Ideas para mejorar

¿Querer es poder?

¿Querer es poder? 201 299 Rafael

Es común escuchar esta frase para automotivarse. “Nada es imposible para el que quiere”. Sin embargo, si uno la analiza mejor, es bastante más complicado de lo que parece. Cuantas veces nosotros queremos hacer algo, o deseamos hacerlo, pero sabemos que no es válido, sabemos que no debemos, y/o que no podemos. Y aun así lo terminamos haciendo.

No soy juez para juzgar a nadie por sus acciones, ya que hay mil variables que entran en juego, solo me interesa poner sobre la mesa, un tema, en el que todos hemos caído, que es el de sobreponer lo que queremos hacer sobre lo que debemos. Quizá el “querer” está más ligado a lo que dicta el corazón, y el “poder” más ligado a lo que dicta la mente.

Alinearlos, no es un tarea fácil, por el contrario, pocas cosas hay tan complicadas en la vida. Y dado que estoy constantemente en ese dilema, me dediqué a buscar información que pueda ayudarme y ayudar a todos aquellos que hayan pasado o estén pasando por un dilema similar.

Como regla general, y esto ya lo he dicho antes, el corazón nunca le puede ganar a la cabeza, es decir, el puedo nunca “debe” estar sublevado al “quiero”,  cuesta, y cuesta muchísimo, los que han pasado por esto lo saben. Pero sabiendo esto, y en las situaciones que nos toque pasar, ¿Cómo mejorar? Sabiendo que el enemigo es uno mismo, que vive en nuestra conciencia, aquella que al final, es la que nos debe dictar la manera de vivir, pero claro, si no la tenemos bien formada, bien alimentada y por el contrario tenemos una bacteria enquistada que tergiversa la realidad, pues las decisiones que tomemos y la lectura de los acontecimientos que hagamos tendrán un sesgo muy peligroso.

Una vez detectado el enemigo, el mejor remedio para vencerlo, es decir, para obrar de acuerdo a lo que tenemos que hacer y no a lo que queremos, (llámese lo que nos provoque) es la fuerza de voluntad. Enrique Rojas, Psiquiatra español autor de numerosos libros, decía que la voluntad es una joya que adorna la personalidad del hombre maduro. Cuando es frágil y no está templada en una lucha perseverante, convierte a ese sujeto en alguien débil, blando, voluble, caprichoso, incapaz de ponerse objetivos concretos, ya que todos se desvanecen ante el primer estímulo que llega de fuera y le hace abandonar la tarea que iba a tener entre manos. Es la imagen del niño mimado que tanta pena produce; traído y llevado y tiranizado por lo que le apetece, por lo que le pide el cuerpo en ese momento. Que no sabe decir que no, ni renunciar. Alguien echado a perder, consentido, malcriado, estropeado por cualquier exigencia seria. Un ser que ha aprendido a no vencerse, sino a seguir sus impulsos inmediatos. Por ese derrotero se ha ido convirtiendo en voluble, inconstante, ligero, superficial, frívolo, que se entusiasma fácilmente con algo, para abandonarlo cuando las cosas se tornan mínimamente difíciles.

Así de duros sus comentarios, pero llenos de sabiduría, y es que así somos muchos de nosotros (en mayor o menor grado), nos falta cultivar la fuerza de voluntad. Este defecto además, trae consigo  otros defectos como  baja tolerancia a las frustraciones, ser mal perdedor, ya que tiene poca capacidad para remontar las adversidades, pues no está acostumbrado a vencerse en casi nada y  la tendencia a refugiarse en un mundo fantástico, para alejarse de la realidad.

¿Y cómo cultivamos esta fuerza de voluntad tan necesaria? Tomando en cuenta que es como un músculo, que para ejercitarlo, pues hay que ir al gimnasio, solo no puede, y en el gimnasio empezar con pequeñas pesas, para luego ir aumentando el peso. Lo mismo pasa con la fuerza de voluntad, aquellos que no tienen ni una pizca de ella, no pueden pretender hacer grandes sacrificios, o grandes obras, sería como pedirle a un junior que levante 100 kilos.

Algunas de las virtudes que nos ayudan a cultivarla son la fortaleza, llamada también resiliencia, que es la capacidad para recibir golpes en la vida y salir fortalecidos, esa capacidad de luchar es lo que al final importa. Las escuelas de negocio y el mundo en general, tratan de enseñar que el éxito lo tienen las personas que “triunfan” en todo, sin embargo, quizá la esencia del crecimiento personal es la lucha por afrontar de la mejor manera que podemos y con las limitaciones que tenemos, los fracasos y sinsabores de la vida y aprender de ellos. En la lucha aprendemos y maduramos. En la persona inmadura todo está cogido por alfileres y fácilmente se deshilacha y se rompe.

Sin duda, otra virtud que nos ayuda es la paciencia. Nos conduce a saber sufrir en silencio, a sobrellevar las contrariedades que se desprenden del cansancio, del contexto en contra, de las tristezas de cada día que aparecen sin buscarlas, de las injusticias, etc. La paciencia es prima hermana de la perseverancia, que es la persistencia en el ejercicio de obras buenas a pesar de la dificultad y del cansancio derivado de su prolongación en el tiempo. Se me vienen a la mente las palabras de Enrique Rojas para graficar con un ejemplo esta virtud: “Es fácil enamorarse, lo difícil es mantenerse enamorado.” Lo difícil es esa perseverancia por saber pasar buenos y malos ratos en el matrimonio. Al final, no hay mal que dure cien años: “Si estás pasando por un infierno, sigue caminando, “…y acabarás saliendo de él.” decía Winston Churchill.

Para terminar, copio textualmente un par de recomendaciones que da Enrique Rojas sobre este tema. “Algo muy importante para no rendirse es tener una visión larga de la jugada. La visión corta significa la inmediatez,  y en ella todos somos deficitarios, es decir, cualquier análisis de la vida personal en la inmediatez tiene más vacíos que llenos. En nuestro carácter, en nuestras relaciones personales, en la familia, en el trabajo, hay siempre flecos por resolver. Aceptarlos y crecer con ellos es signo de madurez y salud mental. La visión larga nos lleva a pasar por encima de las cosas negativas.

No sólo se consigue tener voluntad superando los problemas momentáneos, sino que la clave está en la constancia, en no abandonarse. Primero dar un primer paso y luego otro, y más tarde hacer un esfuerzo suplementario. De ahí surgen y allí es donde se forjan los hombres de una pieza; los  que saben saltar por encima del cansancio, la dificultad, la frustración, la desgana y los mil y un avatares que la vida trae consigo. El que lucha está siempre alegre, porque ha aprendido a dominarse, por eso se mantiene joven. Todo lo que es válido cuesta lograrlo. Pero merece la pena vencer la resistencia y perder el miedo al esfuerzo. Hay que aprender a subir poco a poco, aunque

sean unos metros y no nos encontremos en las mejores condiciones. La voluntad recia, consistente y pétrea es la clave del éxito de muchas vidas y uno de los mejores adornos de la personalidad; hace al hombre valioso y lo transporta al mundo donde los sueños se hacen realidad.”

No perdamos, no podemos perder

No perdamos, no podemos perder 300 189 Rafael

«Un hombre se queda tranquilo y contento cuando ha puesto el corazón en su obra y ha hecho todo lo que ha podido», decía el filósofo Waldo Emerson.  Esta semana les traigo un extracto de un reciente artículo publicado por un referente mundial en estos temas de competencias directivas y además a quien suelo citar con cierta regularidad, que es el profesor del IESE Santiago Alvarez de Mon. Nos dice lo siguiente: “Cuando hacemos todo lo que llevamos dentro, cuando damos todo lo que está en nuestras manos, cuando jugamos con todas nuestras ganas y concentración, no perdemos, no podemos perder.  Cuando el corazón se muestra generoso y la razón dirige sus latidos, ganamos seguro.  Y en esa certeza interior, las posibilidades de ganar la contienda exterior crecen exponencialmente.  Si no es así, no pasa nada, se vive la paz y la tranquilidad de haberse vaciado.  Si el ruido de fuera marca la pauta y nos sentimos fracasados, imbuidos de un perfeccionismo darwinista que sólo otorga la alegría y la gloria al número uno, nos aqueja un grave problema interno que mide el éxito por parámetros muy poco rigurosos y justos.

Y el juego lo ganan quienes juegan, menuda perogrullada, no los que sufren pensando y rumiando su suerte.  Los partidos más difíciles se «juegan», no se piensan.  Esto último se hace antes, en los tiempos de estudios, planificación y preparación.

Algo de todo esto sabe Rafael Nadal.  ¿Cuándo conecta Nadal ese passig shot, cuándo se atreve contra todo pronóstico con una dejada, cuándo hace el ace que necesita? ¿Cuándo piensa y lee el partido de tal modo que parece un divertimento?  Para llegar ahí hay que trabajar muchísimo.  Toni, su entrenador, conoce el truco.  «Creo que sale natural porque sale de lo más hondo, porque se ha ensayado mucho y el movimiento está muy trabajado  Esa es la clave del entrenamiento, memorizas, automatizas todo, ya ni lo piensas.  Un tío que se tensa, no logra relajar el cuerpo.  A esta gente la ves en momentos de presión totalmente bloqueada.  Un director de orquesta al frente de una pieza difícil tiene que sabérsela muy bien y, además estar confiado y relajado»  Ahora se empiezan a recoger todos los frutos del esfuerzo precio.  Tanto entrenamiento, tanta repetición te facilita actuar casi de memoria.

…en los problemas que he tenido, ¿Cómo salí adelante? Confiando en mi mismo, a punta de esfuerzo, dejándome llevar por la pasión, por el amor a lo que hago.  ¿Valiente  optimista porque no tenía miedo, o precisamente lo contrario?  Lo tenía, lo entendí y lo acepté, y tirando de todo su caudal de conocimientos y habilidades, lo superé. La valentía es justamente la superación del miedo.

Yo no me creo esa tontería de que el equipo, no ha de tener miedo, claro que ha de tener miedo el equipo, el miedo no te debe echar para atrás, pero tú debes asumir tu miedo, has de respetarlo, has de ser responsable, al miedo hay que hacerle frente con valentía, con convencimiento, y jugarás con todas tus capacidades.

…No se trata de cómo alcanzar los sueños, sino de cómo encauzar la vida.  Si encauzáis la vida por el camino correcto, los sueños vendrán a vosotros».  Lo más valioso de la vida es consecuencia natural de una forma de caminar por ella y del esfuerzo que uno pone para ello, no es el producto lógico de nuestros desvelos, planificaciones y expectativas.  La vida es aquello que ocurre, que acontece, que fluye, una vez que hemos hechos nuestros deberes, que hemos cumplido nuestras tareas, que hemos dado el do de pecho.  Entonces, por añadidura, soñamos y vivimos.  ¿Fácil propuesta?  En absoluto, que nadie se engañe.. Es un desafío para mentalidades sabias y fuertes.

Cualidades necesarias para ser exitoso

Cualidades necesarias para ser exitoso 150 150 Rafael

Esta semana les traigo un extracto de la entrevista que le hicieron recientemente a Santiago Alvarez de Mon, uno de los referentes mundiales en temas de liderazgo y profesor del IESE de España.

-Como autor de numerosos libros sobre liderazgo, ¿qué cualidades debe tener un buen líder?

-Muchísimas cualidades. La primera, humildad para abrir los ojos, tener una mente flexible y un corazón humilde, para estar en contacto con la realidad. Hay que tener una mirada ingenua -entiéndase ingenua por cándida y virgen- y, a partir de ahí, talento para entender los retos planteados, talento para apoyarse en el talento. El problema de la mediocridad es que busca la mediocridad; en cambio, el talento invita al talento. Al respecto, no hay que tener carácter, el carácter sólo para tomar decisiones, a veces ingratas, para asumir responsabilidades, para no cnncreerse el éxito cuando te visita, para levantarte cuando tropieza.

-¿Qué entiende usted por talento?

-El talento requiere esfuerzo, trabajo y disciplina. A mí siempre me gusta decir que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta». No conozco a nadie que no tenga talento, pero sí conozco a mucha gente que está desubicada.

-¿Se puede hacer algo excepcional sin involucrar al corazón?

-No, creo que no. Ya lo dijo el matemático Pascal, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». La razón en su cumbre, en su cúspide, es prudente y humilde e invita al corazón, porque sabe que, al final, es el que da el toque mágico, ese toque de distinción. Hay cosas indispensables que pertenecen al ámbito del corazón y, como dijo ‘El Principito’, «lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver con el corazón».

-¿Cuál es el ingrediente clave para conseguir el éxito tanto personal como profesional?

-El ego al trabajo. No conozco a nadie que haya conseguido el éxito sin trabajo, constancia y paciencia. La humildad también es importante, para que, cuando llegue el éxito, no creérselo demasiado, asumir los errores e identificar el fracaso. También son importantes los valores, como la integridad, la bondad, la amistad

En cuanto a las consecuencias de esa capacidad de decisión, marcó la diferencia entre errar y fracasar. En el primer caso, considera que se trata de cometer una equivocación, mientras que el segundo añadiría un cambio en nuestro mapa mental que nos hace dejar de creer que “hemos fracasado para pensar que somos unos fracasados”. “Si te dejas la piel, movilizas tu talento, llegas exhausto y has perdido tras dar lo mejor, ¿has fracasado?”, se preguntaba. “Para un emprendedor no existe el fracaso; el problema es que tenemos miedo al error y al fracaso y, o recuperamos una relación fácil, fluida y humilde con el error o truncamos lo que es necesario para entrar en el mercado, que está complicado”.

¿Cuál es la fórmula del éxito?

Hay que definir primero que es el éxito para ti. Si dejas que los demás definan tu éxito estás mal, ya que perseguirás el éxito de otros. Es algo que tienes que definir tu mismo, no es igual al éxito exterior.

Nada se improvisa, la espontaneidad es hija de la disciplina del esfuerzo. Si das lo mejor, puedes haber perdido, pero no fracasado, esa palabra no existe para mi.

¿Algún comentario adicional?

Hay que desarrollar tus talentos mediante el esfuerzo, la ilusión y el trabajo. La gente se aferra a algo que no existe que es la seguridad. Hay que gobernar esa vida incierta.nnNos peleamos con la realidad. La vida es incierta. Tenemos mucho más preguntas que respuestas. El hombre busca respuestas y tropieza con preguntas. El futuro no pertenece a la gente dogmática e insegura que necesita fórmulas mágicas sino que se adentra , que acepta la incertidumbre y a partir de allí trabaja. La vida no es un problema a resolver sino una aventura a disfrutar, de ti depende escoger como la veas. El partido interior es el que importa, si lo jugamos con nosotros o contra nosotros.

Hombre ciego, enséñame a ver

Hombre ciego, enséñame a ver 266 200 Rafael

Dicen que la visión es el arte de ver lo que los demás no ven. Ayer mientras un hombre ciego me hacía unos masajes por una hernia que tengo me hablaba con una naturalidad de cosas que nunca había visto, pero que se las imaginaba y me dejó pensando como hubiese reaccionado ante tamaño problema si es que yo hubiese sido el invidente. Ya lo decía Antoine de Saint Exupery en “El Principito”: Lo esencial es invisible a los ojos.

Este es un mundo de paradojas en el que muchos confundimos los conceptos o creemos tener algo que no tenemos y perseguimos metas que no nos llevan a nada. Cuantas veces nos enfocamos únicamente en tener más dinero por ejemplo. El dinero puede comprar la diversión pero no la felicidad, el remedio pero no la salud, el  lujo pero no la belleza, el nicho de muerte, pero no la paz interior.

Hoy en día tenemos centros comerciales más grandes, pero menos motivos para gastar en regalos, gastamos más dinero y tenemos cada vez menos porque nos creamos más necesidades. Compramos más y disfrutamos menos. Tenemos departamentos más grandes y familias más pequeñas, más educación y menos formación, más conocimiento y menos juicio, más medicinas y menos bienestar.

Andamos más conectados y sin embargo no hablamos con nadie, porque el facebook te aleja de los que tienes cerca y te acerca a los que tienes lejos.

Hemos limpiado el aire pero no el alma, hemos aprendido a hacer cosas más rápido pero no a tener más paciencia. Cada vez tenemos más cantidad y menos calidad, más tiempo libre y menos diversión, departamentos más bonitos pero hogares más rotos.

Esta es la época de los sentimientos falsos, estilos de vida light, la época donde la gente está más feliz pero es menos feliz, donde tenemos todo en la vitrina y nada en el inventario, es decir, estamos más preocupados en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo. Ser feliz no es nada fácil, implica hacer felices a los que están a tu alrededor, apoyándolos en las épocas de sufrimiento y adversidad, pero vale la pena, la felicidad vale todo lo que cuesta.

 Al respecto copio lo que dijo el Papa hace un par de días en la Jornada Mundial de la Juventud: “…Por eso, cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida, quedamos desconcertados y quizá nos preguntemos: ¿Puede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento? A este respecto, en mi encíclica sobre la esperanza cristiana, decía: “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana.

Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares?”

 Cada uno de nosotros tiene muy cerca, al alcance de una decisión personal, metas de enorme trascendencia, el empezar a vivirlas puede ser nuestra prioridad principal.

La educación de nuestros sentimientos

La educación de nuestros sentimientos 300 191 Rafael

Esta semana les traigo un resumen de la entrevista que leí hace unos días a Alfonso Aguiló, Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE) sobre la educación de los sentimientos, un tema del que muy poca gente se preocupa pero que genera un impacto grande en nuestra forma de ser.

“-Siendo tan importante la educación de los sentimientos, ¿por qué tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?

-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundió mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona. Afortunadamente, esa idea entró en crisis hace ya bastantes años, pues está claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez quién obtendrá éxito académico -tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo-, pero no mucho más. No es una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.

Hay otras muchas capacidades que tienen más importancia, y entre ellas están las relativas a la educación de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás, etc.

-¿Y cómo puede buscarse ese equilibrio?

-De entrada, no podemos desacreditar el corazón porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave está en encontrar una buena armonía.

Por ejemplo, en las últimas décadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situación ha alcanzado ya grandes proporciones y está fuertemente arraigada en la vida de esas personas.

Y eso sucede porque la información, siendo importante, por sí sola suele resolver muy poco. La mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.

-¿La solución entonces es educar mejor los sentimientos?

-En gran parte sí. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicarlo. El comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.

–Pero tener mucho corazón a veces también traiciona…

-Está claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran corazón. Hay gente de mucho corazón que son alcohólicos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.

Lo más propiamente humano es ser una persona de corazón, pero sin dejar que nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la guía suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ¿acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ¿habrían existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace más humanos, más libres, más valiosos.

-¿Y cree que la educación de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?

-Sí. Como ha señalado José Antonio Marina, la confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante más de lo que a primera vista parece.

Es cierto que la mayoría de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegría o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero sí podemos influir en nuestra alegría o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espontáneamente en nuestro corazón.

-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espontáneos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

-Pienso que no debe verse así, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquellos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

-¿Los sentimientos influyen en las virtudes?

 -Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.”

El efecto de las expectativas, por qué la mente obtiene lo que espera

El efecto de las expectativas, por qué la mente obtiene lo que espera 169 170 Rafael

En su libro, “Las trampas del deseo” Dan Ariely escribe sobre cómo controlar los impulsos que nos llevan al error y hace un resumen bien interesante que habla sobre nuestras expectativas. Así pues, cuando creemos de antemano que algo será bueno, en general resultará serlo; y cuando creemos que será malo, resultará ser malo. Pero ¿cuán profundas son esas influencias?

 Ariely nos dice: “¿Las influencias se limitan a modificar nuestra creencia con respecto a una experiencia determinada, o modifican también la psicología de la propia experiencia? En otras palabras: ¿puede el conocimiento previo modificar realmente la actividad neural que subyace al propio sentido del gusto, de tal modo que, cuando esperamos que algo nos sepa bien (o mal), real y verdaderamente nos sabe así?

 Como ve, las expectativas pueden influir en casi todos los aspectos de nuestra vida. Imagine que tiene que contratar a una empresa de catering para la boda de su hija. La Cocina de Josefina publicita su “delicioso pollo con jengibre al estilo asiático” y su “sabrosa ensalada griega con aceitunas kalamata y queso feta”, mientras que Sensaciones Culinarias le ofrece una “suculenta pechuga de pollo ecológico asada en su punto y regada con una demi-glace de merlot, sobre un lecho de cuscús israelí a las finas hierbas” y una “mélange de tomates cherry con delicias verdes de la huerta, rodeada de un cálido círculo de chèvre en afrutada vinagreta de frambuesa”.

 Aunque no hay forma de saber si la comida de Sensaciones Culinarias es mejor que la de La Cocina de Josefina, la retórica de la descripción de los platos puede llevarnos a esperar algo más que una simple pechuga de pollo y una ensalada de tomate y queso de cabra. Ello, en consecuencia, incrementa también la posibilidad de que nosotros, o nuestros invitados, si les damos la descripción de los platos, nos deshagamos en alabanzas sobre ellos.

 Este principio, que tan útil les resulta a las empresas de catering, está al alcance de cualquiera. Podemos añadir pequeñas cosas que suenen exóticas y modernas a nuestra cocina (en Estados Unidos, por ejemplo, parecen estar en pleno auge las salsas de chipotle y mango, o la moda de servir búfalo en lugar de ternera). Puede que esos ingredientes no mejoren realmente el plato en una cata a ciegas; pero su conocimiento previo, al modificar nuestras expectativas, puede influir de manera eficaz en nuestra percepción del sabor del plato.

 Pero las expectativas, obviamente, no se limitan a la comida. Cuando invite a alguien a ver una película, puede aumentar su disfrute mencionando que ha tenido muy buenas críticas. Esto también resulta esencial a la hora de labrar la reputación de una marca o un producto determinados. De eso precisamente trata el marketing: de proporcionar información que aumente el placer esperado y real de alguien.

 Lo que nos enseñan todos estos experimentos es que las expectativas son algo más que la anticipación del estímulo de un burbujeante vaso de Coca-Cola. Las expectativas nos permiten dar sentido a una conversación en una sala llena de ruido aunque se pierde una palabra aquí y allá; o, del mismo modo, poder leer mensajes de textos en nuestros móviles pese a las abreviaturas que normalmente sustituyen a toda una serie de palabras. Y aunque las expectativas pueden hacernos parecer necios de vez en cuando, también nos resultan tan útiles como potentes.”

El error, la cara oculta del aprendizaje

El error, la cara oculta del aprendizaje 290 267 Rafael

A continuación he resumido uno de los capítulos del libro “La lógica del corazón” de Santiago Alvarez de Mon en la que habla sobre el error y nos brinda aportes interesantes.

“Tener razón es un objetivo pobre para personas hambrientas de saber, ganar un argumento es una meta modesta para gente ambiciosa. Si cada encuentro humano lo enfocara con el ánimo de aprender, errar o acertar serían verbos irrelevantes.

El fundador de Honda Soichino dice: Para mi, el éxito solo puede ser conseguido por medio del error repetido y  de la introspección. De hecho, el éxito representa el 1% de un trabajo que consta de un 99% de lo que llamamos fracaso”.

Veamos el camino de Abraham Lincoln a la casa blanca, no precisamente jalonado de victorias fáciles.

Fracasó en un negocio en 1831

Derrotado en la Asamblea Legislativa en 1832

Fracasó en un segundo negocio en 1833

Sufrió una crisis nerviosa en 1836

Fracasó como orador en 1838

Derrotado como candidato en 1840

Derrotado para el congreso en 1843

Derrotado para el congreso en 1848

Derrotado para el Senado en 1855

Derrotado para Vicepresidente en 1856

Derrotado para senador en 1858

Elegido presidente en 1860

Este círculo de errores se llama perseverancia, solamente en sus dominios se puede manejar el error.

En versión empresarial, Young comenta el caso de Goyzueta, famoso presidente de Coca Cola: “En el momento en el que tu motivación fundamental es evitar los errores estás camino a la inactividad. Solo tropiezas si te mueves” y el de Steve Jobs y Steve Wozniacks. Cofundadores de Apple Computer: “Su ordenador personal y su ofrecimiento de trabajar fue rechazado tanto por HP como por Atari” En el ámbito deportivo, es ilustrativo el ejemplo del conocido entrenador de básquet Rick Pitino. “Esta bien equivocarse, es como un fertilizante. Todo lo que se sobre el coaching lo he aprendido de mis errores.

No le preocupa el error, viejo amigo de la infancia y madurez, sino lo que se hace con él, como se reacciona a sus susurros y lecciones. Si uno no se abre humilde y confiando en sus exigentes arrullos, la consecuencia en forma de despido, es mucho más dolorosa. Con el error, comprensión, trabajo y humor. Con la negación desleal y autoprotectora del mismo, tolerancia cero.

Mr K decía que cuando ganamos un partido, no significa que todo hay ido bien, Cuando perdemos, tampoco quiere decir que todo lo hayamos hecho mal. A veces, una derrota puede ser una victoria. Si un equipo juega al límite de sus posibilidades y roza el triunfo, ¡Se puede decir que ha perdido? Pienso que no. Creo que cualquier equipo que saca lo mejor de si es un triunfador. Si constantemente miramos si ganamos o perdemos para ver si lo estamos haciendo bien, no estamos utilizando el barómetro correcto”.

 ¿Qué ha aprendido de los errores?

El peor error es estar detenido y pensar en los pasados errores. Sólo hay que ver atrás para aprender y corregir. Yo me he equivocado mucho en mi vida.

Solo queremos lo que no tenemos

Solo queremos lo que no tenemos 189 267 Rafael

No suelo ver televisión, sin embargo, hay una serie que me encanta por su contenido y la creatividad y la fácil aplicabilidad de sus guiones que es “Los Simuladores”, una serie argentina en la que un equipo de 5 ex combatientes se ganan la vida resolviendo problemas cotidianos pero de manera creativa. Hace poco vi el capítulo en el que un esposo que quería dejar a su esposa, les pide que lo ayuden a dejarla ya que se había conseguido otra mujer, pero ya que quería a su esposa, no quería hacerla sufrir. Entonces los simuladores hacen muy bien su trabajo y consiguen que su esposa se enamore de otro hombre. Al final el hombre que los contrató se dio cuenta de que ya no quería a su nuevo “affaire” y quería regresar con su esposa y les dice, “Tráiganla de nuevo, yo la quiero nuevamente” pero ya era tarde, la chica se había enamorado de otro, y la seria se cierra con una frase que le dice uno de los simuladores al esposo: “No, tu no la quieres, tu solo quieres lo que no tienes”.

Me dejó pensando porque nos pasa muchas veces en muchas ocasiones de la vida, en el trabajo, en la familia, con los amigos, etc. Dicen que los casados quieren ser solteros y los solteros se mueren por casarse y el mismo ejemplo podríamos aplicarlo a varios otros contextos. ¿Por qué somos así? No lo sé, sin embargo, si tengo muy claro que todos tenemos en mayor o menor grado, la capacidad de buscar la felicidad en cosas o acciones que quizá no la den, o en todo caso, den bienestar (felicidad pasajera). Nos importa más el buscar estar felices que ser felices, cambiando algo pasajero por algo permanente. Nos falta definir mejor el sentido de nuestra vida, el sentido de lo que hacemos.

Al respecto, Victor Frankl, nos dice en su libro “El hombre en búsqueda del sentido” lo siguiente: “El interés principal del hombre no es encontrar placer, o evitar el dolor, sino encontrarle un sentido a su vida” Luego de leer esto valdría la pena preguntarnos si el rumbo que le estamos dando a nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro trabajo, tiene sentido. Preguntarnos si lo que hacemos tiene sentido. Si notamos que las preguntas de por si, ya nos causan algún tipo de molestia es porque algo debe andar mal entre nosotros. Pero el solo hecho de darnos cuenta de ello ya es una buena señal de que podemos corregir.

Escuchemos a nuestra conciencia. Se bien que somos capaces, como decía un santo de nuestros días: “De todos los errores y de todos los horrores”, nadie está inmune a ello, por ello, el hacer las paces con nuestra conciencia y escucharla más seguido, es un buen remedio, recordando que el significado más puro de escuchar es “vaciarme de mi para llenarme de ti”, y eso se logra en silencio, en este caso puntual, en el silencio de una meditación cada noche. Un buen profesional debiera ser también un experto en la gestión del silencio. Dicen que el territorio donde crece el liderazgo es la soledad. Si no sabes estar solo acabarás mal acompañado. La compañía no es más que la otra cara de la soledad. Son las paradojas de la vida.

Cultivando la Humildad

Cultivando la Humildad 300 251 Rafael

Uno de los valores que más definen a un buen profesional es sin duda la humildad, imprescindible para las buenas y las malas épocas. En las buenas para no dejarse llevar y mirar a los demás por encima del hombro, ya lo dice el viejo refrán: “Trata a los hombres como peones de ajedrez y sufrirás tanto como ellos. Si olvidas su corazón, perderás el tuyo. El ladrón se roba a si mismo.” De igual manera, en la época de crisis, la humildad te permite tener esa capacidad para saberte capaz de cometer todos los errores y todos los horrores posibles, y por ende pedir ayuda, agachar la cabeza, reconocer los errores y enmendar el camino y dar vuelta a la página.  

En el libro Surco, encontré estas señales evidentes del día a día que nos muestran una clara falta de humildad con el fin de que aprendamos a corregirlas:

–pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;nn–querer salirte siempre con la tuya;nn–disputar sin razón o –cuando la tienes– insistir con tozudez y de mala manera;nn–despreciar el punto de vista de los demás;nn–no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;nn–no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;nn–citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;nn–hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;nn–excusarte cuando se te reprende;nn–dolerte de que otros sean más estimados que tú;nn–negarte a desempeñar oficios inferiores;nn–insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional…;nn–avergonzarte porque careces de ciertos bienes

La fórmula del éxito

La fórmula del éxito 201 299 Rafael

Esta semana va un post muy corto pero directo. Las recomiendaciones vienen de primera mano. Uno de los principales “gurús” en el mundo en temas de negocios y autoayuda: Anthony Robbins. Para quienes no lo conozcan sugiero que lo googleen. En uno de sus blogs y/o artículos relacionados justamente transcribí este resumen que me pareció interesante sobre la fórmula del éxito:

1. Definición de Metas: Definir exactamente y con precisión los resultados que se quieren conseguir, saber que se desea a partir de la puesta en práctica del conocimiento especializado.

2. Pasar a la acción: Es necesario llevar a la práctica acciones concretas para lograr los resultados que nos hemos planteado.

3. Desarrollar la agudeza sensorial: Es la revisión continua de las acciones, actitudes y hábitos que estamos ejecutando en relación a los resultados que estamos obteniendo, con el fin de determinar el grado de acercamiento o alejamiento a nuestro objetivo, bien sea por defecto o por exceso.

4. Flexibilidad: El factor anterior conlleva a la posibilidad de efectuar los ajustes necesarios para modificar el rumbo de nuestra conducta y estrategias en función de la consecución de nuestras metas.