Ideas para mejorar

No abandones

No abandones 350 345 Rafael

Hoy terminan las Olimpiadas. He visto desfilar por la tv más que deportistas, a grandes hombres y mujeres, personas con un extraordinario talento pero también con una capacidad de perseverar, de seguir adelante a pesar de las dificultades, de ser fuertes y no abandonar sus objetivos.

¿Qué hay detrás de un medallista de oro? ¿Talento puro? No lo creo. Randy Snow, el único medallista de los juegos paraolímpicos de tres deportes distintos dice: “Los 25 mejores jugadores del mundo tienen dos cosas en común. Primera, ninguno de ellos ha llegado tan lejos por el mismo camino. Segunda, ninguno abandona. Nada puede sustituir a la perseverancia. No está y todo lo demás se desmorona en un santiamén. Su increíble talento es pulido y abrillantado en sesiones maratonianas de trabajo en la sombra. Michael Jordan era el primero en llegar al entrenamiento, cuando sus compañeros estaban ya con una cerveza, el seguía ensayando tiros a distancia. No son casualidad esos milimétricos tiros. ¿Talento? A raudales, pero en las mismas dosis generosas y abundantes de trabajo, mucho trabajo.“

Cuánta gente se ha mencionado en este blog que son ejemplos de perseverancia, de fortaleza, Christopher Reeve (Superman) que dejó el ventilador artificial para respirar por si mismo, con todo el enorme esfuerzo que ello implicó, luchar contra el cáncer a los 25 años (Louis Armstrong), sobrevivir en un campo de concentración a fuerza de rezar y confiar cuando la indignidad humana se supera así misma (Victor Frankl), perdonar y saludar a los cuidantes de su cárcel, luego de 25 años de estar encerrado y humillado injustamente (Nelson Mandela), y Santiago Alvarez de Mon, fuente inagotable de este blog, quien me ha dado motivos para ser feliz y hacer feliz a muchos más, cuando habían días en los que provocaba llorar amargamente y quien dijo a su vez que una de las razones que alimentan su respeto y admiración por este tipo de personas, es que esas decisiones sabias, esas acciones valerosas no son producto de un intervalo lúcido, de una locura pasajera, de un farol efímero. En absoluto, son resultado de un compromiso mantenido en la rutina y monotonía de días grises.

Si esa lógica la trasladamos a nuestras vidas, ¿cuántas veces abandonamos proyectos, ideales y propósitos al primer obstáculo? Y luego encima, nos quejamos de que las cosas no salen bien. Nuestro camino, no es fácil. Hay días en los que todo parece salir de acuerdo a lo que pensábamos; pero normalmente pasa lo contrario. Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y decepciones; y es en esta batalla interna en la que podemos adquirir perseverancia, fortaleza, paciencia y serenidad.

nnEs fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. Cuando la contradicción arrecia, no se dobla.

Examínate despacio, con rigurosidad

Examínate despacio, con rigurosidad 300 262 Rafael

Uno de los mejores consejos que recibí de niño fue hacer todas las noches un examen de conciencia. Ya hemos visto en artículos pasados, que la felicidad es una de las cosas más importantes en nuestra vida, y que sólo se consigue al tener la conciencia tranquila de saber que se está haciendo lo que uno debe hacer en ese momento.

¿Pero cómo sabemos lo que tenemos que hacer? ¿Cómo darse cuenta lo que hemos hecho mal durante el día? Si no lo sabemos , no podremos corregirnos. Una de las principales ventajas de hacerlo es que te servirá para abstraerte del día a día, y ver, con otros ojos, todo lo que puedes mejorar para hacerle la vida más agradable a los demás.

Así como uno es constante para asistir todos los días al trabajo o para tomar desayuno, pues debemos aplicarle la misma perseverancia para examinarnos por las noches sin olvidarnos.

¿Y cómo hacerlo? No es difícil, son preguntas bastante sencillas que nos hacen recordar nuestras acciones durante todo el día. No hay un método único para hacerlo, pero quizá se podría comenzar con estas tres preguntas:

¿Qué hice bien hoy? ¿Qué hice mal? Y ¿Qué puedo corregir?. Son simples, aunque es importante para cada una de ellas revisar algunos temas como por ejemplo si aprovechamos el tiempo, como fue nuestro trato con los demás, si nos esforzamos al máximo, si tuvimos oportunidad para ser humildes, o tener caridad con alguien, si ayudamos a nuestra esposa, enamorada, compañero de trabajo, o cualquier otra persona, durante el día, si fuimos puntuales, etc. Es decir, cuando uno profundiza se da cuenta que son muchas cosas que ha hecho mal, o que ha dejado de hacer, y por eso es bueno, identificar cuales son para corregirlas.

Ya lo decía un gran santo de nuestros tiempos, San Josemaría: Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna? (Camino, 235). Necesitas un buen examen de conciencia”. Mira tu conducta con detenimiento. Verás que estás lleno de errores, que te hacen daño a ti y quizá también a los que te rodean. –Recuerda, hijo, que no son menos importantes los microbios que las fieras. Y tú cultivas esos errores, esas equivocaciones –como se cultivan los microbios en el laboratorio–, con tu falta de humildad, con tu falta de oración, con tu falta de cumplimiento del deber, con tu falta de propio conocimiento… Y, después, esos focos infectan el ambiente. –Necesitas un buen examen de conciencia diario, que te lleve a propósitos concretos de mejora, porque sientas verdadero dolor de tus faltas y de tus omisiones. (Surco, 481)

nnAunque no son sólo santos quienes recomiendan hacer un examen de conciencia, según la edición de Febrero 2007 de la revista Harvard Business Review, en un artículo publicado sobre liderazgo, mencionaban que los líderes se toman el tiempo de examinar y reflexionar sobre sus experiencias, y así crecen como individuos y como líderes. Los auténticos líderes también trabajan en el desarrollo de su autoconciencia a través de una persistente autoexploración. Los auténticos líderes saben pedir y escuchar consejo. Recomiendan reservar entre 10 a 15 minutos para hacerlo, si es mucho tiempo, pueden comenzar con 5 minutos, e ir aumentando progresivamente.

5.788 kilómetros a pie: Vivir la pobreza es esperar todo de los demás

5.788 kilómetros a pie: Vivir la pobreza es esperar todo de los demás 300 200 Rafael

A continuación me he permitido transcribir el resumen de una Entrevista con Edouard y Mathilde Cortès que fue publicada el 25 de Abril en Zenith: http://www.zenit.org/0?l=spanish

nn«Nos hemos convertido en pobres porque esperábamos todo de los demás». Tras una caminata de casi 6.000 kilómetros, de París a Jerusalén, Edouard y Mathilde Cortès están de regreso. Explican por qué eligieron hacer esto y cómo la han vivido.

–La decisión de hacer esta caminata como mendigos ha interpelado profundamente a la gente. Era vista un poco como «una locura». ¿Se han arrepentido de esta decisión?

–E. y M. Cortès: Partimos a pie, sin dinero, sin teléfono móvil, mendigando la comida y un techo para dormir. Esto es loco, sobre todo en una sociedad en la que se recomienda la máxima seguridad y el mínimo riesgo. Teníamos pequeñas alforjas de cuatro kilos para Mathilde y siete para Edouard. Hemos dejado todo (apartamento, tareas, cuentas de banco…), hemos dejado a nuestras familias y nuestros amigos una semana después de nuestro matrimonio. Hemos querido despojarnos del exceso material en el que vivimos. Incluso de nuestra cuenta bancaria. Hemos elegido abandonarnos totalmente en las manos de los hombres y de Dios para ensanchar nuestro corazón. Nos hemos convertido en pobres porque esperábamos todo de los demás.

En siete meses y medio, hemos vivido con poco y no nos ha faltado nada. Hacerse pobre, llegar a ser pobre, no es un juego. Es una urgencia en nuestra sociedad donde el materialismo es un cáncer de los corazones. Es una necesidad si se quiere ir hacia el otro. Estábamos en una posición de mendigos. Hemos recibido de los hombres 103 acogidas para la noche en las casas y más de 250 comidas en familias. Nuestra supervivencia ha tenido una sola palabra: la confianza.

Por supuesto, también hemos pasado hambre. A menudo hemos dormido fuera, 82 acampadas en plena naturaleza o en lugares abandonados. Más que el pan, hemos mendigado lo que hay en el corazón de los hombres.

–¿Pueden describirnos uno de los momentos más duros de esta caminata? ¿Y uno de los más bonitos?

–E. y M. Cortès: 232 días, 5.788 kilómetros, sembrados de alegrías y de pruebas, 14 países atravesados, centenares de personas con las que nos hemos cruzado, esto quiere decir una multitud de bonitos momentos y una miríada de dificultades.

Lo más duro para nosotros no ha sido tener hambre o frío sino ser rechazados. Por ejemplo en Siria, sospechosos para los servicios de información, tomados por lo que no éramos, seguidos permanentemente, interrogados todos los días y de hecho en semilibertad y al borde de la paranoia. Lo más difícil fue el miedo de los hombres. Vencer sus temores, he aquí el verdadero desafío. Para esta marcha, para la vida. Era necesario aprender a volver a dar confianza y experimentar que «el amor perfecto ahuyenta el temor».

Los bellos momentos, son descubrir lo extraordinario en lo cotidiano. Una mano que se tiende, una puerta que se abre cuando no hay nada que dar a cambio. Especialmente, ese momento en el que tienes hambre y frío y donde sin que tú pidas nada a nadie, alguno te invita. Esto nos ha sucedido muchas veces, como ese día de bruma en Montenegro tras el paso de una colina, donde fuimos acogidos a desayunar por una familia que estaba a punto de hacer mermelada. Continuamos con cinco kilos de patatas en los sacos. Pero nuestra alegría pesaba más todavía.

O el recuerdo de Marta, una niña serbia de seis años que nos regaló su único juguete: «Tened, esto será para vuestro primer niño». O Ender, un rico tratante de diamantes en Turquía, musulmán practicante, que lavó nuestras ropas después de ocho días de marcha.

–¿Tuvieron la tentación de abandonar? ¿En qué momento? ¿Qué les ayudó a continuar?

–E. y M. Cortès: En varias ocasiones quisimos detener nuestra marcha. Los momentos de desánimo vinieron sistemáticamente tras un golpe duro: discusiones de pareja, rechazos, una agresión en Turquía, la nieve o la lluvia incesante, presiones psicológicas de los servicios de información sirios, tiro de piedras e insultos de niños en Oriente Próximo, la expulsión dos veces de los aduaneros israelíes.

Pero nuestra fuerza era ser dos. Raramente el desánimo nos vino a los dos a la vez. Siempre estaba uno para apoyar al otro. Y cuando hemos flaqueado juntos, Él estaba allí, para apoyar a nuestra pareja.

–¿Qué «lecciones de vida» extraen de esta larga marcha? En principio, a nivel humano. ¿Qué han aprendido a través de los innumerables encuentros que han hecho?

–E. y M. Cortès: Este camino ha sido para nosotros imagen de la vida. Pues se quiera o no, estamos en ruta y hay que marchar. A pesar de la lluvia, el viento, el sol que quema, los guijarros del camino… Avanzar, a pesar de los obstáculos y la fatiga. Avanzar «mar adentro», hacia el ideal. Ideal que tiene la imagen de la línea del horizonte que no se alcanza nunca, en esta tierra. Toda vida humana es aventura. Asumimos sus riesgos porque de ellos depende una eternidad. Fue un viaje de luna de miel para lo mejor y para lo peor. Hemos visto hombres con el corazón duro y cerrado. Hemos visto el poder del mal y la injusticia. Y por primera vez de manera tan viva lo hemos sentido y experimentado en nuestros corazones y nuestras carnes.

Hay hombres de gran corazón. Se cree poco en ellos porque son a menudo discretos o están ocultos. No hablan de caridad, la viven. Con ellos es posible un verdadero encuentro, entre el que acoge y el que recibe. Entonces la alegría se comparte. Surge una armonía y la lengua que era una barrera ya no sirve. Se da un corazón a corazón donde el pobre es tan feliz como el que da. Como si la hospitalidad que practicaban nos humanizara y a ellos con nosotros. Como si lo que daban gratuitamente les trascendiera y a nosotros con ellos.

Hemos ido a la escuela de la sencillez: tomar el tiempo como viene, a la gente por lo que es. Durante siete meses y medio, hemos llevado las mismas ropas, comido lo que se nos daba, bebido con la misma sed agua, alcohol, café, té. Como los metrónomos de la ruta, hemos vivido al tic tac del corazón, dejando la prisa y el tiempo a aquellos para los que la vida es una carrera.

En fin, hemos hecho la experiencia del esfuerzo y del sacrificio. Hemos sobrepasado muy a menudo nuestros límites. Físicamente, psicológicamente, cuando se está al borde, o cuando se cree estarlo, siempre hay una parte de posibilidad en el Hombre. Esto nos invita a la Esperanza. La ascesis no está de moda. Poco importa, la hemos vivido todos los días. Los hedonistas se burlarán, pero hemos descubierto la alegría profunda que hay en prodigarse por más grande que se sea. Un camino de cruz que se acepta es un camino de alegría.

[La segunda parte ha sidoi publicada en Zenit el 28 de abril de 2008 ]

Por Gisèle Plantec, traducido del francés por Nieves San Martín

Que la suerte no vuelva más!!!!

Que la suerte no vuelva más!!!! 95 128 Rafael

 

Hace poco veía en la televisión uno de los mejores comerciales que he visto en años, que lo ha hecho la cerveza Franca: http://www.youtube.com/watch?v=6EV_1t-HoFU Recomiendo que lo vean varias veces. Encierra un mensaje para recordar, y justamente una de sus frases es “Que la suerte no vuelva más”. Y no es que sean unos masoquistas los que la hicieron, sino que nos ayuda a pensar que el éxito y la felicidad que todos perseguimos no es cuestión de suerte, es cuestión de esfuerzo. 

Es necesario planificar, implementar, controlar, aprender de los errores, porfiar y perseverar, para luego dejar que venga la “diosa fortuna”, la “suerte”, ya que normalmente ésta se suele aparecer cuando se han hecho bien todos los pasos previos y cuando uno se esfuerza, y trabaja bien y a conciencia.

La suerte sola, no sirve para nada, así como viene se va. Crea falsas, distorsionadas visiones de lo que muchos llaman éxito o felicidad, pero que en realidad no lo es, a lo mucho son momentos pasajeros, que se van y ya no regresan. Y es que la verdadera felicidad, cuesta, y cuesta mucho, viene disfrazada en muchos casos de lucha, de esfuerzo, de sufrimiento y dolor. Al respecto, y ya que estamos próximo a entrar en Semana Santa, copio una frase textual de un santo de nuestros tiempos: San Josemaría “Os hablaba antes de dolores, de sufrimientos, de lágrimas. Y no me contradigo si afirmo que, para una persona que busque amorosamente a Jesús, es muy distinto el sabor de las tristezas, de las penas, de las aflicciones: desaparecen en cuanto se acepta de veras la Voluntad de Dios, en cuanto se cumplen con gusto sus designios, como hijos fieles, aunque los nervios den la impresión de romperse y el suplicio parezca insoportable.”

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Aunque nos cueste aceptarlo, la realidad y el pasado confirman que todo lo que vale cuesta, y cuesta mucho, lo que fácil llega, fácil se va. A los que buscan las cosas fáciles, o que se creen con suerte para conseguirlas sin esfuerzo, la vida les pasa la factura, tarde o temprano. El otro extremo es también malo, es decir, cuando nos obsesionamos con el éxito, con alcanzarlos a de cualquier manera. Relacionado a este tema decía el Papa Benedicto hace unos días lo siguiente: “La conquista del éxito, la obsesión por el prestigio y la búsqueda de las comodidades, cuando absorben totalmente la vida hasta llegar a excluir a Dios del propio horizonte, ¿llevan verdaderamente a la felicidad? ¿Puede haber felicidad auténtica prescindiendo de Dios? La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios: tenemos necesidad, de hecho, de la alegría infinita. Ni las preocupaciones cotidianas, ni las dificultades de la vida, logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios. La invitación de Jesús a cargar con la propia cruz y a seguirle en un primer momento puede parecer algo duro y en contra de lo que queremos, mortificador para nuestro deseo de realización personal. Pero si lo analizamos con más atención, nos damos cuenta de que no es así. “

Decía S. A. Pan de Soraluce que el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide. Curiosamente, obtiene resultados espectaculares el que pasa de ellos, su mirada se dirige a la sustancia de su oficio.

En su libro, mencionaba las palabras de Andrea Bocelli, ese gran tenor italiano, invidente, “La idea de hacer todo lo humanamente posible, buscando con todas sus fuerzas cómo mejorar a través del estudio y el trabajo diarios, le hizo estar en paz con su propia conciencia”. Esa persona del singular es él mismo, así pone un poco de distancia y supera su timidez. El trabajo lo ve como un factor decisivo para recuperarse y ganarle la partida a la adversidad. Aunque si solo hay trabajo en la vida humana, el cansancio, el estrés, el desequilibrio y hasta el aburrimiento reduccionista nos acechan y maniatan. Pero si no hay trabajo, si se elude todo vestigio de esfuerzo y sudor, difícilmente la paz nos anuncia su llegada. Y si finalmente lo hace, su vuelo será como el de una cometa ligera y caprichosa que vuela errática. 

El coraje y el optimismo son primos hermanos de la paciencia, ésta no nace por generación espontánea. A primera vista, fiable y testaruda, la dejas solita sin el escudo del optimismo como decisión y coraje como actitud y hasta ella se marchita y se apaga como una vela. Esta podría ser una buena lección para un mundo impaciente e intransigente que, mide sus proyectos en términos de semanas, como la bolsa de valores, a incluso de días. A la vida hay que darle una oportunidad, con visiones cortoplacistas y guiños nerviosos no se deja seducir, no acaba de mostrar su mejor cara. A muchos de nosotros, nos hace buena falta que invidentes como Bocelli, nos enseñen a mirar y comprender la realidad.”

Ante ese comentario estupendo de Pan de Soraluce, no me queda mucho por agregar, sino más bien, terminar con aquella frase que se me quedó grabada del comercial: “Y saben que le digo a la suerte, que no vuelva más, que aquí en el Perú con nuestro esfuerzo, nos basta y nos sobra.!!!”

¿Buena suerte? No gracias. ESFUERZO!!!!

¿Disculpas? No gracias, arrepentimiento

¿Disculpas? No gracias, arrepentimiento 128 94 Rafael

 

Hace poco leí en la revista INC un artículo en el cual se hablaba de la importancia de saber pedir disculpas correctamente. Y es que a nadie le gusta confesar sus errores, y muchos de nosotros nos resistimos a ello. No es que sea muy complicado pero exige una cuota grande de humildad, virtud muy devaluada en estos tiempos y que sin embargo es una de las principales para saber destacar como persona. 

Lo cierto es que el simple hecho de decir “perdón” sirve de muy poco a la persona agraviada si es que éste no viene acompañado de un gesto que indique el arrepentimiento, pero sobre todo de una actitud y un compromiso, no con el otro, sino con uno mismo, de no volver a fallar en ese aspecto.

En el artículo publicado, se explica que un grupo de profesores de la Universidad de Ohio analizó recientemente cuáles son los componentes de una disculpa. Los investigadores les pidieron a 90 estudiantes de negocios que imaginaran que el dueño de otra compañía les hacía perder dinero. Luego les presentaron a los 90 estudiantes diversas disculpas y compararon qué tan bien fueron recibidas estas últimas. Los investigadores descubrieron que las disculpas menos efectivas son aquellas en las que la persona no asume su responsabilidad por los errores y trata de mitigar el problema con algún tipo de compensación (por ejemplo, un descuento sobre futuras compras).

Las disculpas son más efectivas cuando la parte ofendida asume la responsabilidad por sus actos, explica cuál es el origen del problema, muestra cómo evitará el problema en el futuro y ofrece, si es apropiado, alguna forma de compensación. ¿Nos hemos puesto a pensar cuanta gente tenemos a nuestro alrededor que está esperando unas sinceras disculpas de parte nuestra? Bueno pues, es un buen momento para disculparnos, pero de corazón, no para quedar bien, sino para estar tranquilos con nuestra propia conciencia. Vale la pena. ¿Lo intentamos?

Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos

Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos 90 128 Rafael

Dicen que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Yo normalmente soy un soñador, pero un soñador de sueños reales, soy de los que creen que hay que vivir los sueños y no soñar la vida. Y es que para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos. Yo personalmente no tengo sueños brillantes dormido aunque sí los tengo despierto. Hay una frase que dice “Soñad y os quedareis cortos”. Pero claro, la pregunta es ¿qué tan complicado es alcanzar nuestros sueños? ¿Existe algún método para eso? 

Soñar, que importante hacerlo despierto

Según el profesor del IESE de Barcelona, Luis Huete, para cumplir los sueños es necesario esforzarse por trazar y cumplir metas concretas, pero también planificar y cultivar una serie de disciplinas de autoliderazgo. En un artículo publicado en el IESE Insight recientemente, nos cuenta que la construcción de los sueños requiere tener un plan personal de futuro, una lista de deseos y de sueños muy concretos. Para ello, es importante tener una ambición personal, es decir, en qué me quiero convertir.

El énfasis se pone en uno mismo: los hábitos que se quieren desarrollar o las características de la personalidad que se quieren potenciar. Los sueños han de empezar con la ambición de mejorar los recursos personales. Lo que acabamos haciendo con nosotros mismos es la base de todo lo que nos acaba sucediendo en la vida. Decidir en qué tres o cuatro cosas se quiere destacar y convertirse en una autoridad mundial. Pueden ser ambiciones personales o profesionales. 

Las restricciones a vencer

Uno de los peores enemigos para hacer que se cumplan los sueños es el miedo, es nuestro temor a fallar, a equivocarnos, y por ello simplemente preferimos no tomar la iniciativa para empezar a cumplirlos. Al respecto decía Alvarez de Mon en su libro Desde la Adversidad que existen dos tipos de personas, “los primeros, bombardeados y acosados por la posibilidad de equivocarse, tienden a pecar por defecto, la cautela y el control excesivo les atenazan. Los segundos, salvo aquellos que crezcan hiper protegidos y anestesiados, tienden a pecar por exceso, en su discurrir hay que ponerles quitamiedos, ruedas de goma y colchones porque les gusta vivir cerca del precipicio. Ahí les espera el error, con él mantienen una comunicación fluida y llevadera, no les pesa como una piedra en la mochila. ¿Qué nos pasa a los que tenemos vértigo, a los que sufrimos miedo a las alturas? Miramos para abajo, temblamos y nos caemos. El miedo a caer nos hace caer. “

Al respecto, Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de de Francia, nos cuenta: “He encontrado en mi carrera que la reducción del miedo ha contribuido más a mis éxitos deportivos que el desarrollo del propio talento. Ciertamente tenemos que cultivar nuestras habilidades, pero al final es la voz de la duda la que las destruye. Todos tenemos dos personalidades distintas, la del crítico y la del campeón. Ignorar al crítico y escuchar al campeón es esencial para vivir”. 

Mantener el espíritu joven

Un punto a tomar en cuenta es el optimismo, el ver las cosas siempre por el lado bueno, eso hará crecernos frente a las dificultades. Ello implica también mantener el espíritu joven, los sueños vigentes, el anhelo de que nos falta mucho por vivir y muchos sueños por alanzar, independientemente de la edad que tengamos. Al respecto, me viene a la memoria el poema preferido de Matsushita, aquel japonés visionario, fundador de Panasonic: “La juventud no es un período de vida, es una forma de pensar, no son mejillas sonrosadas, labios rojos y rodillas flexibles, es fuerza de la voluntad, calidad de la imaginación, vigor de los sentimientos. La juventud significa el predominio temperamental del valor sobre la timidez, del ansia de aventura sobre el amor a la tranquilidad. No es raro encontrar más vigor en un hombre de sesenta años que en un muchacho de veinte. Nadie se hace viejo por el número de años. Nos hacemos viejos al traicionar nuestros sueños, nuestros ideales. Los años pueden arrugar la piel, pero la renuncia al entusiasmo arruga el alma. La preocupación, el temor, la falta de confianza en uno mismo agobian al corazón y convierten en polvo al espíritu. Con ochenta o quince años, todos los corazones humanos sienten la atracción de la maravilla, el apetito infantil de lo que está por venir y la alegría del juego de vivir.”

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Claves para triunfar en la vida

Me he permitido revisar las revistas más importantes de negocios del mundo persiguiendo las pistas reales, y concretas que nos ayuden a triunfar en la vida y lograr nuestros sueños. Según un artículo reciente de la revista Entrepeneur, se mencionan cuatro principios esenciales que debe implementar cualquier persona que quiera conocer el éxito. 

1. Claridad: Deben estar absolutamente claros de quiénes son y a donde quieren llegar en la vida, tanto a nivel personal, como laboral, y espiritual. Para ello necesitan objetivos y planes por escrito para cada etapa de su vida. Comiencen con sus valores. ¿Qué visión tienen de ustedes y de su futuro? ¿Cuál es la misión de su negocio? ¿Cuál es el sentido de su vida? ¿Qué es realmente lo que ustedes quieren hacer con su vida?

2. Competencia: para ser realmente exitoso y feliz. Ustedes deben ser muy buenos en lo que hacen. Propónganse pertenecer a los mejores de su área. Su principal objetivo en este sentido es lograr un desempeño excepcional, un trabajo realizado a la perfección. 

3. Enfoque: su habilidad para concentrarse en las cosas más importantes hasta que hayan sido terminadas será un prerrequisito esencial para el éxito. 

4. Coraje: se requiere mucho coraje para tomar los riesgos necesarios para ser exitoso. Y ser exitoso en la vida no es sinónimo de ser millonario, es un concepto mucho más amplio, uno es exitoso si es feliz, y es feliz si está con la conciencia tranquila de saber que hace lo correcto para él y para los que lo rodean. Es decir, ser exitoso es sinónimo de ser un excelente padre, amigo, hijo, enamorado y empleado. 

Según la Revista Harvard Business Review en un artículo reciente escrito por Peter Drucker señala que algunos de los mejores Gerentes con los que ha trabajado en su carrera de 65 años como consultor no eran los líderes típicos. Lo que los hacía efectivos era que se cuestionaban constantemente ¿Qué debe ser hecho? y ¿Qué es lo mejor para los demás o para la compañía?.

Otra de las respuestas más sorprendentes sobre las claves para conseguir los sueños la da Juan Oiarzabal, el único alpinista que ha coronado los 14 ocho miles (montañas de mas de 8 mil metros de altura) sin oxígeno. Nos dice: “El factor ambición, tener hambre de llegar es importante. También lo es la preparación previa que hayas desarrollado antes, pero lo mas crítico es la capacidad de sufrimiento. Si no has aprendido a sufrir, si no te has endurecido en situaciones extremas, estás perdido. Contra lo que se tiende a pensar, uno puede educar la capacidad de sufrimiento. Por ejemplo, recuerdo la última ascensión al Everest, sin oxígeno, después de terminar el tercer escalón. Es una escalada empinadísima, me tiré 20 minutos cara al cielo tratando de recuperar algo de oxígeno. Si no te has entrenado y sufrido antes, te aseguro que no sigues ascendiendo. La montaña es incierta e imprevisible, te pueden pasar muchos imprevistos que ni sospechabas momentos antes. Un cambio brusco de temperatura, una avalancha, una niebla espesa que te impide ver mas allá de dos metros. Te preparas, planificas todo, y luego surgen un sinfín de imponderables de los que pueden depender tu vida. Uno está obligado a organizar y controlar todo lo que depende de él, pero luego, ante la Madre naturaleza, tienes que rebajarte y adaptarte a las circunstancias del momento”.

Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de Francia, una vez interrogado sobre qué placer le llevaba a montar bicicleta respondió sorprendido: “¿placer?, ninguno, lo hago por el sufrimiento.” Los maratonistas, los “ironman” en el fondo, son grandes profesionales del sufrimiento. Alguno pudiera pensar que sus actividades lindan con el masoquismo y la locura, pero lo que es indudable es que si estuvieran “cuerdos” como los demás, si no tuvieran el coraje de forzar sus limites físicos y mentales, no serían lo que son.

A título personal creo que la gente altamente exitosa es aquella que vive con las luces altas, es decir, que se traza objetivos a largo plazo en los distintos escenarios de su vida, en el plano de desarrollo personal, familiar, espiritual y profesional, y busca la manera de hacerles un seguimiento perseverando en todo aquello que deba mejorar. Ayudará también el tener una coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Otra de las cualidades más importantes es la humildad para saber reconocer a tiempo los errores y la perseverancia para ser constante en los objetivos trazados, vale más concentrarse en pocos objetivos pero no parar hasta terminarlos que querer estar en todo y al final no lograr nada.

Quizá la tarea mas inaplazable sea definir concretamente como empezar a implementar esto en nuestras vidas. ¿Lo intentamos?

Soñar, que importante hacerlo despierto!!!

Soñar, que importante hacerlo despierto!!! 128 96 Rafael

 

Esta vez no he escrito ningún artículo, he leído uno muy bueno que quise transcribirlo tal cual. Apareció en el blog uno de mis escritores favoritos, se llama, Soñar, excelencia o evasión:

“La capacidad de proyectarse hacia delante desde la lanzadera del presente, la posibilidad de imaginar un futuro mejor, de soñar despierto, es una de las opciones humanas más nobles y sublimes. La biografía de Muhammad Yunnus, fundador y Presidente del Grameen Bank, el banco de los pobres, Premio Nóbel de Paz 2006, es un testimonio ejemplarizante de esta loable actitud. En su viaje hacia un mundo sin pobreza, el primer paso lo dio la imaginación, y a partir de ahí, inspirado por una visión enraizada en torno a la sagrada dignidad del ser humano, se movilizó con determinación y paciencia.

¡Soñar!, que importante hacerlo despierto, que decisivo que verse sobre un argumento real, personal y genuino; me explico. Sigo el tranco de dos directivos que conozco bien. Dos carreras profesionales, dos sueños distintos, dos resultados diametralmente diferentes.

Uno vive consciente su sueño, no lo toma prestado de nadie. Está íntimamente relacionado con sus talentos naturales, con el gusto que siente por la tarea que realiza. Además, está guiado por sus valores y convicciones filosóficas más auténticas. Por todo ello, el sueño es vivido con ilusión, coraje, constancia y humildad. El hecho de estar abierto a la realidad y variar el rumbo original confirma la bondad y calado del sueño. El acto de soñar es la cumbre de su responsabilidad e inteligencia.

El otro es una imitación. Vive los sueños que esta sociedad le vende y que él compra ingenuamente. No tiene nada que ver con sus dones, éstos permanecen ocultos e inexplorados. El hartazgo, la mediocridad y los pobres resultados jalonan su camino; ante estas alarmas, él insiste, transformando la perseverancia en terquedad numantina. Sus valores quedan apartados produciendo una desconexión espiritual que pasa dividendos.

¿Válvula de escape? Incapaz de realizar su sueño, ahora sueña por sus hijos. Ellos llegarán a ser lo que él nunca conseguirá. ¡Pobrecitos!, compensar un déficit arrastrado por un padre desorientado no es la misión de unos hijos libres e independientes. Soñar se convierte entonces en una forma de evadirse de la realidad.

Querido lector, ¿sueña usted? ¿Sobre que versa? ¿Responde a su ser e ideal más profundos? ¿Cómo verifica que la ruta emprendida es la correcta? Pienso que parte de nuestra felicidad y salud mental depende de nuestra respuesta a las interrogantes planteadas. Por tanto, toca contestar.

Reflexiones para comenzar bien el 2008

Reflexiones para comenzar bien el 2008 128 72 Rafael

 

Ya estamos terminando el 2007 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2008. En él, viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene. 

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida. El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien. 

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores: “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, que pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional. Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida” Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon, Ex Director del IESE de Barcelona y uno de los mejores oradores de España: Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo. Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.

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Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas. 

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas. De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir. 

¿Cómo escapar de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras: “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia. Ganar es tan importante, tan imprescindible, para un equipo que quiere ver extendido su cheque anual de confianza y apoyo, que no se habla de ello. Ganar es el penúltimo objetivo, el último es la felicidad. Como la quieras cazar se te escurre, sólo se queda contigo si eres limpio en el juego. Ganar, pero no a toda costa, los modos y medios de conseguir la victoria son cruciales. Regla # 2: No persigas al número 1, te persigues a ti mismo. Si vas detrás de alguien que se cae, cuando caiga, tu te caerás inmediatamente. Los grandes campeones sólo compiten consigo mismos, ellos son el único adversario que merece la pena. Las comparaciones son odiosas desde muchos puntos de vista, y en aspectos de mejora, castrantes y nocivas. Los demás son sólo una referencia externa, un estímulo – despertador. La lucha es interior y personal, y sólo vale ganar. Regla # 3: Nunca compitas para no perder. Los que juegan a no perder ya han perdido. Son mediocres que apuestan por estrategias defensivas, por plagios intolerables, por fotocopias retrasadas y en serie que expulsan el talento y el aprendizaje de su horizonte visual. 

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “

En este 2007 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, qué es más importante? Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón.

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No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota. Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”. 

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario. 

Parafraseando lo dicho anteriormente, ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos.

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”.

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa. La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado.

Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo, en el caso de Japón se ha quintuplicado el PBI per cápita en los últimos años sin implicar un aumento en el nivel de felicidad. Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad. 

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2008 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio. Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva.

En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo. 

No quería terminar sin mandarles un saludo especial y mis mejores deseos de que pasen un excelente 2008 y una Feliz Navidad y de que el Niño Jesús encuentre un lugar para nacer y para vivir en nuestros corazones, pero claro, no se puede dejar entrar a quien no se conoce bien, para eso podemos aprovechar estos días de tranquilidad para leer sobre El. Ahora si me despido. El próximo Lunes volveré sin falta.

¿Cómo afrontar un problema?

¿Cómo afrontar un problema? 128 84 Rafael

 

¿Quién no ha tenido problemas en la vida? Son como el pan de cada día, y cuando menos lo pensamos aparecen cada vez más, y uno más grande que el otro. ¿Sabemos afrontarlos? 

No hay ninguna regla exacta de pasos y procedimientos aprobada, sin embargo, hay hechos que confirman que con un razonamiento determinado, las oportunidades de resolverlo son mayores.

Para probar esto recurro a uno de los mejores tenores del mundo, José Carreras, quien estuvo enfermo de cáncer. En su libro “Cantando desde el alma” decía: “Si de cien pacientes de leucemia las estadísticas y quinielas decían que sólo uno se salvaba, yo iba a ser ese uno. No me limité a decirme esto para animarme, sinceramente creía en esa apuesta… Acepté mi destino, tenía leucemia, ese dato no lo podía cambiar. Pero no me rendí. Me agarré a la esperanza. Como cualquier otro paciente tuve días mejores y peores. Unos me sentía miserable, otros bien y animado. A veces, pensé, ya no puedo soportar más. Pero nunca dije, paro, no quiero continuar, nunca…”

El hecho de parar, tirar la toalla, lamentarse, son verbos que no entran ni tienen validez en la mente de Carreras. Por algo dicen que una de las mejores formas de afrontar un problema es interiorizarlo, saber que te puede pasar lo peor, pero tener la esperanza de que saldrá lo mejor. Una variable muy importante y que sin embargo solemos dejar de lado es la esperanza, el resolver el problema con ese optimismo de saber que lo haremos bien.

Decía Alvarez de Mon que en el optimismo y la esperanza descomunal de salvarse de Carreras, en su promesa de ser ese afortunado, encontraron lo médicos su mejor aliado. A sensu contrario – ceteris paribus, manteniendo otras variables constantes-, cuando el enfermo carece de ilusión y piensa que todo está en manos ajenas, que él no tiene que poner nada de su parte, los médicos contraen el entrecejo y un rictus de preocupación aparece en su rostro. Pelear no te garantiza nada, de ahí su grandeza, pero entre la ciencia y la voluntad se puede montar un dúo formidable.

Continúa Carreras en sus recomendaciones sobre como afrontar un problema: “La primera fase tiene que ver con recibir, diagnosticar y afrontar el problema. La segunda, con decidir una estrategia de acción, y proceder en consecuencia. La tercera, perseverar a base a coraje y fuerza de voluntad, se trata de ser leal al plan establecido. La cuarta, muy difícil porque reclama lo que más nos cuesta, es no hacer nada. Confiar y esperar, esperar y confiar. Si te saltas la tercera no funciona y si culminas las tres primeras y la cuarta etapa está teñida de nervios, desesperanza y ansiedad, todo se puede ir para abajo.”

Quizá la parte más importante de las mencionadas en el párrafo anterior sea la capacidad para identificar correctamente el problema. Muchas veces definimos excelentes soluciones pero para otros problemas, luego todo se echa a perder. Luego de ello, identificar sus causas para en base a ellas, estudiar posibles alternativas de solución, analizando en cada una de ellas las ventajas y desventajas. Finalmente tenemos un panorama más claro para escoger la mejor alternativa. Pero claro, allí no muere el asunto. Falta todavía el saber como implementarla, y más importante aun, saber como medir y controlar si resultó o no. 

Como corolario a este artículo los dejo con una de las frases que MR. K, uno de los más grandes entrenadores de básquetbol universitario de todos los tiempos, dijo en su libro “Leading with the Heart“ en relación a la actitud, así como hay una forma lógica de pasos que en mi opinión son los recomendables para solucionar un problema, de nada servirá si no se acompañan con una buena dosis de esperanza y actitud positiva: “Muchas veces la adversidad y los problemas pueden operar a tu favor. En lugar de sentirte víctima y darte mucha pena, usándola como excusa, tienes que encarar la situación y sacar lo mejor de ella. Ella es el único modo de que un equipo pueda desarrollar la fortaleza y el carácter para competir al mas alto nivel.”

¿Qué tan difícil es cumplir nuestros sueños?

¿Qué tan difícil es cumplir nuestros sueños? 128 84 Rafael

 

Dicen que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Yo normalmente soy un soñador, pero un soñador de sueños reales, yo soy de los que creen que hay que vivir los sueños y no soñar la vida. Y es que para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos. Yo personalmente no tengo sueños brillantes dormido aunque si los tengo despierto.

Pero claro, la pregunta es que tan complicado es convertir en realidad nuestros sueños? ¿Existe algún método para ello? Según el profesor del IESE de Barcelona, Luis Huete, para cumplir los sueños es necesario conocerse a uno mismo, pero también planificar y cultivar una serie de disciplinas de autoliderazgo.

En un artículo publicado en la revista interna del IESE, el profesor menciona que la construcción de un sueño se asienta sobre dos columnas: el sentimiento cotidiano y un proyecto personal de futuro. En el día a día se consigue una sensación de satisfacción cuando se desarrollan los recursos personales que permiten hacer bien determinadas actividades de forma efectiva. Por ejemplo, resolver conflictos o saber enfrentarse a las dificultades; disfrutar de las cosas buenas y no amargarse por nada; conectar afectivamente con los demás; saber mantener una cierta distancia con respecto a las cosas; saber recuperarse de las cosas que han salido mal.

En opinión del autor, “es bueno crear una cultura en la que las personas piensen que trabajan para sí mismas, ya que fomenta el sentimiento cotidiano de eficacia a través de la proactividad y de un sentimiento de responsabilidad personal”. Paralelo a ese sentido de eficacia cotidiana, la construcción de los sueños requiere tener un plan personal de futuro. Este plan se crea poniendo por escrito, releyendo mil veces y visionando con intensidad emocional una lista de deseos, de sueños muy concretos y con contornos muy nítidos. “Los sueños son nuestras posibilidades y los deseos aligeran el esfuerzo para conseguirlos”, nos recuerda Huete.

Para Huete, el plan personal de futuro debe componerse de tres elementos bien diferenciados:

  1. Ambición personal. Los sueños relacionados con la “persona en la que me quiero convertir”. El énfasis se pone en uno mismo: los hábitos que se quieren desarrollar o las características de la personalidad que se quieren potenciar. Los sueños han de empezar con la ambición de mejorar los recursos personales. Lo que acabamos haciendo con nosotros mismos es la base de todo lo que nos acaba sucediendo en la vida.

  2. Decidir en qué tres o cuatro cosas se quiere destacar y convertirse en una autoridad mundial. Pueden ser ambiciones personales o profesionales.

  3. Las recompensas que legítimamente aspiramos a conseguir. Se incluyen recompensas materiales o de carácter más emocional. Las recompensas deben ser la consecuencia lógica de los logros en la mejora de los recursos personales y de los logros en contribuciones.

Uno de los peores enemigos para hacer que se cumplan los sueños es el miedo, el temor a fallar, a equivocarse, y por ello simplemente prefieren no tomar la iniciativa para empezar a cumplirlos. Al respecto decía Alvarez de Mon en su libro “Desde la Adversidad” que existen dos tipos de personas, los primeros, bombardeados y acosados por la posibilidad de equivocarse, tienden a pecar por defecto, la cautela y el control excesivo les atenazan.

Los segundos, salvo aquellos que crezcan hiperprotegidos y anestesiados, tienden a pecar por exceso, en su discurrir hay que ponerles quitamiedos, ruedas de goma y colchones porque les gusta vivir cerca del precipicio. Ahí les espera el error, con él mantienen una comunicación fluida y llevadera, no les pesa como una piedra en la mochila. ¿Qué nos pasa a los que tenemos vértigo, a los que sufrimos miedo a las alturas? Miramos para abajo, temblamos y nos caemos. El miedo a caer nos hace caer.

Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de de Francia nos cuenta: “He encontrado en mi carrera que la reducción del miedo ha contribuido más a mis éxitos deportivos que el desarrollo del propio talento. Ciertamente tenemos que cultivar nuestras habilidades, pero al final es la voz de la duda la que las destruye. Todos tenemos dos personalidades distintas, la del crítico y la del campeón. Ignorar al crítico y escuchar al campeón es esencial para vivir”.

El crítico llega por caminos y veredas misteriosos. Genes, familia, primeros profesores, sean las cañerías subterráneas que sean los que utilicen, el hecho es que se hacen un sitio considerable en nuestro subsuelo con el riesgo de socavar y destrozar todo nuestro andamiaje personal. El campeón también llega utilizando los mismos canales de comunicación. En algunos, afortunados, son anchos, numerosos y caudalosos, ocupan una superficie que se hará fuerte de por vida. En otros, mas desafortunados, son angostos, pocos y medio secos, pero no dejan discurrir entre paredes frías.

Nos haya tocado unos u otros, lo relevante es ejercitar y desempolvar el segundo, y reprender, encerrar y atar con cuerdas al primero. Solo así podremos tener un aliado para el cumplimiento de nuestros sueños.