y una compañera inestimable, la música, otra forma de “ver”. Muchos de los logros de Bocelli se han dado gracias al coraje y persistencia de un hombre que aprendió a mirar de otra manera, porque “lo esencial es invisible a los ojos” tal como dice el Principito. 

Lance Armstrong, cuatro veces campeón del Tour de Francia, la prueba ciclística más importante del mundo. Diagnóstico: Cáncer testicular con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Edad 25 años. Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life: “La verdad es que el cáncer ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, operó un profundo cambio en mi forma de ser, ha hecho maravillas con mi personalidad. ¿Por qué yo? Durante la mayor parte de mi vida había operado bajo un esquema simplista de ganar o perder, pero el cáncer me estaba enseñando a ser tolerante ante la ambigüedad. Ahora corría una carrera bien distinta. ¿Dónde estaba la línea de partida? ¿Cuál era el premio por ganar?” Se da cuenta que es una competencia distinta, que aquí no gana el que llega primero sino el que aprovecha de la mejor manera el kilometraje recorrido. 

Veamos otro caso, Randy Snow, quien sufrió un accidente que le inmovilizó las piernas, el único deportista en la historia de los juegos paraolímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: Atletismo, tenis y baloncesto. En su libro Pushing forward, a memory of motivation, nos cuenta: “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviéramos mirando la vida con un solo ojo, curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida u oculta. Sé que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida. Nos rodeamos en nuestra zona de confort de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas. 

Mar Cogollos, joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente quedó hemipléjica, nos dice en plena depresión en su libro Elogio de la debilidad: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con ellos hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida. Recuerdo que pensar y ayudar a los demás me ayudó muchísimo en mi recuperación. Mis compañeras tenían que levantarse e ir al gimnasio por la mañana. Les urgía a que se arreglaran, que se peinaran, que siguieran siendo mujeres, la vida continúa. Cuando abandoné el hospital una persona me dijo, que no te miren con pena sino con admiración, y eso va a depender exclusivamente de ti. Y es que cuando te enfrentas a una adversidad, muchas veces te saca de dentro lo que tenemos, esa necesidad de darnos mas generosamente a los demás”. Esto me trae a colación una frase que leí hace algún tiempo: “¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan.” No nos damos cuenta que el principal beneficiado en un acto de dar a los demás, no es el que recibe, sino el que da, porque es el que se queda con la alegría interna de haber hecho lo correcto.

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Al respecto, Santiago Alvarez de Mon, uno de los más brillantes pensadores de España, profesor del IESE, nos dice que “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, es más propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”

Nuestro último invitado es Christopher Reeve, nada menos que el actor que encarnó paradójicamente a Superman. A los 42 años, mientras montaba a caballo tuvo una caída que le produjo rotura de vértebras y parálisis de la cabeza para abajo incluyendo la falta de respiración (tuvo que vivir permanentemente conectado a un respirador artificial). Luego de ello necesitó 6 horas diarias para las actividades más elementales (vestirse, bañarse, ir al baño). A pesar de ello ganó en los últimos años varios Emmy y un Grammy estando así. Reeve escribe en su libro autobiográfico: “Tengo que admitir que cuando me despierto cada mañana, tengo que superar el shock de no ser capaz de moverme. Siento envidia de las personas que caminan y corren sin ningún problema. Ser bruscamente privado a los 42 años de muchas de las cosas que disfrutas de la vida es desalentador pero mi optimismo permanece intacto. Empecé a considerar, que vida puedo construir a partir de lo sucedido? ¿Hay alguna forma de ser útil, de echar una mano a los demás, de ponerse a trabajar de nuevo?, ¿Existe algún camino que me conduzca a ser otra vez esposo y padre? No obtuve ninguna respuesta pero el formularme esas preguntas, ya fue una gran ayuda.”

Como vemos, ha cambiado su forma de pensar, de quererse suicidar en un comienzo le empieza a dar un sentido a la vida. Sin embargo, la lucha diaria sigue siendo una constante. Como todo ser humano, Reeve tenía momentos en los que el desánimo y la tristeza, invadían su corazón. Sin embargo, supo darle un sentido a su sufrimiento, a su vida. Que él nos comente como hizo: “Si me entrego a la autocompasión o expreso mi desaliento delante de mi pequeño hijo Hill estoy poniendo una carga pesada e injusta en un niño de cinco años. Si me vuelvo hacia dentro de mi y paso el tiempo con nostalgia del pasado no puedo estar cerca de Mathew y Alexander, dos adolescentes que necesitan los criterios y consejos de su padre. Por último, que tipo de vida podría compartir con Dana, mi esposa, si me dejo llevar y me transformo en un armatoste deprimido que se arrastra en silla de ruedas?”.

A pesar de que lo mas lógico hubiese sido que se esconda tras su mala suerte, quién hubiese tenido agallas para reprochárselo, nuestro super héroe de carne y hueso luchó por ser ejemplo de padre y esposo ejemplar aún en esas condiciones. Al respecto, Alvarez de Mon, de cuyo libro extraje algunos casos, comenta que unos nos ahogamos con flotador en el jacuzzi temperado, iluminado y protegido, y otros como Reeve nadan a brazo partido con el mar más bravo, oscuro y helado y finalmente llegan a su destino eterno, con la alegría y la paz interior de saber que lucharon contra la adversidad y no pararon hasta vencerla. En otra sección de su libro, Reeve tiene una paradoja sobre qué es ser un héroe. Dejaré que él mismo lo cuente: “Cuando salió la primera película de Superman concedí un sinfín de entrevistas y la pregunta que más se repetía era: ¿Qué es para usted un héroe? Con qué facilidad y ligereza contestaba. Un héroe es alguien que lleva a cabo una acción valerosa sin reparar en las consecuencias.“ Quien iba a imaginar que aquel héroe de fantasía se iba a convertir en uno de carne y hueso, que demostró ser un verdadero héroe a punta de tener la fortaleza para perseverar y resistir, y seguir luchando a pesar de cargas durísimas. Y es que los verdaderos héroes son personas comunes y corrientes, anónimas, ese padre que se amanece trabajando para llevar algo de comida al hogar, esa madre que a pesar del trabajo diario en la empresa, se levanta varias horas antes para preparar el almuerzo de sus hijos, ese directivo que permite crecer a sus empleados, ese chiquillo que decide ir contra contra corriente contra la opinión de sus “valientes” amigos que están en drogas o se dejan llevar por el sexo, en fin, me refiero en general a cualquier persona que lucha por ser perfecta, por ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil, olvidándose de ella misma. 

La pregunta del millón es: ¿Qué hacer cuando llega la adversidad? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve en ese momento es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida, Dios sabe porqué hace las cosas . Tenemos dos opciones, o llevamos la adversidad con angustia, molestia, pena y sufrimiento, o le sacamos provecho a la vida, hacemos de tripas corazón y le vemos el lado bueno. Podemos tener el semblante serio y el corazón compungido, pero nadie nos quitará la felicidad de tener la conciencia tranquila, de saber que hacemos lo correcto, que luchamos por salir adelante. Podemos aprender mucho más de la gente discapacitada, pobre o llena de problemas, que de los inteligentes y famosos. Y es que las adversidades enseñan más que las explicaciones perfectas de grandes científicos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Esto no quita que siempre luchemos incansablemente por ser mejores.

Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos

Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos 90 128 Rafael

Dicen que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Yo normalmente soy un soñador, pero un soñador de sueños reales, soy de los que creen que hay que vivir los sueños y no soñar la vida. Y es que para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos. Yo personalmente no tengo sueños brillantes dormido aunque sí los tengo despierto. Hay una frase que dice “Soñad y os quedareis cortos”. Pero claro, la pregunta es ¿qué tan complicado es alcanzar nuestros sueños? ¿Existe algún método para eso? 

Soñar, que importante hacerlo despierto

Según el profesor del IESE de Barcelona, Luis Huete, para cumplir los sueños es necesario esforzarse por trazar y cumplir metas concretas, pero también planificar y cultivar una serie de disciplinas de autoliderazgo. En un artículo publicado en el IESE Insight recientemente, nos cuenta que la construcción de los sueños requiere tener un plan personal de futuro, una lista de deseos y de sueños muy concretos. Para ello, es importante tener una ambición personal, es decir, en qué me quiero convertir.

El énfasis se pone en uno mismo: los hábitos que se quieren desarrollar o las características de la personalidad que se quieren potenciar. Los sueños han de empezar con la ambición de mejorar los recursos personales. Lo que acabamos haciendo con nosotros mismos es la base de todo lo que nos acaba sucediendo en la vida. Decidir en qué tres o cuatro cosas se quiere destacar y convertirse en una autoridad mundial. Pueden ser ambiciones personales o profesionales. 

Las restricciones a vencer

Uno de los peores enemigos para hacer que se cumplan los sueños es el miedo, es nuestro temor a fallar, a equivocarnos, y por ello simplemente preferimos no tomar la iniciativa para empezar a cumplirlos. Al respecto decía Alvarez de Mon en su libro Desde la Adversidad que existen dos tipos de personas, “los primeros, bombardeados y acosados por la posibilidad de equivocarse, tienden a pecar por defecto, la cautela y el control excesivo les atenazan. Los segundos, salvo aquellos que crezcan hiper protegidos y anestesiados, tienden a pecar por exceso, en su discurrir hay que ponerles quitamiedos, ruedas de goma y colchones porque les gusta vivir cerca del precipicio. Ahí les espera el error, con él mantienen una comunicación fluida y llevadera, no les pesa como una piedra en la mochila. ¿Qué nos pasa a los que tenemos vértigo, a los que sufrimos miedo a las alturas? Miramos para abajo, temblamos y nos caemos. El miedo a caer nos hace caer. “

Al respecto, Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de de Francia, nos cuenta: “He encontrado en mi carrera que la reducción del miedo ha contribuido más a mis éxitos deportivos que el desarrollo del propio talento. Ciertamente tenemos que cultivar nuestras habilidades, pero al final es la voz de la duda la que las destruye. Todos tenemos dos personalidades distintas, la del crítico y la del campeón. Ignorar al crítico y escuchar al campeón es esencial para vivir”. 

Mantener el espíritu joven

Un punto a tomar en cuenta es el optimismo, el ver las cosas siempre por el lado bueno, eso hará crecernos frente a las dificultades. Ello implica también mantener el espíritu joven, los sueños vigentes, el anhelo de que nos falta mucho por vivir y muchos sueños por alanzar, independientemente de la edad que tengamos. Al respecto, me viene a la memoria el poema preferido de Matsushita, aquel japonés visionario, fundador de Panasonic: “La juventud no es un período de vida, es una forma de pensar, no son mejillas sonrosadas, labios rojos y rodillas flexibles, es fuerza de la voluntad, calidad de la imaginación, vigor de los sentimientos. La juventud significa el predominio temperamental del valor sobre la timidez, del ansia de aventura sobre el amor a la tranquilidad. No es raro encontrar más vigor en un hombre de sesenta años que en un muchacho de veinte. Nadie se hace viejo por el número de años. Nos hacemos viejos al traicionar nuestros sueños, nuestros ideales. Los años pueden arrugar la piel, pero la renuncia al entusiasmo arruga el alma. La preocupación, el temor, la falta de confianza en uno mismo agobian al corazón y convierten en polvo al espíritu. Con ochenta o quince años, todos los corazones humanos sienten la atracción de la maravilla, el apetito infantil de lo que está por venir y la alegría del juego de vivir.”

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Claves para triunfar en la vida

Me he permitido revisar las revistas más importantes de negocios del mundo persiguiendo las pistas reales, y concretas que nos ayuden a triunfar en la vida y lograr nuestros sueños. Según un artículo reciente de la revista Entrepeneur, se mencionan cuatro principios esenciales que debe implementar cualquier persona que quiera conocer el éxito. 

1. Claridad: Deben estar absolutamente claros de quiénes son y a donde quieren llegar en la vida, tanto a nivel personal, como laboral, y espiritual. Para ello necesitan objetivos y planes por escrito para cada etapa de su vida. Comiencen con sus valores. ¿Qué visión tienen de ustedes y de su futuro? ¿Cuál es la misión de su negocio? ¿Cuál es el sentido de su vida? ¿Qué es realmente lo que ustedes quieren hacer con su vida?

2. Competencia: para ser realmente exitoso y feliz. Ustedes deben ser muy buenos en lo que hacen. Propónganse pertenecer a los mejores de su área. Su principal objetivo en este sentido es lograr un desempeño excepcional, un trabajo realizado a la perfección. 

3. Enfoque: su habilidad para concentrarse en las cosas más importantes hasta que hayan sido terminadas será un prerrequisito esencial para el éxito. 

4. Coraje: se requiere mucho coraje para tomar los riesgos necesarios para ser exitoso. Y ser exitoso en la vida no es sinónimo de ser millonario, es un concepto mucho más amplio, uno es exitoso si es feliz, y es feliz si está con la conciencia tranquila de saber que hace lo correcto para él y para los que lo rodean. Es decir, ser exitoso es sinónimo de ser un excelente padre, amigo, hijo, enamorado y empleado. 

Según la Revista Harvard Business Review en un artículo reciente escrito por Peter Drucker señala que algunos de los mejores Gerentes con los que ha trabajado en su carrera de 65 años como consultor no eran los líderes típicos. Lo que los hacía efectivos era que se cuestionaban constantemente ¿Qué debe ser hecho? y ¿Qué es lo mejor para los demás o para la compañía?.

Otra de las respuestas más sorprendentes sobre las claves para conseguir los sueños la da Juan Oiarzabal, el único alpinista que ha coronado los 14 ocho miles (montañas de mas de 8 mil metros de altura) sin oxígeno. Nos dice: “El factor ambición, tener hambre de llegar es importante. También lo es la preparación previa que hayas desarrollado antes, pero lo mas crítico es la capacidad de sufrimiento. Si no has aprendido a sufrir, si no te has endurecido en situaciones extremas, estás perdido. Contra lo que se tiende a pensar, uno puede educar la capacidad de sufrimiento. Por ejemplo, recuerdo la última ascensión al Everest, sin oxígeno, después de terminar el tercer escalón. Es una escalada empinadísima, me tiré 20 minutos cara al cielo tratando de recuperar algo de oxígeno. Si no te has entrenado y sufrido antes, te aseguro que no sigues ascendiendo. La montaña es incierta e imprevisible, te pueden pasar muchos imprevistos que ni sospechabas momentos antes. Un cambio brusco de temperatura, una avalancha, una niebla espesa que te impide ver mas allá de dos metros. Te preparas, planificas todo, y luego surgen un sinfín de imponderables de los que pueden depender tu vida. Uno está obligado a organizar y controlar todo lo que depende de él, pero luego, ante la Madre naturaleza, tienes que rebajarte y adaptarte a las circunstancias del momento”.

Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de Francia, una vez interrogado sobre qué placer le llevaba a montar bicicleta respondió sorprendido: “¿placer?, ninguno, lo hago por el sufrimiento.” Los maratonistas, los “ironman” en el fondo, son grandes profesionales del sufrimiento. Alguno pudiera pensar que sus actividades lindan con el masoquismo y la locura, pero lo que es indudable es que si estuvieran “cuerdos” como los demás, si no tuvieran el coraje de forzar sus limites físicos y mentales, no serían lo que son.

A título personal creo que la gente altamente exitosa es aquella que vive con las luces altas, es decir, que se traza objetivos a largo plazo en los distintos escenarios de su vida, en el plano de desarrollo personal, familiar, espiritual y profesional, y busca la manera de hacerles un seguimiento perseverando en todo aquello que deba mejorar. Ayudará también el tener una coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Otra de las cualidades más importantes es la humildad para saber reconocer a tiempo los errores y la perseverancia para ser constante en los objetivos trazados, vale más concentrarse en pocos objetivos pero no parar hasta terminarlos que querer estar en todo y al final no lograr nada.

Quizá la tarea mas inaplazable sea definir concretamente como empezar a implementar esto en nuestras vidas. ¿Lo intentamos?

Reflexiones para comenzar bien el 2008

Reflexiones para comenzar bien el 2008 128 72 Rafael

 

Ya estamos terminando el 2007 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2008. En él, viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene. 

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida. El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien. 

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores: “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, que pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional. Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida” Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon, Ex Director del IESE de Barcelona y uno de los mejores oradores de España: Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo. Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.

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Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas. 

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas. De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir. 

¿Cómo escapar de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras: “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia. Ganar es tan importante, tan imprescindible, para un equipo que quiere ver extendido su cheque anual de confianza y apoyo, que no se habla de ello. Ganar es el penúltimo objetivo, el último es la felicidad. Como la quieras cazar se te escurre, sólo se queda contigo si eres limpio en el juego. Ganar, pero no a toda costa, los modos y medios de conseguir la victoria son cruciales. Regla # 2: No persigas al número 1, te persigues a ti mismo. Si vas detrás de alguien que se cae, cuando caiga, tu te caerás inmediatamente. Los grandes campeones sólo compiten consigo mismos, ellos son el único adversario que merece la pena. Las comparaciones son odiosas desde muchos puntos de vista, y en aspectos de mejora, castrantes y nocivas. Los demás son sólo una referencia externa, un estímulo – despertador. La lucha es interior y personal, y sólo vale ganar. Regla # 3: Nunca compitas para no perder. Los que juegan a no perder ya han perdido. Son mediocres que apuestan por estrategias defensivas, por plagios intolerables, por fotocopias retrasadas y en serie que expulsan el talento y el aprendizaje de su horizonte visual. 

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “

En este 2007 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, qué es más importante? Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón.

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No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota. Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”. 

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario. 

Parafraseando lo dicho anteriormente, ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos.

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”.

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa. La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado.

Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo, en el caso de Japón se ha quintuplicado el PBI per cápita en los últimos años sin implicar un aumento en el nivel de felicidad. Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad. 

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2008 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio. Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva.

En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo. 

No quería terminar sin mandarles un saludo especial y mis mejores deseos de que pasen un excelente 2008 y una Feliz Navidad y de que el Niño Jesús encuentre un lugar para nacer y para vivir en nuestros corazones, pero claro, no se puede dejar entrar a quien no se conoce bien, para eso podemos aprovechar estos días de tranquilidad para leer sobre El. Ahora si me despido. El próximo Lunes volveré sin falta.

El matrimonio sí funciona

El matrimonio sí funciona 85 128 Rafael
 

Hoy en día se habla cada vez más del incremento de divorcios y separaciones en matrimonios cercanos a nosotros, pero existen también millones de matrimonios felices que permanecen en el anonimato y es hora de ponerlos de moda, no por ellos, sino porque lo necesita la sociedad. 

No hay que tener miedo al fracaso en nuestro matrimonio si las cosas se hacen bien desde el principio, porque contrario al refrán que da el nombre a este artículo, el éxito del matrimonio no depende de la suerte. Tengo varios amigos casados que ya se han separado, sus matrimonios no duraron ni 3 años, ¿Por qué? Una de las principales razones es porque “ya no había amor en su relación”.

Un amigo español experto en este tema, Aníbal Cuevas, escribió que para que haya amor, hay que amar. Parece una frase muy simple, pero es bastante profunda. Nos dice que el Amor es un sustantivo y por tanto refleja estatismo, amar es un verbo y refleja por tanto acción. El amor es estático, no se mueve, no avanza, no crece, no se recupera, si no se ama. El amor necesita la acción de amar. Por eso el amor igual que viene se va y es que para permanecer necesita del verbo amar.¿Cuál es la solución cuando ya no hay amor? Amar, amar más. Hay un conocido proverbio que dice: Hay que sembrar amor, donde no hay amor, para cosechar amor. Quizás sea ésta una de las claves de la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El enamoramiento viene y va, el amor se quiere, se busca, se defiende y se trabaja.

Trabajando el matrimonio

¿Que cuesta porque ya no se siente lo mismo? Pues claro que cuesta. En esta vida no hay lonche gratis. Pero todo lo que cuesta vale. Además, ¿qué significa eso de “sentir”? Definitivamente la solidez de un matrimonio no se puede sustentar en que “hoy siento que te amo”, “hoy no siento nada por ti”. Llevados de esta idea que cada vez está mas extendida, cuando los sentimientos desaparecen o la convivencia se hace cuesta arriba, muchas personas empiezan a buscar fuera lo que no encuentran dentro. En vez de concentrar su atención y esfuerzo en recuperar o reconstruir ese amor, se dejan llevar de lo que sienten o de lo más fácil: sentirse víctimas y buscar consuelos. Algo tan fundamental y que afecta aspectos tan íntimos de las personas como es el amor no puede estar sustentado exclusivamente sobre algo tan frágil y quebradizo como son los sentimientos que por su propia naturaleza son oscilantes y sujetos a altibajos que, en la mayoría de los casos, no dependen de la voluntad de uno mismo. Los sentimientos dependen de numerosos factores internos y externos a nosotros. Factores tales como el clima, el cansancio, los desarreglos hormonales y el estrés hacen que varíen nuestros sentimientos y estados de ánimo. El matrimonio debe estar afianzado y construido sobre algo más sólido como la voluntad y la inteligencia.

Por otro lado, el pensamiento siempre debe llevar un componente sentimental y no únicamente basarse en el raciocinio. Es decir, debe ser guiado por el corazón y la cabeza, lo cual hace un amor inteligente. La verdadera sede de la inteligencia no es únicamente la razón sino también el corazón. Un corazón inteligente y una razón sensible forman una dupla imparable.

Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta demasiada atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fuera automático. Así pasa con demasiada frecuencia con el amor matrimonial ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Porqué se iban a casar si no fuera así?.Sin embargo el mayor peligro de lo natural es justamente ese, al ser considerado natural se entiende que no hace falta preocuparse de ello, está ahí. Precisamente por esa razón pienso que hay que dedicar tiempo al amor entre los esposos. Nunca, ni en los mejores días hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte. Se tiende a pensar que el amor fuerte es el que despierta pasiones y sentimientos explosivos y ello encierra un gran peligro para el amor verdadero. El amor más fuerte es el que supone querer al otro cada día, no haciéndolo depender de emociones fuertes. Hace falta aprender a amar y amar precisamente cuando el amor no parece fuerte porque faltan las emociones. Para ello, es necesario saber cuales son algunas de las causas que son las generadores de las inevitables crisis que ocurren en todos los matrimonios.

Al respecto, he extraído las mencionadas por Antonio Vásquez en su libro “El matrimonio y los días”. Nos cuenta que la primera de ellas es la exagerada expectativa de esperar demasiado del matrimonio, en lugar de ir a él para entregarse. Se pretende que el cónyuge sea perfecto, o a eternizar momentos de los primeros días del enamoramiento. La pregunta no es: ¿Cuánto me puedo beneficiar?, sino cuánto puedo dar en el matrimonio. Otras de las causas son el mal carácter de cada uno, la rutina, la atención a medios de comunicación que transmiten antivalores, la soberbia y el orgullo, las cuales son el origen de casi todos los defectos, del mismo modo que la humildad y la sencillez, son el fundamento de casi todas las cualidades. 

Existe una creencia tan falsa como difusa según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades ni obstáculos. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza y calidad. 

La camisa del casado feliz

Uno de los mejores artículos sobre el matrimonio que he leído últimamente es un resumen que se publicó en el Boletín de egresados del IESE en el que Gerardo Castillo, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, define las claves del éxito en el amor conyugal tomando como base una encuesta entre cien matrimonios de diferentes países, con un mínimo de diez años de vida conyugal, que se consideraban felices, aunque no faltasen en sus vidas algunos sinsabores y conflictos que ellos consideraban normales. Resume las conclusiones de esa encuesta en los siguientes factores de éxito:

• Evitar por todos los medios, las ofensas de palabra, acción o gestos.

• Aprender a callar, evitando discusiones inútiles.

• Aceptar al otro tal cual es y quererle con sus defectos. Hay dos tipos de defectos, las manías y los graves, son sólo los últimos los que se deberá ayudar al otro a cambiar.

• Hablar después de un pleito, no cerrar las heridas en falso.

• Si la relación con Dios es buena, por ende la relación con los esposos será también buena.

• Esforzarse cada día. Quien renuncie al esfuerzo ha firmado la sentencia de muerte de su matrimonio. Se trata de luchar, no de vencer siempre.

• Incidir siempre en la parte afectiva, un beso puede darse de mil maneras, esa agarrada de mano, ese abrir la puerta, hay mil detalles.

Casarse para toda la vida: haber tenido claro que el matrimonio es para siempre.

• Utilizar recursos para mantener la relación en buen estado y prevenir posibles conflictos: hablar a tiempo, reconocer errores, saber disculparse y saber ceder.

Convivir como personas que se quieren: sinceridad (no tener secretos con el otro), confianza, comprensión, respeto, buenos modales, delicadeza en el trato, saber callar, saber escuchar, no decir siempre la última palabra.

Cuidar cada día los pequeños detalles que hacen más grata la vida al otro.

En los enfrentamientos apelar a los buenos recuerdos y recurrir al buen humor, que desdramatiza los problemas y ayuda a ver la realidad por su lado más favorable.

• No levanten acta de las culpas del cónyuge, ni se empeñen en seguir echándole en cara cosas ya pasadas. Intenten vivir en el presente y mirar hacia adelante.

• El secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera, en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad.

  1. Las parejas más felices no siempre tienen lo mejor de todo, solo saben sacar lo mejor de lo que encuentran en su camino

• Los problemas se calman no con un grito, sino con una caricia.

¿En qué consistirá “blindar” el matrimonio?

Básicamente en vivir las virtudes humanas que llevan a la madurez y a la felicidad. La adquisición de virtudes en el matrimonio lleva a encontrar la felicidad propia buscando la felicidad del otro. La felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás. La felicidad es el resultado de una vida de entrega a los demás; por eso se puede ser feliz aunque se sufra. Dedicar a lo largo del día parte del tiempo a pensar en cosas pequeñas que puedan mejorar la relación con el cónyuge supone estar “blindando” el matrimonio. No solo basta con ser esposos, sino estar como esposos, es decir, portarse como tales, porque como escuché la semana pasada: El que “es” debe estar, porque sino, corre el riesgo de que “esté” el que no “es”.

Claves para triunfar en la vida (primera parte)

Claves para triunfar en la vida (primera parte) 128 121 Rafael

 

Me imagino que el título de este artículo les debe sonar conocido, y que ya deben haber leído 50,000 artículos que “dan la receta mágica” de cómo triunfar en la vida. Coincido con ustedes en que el 99% de esos artículos no sirven para nada y dicen mas de lo mismo. Es por ello que he tratado de buscar entre las mejores fuentes para resumirles algunos consejos de los maestros a nivel mundial. 

Uno de mis libros recurrentes para ello es “Desde la Adversidad” de Santiago Alvarez de Mon, reconocido como uno de los 100 pensadores mas brillantes del siglo en España, en el que entrevista sobre este tema a personalidades como Juan Oiarzabal, asiduo invitado virtual de este blog, para obtener sus declaraciones. Como sabemos, Juan ha sido el único alpinista que ha coronado los 14 ocho miles (montañas de mas de 8 mil metros de altura) sin oxígeno. Cuando se le preguntó por las claves principales para triunfar como montañero de élite, respondió: “El factor ambición, tener hambre de llegar es importante. También lo es la preparación previa que hayas desarrollado antes, pero lo mas crítico es la capacidad de sufrimiento. Si no has aprendido a sufrir, si no te has endurecido en situaciones extremas, estás perdido. Contra lo que se tiende a pensar, uno puede educar la capacidad de sufrimiento. Por ejemplo, recuerdo la última ascensión al Everest, sin oxígeno, después de terminar el tercer escalón. Es una escalada empinadísima, me tiré 20 minutos cara al cielo tratando de recuperar algo de oxígeno. Si no te has entrenado y sufrido antes, te aseguro que no sigues ascendiendo”.

Su colega de profesión y afición, Reymond Messner, confirma este punto en su libro The Cristal Horizon, The Mountaineers: “Los ascensos en solitario no son sólo mas cansados y peligrosos, también la carga psicológica es mucho mayor. En pleno sufrimiento me tengo que decir a mi mismo, vamos tu puedes, lo que has escalado hoy ya no es necesario que lo hagas mañana.” 

Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de Francia, una vez interrogado sobre qué placer le llevaba a montar bicicleta respondió sorprendido: “¿placer?, ninguno, lo hago por el sufrimiento.” Los maratonistas, en el fondo, son grandes profesionales del sufrimiento. Alguno pudiera pensar que sus exhibiciones lindan con el masoquismo y la locura, pero lo que es indudable es que si estuvieran “cuerdos” como los demás, si no tuvieran el coraje de forzar sus limites físicos y mentales, no serían lo que son.

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Santiago Alvarez de Mon, al ser preguntado por las cualidades que aconsejaría para ser un buen directivo comenta que está en primer lugar la Humildad – para estar en paz con sus dudas y valorar a los demás –; humor –para no tomarse demasiado en serio –; paciencia, constancia y perseverancia; libertad interior y responsabilidad –para asumir su propia carrera y definir el éxito –; integridad y honestidad –para adoptar las decisiones necesarias – y autenticidad: si uno es veraz, se estará de acuerdo o no con él, pero suscitará confianza y generará credibilidad. También nos dice que ante los numerosos requerimientos a los que se ven urgidos, los directivos quizá tienen la presión de aparecer como superhombres, lo que es postizo y falso. Reconocer su vulnerabilidad puede ser síntoma de fortaleza, la humildad es la cualidad fundamental de un ejecutivo. Ésta permite gestionar el éxito, levantarse tras el fracaso, preguntar y descubrir el talento. Además, también es importante el optimismo, para dirigir con energía positiva; la constancia; la integridad; y la curiosidad, para ver inquisitivamente la realidad. 

A título personal creo que la gente altamente exitosa es aquella que se traza objetivos a largo plazo en los distintos escenarios de su vida, en el plano de desarrollo personal, familiar, espiritual y profesional, y busca la manera de hacerles un seguimiento perseverando en todo aquello que deba mejorar. De alguna manera el proceso para identificar lo anteriormente expuesto es el mismo que hace una empresa en un planeamiento pero aplicado a ustedes. Que visión tienen de ustedes y de su futuro? ¿Qué quisieran ser de aquí a 5, 10, 20 años? En base a ello, se debieran orientar todas las actividades de cada uno. Para aterrizar estas ideas pueden visitar este artículo sobre el planeamiento estratégico aplicado a uno mismo que escribí hace unos meses. http://ideasvida.wordpress.com/2006/12/25/mi-plan-estrategico-2007/

Optimismo

Optimismo 106 127 Rafael

 

Vuelvo nuevamente con uno de mis escritores preferidos sobre temas de adversidad, Santiago Alvarez de Mon, todo un maestro para describir y hacernos entender como es que se pueden convertir las tristezas en alegrías, el sufrimiento en felicidad.

En uno de sus libros en los que habla sobre adversidad y optimismo nos cuenta sobre Gustavo Zerbino, estudiante de medicina en ese entonces, que fue uno de los sobrevivientes del avión que cayó en el altiplano en Octubre de 1972. Formaba parte de un equipo de rugby uruguayo que iba a Chile. El avión en el que viajaban se estrelló a 3,500 metros sobre el nivel del mar en Los Andes. Al chocar el avión murieron instantáneamente 13 personas de las 45 que viajaban y durante los mas de 70 días de estar perdidos murieron otras dieciséis. Vivían hacinados en la cabina del avión soportando temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, dándose masajes unos a otros para no morir congelados.

En el indescriptible escenario de las primeras horas en que el avión se estrelló en un campo donde no había ninguna opción de encontrar alguien que los pueda ayuda, encontramos a Gustavo quien practicó primeros auxilios a varios de sus compañeros heridos. Recuerda a Enrique Platero con el vientre destrozado. Le atiende, le venda la herida y le dice que no tiene nada grave, que es superficial. Le da una pastilla y le asegura que no tendrá dolor en seis días. Así sucede. A los seis días, vuelven los dolores, repite entonces la misma operación mental con los mismos efectos “sanadores”.

Gustavo cuenta en su libro “Viven, el triunfo del espíritu humano” lo siguiente: “La capacidad de sufrimiento del hombre es limitada. El umbral del dolor es convencional, es educado y educable. El límite del dolor varía según la forma anímica de afrontarlo. El hombre puede llegar a límites de dolor y sufrimiento hasta donde se anime a enfrentarlo. Aprendí en los Andes que con un cambio de actitud, el dolor puede convertirse incluso en placer”. Sobre el riesgo de entrar en una espiral de pensamientos negativos advierte: “Es un círculo vicioso descendente que te lleva a la depresión y hay que romperlo, ¿Formas de hacerlo?. Era necesario convencerse de la importancia de la fortaleza mental. Lo que nos rodeaba no dependía de nosotros, lo teníamos que tomar como un hecho, como un dato. Sin embargo, nuestro aspecto mental si dependía de nosotros, a nivel particular y de grupo, y se fortalecía sacando a las personas del protagonismo y del victimismo. Les decíamos de una manera suave, dura o terrorífica que ayudasen a los demás para que se sintieran útiles. Por qué no ayudas a fulano que te echó una mano y te precisa; haciéndolo se sentía bien y levantaba su autoestima.

Aquellas personas generosas, serviciales, volcadas en darse a los demás son las menos proclives en caer en el desánimo y la desesperanza. En la mente entra un pensamiento a cada instante. Podíamos elegir entre pasarlo lo mejor posible o ser los mas infelices del mundo. Podíamos convertir un pensamiento débil y negativo en otro positivo y fuerte. Dependía de nosotros.” Esa fue la lucidez de Zerbino, concentrarse en los factores en los que podían influir: estructura mental interior, diálogo exterior con los demás, reposar un poco y rezar.

Prosigue Zerbino “Lo mas angustiante fue la espera, porque la espera implicaba expectativas que dependían del exterior, y que con el paso del tiempo se podían ver frustradas, como así sucedió. Cuando nos enteramos que las operaciones de rescate eran suspendidas se vieron dos tipos de reacción. Para algunos fue un golpe durísimo porque habían depositado sus esperanzas en la ayuda de fuera. Todas sus expectativas se derrumbaron en ese instante, y presos de la desesperación se fueron muriendo gradualmente. Frente a esas circunstancias, otras personas lo tomaron como un dato que exigía una respuesta. Para aquellos que desde un principio adoptaron como una actitud preactiva y decidieron organizar sus propios sistemas de salvación, la noticia de la cancelación pudo ser digerida y superada. Una lección que aprendí fue que siempre hay que estar preparado para lo peor, esperando siempre lo mejor.

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En la cordillera me rebelé contra la muerte. Era tan natural que me resistí a que me atrapara tan pronto. También me enfadé con Dios, para luego darme cuenta de que El no tenía la culpa de lo que nos pasaba. Hechas las paces, le pedí fuerzas para aceptar la situación y pelear para salir de ella. Me imagino que muchos en algún momento han tenido una reacción similar con El. Y es que solo una fe recia y fuerte se hace preguntas duras y punzantes, los que confunden querer creer con creer no se pueden permitir ese lujo. Faltos de anclajes sólidos la duda les desarmaría.”

Gran ejemplo el de Zerbino. Otro invitado regular de los libros de Alvarez es Nelson Mandela, líder indiscutible que pasó 25 años encerrado en prisión por ser fiel a un ideal, otro gran ejemplo de lo que puede hacer el optimismo en el espíritu humano. Mandela cuenta en su libro autobiográfico: “Nunca consideré la posibilidad de que no saldría tarde o temprano de la prisión, a pesar de haber estado encerrado mas de 25 años. Nunca pensé que una sentencia a cadena perpetua significaría morir entre rejas. Siempre supe que algún día volvería a sentir la hierba bajo mis pies y pasear bajo el sol como un hombre libre.”

Como dice Alvarez, pensar y escribir todas estas cosas cuando todo ha pasado no tiene mérito. Con todos los partidos jugados es fácil acertar la quiniela. Hay optimistas de pacotilla que lo son sobre los demás, minimizan y trivializan los problemas ajenos, pero se ahogan en los suyos. Hay optimistas de cartón, que lo son a toro pasado, entonces respiran aliviados, pero mientras ocurren los hechos aúllan y gimen desconsoladamente. Por eso creo en esta declaración de fe de Mandela: “Fundamentalmente soy una persona optimista. No sé si me viene por naturaleza, nací así, o por crianza, pero el hecho es que lo soy. Siempre ando mirando el sol pensando que lo que viene será mejor. Ha habido muchos momentos muy negros en mi vida en los que mi fe en la humanidad fue seriamente probada, pero me negué a entregarme al desaliento. Esta senda te lleva a la derrota y a la muerte”. El eligió, optimista hasta los huesos, un camino de vida y de victoria.

Nuestra última invitada virtual de este artículo, es Hellen Keller, aquella mujer que nació ciega y sorda, y gracias a Anne Sullivan, su infatigable maestra, pudo darle un sentido a su vida. Nos cuenta sobre la felicidad en su ensayo “Optimismo”: ”La mayoría de la gente mide su felicidad en términos de placer físico y posesión material. Si la felicidad se pudiera medir y palpar, yo que no puedo ver ni oír, tengo todos los motivos para sentarme en una esquina y llorar sin parar. Si a pesar de mis privaciones, soy feliz, si mi felicidad es tan profunda que se convierte en una filosofía de vida, entonces resulta que soy una persona optimista por elección. Optimismo es un hecho que reside en mi corazón.” Su caso, realmente uno de los mas emocionantes del siglo, amerita un articulo que ya lo publicaré en las próximas semanas.

Un caso adicional, sobre un cantante de American Idol, que ya lo han visto millones de personas, porsiacaso lo incluyo acá en este video: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=416822&idseccio_PK=1028

Solo para terminar, algunos de ustedes saben que mi trabajo es seleccionar personal a las empresas, es por ello que suelo leer sobre este tema y la semana pasada me encontré con este párrafo que leí de un experto a nivel mundial, que calza muy bien con lo que estamos comentando. Decía así: “Cuando contrate a un jugador para su equipo, mírele de frente a los ojos, observe si mira limpia y noblemente, cuando el partido se ponga feo será de los que meten la pierna. Sino acierta en ese dilema crítico, que Dios le pille confesado. Lo peor que ocurre con los pesimistas es que nunca van solos. Es muy raro ver a un pesimista solo, como mucho, un rato, no muy largo. Su enfermedad es altamente contagiosa. Hoy tengo un pesimista en la empresa, y mañana sin darme cuenta, son legión y la llevarán a pique. Un consejo rápido y gratis. Rodéese de gente calificada y optimista, así las tormentas se vadean y sobrellevan mejor. O dicho de otro modo, prescinda de los pesimistas, a la larga, tumban cualquier embarcación que se tercie.” A buen entender, pocas palabras.