Ideas para mejorar

Mi corazón está junto al tuyo

Mi corazón está junto al tuyo 299 170 Rafael

La semana pasada todo el mundo estuvo al tanto de la final del mundial de futbol. Sin embargo, hubo un hecho que fue el que más me llamó la atención, y buscando información sobre el mismo, me encontré en Internet con un artículo de Andrés Aberasturi, columnista español, que me he permitido trascribir porque sintetizó lo que estaba buscando comunicarles de una manera genial.

Como saben, el entrenador de la selección española, Vicente del Bosque, tiene un hijo con síndrome de Down, y a pesar de que cuando nació, según lo que el mismo comenta, lo hizo sufrir mucho a Vicente, hoy considera que es “un fenómeno, es la alegría de la casa”.

¿Puede Dios utilizar la enfermedad para bendecir a alguien, a una familia o para lograr un propósito o fin bueno? ¿Es la enfermedad sinónima de pecado, o puede ser usada por Dios como un elemento que al fin de cuentas se convierta en bendición? Creo que la respuesta cae por su propio peso.

Gran ejemplo de hombre este Vicente, brilló en el mundial por sus dotes técnicas como entrenador, pero ahora que me he metido a conocerlo más, brilla mucho más como persona, como líder. Me acuerdo en una entrevista luego de la caída de España ante Suiza, le dijeron que pensaba hacer y dijo que nada, seguir con lo mismo. Un tipo muy seguro, había trabajado muy bien, no necesitaba cambiar, un tipo que no andaba enfadado con el tiempo, y al final éste le dio la razón, y es que cuando uno hace bien las cosas, tiene el talento, la disciplina y la perseverancia necesarias, el resultado cae solo, es una consecuencia, y es lo que logró Vicente.

Los dejo con el artículo:

“No ha sido Iniesta con su gol, ni Iker con su beso, ni tantos otros -todos- los que a lo largo de un mes han logrado arrancarme una sola lágrima; es verdad que me han acelerado el pulso, me han cabreado, me han hecho feliz, han logrado que chillara, que me quedara mudo* todo menos llorar. Hasta que llegaste tú, Alvaro del Bosque, y dijiste a no sé qué cadena de televisión que te sentías orgulloso de tu padre, que siempre le querías ayudar y que tu corazón estaba con él. Fueron apenas unos segundos frente a la pantalla, los suficientes para que un lagrimón cruzara la barrera de mis ojos cansados de haber visto la tierra que no cambia. Y lo has conseguido; ya ves, Alvaro, lo que no han conseguido ellos sobre el césped durante no sé cuántos partidos, me la has dado tú en apenas unos segundos. Ya te imaginarás que no lloré de pena sino de emoción, de solidaridad, de entendimiento de muchas cosas. Puedes estar contento porque lo que dijiste a la tele, lo has conseguido plenamente: a tu padre se le entiende a través de ti, se le nota a leguas que tu ayuda ha sido indispensable para ser la persona que es y que junto a su corazón, late el tuyo porque los corazones no sabe de síndromes ni cromosomas.

Te escribo esta carta cuando aún no han empezado los líos de las celebraciones oficiales y por eso no sé si tu padre, el hombre al que sin duda tú enseñaste a ser tranquilo y a relativizar el dolor del fracaso y el fulgor del éxito, cumplirá la promesa que te hizo de subirte al autobús de los héroes. Si al final no ocurre, no te enfades demasiado. Vicente es así y hasta es posible que le de vergüenza pedir para alguien suyo un trato de favor; escondido, casi parapetado tras ese bigote tan poco galáctico, tu padre es la personificación del hombre bueno, del viejo jugador que lo consiguió todo, del entrenador magnifico pero que no daba bien en las fotos, del seleccionador que ha unido a un equipo y a un país, de la persona que cada día te llevaba al colegio de integración y firmaba paciente los autógrafos que tú habías prometido a tus compañeros de clase.”

Pueden ver la entrevista a Alvaro del Bosque en:

Rafa Nadal, un ejemplo a seguir

Rafa Nadal, un ejemplo a seguir 300 216 Rafael

Rafa Nadal es un campeón de ley. No es una cuestión de talento, aunque está claro que lo tiene. Muchos nacen con habilidad, pero pocos se preparan tan a conciencia como él para llegar a lo más alto. Y todavía menos luchan como él cuando están contra las cuerdas. Nadal, uno de los mejores tenistas del mundo, es un ejemplo. Un ejemplo, ahora más que nunca, para España, sus empresas y sus trabajadores.

Los primeros pasos

Rafael Nadal Parera nació en Mallorca el 3 de junio de 1986, en el seno de una familia muy unida. Sus abuelos habían creado lazos muy fuertes y de hecho, muchos miembros del clan hacen negocios juntos. También era una familia unida al deporte, y de hecho su tío Miquel Ángel Nadal había llegado a la élite del fútbol. Un día, con tres años, su padre le llevó a ver a su tío Toni Nadal, entrenador del club de tenis de Manacor. “Coge la raqueta, a ver si le das”, le dijeron. Y el niño golpeó la bola como la cosa más natural del mundo. Toni se quedó sorprendido, y ahí empezó todo. Tenía talento.

Aunque no hay que confundir talento con facilidad, avisa su tío y entrenador. Muchos jóvenes tienen facilidad pero no llegan a la élite. “La cabeza no les da para más”, dice. El talento es la capacidad de aprender, de perfeccionar una habilidad. No se trata tan sólo de dar los primeros pasos, sino también querer llegar a los últimos. Cuando Rafa fue campeón de España con diez años, Toni Nadal le mandó un aviso: le enseñó la lista de los últimos 25 jugadores que habían ganado ese torneo. Nadal sólo reconoció a uno: Alex Corretja. Los demás se quedaron en el camino.

Una base sólida

Los padres de Rafa han cuidado mucho su educación, aunque compaginar libros y raqueta le llevara a jornadas maratonianas de 8 a 23h. Completar la ESO no fue fácil para el jugador, y por ello, en los momentos clave, los estudios pasaron por delante de torneos tan importantes como Roland Garros Junior. Pese a estudiar la posibilidad de trasladarse al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, la fábrica del tenis de élite español, decidieron que se quedase en Palma. Lo querían cerca de la familia.

 En lo deportivo, los entrenamientos de su tío Toni se basan simple y llanamente en el esfuerzo. Cree que el éxito se entrena a los 7 u 8 años, no a los 20. Siempre le ha exigido el máximo a Rafa, aún a costa de una tensión a veces excesiva y de mandarlo a casa agotado. Las sesiones van desde las 3 horas entre torneos hasta jornadas casi de sol a sol en pretemporada. Le ha preparado para los momentos difíciles, para la frustración, y sobre todo, para la perseverancia.

Nunca le ha permitido excusas: por ejemplo, en un partido contra el estadounidense Blake, Rafa se quejaba de que las pelotas no cogían efecto. Toni le respondió: “pierde, vete a casa, deja de quejarte tanto”. Nadal perdió, pero la semana siguiente ganó un torneo con las mismas pelotas. Las excusas no valen, porque el rival juega en las mismas condiciones. Otro detalle: nadie verá a Rafa tirar una raqueta al suelo. Sabe lo caras que son y que mucha gente no puede permitírselas. Tampoco le han dejado acomodarse. Incluso después de victorias importantes como su primer Roland Garros, su entrenador le ha obligado a analizar los puntos débiles de su juego. Siempre hay tiempo para la crítica constructiva.

Crecer con el equipo

Como cualquier otra empresa, el equipo de Rafa ha ido creciendo con la llegada de nuevos triunfos y nuevos retos. Se ha pasado de un núcleo de dos personas (su tío y él) a un grupo compuesto por 7 personas: jugador, entrenador, manager, fisioterapeuta, preparador físico, segundo entrenador y jefe de prensa. Una ampliación que se ha hecho progresivamente y siguiendo un espíritu de cercanía. El manager, Carlos Costa, trabaja con ellos desde que el jugador tenía 14 años. Tanto el preparador como el fisioterapeuta son gente de confianza del entorno de Mallorca, profesionales que antes no se movían en la élite. Es decir, no se ha ido a cazar figuras mundiales. Tampoco se ha crecido por crecer. El jefe de prensa llegó cuando ya era imposible atender todos los medios, y el segundo entrenador se incorporó porque Toni, cansado de tantos viajes, quería pasar más tiempo con su familia.

 Cada miembro tiene delimitada su función, aunque de manera tácita, sin formalismos. Además, el proceso de decisiones es ahora más rico: el jugador tiene más puntos de vista donde escoger. Pero esta evolución no ha alterado el orden básico de las cosas. El equipo sabe de dónde viene el éxito: del trabajo constante de Rafa, al que su tío le ha llevado desde hace más de 15 años. Todo depende de su esfuerzo y de sus ganas de aprender. Ahora mismo, el jugador lleva meses mejorando su saque, y su tío sigue pensando que los progresos son insuficientes. Igual que las empresas saben que hay que innovar para seguir adelante, Nadal sabe que si no mejora sus rivales le atraparan. Él mismo logró destronar a Federer, el jugador que todos señalan como el más hábil del circuito. En un momento tan duro para muchos como el actual, el mensaje de Rafa es claro: no importan las condiciones, no importa el rival, no sirven las quejas. El esfuerzo lo puede todo y las dificultades están ahí para superarlas: las vences o te vencen.

Reflexiones para comenzar bien el 2010

Reflexiones para comenzar bien el 2010 300 225 Rafael

Feliz año para todos ustedes!!!!!!! Espero que este 2010 sea realmente un gran año, que se aleje el 2009 y que no vuelva más. Esta semana, me he permitido repetir un artículo que ya había escrito pero que sin embargo, cae muy bien para estos días, en los que vale la pena revisar varios conceptos para empezar muy bien este año.

“Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado” Thoureau

nYa estamos terminando el 2009 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2010. En él,  viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene.

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida.  El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien.

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores:  “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, ¿Qué pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional.  Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida”  Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon: “Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo.” Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.

Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba  en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas.

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas.

De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir.

¿Cómo escaparse de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras:  “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia.

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “

En este 2009 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, ¿Qué es más importante?

Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón.

No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota.  Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”.

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario.

Parafraseando lo dicho anteriormente,   ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración  o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos.

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”.

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es  equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa.

La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado. Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE y UCLA respectivamente y publicada en el boletín de Wharton, en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo.  Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad.  

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2010 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio.  Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo  controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva. En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo.

Las cualidades de un ganador en la vida

Las cualidades de un ganador en la vida 220 298 Rafael

Comparto con ustedes, el resumen de un artículo de Jack Welch, Ex Presidente de General Electric publicado en The New York Times y Semana Económica recientemente acerca de lo que es necesario tener para ser un ganador:

 “Contratar gente buena es difícil. Pero para ser ganador no hay nada más importante que contar con la gente adecuada. Cuando se está valorando a los candidatos para un empleo hay cuatro características realmente importantes:

 1. Autenticidad: ¿Por qué? Es simple, Una persona no puede tomar decisiones difíciles, tener un puesto poco popular o defender lo que cree a menos que él mismo se conozca y se sienta cómodo con su postura. Estoy hablando de la confianza en si mismo y convicción.  Cuando trabajé en General Electric, ocasionalmente nos encontrábamos con un ejecutivo muy exitoso que simplemente no podía ser promovido al siguiente nivel. Esos ejecutivos demostraron valores correctos y lograban las metas, pero normalmente sus trabajadores no se conectaban con ellos.

¿Cuál era el problema? Finalmente descubrimos que esos ejecutivos siempre tenían cierta falsedad. Pretendían ser algo que no eran: más controladores, más alegres, más astutos. No sudaban, no lloraban. Se retorcían en su propio ser, actuando un papel inventado por ellos mismos.

2. Capacidad para prever lo inesperado: En el mundo empresarial, los mejores líderes en ambientes brutalmente competitivos tienen un sexto sentido para percibir cambios en el mercado y las acciones de la competencia existente y recién entrante. De cierta forma, un ganador, debido a su intuición y astucia, podía ponerse en los zapatos de la personas con la que negociaba, y eso le permitía predecir cada jugada en una negociación. Nunca nadie estuvo cerca de ganarle la partida –porque sabía lo que pensaba su adversario antes que el propio adversario lo supiera-.

3. Rodearse de gente mejor que uno mismo: Cada vez que teníamos una crisis en General Electric, rápidamente se reunía un grupo integrado por la gente más inteligente y valiente que podía encontrar en cualquier nivel de la empresa y algunas veces de fuera. Me aseguraba de que todos abordaran el problema desde un ángulo distinto, y después hacía que todos nos empapáramos de información mientras trabajábamos para solucionar la crisis.

Un buen líder tiene el coraje de ensamblar un equipo que algunas veces lo hace ver como la persona más tonta de la sala. Se que esto suena contraintuitivo: se quiere que las cabezas sean los más inteligentes, pero si usted actúa como si lo fuera, no obtendrá ni la mitad de retroalimentación que debe obtener para tomar las mejores decisiones.

4. Resiliencia: Todo líder comete errores: todo líder tropieza y cae. La pregunta para un líder de alto rango es si él o ella aprende de sus errores, se reagrupa y sigue andando con nuevo paso, convicción y confianza.

 El mundo empresarial global de la actualidad va a tumbar del caballo a cualquier gerente más de una vez. Los líderes deben saber cómo subirse a la silla otra vez.

¿Qué te ha enseñado la vida?

¿Qué te ha enseñado la vida? 300 202 Rafael

Tremenda pregunta. Me hizo reflexionar bastante y la planteo hoy para que lo hagan ustedes también. El sólo hecho de pensarla, ya nos puede traer muchos beneficios, sobre lo que hemos vivido, y sobre todo de cómo lo hemos aprovechado para el futuro.

La he preguntado a algunos amigos, sus respuestas han sido tan variadas como originales, a algunos les ha enseñado saber a perder, a valerse por si mismos, a tener humildad, a correr por la vida sin frenos, en fin.

A mi me ha enseñado a entender que las cosas pasan por algo y para los que actúan con rectitud de conciencia, todo es para bien. Me enseña cada día que todo exige un esfuerzo, no hay lonche gratis, me enseña que sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro, una extraordinaria frase que leí de Valero Rivera.

Una de las respuestas que más me hizo pensar la leí en el libro “Yo no soy superman” de Coaching, en el que le hacen la pregunta a la persona que le hacían el coaching y responde: “He aprendido a cuidar el tiempo como un regalo único. Así veo el día de hoy como un obsequio que he de agradecer y aprovechar. Ayer se fue y mañana no ha llegado, voto por quedarme en el presente. Viajo al pasado para aprender de su fantástico almacén de datos. Cuando lo hago, el presente se colma de agradecimientos y de una sana tristeza. Teniendo la nostalgia bajo control, el recuerdo de seres queridos que ya se fueron, las imágenes de una edad tierna e irrepetible, las amistades urdidas entre clases, partidos, libros, y diversión., las fotos de los primeros pasos de mi familia, aportan al presente un halo de serenidad, dulzura y unas gotas de melancolía. ¿Qué hago con esas cuotas de pena? Leer sus enseñanzas para administrar mejor la realidad. Me proyecto al futuro para anticipar escenarios, para cobrar impulso, para irradiar ilusión y esperanza en un presente invernal. Completada la excursión  galáctica y futurista regreso a  mi tiempo preferido, el presente, a él me coso en las duras y en las maduras. Si todo va bien, no arruino esa felicidad con el miedo a que se canse pronto, Si las cosas se tuercen, me consuela pensar que no se eternizarán, que también pasarán los nubarrones, que me curtiré y hará más fuerte, y que cuando salga el sol, nadie gozará más de él como yo. La vida enseña a no tomarte las cosas y los acontecimientos que suceden con tanta seriedad y tremendismo. Estamos aquí dos días, como para amargarnos la propia existencia y las de los demás.“

Controlando mis emociones

Controlando mis emociones 330 330 Rafael

Hace poco leyendo el blog de Anibal Cuevas (uno de los blogs mas leídos de España) gran amigo y experto en temas de familia e inteligencia emocional:

http://www.anibalcuevas.blogs.com/ y me encontré con un muy buen artículo, corto pero directo que quise incluir en mi blog, que habla sobre inteligencia emocional:

Las emociones pueden y deben ser moduladas de manera inteligente, en otras palabras se puede ser dueño de uno mismo. Una de las características de la inmadurez es la inestabilidad emocional. Esta se expresa mediante cambios de estados de ánimo en cortos espacios de tiempo pasando de la euforia a la melancolía sin razones aparentes.

Las personas inmaduras suelen actuar movidas por las emociones dejando en segundo lugar la voluntad, los principios. Se trata de una característica de la adolescencia, actuar en función de la apetencia: me apetece, no me apetece, algo que, por otro lado, es tan común hoy a muchas personas adultas.

Las personas que tienen un proyecto de vida, unos principios en los que basan su actuar suelen ser más estables, maduras, y por tanto felices. No se trata de controlar fríamente las emociones, los sentimientos o los estados de ánimo, eso no sería humano, sino de mantenerlos en su sitio y que no se conviertan en dirigentes de las decisiones que se toman.

Una personalidad madura sabe sobreponerse a los extremos anímicos y los mantiene dentro de unas variables moderadas. No se frustra ante el fracaso y no se cree insuperable ante el éxito. Vive su vida sin perder de vista ese proyecto personal que es el que le da sentido a todo lo que hace.

¿Qué yo puedo ser un santo??? ¿Y para qué?

¿Qué yo puedo ser un santo??? ¿Y para qué? 305 231 Rafael

Aquellos que no han escuchado este concepto nunca en su vida, me creerán loco, que me falta un tornillo, o sino una suerte de cucufato radical, pues lamento desilusionarlos, ni lo uno ni lo otro, aunque pensándolo bien, quizá si tenga algo, o peor aun, quizá mucho de loco, pero creo que es necesario serlo para entender muchas cosas. Entendiendo loco como aquella persona que se atreve a pensar diferente al resto, y sostener sus ideas a pesar de que a priori sabe que será difícil que lo entiendan.

Y si pues, cuando me enteré sobre este tema de la santidad, me imaginé un curita en una iglesia con harta vela prendida, pero la verdad es que el concepto está muy lejos de eso. Uno puede ser santo en su vida, en la que le haya tocado, siendo deportista, empresario, ama de casa, rockero, futbolista, lo que sea, lo que se trata es de lo que uno haga, hacerlo bien y esforzarse por hacer feliz a los demás.

Me han dicho, “Oe Rafa, que haces hablando de esa vaina, quédate con lo de autoayuda nomás. Eso de hablar de Dios está “out”, ya no está de moda, es para los tarados, los nerds.” No lo creo, no digo que no los hayan, si pues, y muchos, pero también hace falta que se hable de esto, porque valgan verdades, es lo más importante que nos pasará en nuestra vida, nuestro destino eterno.

“Ah si? ¿Y que gano con eso? Mucha complicación, mejor me quedo así nomás.” Esa fue mi primera respuesta, pero me quedé con la duda, le di vueltas al tema, y el idiota no era el que me lo dijo, sino yo. No tenía nada que perder, pero si muchísimo que ganar. Si hago ese esfuerzo para hacer las cosas bien y vivir “como Dios quiere”, pues lo más probable es que me vaya al cielo, y me ahorro el sufrimiento de irme al infierno, así de claro, así de sencillo. Me podrán decir: “Si claro, pero esa vaina del infierno no existe, es puro cuento nomás, que, te la estás creyendo?” ¿No existe? Ok, buena suerte cuando te mueras, porque la vas a necesitar en cantidades industriales….No te das cuenta que te la estás jugando? Si no existe, no pasó nada, no perdiste nada por vivir una vida digna, pero si existe y te vas al infierno, ay ay ay, ahí te quiero ver, quemandote de por vida.

No soy ningún alarmista, pero si me gusta decir las cosas como son y mi punto de vista bien clarito. Y bueno, creo que esta idea de la santidad es realmente bien potente, muy importante porque al final, es lo que define nuestra eternidad.

Bueno pues, y como serlo? No es fácil pero tampoco imposible, dicen que es más fácil ser un genio que un santo, pero es más asequible ser un santo que un genio, es decir, está al alcance de todos. Es trazarse una plan de vida sin concesiones ante las dificultades y tentaciones. Exige pasos firmes, concretos, la decisión de serlo implica dejar de hacer varias cosas que hacemos que no son correctas y que eso sea una forma de vida, no flor de un día; pues, de ordinario, los propósitos generales sirven para poco.

nn¿Quieres una receta para ser santo? Te la doy de primera mano, de San Josemaría un santo de nuestra época: “…Por eso, me convenceré de que tus intenciones para alcanzar la meta son sinceras, si te veo marchar con determinación. Obra el bien, revisando tus actitudes ordinarias ante la ocupación de cada instante; practica la justicia, precisamente en los ámbitos que frecuentas, aunque te dobles por la fatiga; fomenta la felicidad de los que te rodean, sirviendo a los otros con alegría en el lugar de tu trabajo, con esfuerzo para acabarlo con la mayor perfección posible, con tu comprensión, con tu sonrisa, con tu actitud cristiana. Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. Rectificar. -Cada día un poco. Y todo, por Dios, con el pensamiento en su gloria, con la mirada alta, anhelando la Patria definitiva, que sólo ese fin merece la pena.

Acá los dejo con el testimonio de un actor, Eduardo Verástegui, que se dio cuenta de este tema e hizo algunos comentarios muy interesantes: http://www.youtube.com/watch?v=y9c8NwcC7LY

Hoy no bastan mujeres u hombres buenos. –Además, no es suficientemente bueno el que sólo se contenta con ser casi… bueno: es preciso ser “revolucionario”. ¿Lo intentamos?

¿Y en qué me afecta la crisis financiera?

¿Y en qué me afecta la crisis financiera? 299 220 Rafael

 

Esta debe ser una de las preguntas de moda hoy en día, porque de alguna manera nos afecta a todos. Tanto los millonarios que han visto desaparecer sus fortunas como los ciudadanos del día a día, que nos preocupamos porque la caída de la Bolsa nos ha dejado sin fondos de pensiones para nuestra vejez, o en nuestro trabajo la crisis se haya sentido o se vaya a hacer sentir en el 2009.

Y es que ¿es justo que por la forma de actuar de inescrupulosos o inmorales banqueros de inversión americanos todos tengamos que pagar los platos rotos? Más allá de centrarnos en contestar estas preguntas, creo que es una advertencia que nos llama a pensar más allá de eso.

En el fondo lo que ha contribuido a los problemas no sólo ha sido una falta de capital monetario, sino también una falta de capital espiritual. James Malloch, una de las cabezas del Lehman Brothers, Banco de Inversión americano, dijo esta semana que el capital espiritual, que se aumenta a través del cultivo y la práctica de las virtudes, añade algo que el capital social no tiene. Este capital espiritual, debe ser algo más que sólo un ejercicio de relaciones públicas, que en nuestros días se suele denominar responsabilidad social corporativa, pero que con frecuencia no es sino un dispositivo para rechazar las críticas de las organizaciones no gubernamentales. Tiene que estar más relacionado hacia la forma en que uno trabaja, esforzarse por hacerlo lo mejor posible, con compromiso, con afán de terminar las cosas bien hechas, de forma ética, en beneficio de la empresa y no de uno mismo. Esa es exactamente la forma en la que no se tomaron las decisiones que ocasionaron esta crisis. Se veía venir, sin embargo, prefirieron elevar el riesgo por hacerse más ricos, sin medir las consecuencias.

Las actuales crisis financieras nos muestran la importancia de construir la vida sobre las cosas que realmente tienen valor en la vida. Esta semana, el Papa a pesar de no ser un economista se pronunció respecto a la crisis y dijo lo siguiente: “…Lo vemos ahora en la caída de los grandes bancos: este dinero desaparece, no es nada. Y así todas estas cosas, que parecen la verdadera realidad con la que contar, y que son realidades de segundo orden. Debemos cambiar nuestra idea de que la materia, las cosas sólidas, que tocamos, sean la realidad más sólida, más segura.”

Invitó también a reflexionar donde construir la casa de nuestra propia vida, sobre la arena o sobre la roca. “Sobre la arena construye quien construye solo sobre las cosas visibles y tangibles, sobre el éxito, sobre la carrera, sobre el dinero. Aparentemente estas son las verdaderas realidades. Pero todo esto un día pasará. Quien construye la vida sobre estas realidades, construye sobre arena. Es innegable que las demás realidades, cuando son comparadas con Dios, descubren sus límites. Son verdades penúltimas, pero no son la verdad última”.

Es decir, los temas espirituales, los principios, los valores de una persona se construyen sobre roca. todo lo demás es un medio, no es un fin en si mismo, sólo cuando nosotros le damos un nivel de importancia tal y confundimos las cosas. El dinero es sólo un medio (como muchos) para llegar a ser más feliz, tanto en esta tierra como en la otra. Al final podemos llegar a serlo con mucho o con poco, Y esto me trae a colcación, un antiguo artículo de este blog: ¿Con cuánto dinero se puede comprar más felicidad? La verdad es que más dinero, nos da más felicidad, la pregunta es cuánto más felicidad nos dará y todo lo que uno hace para conseguir ese dinero. Manel Baucells decía que había que reflexionar si había valido la pena matarse trabajando, a costa de disminuir tiempo con la familia, con un nivel de estrés al borde del colapso, a fin de ganar más dinero para comprarse un auto y una casa nuevo, y mudarse a un barrio exclusivo en el cual siempre habría gente más rica que uno. Y en todo ese proceso haber perdido amigos, familia, tiempo para darlo a los demás.

Donde está nuestro tesoro está nuestro corazón dice aquella vieja frase andaluza. Si nuestro tesoro está en la Bolsa, en nuestros ahorros, pues habrán razones y muchas para alterarse, pero si reorientamos nuestro tesoro y nos enfocamos en cuales son la actividades más importantes para nosotros, para nuestras familias, nos daremos cuenta que el enfoque cambia completamente, los problemas son menos problemas, y en todo caso la solución está al alcance de nuestras manos y no de lo que hagan la FED, el G7 ni los grandes empresarios, y es que en mi vida mando YO! Y por ende soy el único con derecho a autorizar quien puede interrumpir mi tranquilidad y en que nivel.

¿Cómo te ves dentro de 5 años?

¿Cómo te ves dentro de 5 años? 560 372 Rafael

Esta es una de esas preguntas que suelen hacerse en una entrevista de trabajo, la he hecho varias veces, puede medir varios factores, capacidad de enfoque de la persona, pensamiento estratégico, sinceridad, capacidad de abstracción, etc. Sin embargo, es una pregunta completamente válida y necesaria para que cada uno de nosotros se la haga y pueda reflexionar. No hay respuestas buenas ni malas, sin embargo, pasaré a copiar textualmente una que leí la semana pasada en el libro “No soy Superman” de Santiago Alvarez de Mon, invitado de la casa a este blog. Ocurre en un proceso de coaching y la respuesta me sacó de cuadro, realmente me pareció extraordinaria, me dio mucho gusto leer una respuesta en la que se establece claramente el orden, la importancia y la jerarquía que se le da a las cosas más importantes de la vida:

“¿Cómo visualizas tu carrera a medio y largo plazo?, ¿Cómo te ves dentro de tres años? ¿Qué es lo que más te ocupa y preocupa?

No tengo la más remota idea. No soy hombre de proyectarme al futuro, de trazar grandes planes, luego viene la vida con las rebajas. Miguel de Unamuno decía: “Nada de plan previo, que no eres edificio. No hace el plan a la vida, sino que ésta la traza viviendo. No te creas más, ni menos, ni igual que otro cualquiera, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e irrepetible, en serlo a conciencia pon tu principal empeño.” En ese nombre, legítimo y ambicioso afán, ser yo mismo, el factor que más me preocupa es el uso de mi tiempo.

Aunque todavía soy joven, cada vez soy más conciente de que el tiempo es el recurso por antonomasia, los días perdidos no vuelven, y al final del trayecto los echaremos de menos. No quiero que a mí se me pase. Antes que profesional, soy persona, padre, marido, ciudadano… y todas esas dimensiones de mi personalidad se ven sacrificadas si no trabajo de un modo más riguroso y eficiente. Si hay que quedarse un día hasta las doce de la noche, si una semana hay que dejarse la piel para sacar un proyecto a tiempo, se arrima el hombro, se hace un esfuerzo extra y adelante. Lo que no tolero es que se confunda cantidad de horas en la empresa, algunas ociosas, otras dedicadas al peloteo y el que dirán, con calidad, lealtad y compromiso. Esa forma maniquea y reduccionista de medir a profesionales supuestamente maduros e independientes me repugna.

Retomando la pregunta, no me preocupa dónde estaré en unos años, hasta me divierte no tener ni la más remota idea. Sí me da vueltas a la cabeza, en cambio, pensar que va a ser de mis hijos. Como serán, a que se dedicarán, con quien compartirán sus vidas, si alzarán el vuelo por sí solos, son interrogantes que frecuentemente pululan en mi mente. En mi vida las palabras éxito y fracaso tienen mucho más que ver con la suerte de mi esposa y mis hijos, su bienestar y felicidad futuros que con mis logros y consecuciones profesionales. No sé quien dijo que si alguien te hace daño es porque tú le autorizas, tú le has dado ese poder. Pues bien, las posibilidades de que los avatares de mi carrera profesional me puedan desestabilizar son remotas. No hablo de indolencia y de impasibilidad, me atrae encontrar en el trabajo fuentes de desarrollo personal, además de la ansiada independencia económica. Así, y con todo, no me sentiría frustrado si ciertas posiciones no me son dadas. Si llegan intentaré responder a la confianza depositada en mi persona, y si no, no es ninguna tragedia, no se va a derrumbar mi mundo personal. Con mi familia es bien distinto. Ahí están puestas mis ilusiones, mis sueños, mis afectos y sentimientos más íntimos Mi felicidad pasa por la de ellos, ni más ni menos. Sé que esta postura, llevada a su extremo, me puede granjear grados de impotencia y angustia. Me digo todos los días que es su vida, no la mía que la libertad es una palabra sagrada pero no puedo evitar reír y respirar hondo cuando están bien, y sufrir y encogérseme el corazón cuando la vida, ésta es una sociedad muy agresiva y cruel, les pega y pone a prueba.”

Aprender a discutir

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Este es uno de los temas que sin pensarlo, ha agrupado la mayor cantidad de comentarios en mi blog. Y es que muchos de nosotros tenemos mal carácter, a veces temporalmente, a veces como parte de nuestro día a día y no nos damos cuenta de ello. Y lo peor de esto es que las consecuencias son muy graves, si se tiene en cuenta que pueden terminar con matrimonios sólidos, o excelentes trabajos en los que uno tenía un gran futuro.

Uno de los principales valores que nos ayudan a cambiar nuestro genio, o hacer que las discusiones no lleguen a agrandarse es la serenidad, que nos hace mantener un estado de ánimo tranquilo aún en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.

Dicen que lo peor que uno puede hacer es tratar de resolverlos en el momento. Es recomendable dejar que pasen unas horas, o si es necesario días, y luego, resolver las cosas, ya que nuestra lectura del problema será otra, no habrá esa vehemencia que nos hace decir cosas que no queremos. De la discusión no puede salir la luz porque la apaga el apasionamiento.

Cuando surgen los problemas y discusiones uno puede caer fácilmente en la desesperación, tristeza y ansiedad. Y allí es donde justamente se necesita la capacidad de ser serenos, tranquilos. Esto no significa tontos ni que nos pasen por delante, significa tener la inteligencia para resolver los problemas en el momento oportuno, y cuando las dos partes tengan la cabeza tranquila y la disposición para solucionar y no para hundir al otro.

En la página de http://www.encuentra.com se recomiendan 3 pasos puntuales para adquirir esta virtud:

– Evitar “encerrarse” en sí mismo: Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de aquellas personas que gozan de nuestra confianza (los padres, un buen amigo).

– Concentrarse en una labor o actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado encaminando nuestros esfuerzos a realizar nuestras labores con la mayor perfección posible. Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que el propio trabajo y la actividad productiva.

– Gozar de la alegría ajena: Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo. ¿Por qué volvernos chocantes y agresivos? Los hijos, el cónyuge, los compañeros de trabajo no tienen la culpa, tampoco son indolentes a nuestro sentir, simplemente intentan hacernos pasar un momento agradable, no debemos alejarnos, ni rechazar estas pequeñas luces que iluminan nuestro día. Escucha las anécdotas, sonríe, ayuda a tus hijos a hacer la tarea… ¡Aprovéchalos!

La serenidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

Un gran educador, escritor y consultor de temas matrimoniales, Tomás Melendo, ha diseñado algunos pasos para aprender a discutir, los cuales he encontrado muy útiles:

1. Pedir sinceramente al otro que nos explique su pensamiento. Nos sitúa en una condición óptima para contrastar objetivamente su deseo de fondo y provoca en el otro la actitud de apertura.

2. Cambiar uno mismo como invitación para que el otro modifique su conducta. El principio es el siguiente: si quieres cambiar al otro, cambia tu primero en algo. Siempre existe algo en el tono de la voz, en el modo de recriminar, en el de presentar el problema, en el que uno puede mejorar. Basta que lo hagamos para que la otra persona también adopte esa actitud de inmediato y cambie. Ahora bien, sería exagerado pretender que desde ese momento no caiga más en el defecto admitido, basta que luche. Lo importante es que cada uno reconozca las propias deficiencias.

3. De nuevo el olvido de si mismo y la aceptación del otro. Si la discusión es con nuestro cónyuge, lo mas importante es el cariño, la comprensión honda y esforzada, la aceptación radical del modo de ser de nuestra pareja, y la falta de apego a nuestro yo.

4. No eludas la discusión por encima de todo, ni la cortes saliendo ostentosamente de la escena, cuando temes estar equivocado. Y si hubieses obrado así ten la honradez de volver, pasado el momento del enfado, y replantear el asunto hasta alcanzar el acuerdo deseable.

5. Ten la disposición habitual de reconocer tus defectos y errores

6. Si adviertes que has dicho algo no objetivo o injusto, retíralo de inmediato lealmente, pidiendo perdón si es necesario (es decir: casi siempre).

7. Evita agresivas y descalificadotas ofensas personales y actitudes irónicas o despreciativas.

8. No levantes actas de las culpas de tu cónyuge o de con quien estés discutiendo, ni te empeñes en seguir echándole en cara otras cosas ya pasadas: menos cuanto mas graves o dolorosas hayan podido ser. Intenta vivir en el presente y mirar hacia adelante.

9. Permite al otro llegar hasta el final en la exposición de su malestar, intentando por todos los medios comprender su punto de vista, a menudo le bastará esa posibilidad amable de desfogue para calmarse en un 50%.

10. Procura exponer tus razones de forma clara y breve, con la máxima calma posible y, si eres capaz, con un tanto de humor (que equivale a saber reírte de ti mismo, a no tomarte demasiado en serio) pero jamás con ironía.